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Mosaicos

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 09/04/2008

(Arte.) Bajo esta denominación se agrupa una serie de tipos y técnicas de revestimientos ornamentalesaplicados fundamentalmente a suelos, pero también aptos para revestir paredes, techos y bóvedas, o incluso columnas, caracterizados por el uso de pequeños elementos, teselas, cortadas previamente, que forman la superficie musiva una vez yuxtapuestos y adheridos a la base de mortero o cemento.

El origen de estos pavimentos se encuentra ya en el mundo egeo desde finales del segundo milenio a.C., en suelos con decoración pintada. En el ámbito griego aparece un tipo de pavimento confeccionado con guijarros en los que se utilizan sus distintos tonos y colores para representar, ya en el siglo IV a.C., escenas figuradas de gran belleza y perfección plástica, aunque sin reflejo en nuestra península.

Es en época helenística, ya presente el poder de Roma, cuando se materializan prácticamente todas las técnicas musivas que perdurarán hasta nuestros días.

• Pavimentos romanos

En lo que respecta al territorio aragonés, el mosaico es una aportación romana, siendo tres los principales tipos de pavimentos que encontraremos. El más antiguo es el denominado opus signinum, que consiste, en su más típica forma, en una superficie de mortero y fragmentos de cerámica sobre la que se incrustan líneas de teselas blancas con las que se dibujan, casi exclusivamente, composiciones geométricas. El opus tesselatum es el mosaico por excelencia, toda su superficie está formada por teselas, de distintos materiales (mármoles, calizas, cerámica o pasta vítrea), cortadas de forma regular, con las que se dibujan desde las más elementales composiciones geométricas hasta otras de notable complejidad, así como escenas figuradas de gran espectacularidad. Mármoles y calizas cortados en piezas de distintas formas geométricas y de mayor tamaño dan lugar al opus sectile, auténtico embaldosado en el que la combinación de colores crea el efecto decorativo.

Es el signino el primer tipo musivo presente en Aragón. De origen mediterráneo, probablemente púnico, alcanza su desarrollo en el ámbito itálico republicano a finales del siglo II a.C., perdurando hasta el siglo I d.C. Su presencia en el Valle del Ebro se documenta desde principios del siglo I a.C. en yacimientos como el Cabezo de Alcalá Buscar voz... en Azaila, donde pavimentaba un pequeño templo y alguna estancia sólo en las principales casas de la ciudad. En Botorrita, la antigua Contrebia Belaisca Buscar voz..., tenían signino las más significadas estancias, tablinium y triclinium, de la casa excavada en la base del cabezo de las Minas. Juslibol, Chalamera, Alcañiz, Binéfar, Maella, Belmonte, Valdeherrera y bastantes yacimientos más muestran restos de este tipo de suelos. Sus decoraciones presentan un repertorio limitado de motivos consistente en grecas de esvásticas, retículas y rosetas, a las que añadir alguna estilización vegetal y los delfines como único elemento figurado. Entre todos ellos destaca el descubierto en La Caridad Buscar voz..., en Caminreal, pavimento de la estancia principal de la casa de Likinete, ibero acaudalado cuyo nombre conocemos por la inscripción que hizo constar en este mosaico incluido en su gran casa de tipología romana. A pesar de su profusa decoración, con originales elementos como peces, estrellas y crecientes lunares, su importancia radica en la conjunción del texto ibérico con un contexto (casa y pavimento) adoptado de la cultura material romana.

La Colonia Celsa Buscar voz... (Velilla de Ebro) aporta el conjunto más importante de suelos de signino. Éstos decoran alguna de las estancias en las casas más importantes, lo que nos informa del carácter lujoso de estos pavimentos y del uso restringido que, por razones económicas, se hizo de ellos, lo que es común a todos los mosaicos en general, en cualquier época. Repiten los elementos ornamentales ya citados, aunque alcanzando grados de notable barroquismo compositivo y añadiendo inscripciones hospitalarias como salve, o inquietantes como cave canem, todo ello dentro del más genuino gusto itálico de la época. Celsa muestra otras variaciones sobre signino consistentes en sustituir la cerámica del mortero por caliza, con lo que la decoración se hace con teselas negras y no blancas; hay también ejemplos en los que sobre el mortero se incrustan fragmentos de mármol de mayor tamaño y de formas regulares o no, con los que se logra una decoración colorista. Es precisamente el carácter romano o itálico de estas obras donde reside su principal interés, informándonos con su cronología y distribución de los primeros inmigrantes itálicos instalados en el Valle del Ebro, tanto en los ciudades indígenas como en sus propias fundaciones.

Poco antes del cambio de era debieron aparecer los primeros mosaicos completamente hechos con teselas (opus tesselatum), aunque limitados en principio a una variedad fundamentalmente bicroma, blanco y negro, o con un uso muy restringido del color, con lo que se cubre todo el siglo I y parte del siglo II.

Es la Colonia Celsa la que proporcionó la fecha más antigua en un nivel de aterrazamiento de hacia el año 10 d.C., y uno de los más antiguos teselados conservados. Éste, en época augustea, se hace en un tablino, con suelo de signino, separado por una faja de teselado bicromo en forma de trenzado, y decorado en el centro con un emblema de igual tipo en el que se dibuja, sobre negro, una estrella de ocho rombos.

En un momento inicial los mosaicos limitan su presencia a los principales centros de población, a juzgar por los hallazgos habidos hasta el presente, existiendo un grupo de mosaicos de notables semejanzas materiales, técnicas y estilísticas que nos inducen a pensar en la producción de un mismo taller. Éstos serían los ya citados de Celsa, dos de Osca Buscar voz... (Museo y Ayuntamiento de Huesca) y varios de Caesaraugusta Buscar voz... (Museo de Zaragoza). Los temas son exclusivamente geométricos, dibujados con notable precisión, con un cuidado material y una ejecución esmerada.

La decoración en los fragmentos de Zaragoza es de trenzados y estrellas de rombos (igual que en Celsa) y rosetas, retículas de rectángulos y círculos concéntricos de triángulos blancos y negros. Los mosaicos de Huesca tienen ambos un esquema de cuadrículas sobreimpresas, pero, el conservado en el Museo, añade una orla exterior con tema de muralla y un emblema central de cubos en perspectiva enmarcados por orla de trenzado, todo él en policromía. Estos mosaicos deben fecharse indudablemente antes de mediado el siglo I d.C. y, a juzgar por la cronología del emblema celsense, en época augústea.

Ningún ejemplo bicromo con temas figurados se ha conservado, y sólo un fragmento de Zaragoza presenta una orla relacionable con el florido estilo desarrollado en Italia a fines del siglo I y principios del II. Las termas Buscar voz... de Bilbilis Buscar voz... y alguna otra casa de esta ciudad tenían pavimentos bicromos que conocemos fragmentariamente. Otros indicios semejantes para las termas de Los Bañales Buscar voz... (Uncastillo) y otros yacimientos (Artieda, Belchite, San Mateo y Villanueva de Gállego, etc.), aunque sin ejemplos conservados y con amplias cronologías posibles. A finales del siglo I o ya en el siglo II situaríamos los mosaicos de las calles de Torrenueva y Santa Isabel de Zaragoza y el recientemente recuperado de Osera, perteneciente éste a una villa.

Junto a estos lujosos suelos encontramos en dependencias de servicio o piscinas ornamentales y termales, otros realizados con pequeños ladrillos de bases rectangulares o rómbicas, cuya presencia es frecuente en numerosos yacimientos. Fuentes de Ebro y Celsa muestran también suelos hechos exclusivamente con guijarros trabados en mortero de cal.

La introducción de la policromía es difícil de precisar. Conocemos ejemplos parciales, como el citado de Huesca, el de la calle Torrenueva (composición geométrica bicroma y motivo central policromo de crátera gallonada y pájaros), uno en Borja hallado en 1986, etc., pero pronto, quizá de fines del siglo II encontramos el más bello mosaico aragonés conservado (aunque en el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid). Nos referimos al conocido como el Triunfo de Baco. Este dios aparece majestuoso sobre una biga tirada por tigresas a las que guía Pan. Unas ménades forman parte del cortejo, así como una victoria que, subida al carro, corona al dios. Aunque muy mutilado, son notables la composición equilibrada, la calidad del dibujo y el logrado colorido. Por negligencia se perdieron su orla con bellos medallones también figurados (alguno de ellos en propiedad particular) y otros preciosos mosaicos entre los que había uno mixto de opus sectile y teselatum.

Siguiendo en el medio urbano cesaraugustano, la zona de San Juan de los Panetes proporcionó otro importante conjunto, parcialmente expuesto en el Museo de Zaragoza, en el que destaca el mosaico de Orfeo, del siglo III que, a diferencia del de Baco, pierde buena parte del pictoricismo de éste, disolviendo la composición en registros yuxtapuestos, con pérdida de perspectiva y organicidad. Orfeo, ricamente ataviado, toca la lira rodeado de aves (cigüeña, golondrina, urraca, águila, etc.), reptiles y otras fieras (oso, león, tigre, leopardo). Un mosaico contiguo a éste presentaba, en escenas separadas, a Venus, en actitud desconocida (actualmente perdida) y a Eros y Pan combatiendo. Parte de la orla instalada en un patio de la plaza del Pilar ha sido trasladada recientemente al Museo, con lo que podrá completarse algo este mosaico.

Tarazona, la antigua Turiaso Buscar voz..., ha recuperado un sencillo mosaico con representación de dos grifos dibujados a partir de un esquemático roleo y con un campo de círculos secantes generando rosetas de cuatro pétalos. Se expone en los bajos del palacio episcopal.

Fuera de los ejemplos citados ya, los restantes mosaicos teselados que conservan nuestros museos, o de los que sepamos su existencia, corresponden a hábitats rurales, a las lujosas casas agrícolas que jalonaban en época romana nuestras más feraces vegas. Una insuficiente investigación y una exigua atención a su conservación, restauración y exposición hace escasa la lista de mosaicos actualmente visibles.

De Urrea de Gaén se conserva, en el Museo de Teruel, sin exponer, el mosaico de un largo pasillo, probablemente un lado del peristilo, con una efectista composición geométrica de indudable calidad. Los mosaicos de Calanda, expuestos en este Museo, corresponden a una estancia absidiada principal de la villa, como la anterior parcialmente excavada, con paneles geométricos que cubren hasta las escaleras que separan las dos zonas de la habitación. En la zona inferior vemos la representación vigorosa, aunque algo torpe, de fauna salvaje tanto autóctona como exótica (león, leopardo, jabalí, asno, pantera y caballo) con claras semejanzas y aún identidades con las producciones norteafricanas coetáneas, aunque sin alcanzar la fuerza de sus escenas de caza, que aquí no se llegan a componer.

De Utebo (en el Museo de Zaragoza, como los siguientes) procede un fragmento que representa a Baco ebrio, junto a una pantera que bebe el licor derramado por el dios. Un conjunto muy fragmentario se recuperó en La Almunia de Doña Godina, donde un mosaico contenía un laberinto circular y medallones con figuras femeninas en las enjutas; otro ejemplar, de compleja composición geométrica, pertenecía a una estancia circular con cuatro nichos semicirculares y se vincula más con los mosaicos de la parte oriental del Imperio. En Artieda se excavó parcialmente una villa, de enormes dimensiones, de la que se recuperó el mosaico de un gran triclinio cuyo motivo central presenta una crátera y varios pavos, mientras que el resto del panel es de diseño geométrico conteniendo todo un muestrario de peces y pájaros, algunos de fácil identificación, en una temática adecuada a las funciones de la estancia.

En la provincia de Huesca, en su Museo, pueden verse los mosaicos procedentes de Albalate de Cinca, básicamente geométricos o con temas vegetales aunque también esté presente el motivo de la crátera con pájaros, como en Artieda y Zaragoza.

La villa Fortunatus Buscar voz... de Fraga es, sin duda, el mejor conjunto bajoimperial aragonés. Se exponen en el Museo de Zaragoza los mosaicos hallados. Sendos cubiculi (dormitorios) presentan escenas mitológicas amorosas, ambas debidas al mismo artesano. Encerrados en un ancho marco geométrico podemos ver, en uno de ellos, a Eros y Psique mostrando públicamente su mutuo amor; en el otro mosaico Eros trata de conducir a Venus a otro lugar, no explicitado de la escena.

El peristilo de la villa estaba todo pavimentado con mosaicos. Los animales presentes en uno de sus lados (león, oso, tigre, ciervo, etc.) han sido interpretados por D. Fernández Galiano como integrantes de un calendario figurado. Junto al peristilo, otras estancias diversas y un pequeño conjunto termal tenían mosaicos geométricos; el tablino ostentaba el nombre del rico propietario, Fortunatus, asociado a un crismón que nos habla de la cristianización de las clases privilegiadas hispanorromanas a finales del siglo IV. De carácter estrictamente cristiano son los mosaicos con que se cubrieron algunas de las tumbas de la necrópolis de Coscojuela de Fantova Buscar voz.... Conocemos cuatro, todas con el mismo esquema y elaboradas por el mismo taller. En la parte superior se escribe el epígrafe funerario y, bajo éste, una figura humana asociada a elementos ornamentales o simbólicos. Se exponen dos en el Museo de Huesca, el correspondiente a Macedonio presenta la figura del Buen Pastor, mientras que en el de Rufo aparece éste en actitud orante. Similar efigie tenía otra de las laudas musivas, perdida, y una cuarta que se conserva en estado fragmentario. Constituyen un conjunto único en Hispania, de excepcional interés, estrechamente vinculado artística y culturalmente con el norte de África, área casi exclusiva de este tipo de mosaicos funerarios. Debieron hacerse a finales del siglo IV y hay que asociarlos con el taller que realizó los mosaicos mitológicos de la villa de Fraga.

El mosaico de Estada (en el Museo de Zaragoza), de fines del siglo V o principios del VI, marca el fin de un proceso por el que desaparece la forma clásica que Roma había tomado del helenismo. Este proceso podemos seguirlo a través del mosaico de Baco, pasando por el de Orfeo y los de la villa Fortunatus, para concluir en el de Estada. La disgregación de la forma, expresada por Bianchi Bandinelli, viene a coincidir con la disgregación política y cultural del Imperio. Los versos de Virgilio presentes en el mosaico señalan la continuidad de ciertos elementos culturales romanos. En la escena representada, relacionándola con el texto inscrito, podríamos tratar de ver una torpe imagen de Eneas y Dido, sujetos del libro IV de la Eneida.

• Mosaicos medievales y modernos

Aunque la tradición mosaica desaparece en nuestro territorio con el fin de la romanidad, su perduración en otras regiones del antiguo Imperio y la asociación de decoración y funcionalidad en los pavimentos hace que podamos hablar de mosaicos medievales.

El más interesante ejemplo lo ofrece el monasterio de Santa María de Alaón, en Sopeira, del siglo XIII. Un bello y rudo sectile pavimenta la zona del presbiterio sobreelevada respecto a las naves. El panel mayor, que ocupa la zona de delante del altar, presenta decoración de ruedas tangentes, de anchos radios rojos y blancos, sobre fondo negro. Las naves debieron estar cubiertas por mosaico de guijarro. Este mismo tipo de pavimento aparece en iglesias como la de San Pedro de Siresa y otras.

La arquitectura modernista Buscar voz..., historicista y ecléctica de principios del siglo XX supuso una revitalización de las decoraciones musivas, particularmente en tipos teselados, tanto para suelos como paredes, siendo innecesario recordar las abundantes e ingeniosas obras dejadas por arquitectos como Gaudí o Doménech I Montaner en Cataluña. En Zaragoza cabe destacar la Casa Solans estudiada por J. R. Martín Lorenzo, obra del arquitecto Navarro Pérez, ubicada en el número 60 de la Avda. de Cataluña. Con mosaicos de producción industrial se pavimentaron las principales habitaciones con decoraciones geométricas y vegetales, se decoró la fachada principal, se revistieron las columnas del mirador sobre el jardín con viva policromía y también la cúpula que remataba este ala del edificio. Fácilmente visibles, en la fachada principal aparecen las figuras alegóricas de las cuatro estaciones, a imitación romana, tal y como indicaba el propio fabricante.

• Bibliog.: Barral I Altet, X.: Els mosaics de paviment medievals a Catalunya; Ed. Artestudi, Barcelona, 1979. Lasheras Corruchaga, J. A.: «Pavimentos de opus signinum en el valle medio del Ebro»; Boletín del Museo de Zaragoza, 3, Zaragoza, 1984. Tarrats y Bou, F.: «Mosaico con orla de muralla hallado en Huesca»; en Bolskan, 2, Huesca, 1984. Bona López, J.: «Avance al estudio del mosaico romano localizado en la calle Tudela, 13, de Tarazona»; en Turiaso, VI, Tarazona, 1985. Martín Lorenzo, J. R.: El eclecticismo en la arquitectura de Miguel Ángel Navarro Pérez: la Casa Hotel de D. J. Soláns; tesis de licenciatura, Universidad de Zaragoza.

 

Monográficos

Aragón en la Época Romana

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Aragón perteneció al Imperio Romano. Conoce como lo vivieron los aragoneses.

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