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Narrativa Contemporánea

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 09/11/2010

(Lit.). Benjamín Jarnés Buscar voz... y Ramón J. Sender Buscar voz..., dos autores contemporáneos, representan la primera decidida incorporación aragonesa a la historia de la narrativa española, que sólo recoge, en su difícil catalogación como novelista, la figura cumbre de Baltasar Gracián Buscar voz..., y en su calidad de raros, a J. Mor de Fuentes Buscar voz... y Braulio Foz Buscar voz.... Jarnés y Sender suponen una aportación decisiva al panorama novelístico moderno español, el primero en relación a los movimientos estéticos anteriores a la guerra civil, y el segundo, por su talante de escritor de raza, continuador del magisterio de nuestros grandes narradores, a lo largo de una fecunda obra iniciada antes del año 36 y que ha continuado en nuestros días desde su exilio americano. Figura también del exilio, José Ramón Arana Buscar voz... (1906-1973), tendría, entre nosotros, una presencia tardía, con la publicación de su Can Girona (1973), El cura de Almuniaced (edic. española de 1979) y, con carácter póstumo, Viva Cristo Ray y todos los cuentos (1980).

La década de los cuarenta señala la aparición como novelistas de José A. Giménez Arnau (Línea Siegfried, El puente, La canción del jilguero, La cueva de ladrones) que, en 1953, con De pantalón largo, obtendría el Premio Nacional de Literatura; José Vicente Torrente Buscar voz..., que alcanzaría su mayor notoriedad con El país de García, 1970; Rosa María Cajal (Juan Risco, Un paso más, Primero derecha, El acecho) y Rosa María Aranda.

Surgen en los años cincuenta I. M. Gil Buscar voz... (La moneda en el suelo, Premio Internacional Primera Novela; Juan Pedro, el dallador, Pueblonuevo), Santiago Lorén Buscar voz..., premio Planeta con Una casa con goteras y autor de una larga serie de títulos de novela y relatos; Julián Gallego Buscar voz..., extraordinario narrador breve como en sus Apócrifos españoles; Carlos Clarimón Buscar voz..., de obra escasa; Miguel Buñuel Buscar voz..., de especial dedicación a la literatura infantil (El niño, la golondrina y el gato, premio Lazarillo, sería, en este aspecto, su obra más lograda y popular), y Manuel Berdún Torres.

En los años sesenta hacen su aparición los nombres de Eduardo Valdivia Buscar voz..., de extensa producción cuentística (El espantapájaros, Las cuatro estaciones, Cuentos de Navidad, Cuentos de velatorio, una de la mayores aportaciones aragonesas a este género) y su novela ¡Arre Moisés!, llevada al cine; Marian Arcal (Veinte relatos monegrinos); Luisa Llagostera (premio Ondas, La hora tercia; Ciudad de Lérida, Como la tierra; San Jorge, La calle) y Pedro Pablo Padilla (premio Gabriel Miró, Doce horas; Ateneo de Sevilla, Del ático al entresuelo). José Camón Aznar Buscar voz... se incorpora también a la creación novelística con En la cárcel de espíritu y su más conocida El pastor Quijotiz, recreación de los inmortales personajes cervantinos.

Los años setenta traen los nombres de Gabriel Bermúdez, escritor de relatos y novela de ciencia-ficción; Ramón Gil Novales Buscar voz..., autor teatral que incide en la narrativa con Voz de muchas aguas y sus relatos Preguntan por ti; Javier Tomeo Buscar voz..., premio Ciudad de Barbastro con El unicornio y que con El castillo de la carta cifrada culmina, en esta etapa, una obra narrativa de rara originalidad; Manuel Derqui Buscar voz..., el gran adelantado de los escritores aragoneses, con una extensa obra cuentística, de extraordinaria calidad, y su novela Meterra, sin duda la mayor aportación de un escritor aragonés a la narrativa española de los años setenta y a la que su tardía aparición restó la importancia que debiera haber obtenido; Gabriel García-Badell Buscar voz..., varias veces finalista del Nadal, autor de una obra muy personal, y José Giménez Aznar, premio Ciudad de Barbastro con El abominable Gildo.

Y en los últimos años de este período, nuevos nombres que han de llenar la próxima década: Alfonso Zapater Buscar voz..., ganador de los premios Padre Llanas, Barbastro y Ciudad de Jaca, con temas y personajes entroncados en el mundo rural, José A. Labordeta Buscar voz..., Luis Carlos Moliner (premio Ciudad de Barbastro, con Los pelirrojos ángeles de la izquierda), Ana María Navales Buscar voz..., José Luis Alegre Cudós Buscar voz..., Encarnación Ferré, Alfonso M. Gil, Soledad Puértolas Buscar voz... (premio Sésamo, con El bandido doblemente armado), Simeón Martín-Rubio y Juan Bolea Buscar voz....

En la España de los 80, la narrativa fue el género de mayor empuje editorial y, posiblemente, también el de más lectura. Lugar de privilegio que ha ido mermando con el transcurso del tiempo. Pero esta doble circunstancia, aplicable al conjunto del país, no puede traducirse directamente al caso concreto de Aragón. Cuando menos, por falta de estructuras. Pese a todo, los 80 significan para Aragón, junto a autores ya reconocidos, la consolidación, confirmación o aparición de otros narradores, algunos incluso con repercusión internacional. Todos nacen extramuros del territorio aragonés, dado que, salvo la colección de relatos «Ciudad de Zaragoza», unida al premio del mismo nombre, no existen soportes para su desarrollo. El más ambicioso, Nueva Biblioteca de Autores Aragoneses Buscar voz..., de Guara Editorial, atendió a los consagrados en lógica línea con sus intenciones. El resto de intentos (Unali, premios,...) sucumbieron apenas iniciada su andadura.

Es alrededor de 1985, cuando comienza una progresión, más cuantitativa que cualitativa, de la narrativa escrita por aragoneses. Poco antes, a nivel estatal, había estallado el fenómeno, con enorme carga comercial conocido como «nueva narrativa». También, desde lo sociopolítico, las autonomías comenzaban a asentar su andadura. En Aragón como el resto peninsular, no hay tendencias, ni grupos. La diversidad y la libertad, mandaron y siguen mandando.

En 1985, Javier Tomeo Buscar voz... (Quicena, 1931), residente en Barcelona, es finalista del premio «Herralde» con Amado monstruo, la obra que le consolida y le confirma incluso fuera de España —por su traducción y posterior adaptación teatral— a pesar de llevar ya a sus espaldas seis obras y una larga trayectoria.

Algo similar sucede con José M.ª Latorre Buscar voz... (Zaragoza, 1945), Soledad Puértolas Buscar voz... (Zaragoza, 1947) o José M.ª Conget Buscar voz... (Zaragoza, 1948) que, con diferente grado de aceptación, confirman y consolidan su narrativa. El primero, con Miércoles de ceniza (1985), una obra que define, con precisión, el siempre presente universo narrativo del autor, con Eros y Thanatos como eje, tras haber publicado Huida de la ciudad araña y School Bus, premio Degeneración de los 80, ambas en 1981. La segunda, con Burdeos, donde la madurez de los personajes ya no permite ocuparse de las problemáticas adolescentes visibles en El bandido doblemente armado o en los relatos de Una enfermedad moral (1982), sino en captar —desarrollo de la mirada— el misterio de la vida. Y J. M.ª Conget, a comienzos de 1986, con Gaudeamus, cerrando así la trilogía de una crónica generacional y el empeño sobre la recuperación de la memoria —años 60 y 70— visibles en Quadrupedumque (1981) y Comentarios (marginales) a la Guerra de las Galias (1984). Asimismo Jesús Moncada Buscar voz... (Mequinenza, 1941) publica ese universo tan suyo en torno a la Mequinenza inundada, que, tres años después, llevará al clímax en Camí de sirga. También, 1985, supone la aparición de Ignacio Martínez de Pisón Buscar voz... (Zaragoza, 1960) mediante el doblete de La ternura del dragón, Premio «Casino de Mieres», y los relatos, llenos de interés, de Alguien te observa en secreto. Y, apoyado en otro premio, «Gran Angular 1984» concedido a El zulo, Fernando Lalana Buscar voz..., nuestro mejor autor en el territorio juvenil, inicia su fecunda carrera que le llevará al Nacional de Literatura Juvenil (1991).

Entre fines de 1984 e inicios de 1986 publican otros autores, reconocidos dentro y fuera de Aragón: Santiago Lorén, ganador con La vieja del molino de aceite del Ateneo de Sevilla de 1984. Antonio Fernández Molina Buscar voz..., asentado definitivamente en Zaragoza, que publica Rin tin tín cruzando los Alpes y Adolfo de perfil, dos novelas cortas donde prosa y poesía borran sus límites. José Antonio Labordeta que entrega El comité (1986). Ana María Navales que, con el sostén del premio «Antonio Camuñas», publica la interesante El laberinto del Quetzal, novela que reeditará diez años después abriendo Ediciones Calima de Mallorca junto al escritor y joven académico A. Muñoz Molina. O el oscense Ramón Gil Novales, residente en Barcelona, autor del interesante libro La baba del caracol con la emigración aragonesa como fondo.

A partir de 1985-1986, la actividad narrativa se dispara. Los escritores que habían publicado en Madrid o Barcelona se consolidan con una presencia continua, siguiendo las normas del mercado o aprovechando el ambiente propicio hacia la novela, incluso para sacar textos antiguos. El caso más significativo, Tomeo que, junto a reediciones (Ceguera al azul se llama, en 1986, Preparativos de viaje, en 1989 aparecen en Círculo de lectores Amado monstruo y El castillo...), publica El cazador de leones en 1987 y tres obras en 1989: La ciudad de las palomas, Historias mínimas, Bestiario, proceso que seguirá en aumento durante los 90. Soledad Puértolas será otro ejemplo. El salto a Anagrama, la editorial de moda, conllevó la recuperación de obras anteriores (El bandido doblemente armado, 1987; Una enfermedad moral, 1998; ambas, de nuevo, reeditadas en Círculo de Lectores en 1988) combinadas con novedades: Todos mienten, obra de impacto que acabó por ensalzarla. En ella hurgaba en la fragilidad de la vida, en el tejido de las apariencias y en el desgarro cuando la verdad esencial toca fondo. De ahí al premio Planeta de 1989 con Queda la noche. Latorre es menos prolífico: Sangre es el nombre del amor (1986), Osario (1987) y Las trece campanadas (1989) son obras con un mundo cada vez más conformado y denso. De más lenta producción, Martínez de Pisón que publica Antofagasta, 1987, (Círculo de Lectores reedita sus dos primeras obras, 1989) y Conget que, ausente tres años, consigue saltar de Hiperión a Alfaguara en Todas las mujeres (1989). Junto a éstos, Teresa Garbi Buscar voz..., profesora oscense en Valencia, con Espacios, Alas (Víctor Orenga, 1985, 1987) y Cinco (Hiperión, 1989); Javier Delgado Buscar voz... que reedita Érase una vez una niña en Lumen (1987); Fernández Molina, La hoja de la alcachofa es una lechuza (1989), Ana María Navales, Paseo íntimo por la ciudad y otros cuentos (1987); Alegre Cudós, Locus amoenus (1989); R. Gil Novales (El saber del viento, 1988) y, entre otros, las apariciones de Julia Frisón, Altísimo secreto (1987) y Paco Marín, La muerte de Victoria, 1989, residentes en Barcelona.

Mientras en el interior de Aragón se inicia una remoción de los cimientos. En 1986, la I.F.C. crea la colección y premio «Isabel de Portugal» que dará a conocer autores como Javier Sebastián (Pomo Rosso, 1986), A. Ayuso (El besugo y la soprano) y al periodista gallego asentado en Aragón, Antón Castro Buscar voz... (Mitologías), ambos en 1987. Los periódicos apuestan por los suplementos literarios y dan cabida a algún cuento (El Día, Heraldo de Aragón), mientras aletea la necesidad de revistas. Turia Buscar voz... había retornado (1985) inaugurando la singladura fructífera que mantiene todavía. La novela y el relato ganan en cantidad y los premios continúan siendo la vía principal para escritores de todas las edades y tendencias. El leonés José Luis Rodríguez García Buscar voz..., profesor de la universidad (Adiós, Buonarotti, «Pérez Galdós» de 1988; Un tarro con tapa marrón en la portada, «Ramón Sijé» de 1989); Joaquín Sánchez Vallés Buscar voz... (Huesca, 1953), poeta con varios premios nacionales, finalista del «Azorín» con la novela La ciudad junto al río (1989); Rosa M.ª Aranda con Esta noche, todas las noches, premio «Constitución» de Extremadura (1989)... A este listado podrían unirse otros menos conocidos como José Barreiro, «Villa de Benasque 1986» con El Agualí, y a no residentes en Aragón como Pilar Nasarre Buscar voz... (Huesca, 1956), ganadora del «Villa Las Rozas 1989» con Al otro lado o el bilbilitano Javier Coramina, residente en Mallorca, finalista del premio «Iberia», 1988 y con A la sombra de las sabinas, ganador del «Ciudad de Barbastro» 1989.

Esta habitual falta de estructuras parece resolverse durante los 90. Antes, algún titubeo como «Cuadernos de Aretusa» (1988), centrado en el reducido espacio de lo femenino. El límite lo marca «Crónicas del Alba» (Abril, 1991, D.G.A.), seguida de Mira Ed. (noviembre 1991) y, después, por Zócalo, Xordica (ambas en 1984), Egido (1996) y la colección «Las Tres Sorores» de Prames. Todo ello favorece el «estallido» de la narrativa aragonesa. En cantidad, cuando menos. Basta mirar catálogos para observar incorporaciones que se apoyan en los autores triunfantes de los 80 (Tomeo, Martínez de Pisón o Moncada) y en autores con obra en épocas anteriores como Alfonso Zapater (La ciudad infinita, 1991; Tuerto Catachán, 1998), Gabriel García Badell (Farsalia, 1991) o Ildefonso M. Gil (Concierto al atardecer, 1992). El fenómeno se dispara: 12 de 18 títulos en «Crónicas» (1991-1993), casi 40 en Mira (1991-1996), una decena en Zócalo y en Xordica crean una atmósfera de euforia creativa, caracterizada por su excesiva flexibilidad y, como en el resto del país, por un exceso de lo mercantil y la moda. Falla la crítica. De lo que no cabe duda es que el «estallido» conlleva mayor atención fuera del predio aragonés, favoreciendo saltos o, incluso, apariciones antes impensables, en editoras nacionales. Algunos, además, utilizan el apoyo de premios como I. García Valiño Buscar voz... (La irresistible nariz de Verónica, «José María Pereda 1996»; La caricia del escorpión, finalista Nadal 1998, y más recientemente las novelas Querido Caín de 2006 y El corazón de la materia de 2008); Pilar Navarrete Buscar voz... (Constitución 1996, Gabriel y Galán, 1996) o Ángeles de Irisarri Buscar voz... (Ermesenda, Condesa de Barcelona, «Femenino Singular», 1994), atraída por el tema histórico: Toda, reina de Navarra (1991, reedición, Emecé 1997) y El estrellero de San Juan de la Peña (1992), a las que seguirá una abundante producción entre las que se incluyen La reina Urraca (2000), la trilogía del 2001 sobre la reina Isabel la católica, Romance de ciego (2005), Te lo digo por escrito (2006) o La artillera de 2008. Otros autores destacados en la actualidad en Aragón son Ángela Labordeta Buscar voz... con obras como Rapitán (1996), Bombones de licor (2000) y últimamente Sin hablar con nadie (2008); Félix Romeo, Dibujos animados (1995), Discothèque (2001) y Amarillo (2008); José-Luis Corral Buscar voz..., prolijo autor de novelas históricas entre las que destacan El Salón Dorado (1996), El invierno de la corona (1999), El Cid (2000), Numancia (2003), o la trilogía sobre la época de la guerra de la Independencia compuesta por Trafalgar (2001), ¡Independencia! (2005) y El rey felón (2009); Magdalena Lasala, de quien destacan La estirpe de la mariposa (1999), sus novelas históricas sobre distintos personajes andalusíes como Abderraman III: El gran califa de Al-Andalus (2001), Almanzor: El gran guerrero de Al-Andalus (2002), Boabdil. Tragedia del último rey de Granada (2004) y centrándose en la mujer en el periodo andalusí Walläda la Omeya, La última princesa andalusí (2003), Doña Jimena. La gran desconocida en la historia del Cid (2006) o Zaida, la pasión del rey (2007). Su última novela es La conspiración Piscis (2009); Carlos Castán, Frío de vivir (1997), Museo de la soledad (2000) y Sólo de lo perdido (2008). Además hay que citar a otros autores como Mariano Gistaín, Fernando Jiménez Ocaña, A. Castro, Juan Bolea, Clemente Alonso Ramón Acín, Manuel Vilas, S. Vílchez, C. Lahoz...

Fuera del predio aragonés, los escritores de los 80 siguen en parecida línea estética, ahondando en temáticas semejantes o ya conocidas. Tomeo con ritmo acelerado (4 novelas en 1990, 2 en 1991, etc. Destacando La agonía de Proserpina, 1993, y El crimen del cine Oriente, 1995) que a la vez que cosecha triunfos —en especial, Francia y Alemania por la adaptación teatral de sus obras—, es continuamente traducido. En la primera década del siglo XXI destacan obras como La patria de las hormigas (2000), La agonía de Proserpina (2001), La soledad de los pirómanos (2001), Cuentos perversos (2002), y más recientemente Los amantes de silicona (2008) o Pecados griegos (2009). Otros más sosegadamente como Latorre (El anillo de Moebius, 1991; Palacio de sombras, 1994; Treinta y cinco milímetros de Franco, 1995; Los teatros imaginarios, 1996, El año de la celebración de la carne, 2000, Los jardines de Beatriz, 2002, y su última Los ojos en el espejo, 2008) o Martínez de Pisón (El filo de unos ojos, 1991; Nuevo plano de la ciudad secreta, 1992; El fin de los buenos tiempos, 1994, Carreteras secundarias, 1996, Foto de familia, 1998, María Bonita, 2000, Los hermanos Bravo, 2001, El tiempo de las mujeres, 2003, Enterrar a los muertos, 2005, Palabras justas, 2007, Dientes de leche, 2008, Una guerra africana, 2008, Partes de guerra, 2009, y Aeropuerto de Funchal, 2009) y José María Conget (Palabras de familia, 1995; Cincuenta y tres y Octava, 1997, Hasta el fin de los cuentos, 1998, Bar de anarquistas, 2005). Y otros con extrema lentitud, caso de Moncada (La galería de las estatuas, 1992; Estremida memoria, 1997; Calaveres atònites, 1999). Soledad Puértolas combina la narrativa (Días del arenal, 1992; La corriente del golfo, 1994, Recuerdos de otra persona, 1996; La señora Berg, 1999; Adiós a las novias, 2000; Con mi madre, 2001; y su más reciente Cielo nocturno, 2008) con las publicaciones de corte ensayístico o periodístico. También autores residentes en Zaragoza y con obra previa a los 90, publican en editoras nacionales: Ana M.ª Navales (Cuentos de Bloomsbury, 1991; Zacarías rey, 1993, Tres mujeres, 1995 y La amante del mandarín, 2002). J. A. Labordeta (Mitologías de mamá, 1992; Tierra sin mar, 1995; Banderas rotas, 2001; Cuentos de San Cayetano, 2004; En el remolino, 2007; y Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados, 2008), A. Fernández Molina (Perro mundo, 1994; Fragmentos de realidades y sombras, 2003), J. L. Rodríguez García (Manos negras, 1996; Fotogramas del diluvio, 2000; El ángel vencido, 2001), J. Delgado (Memoria vencida y Otra vez infancia, 1995; Jardines infinitos, 2000; Uno de los nuestros. Memorias de un joven comunista. 1969-1979, 2002) o Antón Castro (El testamento de amor de Patricio Julve, El álbum del solitario, 1999; El sembrador de prodigios, 2005; Golpes de mar, 2006; y Fotografías veladas, 2008). Y, junto a éstos, surgen nuevos autores de narrativa firme, unos fuera de Aragón, como J. Giménez Corbatón Buscar voz..., preocupado por un mundo que agoniza mediante el dibujo de un imaginativo Crespol, trasunto de una realidad visible (El fragor del agua, 1993), que se adentra en la novela social (La fábrica de huesos, 1999); Julio Frisón con su ácida mirada en No deis patadas a las piedras, 1993, y La autopsia de Vanity Lo, 1994; Pilar Nasarre y su buceo en los intersticios del sentimiento (El último concierto, 1990; El País de Nunca Jamás, 1993; Prólogo de sombras, 1998), A. Altarriba (El filo de la luna, 1994; Cuerpos entretejidos, 1996; Contra corriente, 2000) o Leandro Gay (Conexiones rumorosas, 1996; Botas sobre el césped, 1998). Y otros, residentes, como M. Gistaín (La mala conciencia, 1997), Félix Teira Cabe (Brisa de asfalto, 1991; Gusanos de seda, 1993; La violencia de las violetas, 1995; La ciudad libre, 2000), que analiza y reflexiona sobre el mundo circundante y su costra de apariencia, aspecto que, incluso, es visible en las obras para jóvenes Saxo y rosa (1995), o ¿Y a ti aún te cuentan cuentos? (1996). Y hablando de novela juvenil, se debe destacar a Fernando Lalana (El efecto Faraday, 1997; Conspiración Chafarinas, 1999) que en 2009 ha publicado su novela número cien: El Círculo Hermético; y, entre otros, a Miguel Mena, madrileño asentado el Zaragoza (Bendita calamidad, 1994, y El escondite inglés, 1996).

Para acabar hay que citar un autor que se ha convertido en un auténtico fenómeno mediático internacional: el turolense Javier Sierra Buscar voz... (1971). Su obra ha sido publicada en más de cuarenta países destacando títulos como La dama azul (1998), Las Puertas Templarias (2000), El secreto egipcio de napoleón (2002) y la obra que se convirtió en un fenómeno mediático La cena secreta (2004).

narrativa en aragonés. Chuana Coscujuela siguió cultivando la novela autobiográfica y testimonial hasta su muerte en el año 2000 con Continazión (1982-1983) (1992), (que continúa A lueca en tierras catalanas. Tiene amplio desarrollo la narración de carácter costumbrista y localista, como los relatos de A. Garcés Buscar voz..., la novela breve Marieta de L. Dueso Buscar voz... en aragonés chistabín, las narraciones en bajorribagorzano de Cleto J. Torrodellas Buscar voz... Mur, o la novela de Chuaquín Castillo, A casa maldada (1989), historia de brujería ambientada en Sobrarbe. También costumbrista, pero más cercana al ensayo etnográfico es la obra de José M.ª Satué Buscar voz..., ¿Qué feban dinantes en un lugar d’o cobalto d’Aragón? (1996), en aragonés de Sobrepuerto Buscar voz.... Lo etnográfico y autobiográfico se unen en los relatos que constituyen O tión (recosiros de ra quiesta balle Tena) (1987), de F. Gil del Cacho Buscar voz..., en arag. tensino Buscar voz.... Recuerdos de infancia y cuentos tradicionales se aúnan en Os berdes beranos (1993), de Chusé y Chabier De Jaime. Destaca por sus excepcional calidad, tanto literaria como lingüística, el conjunto de la obra en arag. cheso Buscar voz... de Chusé Coarasa Buscar voz..., póstumamente recogida en L’hombre l’onset (1993). La narración de concepción literaria más moderna es sin duda la de Chusé I. Navarro Buscar voz..., Astí en do l’aire sofla ta soboter as fuellas de os árbols (1989), que aúna frescura y creatividad con un gran dominio lingüístico. También la de E. Vicente de Vera Buscar voz..., que con As fuellas de París (O manuscrito de o tayyab) (1989) introduce la novela histórico-policíaca, con una estructura bien trabada. De tema y procedimiento tradicionales es L’erenzio (1988). De carácter más simbólico son Os mons malditos (1992) de Chusé Antón Gracia Ginés, y A besita de l’ánchel (1995), de Chusé Carlos Laínez Buscar voz.... Carácter testimonial de una trayectoria vital tienen las dos últimas novelas publicadas: La bal de la bida (1997), de Elisa García, en arag. chistabín Buscar voz..., y Ta óne im (1997), de Ana Tena Puy Buscar voz..., en arag. ribagorzano Buscar voz..., así como las memorias poetizadas por Ch. R. Usón Buscar voz... en As zien claus (1997). También, Arcosanchuán birabolas (accésit en el Premio Arnal Cavero Buscar voz... de 1996), de Miguel Santolaria Buscar voz..., y en 1998 se publica Cuan l’odio esbatega pe’l aire (premio Arnal Cavero 1997), de Carmen Castán.

Xordica Buscar voz..., en su colección «simién negra» ha publicado Tiempo de Fabas (1997) y Chuan Galé (2004), de Ch. I. Nabarro; O rafe de l’espiello (1997), de Ánchel Conte, O bolito d'as sisellas (2001), Aguardando lo zierzo (2002) y De ordo sacerdotalis (2004); Chunto á o fogaril aragonés (2000) de André Galicia; Long Live rock’n’roll y atras basemias (1998), de Carlos Diest; Nuei de tiedas (1999) de varios autores. En 2001 J.M. Satué publica Alredor d'a chaminera, en 2005 ve la luz Las zagueras trafucas de Marieta de Quino Villa y finalmente Elena Chazal publica Lo que mai no s'olbida (2005) y Cuentos de la lluna en mingua (2009).

Edizions de l’astral ha publicado Mai sólo bi’n ha que una (1998) de J. Gurpegui y F. Vallés; en la colección «Rampallo» del Ligallo de Fablans.

Narrativa en catalán. Comienzan a escribirse obras de este género en 1970, año en que Jesús Moncada Buscar voz... gana el Premio «Brugués» con el cuento «La llana y la pruna» y en el 71 el «Joan Santamaría» por sus primeros relatos publicados en 1973. Pero es en los 80 cuando se da una eclosión narrativa de autores de la Franja. Todos ellos, con la única excepción del mequinenzano Edmon Vallés, que en su autobiografía Dietari de guerra (1980) utiliza un catalán netamente oriental, emplean de forma habitual o selecta sus modismos y léxico locales, y los paisajes, pasado, tradiciones y gentes de la comarca están presentes en todas sus obras. En esta década se publican los dos libros de relatos y la novela Camí de sirga de J. Moncada (Mequinenza 1941); una novela y un libro de relatos de Josep Antoni Chauvell Buscar voz... (Alcampell, 1958) y la primera edición de Mort al almodí de Josep Galán Buscar voz... (Fraga, 1948). En los 90 salen dos nuevas novelas y un libro de relatos de Jesús Moncada, la novela corta de Desideri Lombarte Buscar voz... (Peñarroya de Tastavíns, 1937 - Barcelona, 1989) y gracias especialmente a la colección Quaderns de la glera Buscar voz... ven la luz relatos y novelas de nuevos escritores: Lluis Rajadell (Valderrobres 1965), Mercé Ibarz (Zaidín, 1956), Carmen Alcover (Mazaleón, 1952), José Antonio Carrégalo (Monroyo, 1951), Gloria Francino (Sopeira, 1956) y otros que publican sus relatos en revistas comarcales como Miquel Blanc y Carles Teres.

 

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