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Andorra

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Villa de la prov. de Teruel, mun. de 142 km.2. Situada entre los valles de los ríos Martín y Guadalope, se mueve dentro del área de influencia de Alcañiz, de la que sólo dista 36 km., en la comarca denominada Bajo Aragón. Está emplazada en la ladera de una colina, no demasiado elevada, a 714 m. del alt. Allí tuvo su origen, pero en la actualidad ha descendido al llano, que es donde tiene su máximo desarrollo.

En el casco urbano se observan distintos sectores: en primer lugar, el casco antiguo, en torno a la iglesia, con calles suavemente empinadas. Como ocurre con frecuencia, es una zona que tiende a despoblarse, dada la antigüedad de sus inmuebles. Un segundo sector es el barrio de la estación, edificado por la Calvo Sotelo cuando fue encargada de la explotación de las pizarras bituminosas y carbones pobres en 1944. La misma empresa construyó años más tarde otro barrio, denominado popularmente «el poblado», y recientemente ha terminado otras 750 viviendas más, para acoger principalmente a los obreros que llegaron de Escatrón al cerrarse aquella central y entrar en funcionamiento la Térmica Teruel, en Andorra. La edificación particular tiende a ocupar el pie de la colina, colmatando el espacio que quedaba libre entre el casco antiguo y el barrio de la estación.

Su población asciende desde principios de siglo, en que tenía 2.510 hab. En 1950 tenía 4.485. El crecimiento es especialmente notorio entre 1940 y 1950, que es cuando se instala la Calvo Sotelo. En la década de los 50 sigue creciendo fuertemente, para mantenerse después bastante estable. En 1970 contaba con 6.485 hab., en 1978 con 7.750 y en 1998 con 8.174 hab. No obstante, la población real es mayor, superando los 10.000 habitantes. Esto es así por que Andorra funciona como un auténtico núcleo centralizador de actividades y servicios comarcales, de tal forma que muchos habitantes de los pueblos de la comarca (incluso de fuera de ella) van a trabajar a Andorra pero siguen empadronados en sus lugares de origen.

La población actual trabaja casi exclusivamente en la Calvo Sotelo (actual ENDESA), que cuenta con una plantilla de unos 1.800 obreros. En los últimos años estamos asistiendo a una crisis de la minería a nivel nacional y especialmente en zonas mineras como la turolense. La Central Térmica de Andorra consume carbón nacional de menor poder calorífico y con mayor concentración de azufre, lo que le hace ser poco competitivo y, además, genera problemas ambientales de contaminación atmosférica como la «lluvia ácida» que recientemente afectó a los pinares del Maestrazgo. Esta crisis general de la minería está generando preocupación a nivel comarcal por la pérdida de empleo. Para encontrar alternativas que frenasen la caída del empleo minero se impulsó el Plan Estratégico de Andorra (PEAN) y el Plan MINER. Unos y otros todavía no han dado sus frutos, en parte por el retraso de las inversiones, lo que está generando una sensible incertidumbre social.

La actividad agrícola está poco desarrollada pues se trata de agricultura de secano; si bien, existen buenas posibilidades para impulsar el olivo que cuenta con mayores posibilidades que los actuales aprovechamientos. Hay además dos empresas de confección, con mano de obra casi exclusivamente femenina, en número de unas 80. Otras pequeñas industrias dedicadas a la construcción y dos talleres mecánicos completan el panorama industrial. El comercio se atiende exclusivamente en régimen familiar.

• Encicl.: Por su importancia, Andorra ejerce la capitalidad de la cuenca minera en la Tierra Baja turolense. Su nombre original fue el de Las Masadicas Royas, un barrio de Albalate del Arzobispo denominado así por el color de la tierra y el de los propios edificios. Las Masadicas Royas estaban emplazadas en el nacimiento de la Fuente, el «regallico de San Julián», lugar donde se erigió una ermita con esta misma advocación religiosa. San Julián fue el primer patrono de Andorra, cuya festividad se conmemora el día 7 de enero.

El barrio albalatino, ocupado fundamentalmente por pastores, cambió de nombre por efectos de la trashumancia, cuando bajaban a invernar los rebaños desde los valles del principado de Andorra. La etimología celta de esta palabra significa «puerta de los vientos», y ello le cuadra bien a Andorra, abierta a todos los vientos, aunque el caserío se recueste en la falda del monte coronado por la ermita de San Macario, el actual patrono local. Contiguo a la ermita se extiende un sugestivo parque. La advocación de San Macario, cuyas fiestas se celebran el 8 de septiembre, se debe a los pastores que bajaban de los valles de Andorra.

En la carretera situada en la parte baja del pueblo se concentra la mayor actividad, ya que es allí donde están casi todos los bares y los establecimientos más importantes. Sin embargo, el casco urbano presenta un pintoresquismo singular, sobre todo partiendo desde la plaza donde se levanta el templo parroquial, con soberbia fachada y sólida construcción en piedra de sillería.

Andorra es villa jotera por excelencia, con una gran tradición floclórica. Cuenta con una Escuela Municipal de Jota y ha dado figuras de gran renombre, como José Iranzo «El Pastor de Andorra». Al igual que en las vecinas localidades de Híjar, Alcañiz, Samper, Calanda, tienen lugar famosas procesiones con tambores en Semana Santa.

• Arqueol.: A 1.500 m. al E. de la localidad en el montículo llamado Cabecico Royo, se encuentra un yacimiento arqueológico fechable en la primera Edad del Hierro Buscar voz..., del que son visibles restos de viviendas rectangulares. A 2.500 m. en dirección al camino de Albalate y a la derecha del mismo, en el término de La Cerrada, se encuentra otro poblado de la primera y segunda Edad del Hierro en el monte Castillo, en el que son visibles casas de reducido tamaño y calles. A dos kilómetros al W. de La Cerrada, entre la val de Ariño y los barrancos de El Cabo y Las Vales hay otro poblado de características similares en el cerro llamado Cabo Bajo.

• Historia: En su término municipal se conservan abundantes vestigios de poblados ibéricos prerromanos: «El Cabo», «La Cerrada», «El Cabecico Royo», «El Regatillo»... Pero lo cierto es que Andorra nació a mediados del siglo XII como un pequeño barrio de Albalate donde se dedicaban al pastoreo. Parece ser que el topónimo actual, Andorra, «puerta de los vientos», más bien se debe relacionar con la raízurr (en vascuence, «cerro»), de donde viene el vocablo andurrial, que es un terreno escabroso, lleno de maleza. También existe para ello una explicación legendaria de carácter religioso, fundada en que la devoción a San Macario Abad, su patrono, les vino a los andorranos directamente del valle de Andorra, en el actual principado, que en aquellos tiempos le veneraba como tal, y que como abogado de los herniados realizó numerosos milagros por estas tierras hasta el punto de que pronto Las Masadicas Royas cambiaron su nombre por el de «San Macario de Andorra», para quedar solamente en «Andorra».

En 1149, Albalate, y con él Andorra, fue reconquistado del poderío árabe por Ramón Berenguer, y en el mismo año fueron concedidos a la mitra de Zaragoza. El título de «Muy Noble» le fue concedido a la villa por el rey Jaime I el Conquistador en recompensa por los buenos servicios que le habían prestado los andorranos en la toma de la ciudad de Valencia.

Logró su independencia de Albalate el 20-III-1613, fecha en que el arzobispo de Zaragoza, don Pedro Manrique, concedió a la villa toda la jurisdicción civil y criminal, siendo confirmado este privilegio el 21 de septiembre del mismo año por el rey Felipe III, quien señaló a Andorra, perpetuamente, término municipal propio. Alcanzada su autonomía y denominándose ya «villa de Andorra», procederá a la redacción de sus Ordenanzas, que se otorgaron el 6-XII-1614, rigiendo como su estatuto legal hasta el 6-V-1907, en que se aprobaron nuevas Ordenanzas municipales.

Tuvo familias y apellidos distinguidos, entre los que hay que destacar a los Alcaine, que poseyeron una magnífica mansión que todavía conserva su escudo heráldico en la fachada. Hubo también notables hidalgos, y así, en el empadronamiento de infanzones realizado en el años 1737, figuraban don Pantaleón Ibáñez, tenido por noble de Aragón; don Juan Alcaine y Ravasténs, por caballero; don Pedro Salvador, por caballero; don Juan Alcaine y Esquerdo, por caballero, y don José Jerónimo Galve, por caballero vitalicio.

Entre las costumbres religiosas desaparecidas, hay que citar que todos los domingos y fiestas del año salían los «despertadores» y «rosarieros», quienes, desde el punto de la mañana, recorrían las calles cantando coplas piadosas y rezando el rosario. Actualmente, esa acendrada religiosidad de los andorranos se refleja en dos conmemoraciones anuales: las fiestas patronales de la localidad, que se celebran los días 8, 9 y 10 de septiembre en honor de la Natividad de la Virgen y San Macario, y su Semana Santa, en la que retumban sus bombos y tambores acompañando los «pasos» y cofradías por las calles de la población.

Por último, hemos de destacar que en Andorra, al igual que en otras vecinas localidades (Alcorisa, Calanda, Muniesa), se constituyó en 1936 una colectividad, que duró escasamente, y en la que se llegó a «colectivizar» todas las actividades, oficios y producciones. Así, en agricultura, se dividió el término en 48 granjas, al frente de cada una de las cuales actuaba un responsable ante el Consejero de Agricultura del Comité Local. Los diversos productos del campo quedaron almacenados en la iglesia parroquial, en donde se distribuían a los vecinos mediante bonos o vales. Estos bonos se entregaban a razón de 1,50 enteros por persona y día, y todo lo que se necesitara (incluso las consultas al médico, veterinario, etc.) se conseguía mediante una autorización y sin pago de ninguna clase.

• Arte: Ermita de Nuestra Señora del Pilar: Está situada en lo más alto del cerro que domina la población, junto a los restos de la fortificación que sirvió de primer solar defensivo a sus habitantes. Su advocación originaria fue la de Santa María Magdalena, pero ya desde principios del siglo xvii se dedicó a Nuestra Señora del Pilar. Posee dos naves yuxtapuestas, siendo la central de forma rectangular con bóveda de crucería sencilla; la lateral está dividida en dos capillas. Su portada es de medio punto, conservando unos arquitos que la decoran. La nave central es la más antigua, datando sus cimientos de la segunda mitad del siglo xii; se reestructuró a principios del siglo xiv por haber quedado destruida en un incendio. Nuevos añadidos se llevaron a cabo hacia la segunda mitad del siglo xv, durante el pontificado del arzobispo zaragozano don Dalmau de Mur. Fue desmantelada en 1936, perdiéndose sus notables retablos góticos.

—Iglesia parroquial de la Natividad de la Virgen: En 1880, don Julián Bernal ya afirmaba de ella que era «una de las más suntuosas de Aragón». Es de una nave central muy amplia, con capillas laterales. Su planta tiene forma rectangular, con cabecera poligonal y ábside plano al exterior. Sus bóvedas son de lunetos. Cubriendo el presbiterio se encuentra una cúpula muy rebajada, con una gran clave de madera dorada en forma de rosetón en su centro. En el exterior, destaca sobremanera su imponente fachada, a modo de gran retablo en piedra, en la que aparecen superpuestos los tres órdenes griegos, culminando con una escena de Cristo crucificado entre unos ángeles y un frontón de estructura curva. Se construyó entre los años 1597 y 1609, siendo su autor, según Ponz, el arquitecto Juan Rigor, aunque no llegara a terminar la obra. La torre se contrató en el año 1660 con Martín y Antón Tello, naturales de Cortes, y Juan Lorente, vecino de Andorra. Es de cuatro cuerpos, los dos primeros de piedra y los restantes de ladrillo. La decoración de la iglesia está conseguida a base de estucos geométricos y su gran fachada es de composición claramente manierista. Fue desmantelada en 1936, desapareciendo hechos cenizas los altares y retablos que contenía, especialmente el de su altar mayor, construido en 1670. Sin embargo, se salvaron una custodia en forma de templete donada por el arzobispo don Hernando de Aragón, una cruz procesional y un lignum crucis, piezas notables de orfebrería plateresca.

—Ermita de San Macario: Dedicada al patrono de la localidad, está situada en la cumbre del cerro del mismo nombre. De planta rectangular, tiene una nave con bóveda de medio cañón con lunetos y una cúpula con pechinas recubierta de pinturas de santos con unos ángeles desnudos. La fábrica de la ermita debió de terminarse en el año 1692, pues así reza la inscripción que aparece grabada en la campana de la ermita, figurando otra en la sacristía con el año 1714. En ella había seis altares, el mayor dedicado a San Macario. Tiene aneja una hospedería.

—Conjunto urbano: Es de destacar su recoleta plaza de la Iglesia, donde se encuentra la parroquial, enmarcada por nobles construcciones: una gran casa cuyo piso inferior está formado por cuatro amplios arcos de medio punto, soportales donde se realizaba hasta hace poco tiempo el mercado local, y dos casas más de estilo aragonés. De éstas, la más notable es la casa solar de la familia infanzona de los Alcaine, que tiene catorce tramos de galería aragonesa; sobre su puerta de entrada ostenta su escudo heráldico con alabastro, en el que figura la inscripción «Año 1651». También era muy notable el antiguo edificio de la «Casa de la Villa» o Ayuntamiento, que estaba hecho en piedra y tenía una puerta de entrada, en forma de amplio arco de medio punto, sobre la que se encontraba el escudo municipal, actualmente conservado en el salón de Sesiones del nuevo Ayuntamiento.

La Minería: Aunque Andorra, en sus comienzos, era un núcleo típicamente agrícola, que basaba su riqueza en los cereales, olivo y vid, completado con ganado lanar, actualmente podemos hablar de «Andorra, ciudad minera», resultado de la explotación masiva de sus minas de lignito Buscar voz..., a partir de su descubrimiento —1914— por afloramientos y fósiles característicos, que se siguen a lo largo de la Val de Ariño.

De 1914 a 1918 se trabaja intensamente y por cuenta de su propietario, don Manuel Cañada, en la «Barrabasa», en el término de Alloza. Desde esta fecha, y hasta 1936, se atraviesa una época lánguida, en que toma nuevo impulso la citada mina y otra, en el término de Andorra, denominada «Colectivizada Andorrana», que en 1936 pasa a ser propiedad de la empresa Flix con el nombre de «Previsión Rectificada». Desde 1944 a 1946, el Sr. Cañada impulsa la explotación de la «Barrabasa», hasta cerrarla por casi agotamiento. Al mismo tiempo, hacia 1941, había entrado en funcionamiento la mina «María», en término de Andorra, y cuyo propietario sería don Antonio Gil hasta que, en 1946, pasará a la empresa Calvo Sotelo, que desde 1944 se estaba introduciendo y enviando personal técnico para inspeccionar el terreno. En 1946 comienza la explotación de las minas «Andorrana» (término de Andorra) y «Oportuna» (término de Alloza), ambas por cuenta de la Calvo Sotelo. En 1949 se cierra la «María», empleándola como desagüe y ventilación de la «Andorrana». Seguidamente se comienza con la «Innominada», en término de Ariño, y «Tremedal», en el de Alcorisa. También el «Pozo de San Juan» en Andorra, que no llegó al carbón, por brotar gran cantidad de agua, y se optó por dejar ésta para abastecimiento de agua potable al «poblado» y al pueblo. Hacia 1963 se cierran «Tremedal» y «Andorrana», por considerarse antieconómicas. A partir de estas fechas la Calvo Sotelo obtiene buenos rendimientos en la «Innominada» y «Oportuna», que trabajan muy mecanizadas, con cintas transportadoras, martillos perforadores y entibación metálica, llegando a producir, de 10.000 Tm. en sus principios, unas 600.000 Tm. en 1970.

El consejo de ministros de 4-lI-1972 transmite a E.N.D.E.S.A. todo lo perteneciente a la Calvo Sotelo. Posteriormente se comienzan los trabajos de instalación de la central térmica «Teruel», y se continúan los trabajos de reestructuración para llegar a conseguir una extracción de 2,9 millones de Tm. por año, con la finalidad de alimentar, en unión de otros lignitos secundarios de la misma cuenca minera, dicha central térmica.

El crecimiento demográfico se frena en los años 60, pues la empresa no despide, pero tampoco admite personal nuevo. Así en 1969 se reduce a 7.055 habitantes y, es a partir de los trabajos de la instalación de la central térmica cuando comienza a ascender, aunque lentamente. Es notorio el asentamiento en bloque de cien familias procedentes de Escatrón. El primer encendido de caldera de la central se efectuó el 1-XII-1978. Las gestiones sobre problemas de contaminación en el entorno de la central se llevan al máximo nivel dentro de la empresa.

Andorra cuenta con varios centros de enseñanza, ya sean de la empresa o estatales: El colegio E.N.D.E.S.A., con dieciséis unidades de E.G.B. y tres de preescolar; el colegio nacional, con 24 unidades de E.G.B., nueve de preescolar y dos de Educación Especial; el Instituto Nacional de Bachillerato, con B.U.P. y C.OU., y el Centro de Formación Profesional, con 1.° y 2.° grado. Las actividades culturales, recreativas y deportivas son objeto de especial interés, por lo que el número de participantes en las mismas aumenta en grado considerable; destacan el club de fútbol E.N.D.E.S.A. y la sociedad «El Cachirulo», así como activas asociaciones de padres de alumnos y vecinos.

• Bibliog.: Vázquez Lacasa, G.: Datos históricos sobre la muy noble villa de Andorra, «tomados de los documentos y libros que se conservan en los Archivos municipal y capitular de la villa»; Zaragoza, 1926, 148 pp. Aguilar, Vicente: «La ermita de la Virgen del Pilar de Andorra (Teruel)»; Doce de Octubre, número 6, año 1947. Castillo Genzor, A.: Aragón. Historia y blasón representativo de sus pueblos, villas y ciudades; tomo 1, «La Cadiera», junio de 1963. Cañada Sauras, J.: «La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Natividad, de Andorra (Teruel)»; Teruel, número 38, año 1967. Cañada Sauras, J.: «La ermita de Nuestra Señora del Pilar, de Andorra»; Teruel, número 39, año 1968. Fernández Clemente, M.ª P.: «Producción y comercialización del carbón de Andorra (Teruel)»; tesis inédita, año 1971. Cañada Sauras, J.: «Tradiciones populares que se pierden: Andorra y su devoción a la Virgen del Pilar»; Teruel, número 47, año 1972. Sebastián, Santiago, y otros: Inventario artístico de Teruel y su provincia; Ministerio de Educación y Ciencia, Madrid, 1974.

 

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