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Milicia Nacional

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 26/05/2009

(Hist. Contemp.). El Antiguo Régimen Buscar voz... ya conoció milicias ciudadanas de diverso carácter, como la «guardia cívica» y las «milicias provinciales» de Felipe V. En 1794, en el curso de la guerra contra Francia Buscar voz..., el ejemplo de las constituidas en Zaragoza sirvió de modelo a Godoy para organizar una milicia urbana en la capital, destinada a mantener el orden en ausencia de la guarnición. Aunque los Ayuntamientos interviniesen en la organización de estas milicias, su estructura seguía siendo estamentalista (los jefes eran nobles). En sentido estricto, la Milicia Nacional nace en el período de 1808 a 1814, en el seno de la revolución antifeudal que acompaña a la guerra de la Independencia Buscar voz....

En la Constitución de Cádiz Buscar voz... (1812) se distingue entre «tropas en continuo servicio» y las llamadas «milicias nacionales» (título 8.°) para las cuales se dicta un reglamento provisional el 15-IV-1814. Con esto no se hacía más que legitimar las actuaciones de las milicias de voluntarios que se habían formado en las ciudades a partir de 1808. A pesar de considerarla como continuación de las viejas milicias provinciales, la Milicia Nacional institucionalizada en 1814 está marcada por la impronta revolucionaria burguesa. El servicio obligaba a «todo ciudadano español en el ejercicio de sus derechos desde la edad de treinta años a la de cincuenta» (art. 1.°). Se fijaba el contingente de milicianos en 30 por cada 1.300 habitantes, y organizado en dos armas, infantería y caballería. Elegían sus propios oficiales, y era su jefe nato el comandante militar, donde lo hubiere. Por sus obligaciones, la milicia era un cuerpo de seguridad pública, encargado de defender el orden y la paz, en un momento en que el naciente régimen liberal se enfrentaba con los elementos de inestabilidad social producto de las convulsiones de la guerra. Es significativo que en el mismo reglamento se dispusiese la liquidación de guerrillas y partidas (art. 60).

El decreto de Fernando VII Buscar voz... del 4-V-1814, al derogar la Constitución, suprimió también la Milicia Nacional. Tras el pronunciamiento de 1820, con el restablecimiento de la Constitución, se restableció asimismo la Milicia Nacional. En Zaragoza, como en otras ciudades, el entusiasmo constitucional produjo un gran número de solicitudes de ingreso en la Milicia, así como listas de suscriptores para contribuir a los gastos de armamento y uniformación. Si la Milicia Nacional fue «el brazo armado de la revolución burguesa» (Pérez Garzón), lo demostró por primera vez en Zaragoza, donde contribuyó decisivamente a sofocar el primer motín absolutista del Trienio, en mayo de 1820.

Durante estos años la Milicia se radicaliza conforme se implantan los liberales exaltados en el poder; la ampliación de la base de reclutamiento social hace que en ocasiones amenace al mismo orden burgués que está llamada a defender. En Zaragoza la Milicia no vaciló en disolver violentamente la manifestación en apoyo de Riego, cuando éste fue depuesto de su cargo de capitán general de Aragón, lo que le valió el reproche de ser «una especie de ejército subordinado a las autoridades y atropellador del pueblo» (Ruiz de Morales). Sin embargo, en el curso del siguiente año la Milicia zaragozana se unió al movimiento ciudadano de Sevilla, Valencia y otras ciudades, dirigido contra el intento de los liberales moderados de limitar las libertades públicas, paseando el retrato de Riego por las calles. También en estos años las Milicias aragonesas tuvieron un protagonismo, si bien modesto, en la lucha contra las partidas absolutistas en pueblos y ciudades.

Con el restablecimiento del absolutismo en 1823 la Milicia fue de nuevo suprimida, creándose su reverso institucional con los Voluntarios realistas. Durante el intento moderantista que significó, tras la muerte de Fernando VII, el régimen del Estatuto Real (1834), se creó y organizó una Milicia que, significativamente, prescindió del calificativo de Nacional para tomar el de Urbana, y era concebida, al igual que el Estatuto, como graciosa concesión de la soberanía real. Tuvo una vida breve, pues los sucesos de La Granja determinaron el retorno a la auténtica Milicia Nacional, restituida con el fin declarado de «sostener la Constitución política de 1812». En plena guerra civil la Milicia Nacional cobró más importancia en las ciudades. Fue muy destacada su actuación en la cincomarzada Buscar voz... zaragozana, lo que le valió que la reina gobernadora añadiese a la ciudad el título de «Siempre Heroica» y concediese el uso de las corbatas de la orden militar de San Fernando a las banderas y estandartes de la Milicia.

Pero, tanto en Aragón como en otras regiones, la Milicia acusaba cada vez más la presencia de tendencias demócratas que cuestionaban el orden social resultante del proceso de desvinculaciones y desamortizaciones. En tal sentido deben interpretarse partes del manifiesto de la Milicia Nacional de Zaragoza, cuando se incorpora al movimiento insurreccional que nace en Barcelona a fines de 1843. Por eso, Narváez no vaciló en disolverla al comienzo de la década moderada Buscar voz..., encomendando la labor específica de la protección de la propiedad a una institución nueva y más segura, la Guardia Civil Buscar voz... (1844).

En el Manifiesto del Manzanares (1854) se reclama la Milicia Nacional como garantía de las libertades; sin embargo, hasta que la revolución complica la situación en las calles de Madrid no se decide su restablecimiento legal. La actuación de la Milicia en Zaragoza patentizará la contradicción interna del bienio (1854-56), la pugna entre progresistas y demócratas. Con motivo de los motines de subsistencia de noviembre de 1855, producidos a la vista de barcazas de trigo a punto de partir Ebro abajo, algunas de las unidades movilizadas de la Milicia hacen causa común con los amotinados. Durante tres días Zaragoza estará en manos del pueblo armado, que confiará en representantes de la Milicia para tratar el problema con el concejo municipal. Al año siguiente, O’Donnell disolverá de nuevo la Milicia Nacional.

La última etapa de su historia la constituirá el sexenio revolucionario Buscar voz... de 1868 a 1874. Surgieron primero unos «voluntarios de la libertad», a los que sucedieron en 1873 los «voluntarios de la república». Para hacer frente a su progresiva radicalización, Castelar decide, nada más tomar posesión del Gobierno, el restablecimiento de la Milicia Nacional, adaptando para tal fin el venerable reglamento de 1822. No hay noticias de que tal Milicia se haya llegado a organizar en Aragón. La Milicia que recibirá en febrero de 1875 a Alfonso XII Buscar voz... existía únicamente en Madrid, San Sebastián y Valencia, y era sólo una Milicia de propietarios, alfonsinos y moderados. Cánovas la disolverá definitivamente en 1876.

• Bibliog.:
Hellwege: Die Spanischen Provinzialmilizien im 18. Jahrhundert; Boppard a.Rh., 1969.
Ruiz Morales, J.: Historia de la Milicia Nacional; Madrid, 1855.
Pérez Garzón, Sisinio: Milicia Nacional y Revolución Burguesa; Madrid, 1978.

 

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