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Misionistas

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Nombre con que se conoce a los Operarios Misionistas de la Congregación de Aragón, importante movimiento de renovación pastoral surgido en Aragón en los comienzos del siglo XVIII, extendido luego por el resto de España. Fueron fundados por Francisco Ferrer y Galienas, más conocido por «el Doctor Ferrer», o «el Venerable Ferrer». Este aragonés ilustre, llamado en su tiempo «el Apóstol de Aragón», considerado como el San Vicente de Paúl español, nació en Monesma (H.) el 24-VII-1667. Estudió en el colegio de San Vicente de Huesca, en cuya Universidad obtuvo el grado de doctor. Ocupó altos cargos eclesiásticos en la diócesis de Lérida, a los que renunció para dedicarse por entero a misiones populares.

El año 1711 fundó, con cinco sacerdotes, la Congregación de Operarios Misionistas en el Santuario de Nuestra Señora de la Bella, en Castejón del Puente (H.). La Congregación actuó tan eficazmente que mereció el decreto de alabanza del papa Benedicto XIII (29-I-1727) y la aprobación definitiva del papa Clemente XII por la bula Militantis Ecclesiae (6-XI-1731). La aprobación pontificia ocasionó grandes festejos populares en muchos pueblos de Aragón.

La obra principal del Dr. Ferrer y que más cuidaron los operarios misionistas fueron los Seminarios Sacerdotales, llamados también Seminarios Episcopales, distintos de los Seminarios Conciliares. El primer Seminario Sacerdotal, cuna y origen de todos los que fueron apareciendo en España, fue el de Nuestra Señora de la Bella, fundado el año 1714. El año 1719 aparece el segundo, en Nuestra Señora de la Jarea, en Sesa (H.) y sucesivamente surgen los de Belchite, San Carlos de Zaragoza, Misioneros de San Javier de Escatrón, Villavieja de Teruel, la Cigüela de Torralba de Ribota (Z.), etc. De todos éstos, salvo el de San Carlos de Zaragoza, no quedan más que ruinas, testigos elocuentes quizá de un Aragón descuidado de sus propias glorias. Los operarios misionistas, con el P. Ferrer, fundaron el Seminario del Salvador del Mundo de Madrid, a instancias del cardenal Astorga, y posteriormente los de Orihuela y Murcia.

En torno a los Seminarios Sacerdotales surgieron «Congregaciones Abiertas de Sacerdotes del Salvador del Mundo» (1711), de «Jesús en el Desierto» (1723), de «Seglares del Buen Retiro» a quienes dio unas Constituciones interesantes, editadas en Barcelona en 1732. La obra del Venerable Ferrer se extendió por Aragón, Cataluña, Castilla, Galicia y Levante. Los operarios misionistas eran solicitados por todas partes. Fueron los auténticos reformadores del clero y de la pastoral en el siglo XVIII. Ellos renovaron la decadente predicación de la época, tan recriminada por Mayáns. Formaban equipos volantes, sin votos, pero con total disponibilidad. Su originalidad era conjugar el espíritu religioso más observante con un acendrado diocesanismo y servicio a las iglesias locales. Estos equipos volantes fueron una revolucionaria novedad pastoral en un tiempo en que la mayoría de clérigos ambicionaba puestos fijos, cargos y beneficios inamovibles.

El Doctor Ferrer murió en el Santuario de Nuestra Señora de la Jarea de Sesa (H.), el 18-VIII-1746, a tiempo para no ver las primeras dificultades serias de su obra, que lentamente fue extinguiéndose en su organización formal, aunque sobrevivió y sobrevive en el espíritu recogido por otras instituciones. Los operarios misionistas de la Congregación de Aragón cumplieron una misión histórica importante, digna de ser más conocida y mejor apreciada.

• Bibliog.: Iguacen Borau, Damián: El Padre Ferrer y los Operarios Misionistas de la Congregación de Aragón. Arbiol, Antonio: Vocación Eclesiástica; Zaragoza, 1726. Martín Hernández, Francisco: «Los Sacerdotes Píos Operarios, reformadores del clero español en el siglo xviii»; Seminarium, vol. 6, n.° 11, Salamanca, 1960. Id.: «Los Seminarios españoles en la época de los primeros Borbones (1700-1808)»; Hispania Sacra, vol. 12, n.° 24, Madrid, 1959.

 

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