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Onomástica romana

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 29/12/2011

Los nombres romanos constituyen una muy valiosa fuente de información para los historiadores en varios sentidos: porque revelan pervivencias seculares, fundaciones y fechas; porque, en ocasiones, tienen un significado especial que permite averiguar las características de un lugar físico; y, asimismo, porque consienten establecer determinados lazos sociales entre los antiguos, persistencia de familias en solares comarcales o regionales, procedencia social, etc. (Esclavos Buscar voz..., clientelas Buscar voz....) Tanto los antropónimos (o nombres de persona) cuanto los topónimos (de lugar) de toda clase (orónimos, hidrónimos, etc.) revisten tales utilidades.

Así, el simple nombre de Caesaraugusta Buscar voz... indica sin lugar a dudas que su nacimiento como ciudad romana no puede ser, de ningún modo, anterior al 27 a.C. (fecha de la concesión del título de «Augusto Buscar voz...» a Cayo Julio César Octaviano). Por el contrario, una ciudad como Augusta Bilbilis Buscar voz..., que fue municipio romano Buscar voz..., que se desarrolló bajo el emperador Tiberio Buscar voz... y fue patria de poetas como Marcial Buscar voz..., denuncia por su nombre principal (Bilbilis) que existía antes de la llegada de Roma, lo mismo que la Colonia Iulia Victrix Celsa Buscar voz... (hoy, entre Gelsa y Velilla de Ebro, con excavaciones en curso): su mote de Iulia prueba que no puede ser anterior a Julio César Buscar voz...; su nombre de Victrix o «Victoriosa», que en su establecimiento intervinieron factores de índole militar; y, finalmente, su nombre propio, Celsa, que es la continuación de la ibérica Celse, que acuñó monedas con ese nombre.

Localidades que se denominen forum Buscar voz... sirvieron como mercado (así, el forum Gallorum Buscar voz..., por el río Gállego); otras, denominadas pagus, denuncian su condición minúscula y rural (como el pagus Segardinensium Buscar voz... y el pagus Gallorum Buscar voz..., en la orilla del Ebro, cerca de Gallur); numerosos lugares llevan aún nombres que revelan cómo nacieron al servicio, simplemente, de un camino romano Buscar voz..., pues conservan el numeral (en millas romanas, equivalente cada una a 1,5 km., aproximadamente), tales los pueblos de Tierz o los numerosos Cuarte, Quinto, etc., Utebo (octavus) o Nueno (nonus).

Hay nombres romanos de persona que sólo lo son en apariencia, como el de Lupus (en latín, «lobo»): pero eso no es sino el resultado de una adaptación a la fonética latina del celtíbero Lubbos o Lubos, nombre de algunos jefes de estirpe, celtíberos Buscar voz..., que conocemos bien. (Del latín, seguramente, evolucionó para adaptarse el árabe, tras el siglo VIII, dando Ibn Lupe o Ibn Lope: de ahí los nombres del Wadi-Lupe, o Guadalope, Guadalopín y Guadalopillo, el arroyo Lopín que separa hoy Teruel de Zaragoza, etc.) De tal modo que esos apellidos demuestran la permanencia secular de familias en el solar hoy aragonés mostrando cómo resultan más fáciles los cambios culturales que los de otro tipo. (Igual puede decirse de los Casios Buscar voz... romanos; uno de ellos posiblemente aparece ya en el bronce de Contrebia Buscar voz.... Y la familia muladí de los Banu Qasi Buscar voz... desciende, sin duda, de una familia romano-goda).

Los nombres romanos de persona son de extraordinaria utilidad para intentar reconstruir el reparto de la propiedad de la tierra, sobre todo a partir del Imperio Romano y antes de la invasión islámica Buscar voz... del 711-714. Así, según ya estudiara en su día Menéndez Pidal Buscar voz..., abundan mucho en Aragón, sobre todo en la Ribera del Ebro y entre los Somontanos oscense y turolense (en cuyas tierras el fenómeno es más difícil y raro) los nombres de lugar terminados en -en y en -ena y cuyo radical es un nombre latino.

Ejemplos de ello son los que se expresan en el cuadro, indicando, en términos generales, que fueron grandes propiedades de un solo individuo. Los especialistas tienden a pensar que indican latifundios de los siglos II al IV d.C., aunque no es posible certificarlos. En algunos casos (como el de Sabiñánigo, que deriva de un Sabinianus) el fenómeno es más tardío (del siglo V d.C.).

Otros más (Arén, Bespén, Coscullano, Cregenzán, Ena, Estopiñán, Lorién, Marguillén, Olvena, Ontineña, Oruén, Panzano, Presiñena, Sena, Sigena, Sonana, Vicién, Anzánigo, Layana, Bañón, Daudén, Lecina, Seno, Crivillén) pueden tener igual origen.

• Bibliog.:
Marco, F.: «Historia Antigua»; pp. 159-165, en I Jornadas Sobre el estado actual de los estudios en Aragón, Zaragoza, 1979.

 

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