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Naipes

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 04/08/2009

Por dilucidar aún el origen rigurosamente histórico de los naipes —unos autores les atribuyen procedencia china, hindú, o árabe, mientras otros ubican su invención en Alemania, Francia o Italia, no faltando quienes fijan en España su lugar de invención y posterior exportación—, lo que aparece como seguro es su práctica y circulación en los territorios de la Corona de Aragón ya en la segunda mitad del siglo XIV. Esta certidumbre nace de la documentación conservada relativa tanto a las órdenes reales o de las autoridades locales proscribiendo su uso, como a los inventarios o actas de herencia en los que se menciona expresamente uno o varios juegos de naipes entre los bienes patrimoniales. Del primer tipo de documentación, quizá el testimonio más antiguo sea la orden dictada por el Consejo General de la ciudad de Valencia, en junio de 1384, en la que se prohíbe «un novel joch apellat dels naips» (lo que, de paso, induce a pensar en su reciente implantación en dicho territorio). Poco después, en 1391, la prohibición se haría extensiva a todos los reinos de la Corona de Aragón y el barcelonés Consejo de Ciento insistiría repetidamente en su proscripción desde el siglo XIV al XVII. También los Reyes Católicos fueron especialmente duros para con los practicantes de los juegos de azar, dureza que iría remitiendo progresivamente con los monarcas de la Casa de Austria, quienes verían en la industria naipera una sustanciosa fuente de ingresos para la Hacienda.

Sin embargo, el otro tipo de documentación superviviente —la referente a los inventarios de bienes y actas de herencia— hace pensar que, pese a las órdenes de proscripción, los naipes no sólo eran frecuentes en la Corona de Aragón sino que los primeros ejemplares debían de constituir piezas de valor estimable. Así parece señalarlo el inventario de los bienes relictos por el mercader barcelonés Nicolás Sarmona, fechado en 1380, en el que se relaciona «unum ludum de nayps»; o el inventario del también mercader catalán Miguel Ça Pila, en el que se consigna «un joch de nayps grans pintais y durats», fechado en 1401.

Sea como fuere, lo cierto es que, pese a las trabas legales, puestas a la fabricación y uso de los naipes en toda la Corona de Aragón su penetración en España fue precisamente por la zona mediterránea de los territorios de la Corona, en un proceso de «cuña» que diversos autores identifican con el triángulo Valencia-Barcelona-Zaragoza. Fue, sin embargo, en las dos primeras ciudades donde la industria naipera surgió con más fuerza y donde los maestros artesanos consiguieron con más celeridad un «status» legal para sus industrias (casi siempre, semicamuflados en otros gremios autorizados). El rigor real o municipal para con los naipes no fue obstáculo, por otro lado, para que los propios monarcas —o, al menos, algunos— se mostraran inclinados a su adquisición y uso como lo prueba el hecho de que en 1403, durante su estancia en el castillo de Jérica, el rey aragonés Martín el Humano Buscar voz..., solicitase a Raimundo de Sentmenat el envío de «un joch de naips». Indicativa es, asimismo, la orden de la reina Doña María Buscar voz..., esposa del rey Alfonso el Magnánimo Buscar voz..., dirigida a su tesorero en diciembre de 1428, en la que encarga haga efectiva al pintor valenciano Miguel de Alcanyis y a los hijos del pintor Bartolomé Pérez la cantidad de 265 sueldos «per deboixar, pintar e acabar hun joch de naips» (la misma reina, en junio de 1434, escribía al mercader barcelonés Miguel de Roda para agradecerle la ofrenda de «un caxonet dels nayps que us havets tramesos molt bells»).

Algunos autores, como el documentado Manuel Llano Gorostiza, deducen este pionerismo aragonés en la industria naipera española de la rancia tradición miniaturista y náutica de la Corona de Aragón. Según esta hipótesis, las escuelas monacales de miniaturistas y los confeccionadores de portulanos y cartas de marear (especialmente barceloneses y mallorquines) habrían propiciado la aparición de magníficas estampadores en madera, primeros artesanos de una industria naipera que se reveló próspera y vital desde el siglo XVI. Es a partir de este siglo cuando comienzan a circular con profusión los naipes aragoneses, con sus inconfundibles barras en el anverso, como los llamados «naipes de Francisco I», aparecidos en la madrileña Torre de los Lujanes donde estuvo preso el rey de Francia. Naipes que se fabrican con esmero y primor no sólo en Valencia y Barcelona sino también en Zaragoza, como lo demuestra el pliego de veinte cartas de estampación xilográfica existente en el Museo Fournier de Vitoria y en la que en una de sus cartas, el cuatro de oros, puede verse, en su centro, el león del blasón zaragozano sosteniendo entre sus patas delanteras el escudo del reino de Aragón Buscar voz.... El tres de bastos presenta las iniciales del fabricante, A. L., figurando en el cuatro de espadas la dirección del taller en el que se fabricaban y vendían los naipes: «En la Belló de la Platería» (Abellón de la Platería fue una vieja calle zaragozana, hoy Alfonso I, en la que, junto a orfebres y plateros, trabajaban impresores y xilógrafos que, como muestra de su negocio, colocaron sobre la puerta de sus establecimientos el blasón aragonés que, en la citada baraja, luce también el dos de oros).

Poco es lo que se sabe, por otro lado, de la intervención de aragoneses en la artesanía naipera. En una relación de maestros naiperos de los siglos XIV y XV aparece un tal Rodrigo de Borja, supuestamente oriundo de dicha localidad zaragozana, pero el dato debe ser recibido con ciertas reservas. Relación indirecta con el mundo de los naipes tuvieron, con seguridad, tanto Ramón Bayeu Buscar voz... como Francisco de Goya Buscar voz... puesto que el primero hizo cartones para tapices con partidas de naipes y el segundo inmortalizó dicho juego en su magnífico lienzo Los jugadores de Naipes.

Reseñaremos, finalmente, la presencia de Aragón o de aragoneses en el muestrario naipero español. Ésta, que sepamos, se limita a una muestra iconográfica en la baraja dedicada a trajes regionales y otra en la dedicada a «España Turística», así como la Baraja Aragonesa editada por la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja en 1977. Mención especial merece, por su curiosidad la baraja editada en Valencia por Simeón Durá en 1931, año en que el fervor republicanista del editor le llevó a confeccionar una baraja en la que los reyes habían sido sustituidos por las efigies de Emilio Castelar, Francisco Pi y Margall, Nicolás Salmerón.. y el aragonés Joaquín Costa Buscar voz.... Y respecto a la aportación aragonesa a la industria naipera contemporánea, es preciso dejar constancia de la baraja especial para mus diseñada por el dibujante Antonio Mingote Buscar voz....

• Bibliog.:
Llano Gorostiza, Manuel: Naipes Españoles; Vitoria, 1975.

 

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