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Martín I, «el Humano»

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 29/04/2011

(Gerona, 1356-?, 31-V-1410). Rey de Aragón (1396-1410). Hijo segundo de Pedro IV Buscar voz... el Ceremonioso y de Leonor de Sicilia Buscar voz..., recibió el título de duque de Montpellier. En 1380 su padre le cedió el reino de Sicilia, que tras la muerte de Federico III volvía de nuevo a la órbita aragonesa. Algunos nobles sicilianos, apoyados por los Anjou y por el pontífice, habían proclamado rey a Luis de Durazzo, pero Martín organizó una expedición y consiguió apoderarse de Palermo y de un buen número de villas. Todavía se hallaba ocupado en la pacificación de la isla y en asegurar el dominio de la misma para su hijo Martín «el Joven», cuando en 1396 la muerte de su hermano Juan I Buscar voz..., sin descendientes varones, hizo recaer en él la corona aragonesa.

Hasta su llegada a la Península asumió el gobierno su esposa María de Luna, que supo con prudencia y energía solventar los graves problemas planteados. Por una parte la nueva reina tuvo que hacer frente a las intrigas de su antecesora Violante de Bar Buscar voz.... Mayor gravedad revistió la situación creada por las pretensiones al trono del conde de Foix (casado con una hija de Juan I), cuyas tropas entraron por el vizcondado de Castelbó y después de devastar la cuenca del Segre llegaron a poner sitio a Barbastro. Un ejército al frente del conde de Urgel obligó al de Foix a retirarse por Navarra hacia el Bearne.

Urgía la presencia de Martín I en sus estados, por lo que decidió abandonar Sicilia. En el viaje de regreso, al hacer escala en Marsella, una embajada enviada por Benedicto XIII Buscar voz... le instaba a entrevistarse con él en Aviñón ante el nuevo giro que había tomado el Cisma de la Iglesia; el rey de Francia exigía la renuncia de los dos papas, lo que colocaba en postura difícil al pontífice aragonés. Una vez en Cataluña, Martín I atendió, entre otros asuntos, a dictar sentencia contra el conde de Foix. Poco después pasó a Zaragoza donde juró ante las Cortes Buscar voz... allí reunidas, paso previo a su coronación Buscar voz..., que tuvo lugar el 13-I-1399 en el acostumbrado marco de La Seo zaragozana.

La actitud irresoluta y escasa energía de Martín como gobernante constituyen la nota dominante de su reinado. Los agudos problemas internos en que se hallaban inmersos los estados peninsulares de la Corona se acrecentaron a partir de 1402 por las luchas habidas entre diversas banderías. En Aragón luchaban los viejos linajes de los Luna Buscar voz... y los Gurrea Buscar voz..., apoyados por sus respectivas clientelas.

Para poner fin a tan caótica situación, que perturbaba la paz de la Corona, en 1404 convocó el rey Cortes generales en Maella. Junto a diversas medidas de tipo fiscal o relativas a cubrir las necesidades del General del reino de Aragón, se atendió en especial a buscar remedios eficaces en pro de la paz pública. Se penalizaba a quien disparara ballestas, lombardas, etc., de no ser en defensa de su casa. De igual modo serían sujetos a juicio sumario quienes guerreasen entre sí, de no preceder desafío formal o tratarse de un caso previsto por fuero. Se ampliaban además las facultades del Justicia de Aragón respecto a los delitos cometidos por particulares. Entre los acuerdos tomados en Maella se incluía la petición por parte de los allí reunidos de que viniera de Sicilia Martín «el Joven», requerimiento que tuvo por parte de éste pronta confirmación. Pero las alarmantes noticias que llegaban de la isla, donde habían surgido nuevos brotes de rebelión, le obligaron a regresar a aquellos dominios.

Martín I estuvo atento a conjurar los peligros provenientes del litoral africano. Se organizó una cruzada a Berbería en 1397, pero una tempestad hizo fracasar la empresa. Las nuevas tentativas de la flota catalano-aragonesa en años inmediatos no consiguieron tampoco sus objetivos. En otro orden de cosas, fiel a su alianza con el papa de Aviñón, el monarca envió un contingente de tropas con el fin de romper el cerco impuesto por los franceses a Benedicto XIII, que pudo huir y refugiarse en los estados de la Corona aragonesa.

No obstante, la cuestión siciliana fue el punto neurálgico en política exterior. A ello vino a sumarse la insurrección de Cerdeña, alentada por los genoveses y el vizconde de Narbona. En 1406 Martín I reunió las Cortes catalanas en Perpiñán, trasladadas luego a San Cugat del Vallés y finalmente a Barcelona. A pesar de la actitud remisa del monarca, que temía por los peligros inherentes a la insalubridad de la isla, se impuso el criterio de la asamblea y fue enviada a Cerdeña una flota de 150 naves. A ella se unieron los efectivos enviados por Martín de Sicilia, que derrotaron a la escuadra genovesa por mar, completando su triunfo en tierra contra los sardos y el vizconde de Narbona en la batalla de Sant Luri. Poco después (25-VII-1409) moría Martín «el Joven» sin descendencia legítima, legando a su padre el reino de Sicilia y los ducados de Atenas y Neopatria.

Se hacía patente el grave problema sucesorio que se cernía sobre la Corona de Aragón, sobre la que acechaban ya diversos pretendientes. Viudo Martín I de María de Luna desde 1406, sus consejeros le sugirieron un nuevo matrimonio para asegurar su descendencia, pero su enlace con Margarita de Prades (efectuado en septiembre de 1409) no consiguió aquel objetivo. Pocos meses después, el 31 de mayo de 1410, murió el monarca sin haber desiguado sucesor, dejando el reino abierto a la discordia y a merced de las apetencias de los diversos presuntos herederos.

Martín I ha pasado a la historia con el apelativo de «el Humano». Al igual que su hermano y antecesor, fue víctima de su propia debilidad física y de las desgracias familiares. Los cronistas destacan su perfil humano, su inteligencia, su piedad, así como su amor por la cultura y su afición por los autores clásicos. No obstante, junto a sus virtudes se perfilan una serie de rasgos negativos como gobernante. La falta de energía, que arrastró consigo hasta sus últimos días, se plasma en su irresolución ante el grave problema sucesorio que dejó como herencia a los estados de la Corona aragonesa.

• Bibliog.:
Zurita, J.: Anales de la Corona de Aragón; Ed. Canellas López, A., Zaragoza, 1967, vol. 4.
Girona Llagostera: «Itinerari del rey Martí»; Anuari del Institut d’Estudis Catalans, 1911-12.
Ferrer, M.ª Teresa: «El patrimoni reial i la recuperació dels senyorius jurisdiccionals en els Estats catalano-aragoneses a la fi del segle XIV»; Anuario de Estudios Medievales, Barcelona, VII, 1970-71, pp. 351-491.
Javierre, Áurea: María de Luna, reina de Aragón; C.S.I.C., Madrid, 1942.
Rubio y Lluch: Documents per l’Historia de la cultura catalana mig-eval; Barcelona, 1908- 1921. t. II.
Ledesma, M.L.: Actas del proceso de las Cortes de Maella de 1404; Ed. Anúbar, Zaragoza, 1980.

 

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