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Mendizábal Brunet, Carlos

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Zaragoza, 13-IX-1864 - Málaga, 1949). Ingeniero, inventor, novelista. Como escritor utilizó los seudónimos «Zacarías M. Blondel» y «Dr. Lázaro Clemdabins», anagramas de su nombre.

Estudiante del Instituto de Zaragoza, del que su padre, Rafael, sería catedrático, fue número uno de su promoción en ingeniería militar, que cursó en la Academia de Guadalajara. A los veintidós años, recién acabada la carrera, se le encarga el proyecto, dirección y montaje de las baterías pesadas de costa Krupp —las primeras traídas a España— en la fortaleza menorquina de Mahón. Ingeniero-jefe de los Altos Hornos de Baracaldo, alcanza en 1893 el cargo de director de la fábrica, en el que permanece diez años. Emprende entonces una carrera independiente de investigador e inventor, tenazmente dirigida a hacer realidad su fertilísima inquietud científica e industrial, que le sitúa en la estela de los La Cierva, Torres Quevedo, Isaac Peral, Edison o Diessel.

Conocedor de las posibilidades mineras de Teruel, crea en Zaragoza la sociedad Maquinaria y Metalúrgica Aragonesa, de la que fue gerente durante seis años. En 1907 funda en Barcelona el Sindicato «Patentes Mendizábal», para el estudio de nuevos modelos de automóviles y la explotación de un transmisor hidráulico de velocidad variable. En 1911 es requerido por la casa Ansaldo, de Italia, para llevar a cabo un proyecto suyo de hidroavión anfibio, que no llegó a cristalizar. En 1923 es llamado por el directorio de Primo de Rivera para el cargo de delegado regio en la represión del contrabando en Andalucía —su único puesto público— e inventa un aparato contador de mezclas alcohólicas para evitar defraudaciones. Crea el «cinesófoto», en tiempos de la República, que eliminaba el parpadeo de los proyectores de cine, la Cruz de Malta, mediante una corona de espejos plateados que mantenían luz constante sin destellos. Fabricó prototipos en París y Berlín, fue presentado con éxito en la Academia de Ciencias madrileña, pero recelos industriales paralizaron su construcción. Pese a estos fracasos, sus invenciones prosiguieron y aún, a sus setenta y cuatro años, presentó en el Congreso de Ciencias de Santander de 1938 un estudio de «motor paraentrópico», de complejo cálculo, en el que todavía trabajaba cuando falleció. Miembro de la Academia de Ciencias, su curiosidad científica le llevó a frecuentes viajes por toda Europa, era conocedor de seis idiomas y fue traductor para Editorial Labor de textos científicos alemanes. Fue autor de un estudio sobre Aragón, productor de aceros (1918) y publicó numerosos artículos de investigación en las revistas Ibérica y Madrid Científico.

Hombre de una extraordinaria capacidad de trabajo, su actividad la extendió también al campo de la literatura, escribiendo una serie de novelas futuristas que eran expresión tanto de su irresistible pasión hacia las nuevas posibilidades de la ciencia como de su posición ideológica, católica a machamartillo, germanófila, rusófoba y de españolidad a ultranza. Bajo el seudónimo de «Dr. Lázaro Clemdabins» aparece en 1909 Elois y Morlok, subtitulada «Historia de lo porvenir, según la narración del P. Zacarías M. Blondel», libro que la crítica relacionó con Time machine de H. G. Wells y El amo del mundo de R. H. Benton, y que una vez descubierta la personalidad del autor, le hicieron ser calificado con «el Wells español». Inicia después, ya con su nombre, una serie de novelas bajo el título común de Los milagros laicos, en todas las cuales fracasa el «milagro» científico humano frente al único y último poder divino. En 1922 aparece el primer título de la serie, Pygmalión y Galatea. Anairodisis sería el segundo y último título aparecido de la serie, de la que quedaron inéditas una decena de libros: El país hembra, El sexto sentido, Electrones moribundos... De toda su amplia obra literaria inédita, en 1983, treinta y cuatro años después de su fallecimiento, su hijo Ignacio recupera otra obra de ficción futurista, La ira del sol, que bajo el seudónimo de «Zacarías M. Blondel» fue publicada por Biblioteca Nueva.

Al margen de esta literatura de anticipación y cientifista, escribió la novela corta de costumbres Su primer baile (1924) y la de género histórico La colisión (1925), en el que también dejó inédita Guerra y amor.

 

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