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Órdenes Militares

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 22/03/2011

La Orden de San Juan de Jerusalén (o del Hospital), surgió como transformación de una comunidad que desde mediados del siglo XI atendía a los peregrinos en un hospital de Jerusalén adjunto a la iglesia de San Juan. Durante el magisterio de Raimundo de Puy se codificó la regla de la nueva institución, que fue confirmada en el año 1120. A los tres votos religiosos añadieron el voto de armas por la necesidad de colaborar con los cruzados en la defensa de Tierra Santa. Fuertemente respaldados por el Pontificado y contando con la protección de los príncipes, fundaron establecimientos en el occidente de Europa destinados a financiar su gestión en Oriente.

En Aragón, ya antes de la muerte de Alfonso I el Batallador Buscar voz..., se registran donaciones a su favor, pero será a partir de 1134, en virtud del testamento de dicho monarca, cuando pasen al primer plano de la vida política, al ser instituidos, junto con Templarios y canónigos del Santo Sepulcro, herederos del reino. Tras unos años de negociaciones, renunciaron a sus derechos a favor de Ramón Berenguer IV Buscar voz... de Barcelona, a cambio de fuertes compensaciones materiales en Barbastro Buscar voz..., Huesca Buscar voz..., Zaragoza Buscar voz..., Calatayud Buscar voz..., Daroca Buscar voz... y Jaca Buscar voz.... A partir de este momento se prodigaron los donativos por parte de los fieles de todas las categorías sociales, impulsados por los beneficios espirituales que les deparaba la Orden. El incremento de heredades determinó la formación de circunscripciones administrativas; las posesiones sanjuanistas en Cataluña y Aragón constituyeron la denominada Castellanía de Amposta Buscar voz.... Las encomiendas Buscar voz... fueron la célula base de la organización económica; a su frente se hallaba el comendador (o perceptor). Dentro de los miembros conventuales, los caballeros tenían como misión específica el servicio de armas. El prior, capellán y diáconos atendían a la vida espiritual de la comunidad. Había también frailes sirvientes, encargados junto con los donados del cuidado de pobres y enfermos. El hábito de los Hospitalarios era negro, sobre la capa llevaban la cruz blanca, distintivo de la Orden, que en guerra destacaba sobre la cota de color rojo.

Fue sobre todo con Alfonso II Buscar voz... de Aragón cuando se registró el mayor auge de los dominios sanjuanistas en tierras aragonesas, marcando el inicio de varias encomiendas. Entre las donaciones con que les favoreció el monarca se registra la concesión en 1180 de la Zuda de Zaragoza, a partir de este momento sede central de esta dilatada encomienda. Recibieron también de la realeza una serie de privilegios y exenciones fiscales, extensibles a todos sus dominios en Aragón.

Observando la distribución geográfica de las encomiendas sanjuanistas en Aragón, se aprecia una mayor concentración de los dominios de la Orden en el valle del Ebro. El río venía jalonado por los establecimientos de Mallén Buscar voz..., Añón Buscar voz..., Remolinos Buscar voz..., Zaragoza Buscar voz..., Pina Buscar voz..., Samper de Calanda Buscar voz... y Caspe Buscar voz...; en la huerta del Jiloca se encontraba la encomienda de Calatayud Buscar voz... y en la frontera con Navarra, la de Castiliscar Buscar voz.... La encomienda de Huesca regía las posesiones en la ciudad y su amplio entorno; Barbastro Buscar voz... fue centro sanjuanista de cierta importancia y también contaron con bienes en Jaca Buscar voz.... En Daroca Buscar voz... no hubo preceptoría, si bien poseyeron algunas heredades. En las tierras turolenses se hallaba la encomienda de Aliaga Buscar voz.... De todas estas encomiendas la de Mallén fue la pionera, llegando a ser centro radial de los dominios hospitalarios navarro-aragoneses. Posteriormente fue desplazada en importancia por la de Zaragoza, que a partir de los últimos años del siglo XII se transformó en rectora de las diversas casas del valle medio del Ebro. Los comendadores de Zaragoza extendieron su jurisdicción por tierras del Jalón, donde contaron con los centros conventuales de Grisén Buscar voz... y La Almunia de Cabañas (o de Doña Godina) Buscar voz.... En Grisén se fundó en 1177 un convento Buscar voz... de religiosas Hospitalarias, anterior por tanto al de Sijena Buscar voz... (fundado por la reina doña Sancha Buscar voz... en 1188), pero la comunidad de Grisén se disolvió en la siguiente centuria.

Los Hospitalarios aragoneses, en su calidad de monjes soldados, participaron en algunas empresas de la Corona, al mando del Castellán de Amposta. Es más de destacar su labor en la colonización del territorio aragonés. En la dinámica de este proceso constituyó elemento primordial la concesión de cartas pueblas Buscar voz... que habían de componer el marco jurídico de la comunidad de vecinos. Conocemos, entre otras, las otorgadas por los monjes a Cetina Buscar voz... (entre 1151-1157), La Almunia de Doña Godina Buscar voz... (1178), Alpartir Buscar voz... (1178), Grisén Buscar voz... (1178) y Aliaga Buscar voz... (1216). Las monjas de Sijena dieron carta de población a Candasnos Buscar voz... (1217) y a Bujaraloz Buscar voz... (1254). Dentro de su actividad económica, debe señalarse la plantación de viñedos, puesta en cultivo de landas, mejoras en el sistema de riegos y potenciación de nuevas fuerzas hidráulicas, asimismo la creación de molinos, apertura de mercados, etc. En otro orden de actividades señalemos la custodia de objetos de valor, préstamos a la realeza y a los particulares, desempeño de fincas y otras operaciones financieras.

Tras la extinción del Temple en 1312, se inició una serie de negociaciones entre Jaime II Buscar voz... de Aragón y la Santa Sede. El 10-VII-1317, el Pontífice Juan XXII creó la Orden de Montesa, a la que se asignaron los bienes de los Templarios en el reino de Valencia (salvo dos de sus encomiendas) y que recibió la protección de los reyes aragoneses, quienes a su vez se lucraron de su ayuda militar (esta orden siguió las directrices de la de Calatrava y la regla cisterciense, contando como insignia originaria una cruz flordelisada en negro sobre la que se superpuso en memoria la de San Jorge de Alfama, una cruz plana y sencilla en rojo). El resto de sus bienes en la Corona de Aragón pasó al Hospital, lo que determinó el desdoblamiento de la Castellanía y una nueva estructuración de las encomiendas. Entre los jerarcas de la Orden en el siglo XIV destaca la figura de Juan Fernández de Heredia Buscar voz..., gran humanista e historiador. Su gestión en el orden económico fue señalada, debido a las medidas impuestas en los diversos distritos de la Castellanía con el fin de paliar la crisis producida por los estragos de la Peste Negra Buscar voz... y las secuelas de la guerra con Castilla.

Orden del Temple: Más tardía que la del Hospital, se organizó tomando el modelo de aquélla, adoptando desde el primer momento el carácter de milicia con objeto de dedicarse a la defensa de Tierra Santa. La iniciativa de su fundación partió de Hugo de Payens, natural de la Champaña, y de un grupo de compañeros. En 1127 recibieron el reconocimiento papal, un año después un concilio reunido en Troyes confirmó la regla de la Orden. Balduino II, rey de Jerusalén, les cedió una parte del palacio que se identificaba con el templo de Salomón, lo que les valió el nombre de caballeros del Templo (Temple por el origen francés de sus primeros miembros). A partir de 1145 ostentaron sobre el hábito blanco el distintivo de la cruz roja sobre el hombro-izquierdo.

Su presencia en Aragón tuvo lugar unos años antes del testamento del Batallador. Al renunciar al reino se les compensó con los castillos de Monzón Buscar voz..., Mongay Buscar voz..., Chalamera Buscar voz..., Barberá, Remolíns y la promesa del de Corbíns, además de una serie de importantes privilegios. Poco después de que en 1135 recibieran Novillas Buscar voz... de manos de García Ramírez de Navarra, esta casa conventual se transformó en centro radial de su expansión por la ribera del Ebro, mientras que la casa de Monzón regía los dominios templarios en la zona limítrofe con Cataluña. En la segunda mitad del siglo XII destacan las largas listas de cofrades del Temple que entregaban sus bienes a la Orden (en particular caballo y armas) o se comprometían a abonar anualmente determinada cantidad en dinero o especies. En el año 1196 recibieron un importante legado en las tierras meridionales del reino de Aragón, al incorporarse a sus dominios todos los bienes de la Orden del Santo Redentor de Alfambra (o de Montegaudio), cuyos monjes marcharon a León, su tierra de origen. Se incluían, entre otros lugares, los castillos y villas de Alfambra Buscar voz..., Castellote Buscar voz..., Villel Buscar voz... y Libros Buscar voz....

En una primera etapa, los Templarios en Aragón y Cataluña dependían de la Provenza, posteriormente adquirieron su autonomía respecto a la casa francesa. Al frente de cada encomienda se hallaba el comendador, que además de asumir la dirección de la comunidad dirigía a los caballeros en el campo de batalla. Éstos contaban con auxiliares o armigers. Había también frailes dedicados a las funciones de índole espiritual y legos encargados de las tareas domésticas. El consejo de frailes o Capítulo, al igual que entre los Hospitalarios, era un organismo consultivo y en ocasiones decisorio.

En las tierras centrales del valle del Ebro los dominios de los Templarios contaban con la encomienda de Novillas, a la que llegó a superar en importancia la de Zaragoza. Siguiendo el curso del río se hallaban las de Pina Buscar voz..., Zaida Buscar voz... y Orla. Donde se registró un mayor número de encomiendas templarias fue en la zona oriental del reino, al amparo de sus fortalezas, así Monzón, Chalamera y Litera y en la tierra baja turolense las de Castellote, Cantavieja, Alfambra, Villel y Libros. Otras encomiendas fueron las de Tarazona, Calatayud, Uncastillo y Luna. La de Huesca ejerció su radio de acción por un amplio sector. También poseyeron bienes en Fraga.

El carácter de milicia debió de ser más acusado en la Orden del Temple que en la del Hospital. Se distinguieron en el sitio de Tortosa, recibiendo de Ramón Berenguer IV el quinto de la plaza. Participaron en las Navas de Tolosa, en la conquista de Mallorca y en las campañas de Levante, así como en las posteriores empresas de los reyes en cuanto a la defensa del territorio. Su participación en la reactivación de la economía aragonesa fue también decisiva. Desde Monzón llevaron a cabo la colonización de un amplio sector de La Litera donde en 1158 concedieron carta de población a Binéfar Buscar voz.... Otro importante centro fue Cantavieja Buscar voz..., villa a la que dieron carta puebla en 1225. Unos años después otorgaron la de Mirambel y las de otros lugares de la bailía. En la ribera del Ebro sobresale la labor llevada a cabo por los monjes desde Novillas y posteriormente desde Zaragoza.

Cuando a principios del siglo XIV se inició en Francia la ofensiva contra los Templarios, no existía en Aragón ningún síntoma de hostilidad contra ellos. Pero las presiones de Felipe IV el Hermoso y la debilidad del Papa Clemente V, condujeron a Jaime II de Aragón a decretar su proceso. Atrincherados en sus castillos, resistieron el asedio de las tropas reales, siendo el castillo de Monzón el último en rendirse. Una bula expedida por el Pontífice el 22-III-1312 ordenaba la extinción del Temple. Después de unos años de tramitaciones, sus bienes pasaron a engrosar las riquezas de la Orden de San Juan de Jerusalén en la Castellanía de Amposta.

Orden del Santo Sepulcro: Nació también en Palestina, en fecha no anterior al 1100, año en que Godofredo, duque de Lorena, marchó a Tierra Santa junto con un grupo de canónigos, estableciéndose en la iglesia del Santo Sepulcro que restauraron. Poco después el patriarca latino de Jerusalén les dio la regla de San Agustín, tierras y algunas rentas, base inicial de su patrimonio. Sus miembros, además de atender a las funciones del culto, asumieron la tarea de defender a los peregrinos. Tras la aprobación papal, la institución se propagó por los reinos cristianos europeos. Fue coheredera con las Órdenes del Temple y del Hospital del reino que les legó en su testamento Alfonso I de Aragón. Al renunciar a sus derechos a la herencia del Batallador, los canónigos del Santo Sepulcro fueron compensados con bienes en varias localidades aragonesas, particularmente en Calatayud Buscar voz..., donde establecieron su casa central. Sus iglesias y centros conventuales se extendieron asimismo por el reino de Castilla, registrándose el mayor auge de sus dominios en España durante el siglo XIII. La institución contó también con casas de religiosas, entre ellas la todavía existente en Zaragoza con el nombre de Real Monasterio de Canonesas Comendadoras del Santo Sepulcro, que fundó a fines del siglo XIII, doña Marquesa Gil de Rada, hija de Teobaldo II de Navarra y viuda de un hijo natural de Jaime I de Aragón.

Orden de Calatrava: Sancho III de Castilla, en el año 1158, confió la plaza de Calatrava a Raimundo Buscar voz..., abad del monasterio cisterciense de Fitero, que se ofreció a defender el castillo con un grupo de caballeros. Éste fue el punto de arranque de la fundación de esta Orden Militar española, cuyos primeros miembros, al morir el abad Raimundo, eligieron un maestre secular. El Papa Alejandro III en 1164, confirmó la regla de la institución que quedó bajo el patrocinio y dependencia del abad de Scala Dei, en la Gascuña. En 1179 los frailes de Calatrava recibieron de manos de Alfonso II de Aragón el castillo de Alcañiz Buscar voz..., base para la formación de una importante encomienda. Los monarcas aragoneses dispensaron su protección y beneficios a esta milicia, que supo corresponder colaborando activamente en la reconquista de las Baleares y del reino de Valencia. Importantes encomiendas en el reino de Aragón fueron las de Calanda Buscar voz..., Alcorisa Buscar voz... y Maella Buscar voz.... Al hábito blanco (con escapulario) de los caballeros de Calatrava se incorporó a partir de 1385 una cruz roja flordelisada.

Orden de Santiago: Es otra de las Órdenes Militares nacidas en España en función de la reconquista del territorio. Sus raíces hay que buscarlas en el año 1170, cuando tras la reconquista de Cáceres, Fernando II fundó la hermandad de los «frailes de Cáceres», confirmada en 1175 por el Pontífice. En tierras aragonesas hizo su aparición en 1210, año en que el maestre Fernando González colaboró con Pedro II Buscar voz... en la ocupación de Montalbán Buscar voz... (T.). El monarca donó la villa al maestre, que fundó allí una encomienda de la Orden, llamada a ser casa matriz de sus establecimientos en la Corona de Aragón. El convento de la villa de Montalbán quedó sometido en un principio al prior de Uclés, quien sería el receptor de las rentas de los distintos centros santiaguistas. La Orden incluía dos categorías de miembros: clérigos y laicos, siendo la de Santiago la única milicia religiosa de la Edad Media que admitía casados en sus filas. Su carácter militar pudo manifestarse con ocasión de la reconquista del reino de Valencia; el comendador de Montalbán, según relatan las crónicas, condujo al campo de batalla no sólo a los caballeros santiaguistas, sino también a los habitantes de la villa. A mediados del siglo XIII tuvo lugar el mayor incremento de los dominios de la Orden, merced a donaciones y adquisiciones por compraventa, estabilizándose su patrimonio a fines de ese siglo. Entre las más importantes posesiones santiaguistas en el reino de Aragón deben citarse el Hospital de San Bartolomé de Zaragoza (llamado posteriormente de la Merced), la casa de la Merced de Teruel, la encomienda de San Marcos de Teruel y la localidad de Villanueva de Huerva Buscar voz.... También contaron con bienes en Calatayud y Albarracín.

Las Órdenes Militares después de la Reconquista: Finalizada la reconquista del territorio peninsular, las Órdenes Militares perdieron su primitiva esencia. A la par que se abandonó el carácter de milicia, se produjeron hondas transformaciones en la vida conventual, desligándose sus miembros del celibato, previa dispensa de los pontífices. Los Reyes Católicos adoptaron la decisión de incorporar los Maestrazgos de las Órdenes españolas a la Corona. En 1487 Fernando el Católico Buscar voz... asumió la administración de la de Calatrava, que Adriano VI confirmó a perpetuidad en 1523. En cuanto a la de Santiago, a mediados del siglo XV surgieron disensiones en su seno, estando a punto de producirse un cisma en la Orden, que pudo evitarse al hacerse cargo los monarcas de la suprema jurisdicción. A partir de este momento ambas órdenes comenzaron a decaer, aun cuando conservaron privilegios y rentas. También a fines del siglo XV se decidió suprimir la Orden del Santo Sepulcro, por bula de Inocencio VIII de 1489, aunque pudieron conservar su independencia algunos prioratos, entre ellos el de Calatayud. La Orden de San Juan de Jerusalén, por su carácter universalista, siguió una trayectoria distinta a las anteriores. En 1530, el emperador Carlos V Buscar voz... les concedió la isla de Malta, radicando allí a partir de entonces su casa central y siendo por esto conocidos sus miembros como caballeros de la Orden de Malta. En el reino de Aragón se aprecia a fines del siglo XVIII la decadencia de la institución sanjuanista. Más tarde, la Desamortización de los bienes eclesiásticos y las tendencias centralizadoras del siglo XIX dejaron reducidas las Órdenes Militares a corporaciones nobiliarias de carácter honorífico.

Bibliog.:
Ledesma Rubio, M.ª Luisa: «Las Órdenes Militares en Aragón durante la Edad Media»; Actas I Jornadas sobre el estado actual de los estudios sobre Aragón, Teruel, 1978. Se recoge en ese trabajo amplia bibliografía.

 

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