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Moriscos

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 04/11/2009

(Hist. Mod.) Los mudéjares Buscar voz..., que junto a los cristianos y judíos Buscar voz... habían constituido la población aragonesa hasta la expulsión Buscar voz... de estos últimos en 1492, recibirán el nombre de moriscos a partir de su forzada conversión en 1526. En este año, Carlos I Buscar voz... ordenó su bautizo bajo pena de abandonar España. Puestos en esta disyuntiva, acudieron, sin apenas resistencia, a recibir las aguas bautismales, iniciándose desde este momento una nueva etapa en la historia de esta comunidad.

El bautismo no mejoró su antigua condición de mudéjar. El nuevo convertido continuó siendo una minoría marginada. Más aún, el morisco no alteró su tradicional comportamiento de buen vasallo y responsable ciudadano, pero se negó a integrarse en la nueva religión. Esta negativa, que no tardó en arrastrar implicaciones políticas, llevó a la Iglesia y a la monarquía a considerarlo como un falso cristiano y un enemigo del Estado. Como tal fue perseguido por la Inquisición, arrastrando esta persecución un grave deterioro en su situación socioeconómica.

El mismo Aragón quedó comprendido en esta lucha al contravenir el Santo Oficio Buscar voz... con sus actuaciones los Fueros del reino. El problema moriscos-Inquisición constituyó una cuestión más de la pugna monarquía-reino, que terminó con la invasión de los tercios reales en 1591 y las posteriores Cortes de Tarazona de 1592-1593.

Durante el siglo XVI la población morisca experimentó un notable incremento. Según el censo de 1495 los fuegos moriscos en Aragón eran 5.674 que en el momento de su expulsión, según el censo del marqués de Aytona Buscar voz..., se habían convertido en 14.190, con un incremento del 150%. Su crecimiento había sido mucho más rápido que el del conjunto de los cristianos viejos. Los moriscos habitaban fundamentalmente las riberas del Ebro y los valles de sus afluentes por la derecha: Huecha, Queiles, Jalón, Huerva, Aguas, Martín, Guadalope y Matarraña, exceptuándose los cursos superiores de la mayoría de ellos. También existían algunos núcleos en el Jiloca hacia Albarracín. Al norte del Ebro hay algunos grupos, a veces sin importancia, concretados al oeste y sur de Huesca y más al este, en los ríos Vero y Cinca. Hacia el norte, la última localidad morisca era Naval.

Dentro de esta geografía, los moriscos ocupaban villas enteras o las compartían con los cristianos, habitando las dos comunidades un mismo recinto. Contrariamente a lo que sucede en Valencia o Granada, en Aragón no existía un territorio totalmente morisco. Esta distribución geográfica, consecuencia de la conquista, y el hecho, por lo demás evidente, de estar entre cristianos desde la misma conformación del reino, condicionaron en buena medida la personalidad y características del mudéjar aragonés, más tarde morisco, frente a sus correligionarios valencianos o granadinos.

Los dos pueblos se vieron obligados a convivir desde el primer momento. El morisco estuvo reconocido como un componente más de la estructura social del reino. Todo ello hizo que estuviera fuertemente integrado en la sociedad aragonesa. Hablaba y vestía igual que los cristianos, mientras que las relaciones entre las dos comunidades parecen estar presididas, salvo esporádicos sucesos, por la tolerancia y el respeto mutuo. La mayoría de los moriscos se dedicó a la agricultura. También practicó la trajinería, que alternó con su trabajo en el campo. En cuanto a la industria, la alfarería, la cerámica y la curtición, estaban en gran medida monopolizadas por esta minoría. En ocasiones se habla de su habilidad en la fabricación de armas y pólvora. Sin embargo, aun reconociendo esta habilidad, no debe sobrevalorarse su capacidad de producción. Es preciso constatar que durante el siglo XVI decayó su prestigio como alarifes. Asimismo han perdido la técnica, tantas veces elogiada, en la construcción de regadíos, que parece monopolizada por los cristianos. Los regadíos del siglo XVI, estudiados hasta estos momentos, están todos ellos proyectados y dirigidos por cristianos viejos.

Socialmente el morisco es, en su gran mayoría, vasallo de señorío laico o eclesiástico, estando más sometidos a sus señores que los cristianos. El bautismo debió de suponer, en buena lógica, el último paso en la asimilación de esta minoría. Sin embargo no fue así. A raíz de su conversión buscaron, al menos externamente, esta integración. Como nuevos cristianos se negaron a pagar como antes siendo moros. Incluso, al menos en algún caso, hubo intentos de superar la dualidad municipal medieval aljama Buscar voz...-concejo Buscar voz... mediante la fusión de ambas entidades en una sola. Era, sin duda, el primer paso para la formación de un solo pueblo.

Pero todos estos intentos fueron frenados por los señores, quienes se negaron a perder sus ancestrales privilegios sobre sus moriscos manteniéndolos en la misma dependencia que tenían antes de 1526. Esta separación implicó lógicamente la municipal. La aljama fue transformada en el concejo de los nuevos convertidos. De esta forma se perpetuaba la dualidad municipal: concejo de cristianos viejos y concejo de nuevos convertidos, respondiendo lógicamente a las diferencias sociales y económicas que separaban a una y otra comunidad. Para el morisco nada había cambiado. Seguía, por el egoísmo de las minorías privilegiadas, formando un mundo aparte del cristianismo. Este mundo que le recordaba permanentemente su condición de mudéjar no era precisamente el más idóneo para provocar su aceptación de la religión cristiana y de la cultura hispana.

Todo este mundo mudéjar se vio fuertemente perturbado a raíz de la conversión, como ya se ha dicho. Bautizado a la fuerza, mal adoctrinado y mantenido en su antigua condición el nuevo convertido se negó a aceptar el cristianismo, permaneciendo fiel a su religión y costumbres. Como tal estuvo perseguido por la Inquisición. Esta persecución no fue uniforme sino que su intensidad fluctuó en función de distintos factores: dinero (el morisco pudo comprar en ocasiones su tranquilidad, si no total, sí al menos parcialmente), evolución de la política exterior, necesidad de galeotes por parte de la monarquía, política de concordia, etc.

Afincado en sus creencias y, por tanto, perseguido, el morisco, sobre todo en la segunda mitad del siglo XVI, vivió hasta su expulsión en un permanente estado de inseguridad que afectaba tanto a su persona como a sus bienes. Podía ser condenado a muerte —según los métodos inquisitoriales—, a prisión o a galeras, pero más frecuentemente era víctima de sanciones económicas que llegaban hasta la incautación de sus bienes, agravando su situación económica e incluso llevándole a la ruina.

Las consecuencias de esta persecución fueron graves. El morisco se enquistó en su religión y costumbres buscando consuelo en su adversidad. Se consideró libre de los lazos de fidelidad debidos a un monarca que le obligaba a ser cristiano y buscó su liberación en falsos mesías y en potencias extranjeras. En la segunda mitad del siglo se descubren distintas conspiraciones, algunas de ellas en connivencia con el exterior, aunque la valoración de las mismas está por hacer. Alguno de los moriscos evadidos participarán con los berberiscos y los turcos en acciones y golpes de mano contra España.

Para la monarquía el morisco en general se convierte en un enemigo del Estado, en una especie de «quinta columna» de sus adversarios, que debía ser objeto de una vigilancia especial. El mismo morisco no dudó en enfrentarse, en la medida de sus posibilidades, a la Inquisición, protagonizando algunas revueltas y atentados que costaron la vida a algunos familiares Buscar voz.... Dentro de este contexto de inseguridad se intentó en diversas ocasiones el desarme de los moriscos: así se publicaron los edictos de 1558, 1559, 1575 y 1593, pero ante la oposición de los nobles sólo pudieron llevarse a cabo el de 1593 y parcialmente el de 1575. Esta persecución provocó, además, una permanente evasión de moriscos, bien a través del Pirineo (donde existían montañeses dedicados, o mejor comprometidos, en esta peligrosa misión), bien a través de Albarracín, camino del litoral valenciano.

También los señores de moriscos se enfrentaron al Santo Oficio. La despoblación de sus lugares —producto de la inseguridad creada por el Tribunal— y el empobrecimiento de sus vasallos moros —sanciones económicas— repercutía lógicamente en sus rentas. Este hecho y las agresiones de que eran objeto sus derechos jurisdiccionales les llevaron a hacer causa común con sus moriscos, emprendiendo en ocasiones acciones judiciales contra los inquisidores. Los mismos Fueros aragoneses se vieron comprometidos por el Santo Oficio. Estos contrafueros, convenientemente denunciados por la nobleza, principal afectada por tales transgresiones, convirtieron el problema moriscos-Inquisición en una cuestión más de las habidas a lo largo de esta centuria entre la monarquía y el reino y entre éste y la Inquisición.

Frente a su rebeldía religioso-política, el morisco continuó siendo, como se ha dicho, un buen vasallo y un disciplinado regnícola. Sobre esta realidad predominaron los intereses de Estado y el morisco terminó por ser expulsado Buscar voz....

• Bibliog.:
La historia de los moriscos aragoneses está por hacer. Puede encontrarse información sobre algunos aspectos de su vida en las siguientes obras: Carrasco Urgoiti, M. S.: El problema morisco en Aragón al comienzo del reinado de Felipe II; Madrid, 1969.
Reglá, J.: «La expulsión de los moriscos y sus consecuencias. contribución a su estudio»; Estudios sobre los moriscos, Barcelona, 1974, pp. 43-55 y especialmente 67-97.
Lapeyre, H.: Géographie de l’Espagne morisque; París, 1959, pp. 95-98.
Caro Baroja, J.: «Los moriscos aragoneses según un autor de comienzos del siglo XVI»; Razas, pueblos y linajes, Madrid, 1957, pp. 81-98.
Ponsot, P.: «Les morisques, la culture irriguée du blé et le probleme de la decadence de l’agriculture espagnole au XVIIe siecle. Un témoignage sur la Vega de Tarazona»; Mélanges de la Casa de Velázquez, VII, Madrid, 1971.
Contreras, J.: «La Inquisición de Aragón: estructura y oposición (1550-1700)»; Estudios de Historia Social, Madrid, n.° 1, 1977, pp. 113-141.
La vida, organización, relaciones y dependencia señorial de las dos comunidades, cristiana y morisca, han sido estudiadas en un ámbito estrictamente local por Colás Latorre, G.: La bailía de Caspe en los siglos XV y XVII; Zaragoza, 1978.

 

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