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Palacios

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 12/02/2009

(Arte Buscar voz...) La configuración del palacio aragonés tiene lugar en fechas próximas al siglo XVI. Es en estos momentos cuando existe una serie de factores socioeconómicos y culturales a los que responde el carácter de las viviendas palaciales, que la nobleza y las clases que ascienden a su categoría social se hacen construir en los centros urbanos.

Si la vivienda noble fue en la etapa anterior, predominantemente, un símbolo de poder militar, en la época moderna es una manifestación de la escala social, e incluso cultural, del propietario. El palacio, como el vestir, forma parte de la exteriorización de los principios carismáticos tradicionales de honor y sangre que, en esta época, no sólo se aceptan, sino que se reafirman; valores que asimila la clase adinerada, fundiéndose con la nobleza mediante la compra de títulos o enlaces matrimoniales.

Este sector de la sociedad posibilita un verdadero renacimiento de las ciudades aragonesas, sobre todo de la capital del reino, que ven transformada su fisonomía, si no en el trazado urbano, sí en la calidad de su caserío. Existen ya zonas de expansión, como es el caso, en Zaragoza, de la calle del Coso, emplazamiento predilecto de los palacios más relevantes, cuyo repertorio completo ya no podemos contemplar. A pesar de las numerosas y valiosas pérdidas, aún existen hoy, en prácticamente todas las poblaciones aragonesas, casas y palacios de mayor o menor categoría artística que muestran la impronta de las construcciones palaciegas de este período.

El tipo palacial aragonés tiene unas características marcadamente regionales. La imposición del medio es determinante en el uso generalizado del ladrillo para su construcción. La piedra se emplea solamente para las columnas de los patios, portadas o enmarcamientos de vanos y también en la parte baja de la fachada (caso del palacio de Morata Buscar voz..., en Zaragoza). En algunos casos, la piedra es sustituida por el alabastro en las arquerías superiores del patio interior, como en el palacio de Montemuzo (calle Santiago, Zaragoza) o para labrar detalles decorativos, para los que también se empleaba yeso endurecido. En general, el tradicional procedimiento de construcción, que es en Aragón la albañilería, sigue practicado, en el siglo XVI, por maestros de origen mudéjar Buscar voz..., mientras que los nombres de los canteros indican la procedencia norteña, en muchos casos vasca, de los artífices de la piedra.

La viguería de las construcciones, los aleros Buscar voz... y los artesonados Buscar voz... eran de madera Buscar voz.... Se utilizaron también los revestimientos de azulejos Buscar voz... formando zócalos en las estancias o bien como motivos decorativos de poca extensión en las fachadas (palacio de Morata, en Zaragoza).

Las fachadas son de ladrillo dispuesto a cara vista, lisas o con escasa decoración, reducida a alguna imposta marcando la separación de pisos. Se abren grandes vanos rectangulares en la planta principal, hoy transformados en balcones, que originalmente no existieron sino en los palacios de construcción tardía. En la planta baja suele cubrirse con rejas.

Coronando la fachada, la característica galería de arcos de medio punto, en algunos casos doblados, que ya se denomina «galería aragonesa» por la extensión que adquirió desde el siglo XVI en la arquitectura civil de toda la región. Variantes de esta galería son las de tradición gótica, de arquillos conopiales, como la del palacio Pardo (calle Espoz y Mina, en Zaragoza) o la del desaparecido de Zaporta Buscar voz... (emplazado, hasta 1904, en la calle de San Jorge), y las arquitrabadas, de las que es ejemplo la del palacio de Sástago Buscar voz... (calle del Coso, Zaragoza), enriquecida con columnillas adosadas a ambos lados del pilar de separación de los vanos. Carece de galería alta el palacio de Azara Buscar voz... (calle zaragozana de Dormer), de construcción temprana y sólo de dos plantas.

Quizás antecedente de las galerías de arquillos del siglo XVI es la del palacio de la familia La Cavallería Buscar voz..., construido en parte en el siglo XV y hoy prácticamente desaparecido. Únicamente se conserva una corta secuencia de los arquillos de su galería alta, coronados con un alero gótico, en la calle Cinegio, donde estuvo emplazado. Del mismo tipo es una parte de la del palacio de los Torrero, en la calle de San Voto, y la que aún puede observarse en una casa de la calle de las Armas. Son galerías mucho más macizas, con vanos profundos y de escasa luz. Hoy aparecen revocadas, como debieron de estar en su estado original.

La puerta de ingreso suele ser un gran arco de medio punto, de ladrillo como el resto de la fachada. Excepcional es la del palacio de Morata, caracterizada por las dos figuras de «salvajes» que la flanquean, que fueron considerados hasta no hace mucho tiempo como un añadido que afeaba el conjunto. Destacaban también la de la casa de Zaporta, con pilastras y dintel decorados con grutescos y la del desaparecido palacio de don Juan de Coloma Buscar voz..., que estuvo emplazado en el solar del actual Casino Mercantil Buscar voz..., Industrial y Agrícola de Zaragoza.

La fachada principal de los palacios aparece coronada por un alero de madera, muy volado, sobre la galería de arquillos; algunos excepcionalmente ricos, como los del palacio de don Miguel Donlope o el de Argillo Buscar voz... (plaza de San Felipe, Zaragoza), éste ya del siglo XVII. En algunos persisten los de traza gótica: caso del palacio Pardo, el de Zaporta —ya perdido— y el de Fuenclara, en Zaragoza. En las fachadas que dan a calles secundarias, el rafe es de labra menos rica o bien es sustituido por una cornisa de ladrillo, formando diversos juegos en su disposición.

Los rafes concentraban a veces la riqueza ornamental que no permitía el ladrillo. Por otra parte, este hecho es a menudo una imposición de la estrechez de las callejuelas circundantes; desde ellas no es posible una apreciación global de la fachada, pero sí del alero que, como ocurre en el palacio de Donlope, resume toda la expresión de la magnificencia de la casa.

En algunos palacios, equilibraban la fachada dos torres situadas en los flancos. Aún existen, incompletas, en el palacio de Morata y existieron en los de Hervás, Villahermosa y Climentes; palacios ubicados ante los espacios amplios del Coso, plaza del Pilar y calle de Predicadores, y propiedad de las familias más poderosas de Aragón. Aunque —como muestra el dibujo de Zaragoza que realizó A. Wyngaerde Buscar voz... en 1563— las torres han perdido ya el carácter defensivo que tuvieron en la arquitectura militar, también residencia de la nobleza en la época medieval, se conservan en los palacios urbanos como símbolos externos de poder y autoridad.

En general, las fachadas de los edificios palaciales contrastan por su severidad con el interior, de delicadas arquerías en torno al patio central, espléndidamente decoradas en algunos palacios. El patio suele ser cuadrado o rectangular, arquitrabado en la planta baja y abierto en una galería de arcos en la superior, generalmente de medio punto. La planta baja del patio se articula con espaciadas columnas clásicas, culminadas en zapatas y con la constante aragonesa del anillo en el fuste. En opinión de F. Torralba, el anillo no es un elemento decorativo sino un medio para aislar la proporción de la parte superior, que sería propiamente la columna, de la inferior, que podría considerarse su basamento.

Coronando las lunas, se dispone un alero de madera que protege la galería, dirigiendo las aguas al centro del patio. Desde éste, asciende la escalera hasta la planta superior, generalnente desviada respecto de la puerta de entrada, en un extremo de los lados del patio. Las escaleras adquieren un gran desarrollo en todos los palacios, llegando a convertirse en el lugar en que, junto al patio, se concentra mayor riqueza decorativa. Destaca entre todas la del palacio de Donlope, con cúpula de madera octogonal, recorrida por una galería, que conjuga elementos decorativos mudéjares y clasicistas al igual que los artesonados de sus salas. Notables fueron también la de la desaparecida casa de Segura, en Teruel, cuya cubierta seguía el tipo del cimborrio Buscar voz... de La Seo de Zaragoza, y la de la casa de Zaporta, tratada con la misma riqueza decorativa que su patio.

Los aposentos se ordenan en torno al patio central. Destaca entre ellos la sala, en el piso noble y en la parte que da a la calle principal. Su decoración se concentra en la techumbre, cubierta con artesonados labrados, formados por casetones según la moda de la época, a veces mixtificados por los carpinteros mudéjares.

Las estancias dedicadas a uso privado carecían de ornamentación. Los muros se encalaban y las techumbres rara vez se cubren con artesonados; cuando éstos existen son muy sencillos, más funcionales que decorativos. Una estancia privada tratada con más estimación era la dedicada a capilla o pequeño oratorio, que existía en algunos palacios. Otros elementos de la casa son las caballerizas y departamentos empleados como almacenes o usos similares, en la planta baja. En el subterráneo se excavan las bodegas y cilleros, con respiraderos a la calle, que se usaban para guardar vino y aceite. Además, no faltan la cocina o cocinas y la necesaria o retrete, que solía estar en los más diversos lugares.

Con alguna excepción, como es la del palacio de los condes de Ribagorza Buscar voz..., en Benasque Buscar voz... (H.), producto de influencias francesas, el tipo palacial aragonés, más conectado con corrientes italianas, se extendió por todo el viejo reino y aun fuera de él, persistiendo en lo fundamental hasta el siglo XVII. Los más importantes fueron modelos directos para otros de menores pretensiones; incluso en las casas de tipo medio se reproducían los elementos más característicos.

Los más relevantes se edificaron en Zaragoza, pero apenas se conservan algunos de ellos. Entre los desaparecidos, figura el de don Gabriel Sánchez, tesorero del Rey Católico, llamado de Torrellas —familia con la que emparentaron los Sánchez— y también, del Comercio, por alojar en su parte baja establecimientos de pequeños comerciantes. Edificado en torno a 1490-1500, estuvo emplazado en la calle Santiago. Fue destruido en 1885, a raíz de la remodelación de la manzana de casas situada frente a la plaza del Pilar, planteada como continuación de la calle Alfonso. Se conserva un grabado de su patio, que muestra una profusa decoración característica del último gótico, imbuida de mudejarismo y con algunos motivos anunciadores del nuevo estilo. Los artesonados de la escalera, galería superior del patio, y sala principal eran también particularmente ricos.

En 1530, en la construcción del palacio de don Juan Francisco Pérez de Coloma, trabajaban Juan de La Mica y Gil Morlanes Buscar voz.... Estuvo situado en el solar del actual Casino Mercantil. Hoy sólo se conserva una fotografía parcial de su portada, por la que sabemos que era un arco de medio punto entornado con columnas jónicas y platos avenerados en las enjutas. La estructura continuaría en la parte superior. Del resto del edificio apenas se poseen datos, pero existen referencias en la documentación, relativas a la influencia que tuvo en otros palacios de la ciudad, como el de Donlope, particularmente en la configuración del patio.

También en el Coso estaba el palacio que mandó edificar Felipe Climente Buscar voz..., protonotario del Rey Católico. Su hijo, Miguel Velázquez Climente, hacía construir el patio en 1532, para el cual labraba las columnas Juan de Urzola, «piedrapiquero», a conocimiento del «maestro de obras» Juan de La Mica. En el XVIII, siendo su propietario el conde de Aranda, sufrió algunas reformas.

Otros palacios desaparecidos son el ya citado del conde de Belchite, considerado en la época como uno de los más importantes de la ciudad; el de la baronía de Osera, situado en la calle Espoz y Mina, con ricos artesonados en sus salas principales; el de don Artal de Azlor, conde de Guara, en la calle Candalija; el de Villahermosa, en la calle de Predicadores, que hoy sólo conserva la fachada barroca; el de Ezmir, en la calle del Sepulcro, construido en 1547 por Juan Manente, y desaparecido no hace mucho; el de la familia Hervás, entre la ribera del Ebro y la plaza del Pilar; y el de don Luis Sora, comenzando por el «maestro de villa» Sebastián del Rey, en 1525.

A pesar de estas lamentables pérdidas, todavía se conservan algunas de las más importantes viviendas palaciales, en algunos casos parcialmente, como ocurre con la de Zaporta, que podría ser considerada el más rico exponente; derribada en 1904 para edificar el antiguo edificio central de la Caja de Ahorros, su patio y portada fueron desmontados e instalados en París, desde donde han sido recuperados para nuestra ciudad. Su factura se atribuye al gran escultor aragonés Juan Sanz de Tudelilla Buscar voz..., que lo realizaría entre 1546 y 1551.

En su misma línea, con un tratamiento más modesto, se encuentran la casa Pardo, edificada entre 1550 y 1570, y el palacio de Los Climent en la capital oscense. El palacio de los Morlanes, del que sólo se conserva la fachada, muestra al exterior esta exuberancia decorativa, en lo que fueron ventanas originalmente.

Del de don Miguel Donlope —hoy conocido como de la Real Maestranza Buscar voz...—, destacan sobre todo la magnífica escalera, los artesonados de algunas de sus habitaciones y el alero de su fachada principal, realizado por el «fustero» Jaime Fanegas Buscar voz..., en torno a 1545. En 1537, Juan de Landernain se encargaba de labrar el portal interior que da al patio, para el cual se tomó como referencia el de la casa de don Juan de Coloma. Dos años después, realizaba las columnas del patio y los antepechos de la escalera. Pedro Rebollo, «rejero de su Magestad», vecino de Vitoria, forjaba las rejas para los huecos de la planta baja.

Representativo del purismo del estilo es el palacio de Morata (actual Audiencia Territorial, en Zaragoza), comenzado en 1551. Juan de Albistur y Juan de Amezcueta realizaron la obra de cantería, con la piedra de Épila que proporcionaba Juan de Vidaina, y Guillaume Brimbez labró la portada; la elaboración del aljez necesario estuvo a cargo de Juan de Herrera.

El de Sástago, que fue Casino Principal de Zaragoza, era construido en los años 70 de la centuria; la composición de su exterior supone ya una cierta distorsión del sistema definido por los palacios de las décadas anteriores. Se tomaron, sin embargo, elementos aislados de éstos, como las columnas de la galería superior del patio, que repiten las equivalentes del de la Infanta; las de su planta baja, muy similares a las del palacio de Morata; y la galería superior, de vanos adintelados, en la fachada, que parece tener su modelo en la galería superior del patio de este último.

En Zaragoza, existen aún otros menos conocidos o en peor estado de conservación, como el de Montemuzo (calle de Santiago), el emplazado en la calle de Don Juan de Aragón, el del Prior Ortal (calle de Santa Cruz), que apenas conserva algunos restos de su patio central, y el de los Esteban, cuyo patio puede verse en el pasaje que une las calles Cuatro de Agosto y Estébanes. Los ya nombrados de Fuenclara y de Argillo son los más destacados de los edificados en el siglo XVII.

• Bibliog.: Abbad Ríos, Francisco: Catálogo monumental de España. Zaragoza; C.S.I.C., Inst. D. Velázquez, Madrid, 1957, 2 t. Abizanda Broto, Manuel: Documentos para la Historia artística y literaria de Aragón; Zaragoza, 1915 (vols. I y II) y 1932 (vol. III). Arco, Ricardo del: Catálogo Monumental de España. Huesca; C.S.I.C., Inst. D. Velázquez, Madrid, 1942, 2 t. Camón Aznar, José: Arquitectura Plateresca; Madrid, 1945, 2 t. Chueca Goitia, Fernando: La Arquitectura del siglo XVI; en Ars Hispaniae, t. XI, Madrid, 1953. Fatás Cabeza, G. y Borrás Gualis, G. M.: Zaragoza, 1563. Presentación y estudio de una vista panorámica inédita; Zaragoza, 1974. Gómez Urdáñez, Carmen: Aportación al estudio de la arquitectura palacial del Renacimiento en Zaragoza; tesis de licenciatura, 1980 (inédita). Lampérez y Romea, Vicente: Arquitectura civil española de los siglos I al XVIII; Madrid, 1922. Sebastián, Santiago: «La Casa de Zaporta, espejo de palacios aragoneses»; rev. Goya, n.° 105, 1971. Torralba Soriano, Federico y Gómez De Valenzuela, Manuel: Catálogo histórico artístico y edificios de interés para el estudio del Arte en la ciudad de Zaragoza; Sep. Bol. M.Z., n.° 24, 1967. Torralba Soriano, Federico: Aragón; Madrid, F. J. March, 1977. Id.: Guía Artística de Aragón; Zaragoza, I.F.C., 1960. Id.: Guía Artística de Zaragoza; Zaragoza, Natale, 1974. Gaya Nuño, J. A.: La arquitectura española en sus monumentos desaparecidos; Madrid, 1961.

 

Monográficos

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