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Migración, tipos de

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Migración es un movimiento espacial de la población que desarraiga temporal o definitivamente a los hombres de su lugar de origen (emigración Buscar voz...) para introducirlos en otro país o región (inmigración Buscar voz...). En lo que respecta a las causas de la migración se pueden distinguir dos tipos de migración: las forzadas, que resultan impelidas desde el poder, y las voluntarias, que obedecen a un decisión libre del individuo, decisión que viene condicionada por las posibilidades existentes en la legislación para cambiar de residencia.

En Aragón se han dado a lo largo de la historia migraciones forzadas por motivaciones políticas o religiosas: así en 1610 fueron expulsados 60.818 moriscos Buscar voz... (una sexta parte de la población aragonesa), y más recientemente, con motivo de la guerra civil Buscar voz... de 1936-39, hubo una salida importante de republicanos aragoneses (exiliados Buscar voz...), que emigraron a Francia o a América.

Las migraciones voluntarias responden al derecho inalienable de la persona humana a elegir el lugar más idóneo para el desarrollo de su existencia, la elección viene condicionada normalmente por la búsqueda de unos mayores recursos económicos, culturales o de calidad de vida. El motivo fundamental suele ser la falta de una retribución digna o de un puesto de trabajo. La población con su emigración tiende a equilibrar de forma espontánea los desequilibrios entre población y recursos. La pobreza de nuestra región ha hecho frecuentes las emigraciones voluntarias, al extranjero o a otras regiones españolas; por ello la densidad de población se ha mantenido siempre relativamente baja o muy baja.

Una segunda clasificación de las migraciones, más geográfica, se refiere al alcance espacial de las mismas: migración de la montaña al valle, del secano al regadío, del campo a la ciudad, intrarregionales, interregionales e internacionales.

La emigración de la montaña al valle ha sido tradicional en Aragón, como en otras muchas regiones de clima templado, donde las peores condiciones de existencia en la montaña han hecho de ella un reservorio de hombres para la llanura. Los Pirineos y el Sistema Ibérico han «expulsado» habitualmente sus excedentes demográficos hacia los valles, los somontanos y la Tierra Llana del Ebro. También en el caso de la migración secano-regadío son los mayores rendimientos económicos de éste lo que motiva el traslado de la población, amén de sus mayores necesidades en mano de obra: los nuevos regadíos aragoneses han supuesto la inmigración de agricultores del secano aragonés o de otras regiones.

La emigración del campo a la ciudad se hace masiva en Aragón como en otras regiones, con la revolución industrial: el campo se mecaniza y produce excedentes de mano de obra, al mismo tiempo que la ciudad multiplica sus puestos de trabajo en los sectores secundario y terciario, este fenómeno, iniciado en Aragón a finales del siglo pasado, se acelera a partir de 1950-60 hasta vaciar el campo aragonés en beneficio de Zaragoza o de otras ciudades de fuera de la región o incluso del extranjero. Ello nos lleva a considerar esos tipos de migraciones en relación con la región: intrarregionales, interregionales e internacionales, donde normalmente la población sale en busca de nuevos horizontes vitales ante la penuria regional.

Una tercera clasificación se fundamenta en el tiempo en que dure la migración. La migración temporal de carácter estacional ha sido frecuente en el pasado aragonés. Las montañas pirenaicas e ibéricas durante el invierno apenas daban trabajo a la población y parte de ella se desplazaba al valle, a la ribera o a las ciudades a vender productos serranos o a emplearse en oficios temporeros. En el secano tampoco el calendario laboral era muy regular, por lo que la gente más emprendedora se desplazaba en cuadrillas a segar, a recolectar, o a vendimiar. Durante los años sesenta y setenta la migración temporal más frecuente fue debida a las obras públicas en carreteras, autopistas, pantanos y canales o bien al servicio doméstico pero como otras migraciones temporales, acaban siendo definitivas.

• Migraciones intrarregionales: Son los movimientos de población que tienen lugar en el interior de la región: unas rebasan el ámbito provincial y son fáciles de detectar, en cambio hay otras que suponen un cambio de localidad dentro de la provincia y que son más difíciles de evaluar. Los análisis más recientes para Aragón, proceden de las explotaciones censales entre 1988-1995 llevadas a cabo por el Instituto Aragonés de Estadística que sintetizamos en la tabla y mapa adjuntos.

En la provincia de Huesca data de antiguo la tendencia a descender del Pirineo a los valles y de éstos al Somontano y a las tierras agrícolas de la Depresión del Ebro, donde a su vez hay movimientos de población de los secanos a los regadíos. Las ciudades mercantiles y de servicio que son Huesca, Jaca y Barbastro han succionado parte de la emigración comarcal, jugando en muchos casos el papel de escalón de una migración en cascada, que termina de modo definitivo en Zaragoza, en Barcelona, en Madrid o en Bilbao. Los nuevos núcleos industriales de Monzón y Sabiñánigo más inmigracionales en los últimos decenios han atraído junto con trabajadores extrarregionales aragoneses de los alrededores.

En la provincia de Zaragoza las migraciones montaña-valle sólo han tenido tradición en el Sistema Ibérico del Jalón, cuyos excedentes demográficos han sido absorbidos por valles próximos; mayor fuerza han tenido los movimientos de población desde los secanos de agricultura aleatoria a los regadíos, tanto tradicionales como nuevos. Las pequeñas ciudades comarcanas (Calatayud, Tarazona, Daroca, Ejea) también han drenado —aunque en muchas ocasiones de forma temporal— las migraciones de sus áreas de influencia; los pueblos industriales como Brea, Illueca y Utebo han sido punto de destino de otras pequeñas corrientes.

Pero por encima de todos estos flujos descuellan las migraciones que de todas las localidades de Aragón terminan en Zaragoza capital. Esta tendencia succionadora es ya antigua, de modo que el índice de aloctonía de esta provincia, por causa de la inmigración ciudadana, era ya en 1877 de los más elevados de España, con un 11,4 %, en 1970 era del 24 % y del 32 % en el último censo de 1991. En la provincia de Teruel el Sistema Ibérico también ha resuelto su presión demográfica enviando población a los valles del Jiloca, Alfambra y Turia, o bien hacia el Bajo Aragón. Los centros de servicios que son Teruel, Alcañiz y Calamocha han reclutado parte de su población de sus áreas comarcales. Los núcleos mineros también se han beneficiado algo de los excedentes laborales agrícolas de la provincia; pero en general las migraciones con origen en los municipios de esta provincia han tenido y tienen un destino extraprovincial: Zaragoza, Valencia, Barcelona, etc.

• Migraciones provinciales (1900-98): Provincia de Huesca: A lo largo del siglo actual, resulta una provincia netamente emigracionista: su población censal ha descendido en 50.314 hab., pero las pérdidas reales por emigración, que se deducen de la diferencia entre saldo vegetativo y censal, superan en muchos las 100.000 personas. A lo largo de todos los decenios intercensales la provincia de Huesca ha tenido más emigración que inmigración; en cambio la capital —en mucha menor medida— ha sido más inmigracional. En el primer decenio del siglo XX se acentúa la tendencia emigracional iniciada en la segunda mitad del XIX, época en la que a la tradicional salida de la montaña se une el éxodo rural de las llanuras, ante un aumento de la presión demográfica. La emigración se dirigía en el cambio de siglo a Zaragoza, con su incipiente industrialización, y más a Barcelona, de mayor empaque industrial; en tercer lugar figuraba Lérida, mientras que la capital oscense, con funciones puramente administrativas y comerciales, no podía absorber tanto emigrante (sólo 165 entre 1900 y 1910). En el segundo decenio, la emigración queda reducida a la mitad como consecuencia de un mayor bienestar económico en el campo oscense que pone en roturación nuevas extensiones, deteniéndose el éxodo rural; la capital absorbe 2.198 inmigrantes, lo que también contribuye a recortar la emigración fuera de la provincia.

En el tercer decenio los nuevos puestos de trabajo creados en obras públicas y en la industria de Barcelona y Zaragoza atraen a la población oscense en mayor medida, mientras que su capital sólo absorbe a 597 inmigrantes. En el decenio 1930-40 desciende la emigración provincial como consecuencia de la guerra civil y además la capital se convierte en centro de concentración de tropas y población civil presentando un saldo inmigracional de 4.864.

En el decenio 1940-50 la emigración oscense se aminora como en toda España, en Huesca además, las obras de Colonización y de los nuevos regadíos contribuyen a retener el éxodo rural dentro de la provincia. De 1950 a 1970 se reanuda a fuerte ritmo el éxodo rural masivo. A partir de 1970 el proceso se frena pero, aunque en menor medida, todavía sigue saliendo población desde el medio rural a las ciudades Las emigraciones oscenses mantienen sus destinos prioritarios: Barcelona, Zaragoza, Lérida, Madrid.

Dentro de la tónica emigracional de todas las comarcas, las más emigracionales son los municipios del Pirineo oriental, donde el trentenio de 1931-60 ha supuesto un fuerte volumen emigracional. En cambio, en el Pirineo occidental, el crecimiento industrial de Sabiñánigo y el terciario de Jaca, absorben parte de los emigrantes montañeses. También han registrado saldos más bajos en el trentenio 1931-60 los partidos del Somontano y del sur.

El cambio más notable es el experimentado por las comarcas del Cinca Medio y Bajo (Barbastro-Monzón) que si en los primeros decenios del siglo, debido a la filoxera y al comienzo de la mecanización, perdió mucha gente, a partir de los años 40 la industrialización de Monzón y el auge comercial de Barbastro han llegado a dar un saldo inmigracional en 1931-60. Al sur, La Litera y Bajo Cinca (Fraga) es, en conjunto, el espacio que menos ha perdido a lo largo de este siglo por la transformación de sus secanos en regadío.

No obstante, a partir de 1988 (ver mapa adjunto) las comarcas del Pirineo que fueron las que más población perdieron son las que presentan en la última década una inmigración positiva, relacionada con el excesivo vaciamiento de décadas anteriores y al reciente impulso del turismo que ha revalorizado el territorio. Por el contrario, las comarcas que mejor mantuvieron su población en el pasado (Litera, Cinca Medio y Bajo Cinca) presentan en estos momentos movimientos migratorios negativos.

—Provincia de Zaragoza: Es la única provincia aragonesa que tiene más población que a principios de siglo, doblándose prácticamente: ello es el resultado de su crecimiento vegetativo y de una inmigración neta (420.983 habitantes en 1900 y 841.438 en 1998), aunque ello implica a su vez algunos decenios emigracionales y en general una doble corriente: de la provincia descontada la capital salen más de 200.000 personas, mientras que la capital crece en más de un cuarto de millón por inmigración, siendo todos los períodos emigracionales para la provincia e inmigracionales para la capital:

El saldo provincial de cada período intercensal resulta emigracional o inmigracional según la menor o mayor capacidad de la capital para absorber los excedentes del medio rural. Así, en el primer decenio la provincia sin la capital pierde 18.266 personas por la crisis filoxérica, y la industria zaragozana sólo pudo recibir 10.211 inmigrantes, Barcelona y, en menor medida, Madrid y País Vasco tuvieron que acoger a los emigrantes zaragozanos. El decenio siguiente contempla una mayor creación de puestos de trabajo en la industria zaragozana hasta poder absorber 25.544 inmigrantes, frente a unas menores pérdidas en el resto de la provincia. En cambio en el decenio siguiente, aunque Zaragoza acoge 21.551 inmigrantes, el éxodo rural, con la mecanización, desborda las posibilidades y los 31.866 emigrantes se reparten entre Zaragoza, Barcelona y otras capitales. Fuerte es también la emigración rural en el siguiente decenio, pero la capital, constituida durante la guerra civil en un inmenso cuartel-hospital, llega a acoger a 65.563 inmigrantes.

El decenio 1940-50 da corrientes débiles en ambos sentidos y un saldo negativo parecido al de principios de siglo. Los años 50 marcan el segundo boom del éxodo rural: la provincia sin la capital alcanza los 45.124 emigrantes y la capital sólo acoge a 27.800 inmigrantes, por lo que el decenio es un conjunto negativo: yéndose los emigrantes a Barcelona, Madrid y Bilbao principalmente. Los años 60 están marcados por la creación del Polo de Desarrollo de Zaragoza, que aumenta extraordinariamente la capacidad de succión de la capital, hasta el punto que se llega al récord de 38.891 inmigrantes en el conjunto provincial. En los años setenta el crecimiento todavía es más intenso coincidiendo con la fuerte emigración rural. En el mapa adjunto puede observarse cómo en los últimos años Zaragoza y su área de influencia (Ribera Alta del Ebro y Jalón Medio) siguen atrayendo inmigrates, mientras el resto de la provincia (salvo la comarca de Caspe) expulsan población, incluyendo comarcas como Calatayud y Cinco Villas tradicionalmente receptoras.

—Provincia de Teruel: Durante el presente siglo ha sido la más emigracionista de las aragonesas: su pérdida censal de más de 115.154 personas (251.994 en 1900) encubre una emigración superior. Todos los períodos intercensales han sido deficitarios para la provincia y la mitad de ellos también para su capital, hecho que no ocurre en Huesca.

Durante los cuatro primeros decenios la emigración turolense registra una tendencia alcista que sólo es levemente enjugada por la capital en el primer y tercer decenio (1.096 y 1.050 inmigrantes) mientras que en el segundo y cuarto también la ciudad de Teruel es emigracional (–38 y –3.514 emigrantes). En esos decenios el destino prioritario de los emigrantes es Barcelona, que acoge a cerca de la mitad, seguida de Zaragoza, que absorbe un sexto, y, después, de Valencia, Castellón, Madrid y Tarragona.

Después del bache de la postguerra, el decenio de los 50 significa un aceleramiento en el proceso despoblador que afecta también a la capital, que pierde 3.269 emigrantes. El decenio 1960-70 es espectacular, con la pérdida de 52.498, de los que 14.833 se fueron a Zaragoza, 13.800 a Barcelona, 6.907 a Valencia, 3.112 a Castellón y 1.468 a Madrid. El éxodo rural de la provincia sigue si bien en menor medida debido, en parte, al gran vaciado demográfico generado por la emigración anterior. Hoy, el descenso demográfico se debe más al elevado envejecimiento que genera altas tasas de mortalidad frente a escasos índices de natalidad. En cualquier caso, el mapa adjunto refleja como sólo las comarcas de Teruel y Bajo Aragón reciben inmigrantes que se dirigen hacia las cabeceras comarcales: Teruel y Alcañiz.

• Bibliog.: Solans Castro, M.: Evolución de la población de Teruel entre 1860 y 1960; Teruel, 1968. Marín Cantalapiedra, M.: Población y recursos de la provincia de Zaragoza; Zaragoza, 1973. Bielza de Ory, V.: La población aragonesa y su problemática actual; Zaragoza, 1977.

 

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