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Aragón

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 30/06/2011

Los 47.999,9 kilómetros cuadrados del actual territorio aragonés constituyen una región humana formada por parte de tres unidades naturales, integradas por la historia en un destino común. Estas tres unidades son los sectores centrales de los Pirineos Buscar voz..., al Norte, de la Cordillera Ibérica Buscar voz..., al Sur, unidos por la Depresión del Ebro Buscar voz.... Precisamente la red hidrográfica del Ebro con sus numerosos tentáculos indentados en los Pirineos y el Sistema Ibérico, ha sido uno de los elementos que ha facilitado la unidad de las tierras aragonesas. Los afluentes del «padre Ebro» abren en dichas cordilleras numerosos corredores naturales, a la par que fecundan con sus aguas amplias extensiones de tierras.

El medio físico aragonés se muestra muy contrastado: desde las altas cumbres del Pirineo al curso del río Ebro hay más de 3.000 metros de diferencia altitudinal; el clima mediterráneo-continentalizado de la Tierra Llana Central, árido y ventoso, adquiere caracteres de montaña —con temperaturas más bajas, precipitaciones más abundantes e innivación más frecuente— al adentrarnos en la Cordillera Ibérica y, sobre todo, en los Pirineos; la vegetación rala y esteparia de la Depresión Central se enriquece en variedades, se hace más arbórea y frondosa en los sistemas montosos.

Este cuadro natural contrastado ha condicionado los modos de vida, las actividades económicas y hasta el modo de ser de la población aragonesa. ¡Qué distintos son los montañeses y los hombres de la Ribera! Sobre las amplias tierras llanas de la Depresión Central han prevalecido las actividades agrícolas, aun contando con un cierto complemento pecuario. El Pirineo y el Sistema Ibérico, con sus bosques y pastizales, han mantenido unas actividades esencialmente forestales y pastoriles. Las pequeñas poblaciones urbanas —escasas en relación con las rurales— de Zaragoza, Huesca, Teruel, Calatayud, Barbastro, Jaca y Alcañiz contaban con un cierto desarrollo comercial y artesanal, pero el peso de lo agrícola y ganadero en Aragón era indiscutible en el pasado.

En las últimas décadas el esquema tradicional se ha roto. Aragón ha dejado de ser una región esencialmente agropecuaria. La estructura económica se ha modificado sustantivanente. El incremento de la población urbana, alimentado por la inmigración, se ha traducido en un mayor peso de las actividades industriales y de servicios, hasta el punto de que casi la mitad de la renta aragonesa procede de los servicios y más de un tercio de la industria. El gran problema de Aragón es de orden demográfico Buscar voz...: es la región menos densamente poblada de España, con 24,7 hab. por Km.2. En 1998 contaba con 1.183.234 hab., lo que supone poco más del 2,98% de la población española, cuando el territorio aragonés representa un 9,4% del territorio español. Aragón es, en la actualidad, un gran desierto demográfico con algunos «oasis» poblacionales, entre los que destaca de forma desorbitada Zaragoza, que cuenta con casi la mitad de su población.

Economía

Los intentos industrializadores prendieron demasiado tarde en la región aragonesa, y aunque existía una cierta tradición artesanal en algunos sectores, como el textil, será la transformación de primeras materias de origen agrario lo que permitirá dar los primeros pasos importantes en el proceso industrializador Buscar voz..., inicialmente a través de las harineras Buscar voz... y después con la industria azucarera Buscar voz..., que aprovecha las posibilidades de sustituir las importanciones de azúcar que llegaban de las colonias antes de 1898. A partir de este año, el desarrollo de este sector en Aragón impulsa la fabricación de fertilizantes de los talleres metalúrgicos que construían y reparaban maquinaria para las azucareras, y de la minería del carbón de las cuencas turolenses, a la vez que surgían las primeras empresas de producción eléctrica y fábricas de material móvil y de maquinaria de precisión. La I Guerra Mundial Buscar voz... produce efectos muy desiguales sobre la economía aragonesa, al favorecer sólo a unos sectores, mientras que otros se vieron claramente perjudicados.

En la década de los años 20 se produce una cierta descentralización de la industria regional —muy concentrada hasta entonces en Zaragoza Buscar voz...— al desarrollarse núcleos como Sabiñánigo Buscar voz... y Monzón Buscar voz..., en los que se combina la presencia de capital extranjero y la proximidad a las fuentes de producción de energía eléctrica de los Pirineos. Sin embargo, la paulatina desaparición de las industrias azucareras de la región (como consecuencia de las prácticas monopolistas introducidas en el sector) y la pérdida de las ventajas de localización industrial que existían en las comarcas pirenaicas (al unificarse las tarifas eléctricas en 1951), favorece todavía más la concentración de las empresas en torno a Zaragoza, hecho que se produce no sólo como consecuencia del funcionamiento típico del sistema capitalista, sino también por la actuación de la propia Administración, que, en 1964 localiza en este núcleo un Polo de Desarrollo Industrial; medida que, por otra parte, se reveló como poco eficaz, al igual que las que posteriormente han intentado potenciar la industrialización de las cabeceras de comarca.

El producto Interior Bruto nacional alcanzó en 1997 los 79.396.859 millones de pesetas, de los que 2.582.751 millones de pesetas corresponden a Aragón, lo que se traduce en un 3,25% del total de la riqueza generada en el conjunto del Estado. Si se analiza la variación del P.I.B. en términos reales, observaremos que Aragón ha tenido una tasa real de crecimiento económico de un 3,8%, frente al 3,9 del conjunto del Estado.

La lectura del esquema adjunto pone de relieve una trayectoria expansiva tanto a nivel nacional como autonómico, siendo la industria y la construcción, ésta en menor medida, los sectores productivos causantes de este crecimiento. Igualmente puede comprobarse cómo la economía aragonesa ha crecido por debajo de la media nacional:

En 1992, de una población de 1.183.234 habitantes en la Comunidad Autónoma, la población ocupada era de 450.984 (38,11%), siendo su distribución por sectores la siguiente: el 10,89% pertenecía al sector primario; el 27,52% a la industria; el 9,66% a la construcción; el 1,26% al sector energético, y el 50,66% restante al sector servicios.

La evolución de los sectores productivos marca, a fecha de 1997, un cambio de tendencia, siendo la industria y la construcción quienes cobran un marcado protagonismo en detrimento de la agricultura y servicios, si bien la agricultura marca en los últimos años una tasa de crecimiento positivo. Con respecto al sector industrial, se pone de relieve su peso en el desarrollo de la economía aragonesa, alcanzado una tasa de crecimiento de un 5,30%, superior al promedio nacional, fijado en un 5,12%:

— Sector primario. Con una extensión de 47.999,9 Km.2 (el 9,47% de la superficie total española) la Comunidad Autónoma de Aragón dispone del 8% de la tierra labrada en el conjunto del estado. La agricultura ha registrado, como ya se ha apuntado, una tasa de crecimiento positivo, más trascendente si cabe, si consideramos los magníficos resultados del año anterior, debido ello a unas condiciones marcadas por una buena climatología y la estabilización del sector ganadero, aunque el 2,68% de crecimiento es muy inferior a la media nacional, el 4,46%. Unas explotaciones pequeñas, la mala organización del sector, la falta de empuje exportador y la práctica ausencia de una industria agroalimentaria en consonancia con las potencialidades existentes, más el envejecimiento de la población rural están en la base de esta situación.

En 1998 se han cultivado en toda la Comunidad un total de 1.989.011 hectáreas, siendo el 44% de la provincia de Zaragoza, el 34% de Huesca y el 22% de Teruel. El mayor crecimiento en cereales se dio con el trigo y la cebada (un 10 y casi un 9% respectivamente, con respecto al año anterior), si bien descendió la producción de maíz y girasol. Igualmente han sufrido una merma los productos hortícolas, de casi un 28%, así como de los frutales, que descienden casi un 4%.

En lo concerniente a la ganadería, 1998 también ha deparado resultados negativos, siendo la producción final ganadera de 132.113 millones de pesetas, es decir, un 9% menos que el año anterior, a lo que no es ajena la crisis del sector porcino (peste porcina…), si bien los ternascos con denominación experimentaron un crecimiento próximo al 20%, y el ganado bovino un incremento del 35% en su producción con respecto al año anterior.

La renta agraria aragonesa, en 1998, alcanzó los 133.697 millones de pesetas, una disminución en pesetas corrientes del 1,75% y del 3,5% en pesetas constantes, con respecto a 1997:

Situada casi en su totalidad en el valle del Ebro (salvo una parte de la provincia de Teruel), la región aragonesa dispone de la posibilidad de utilizar agua abundante a partir de su importante red fluvial. El aprovechamiento de estos recursos ha permitido ir incrementando las zonas de regadío con obras de la importancia del Canal Imperial de Aragón Buscar voz..., cuyas aguas llegaron a Zaragoza en 1784, o el Plan de Riegos del Alto Aragón Buscar voz..., que nace en 1913. Aunque la puesta en práctica del Plan fue acelerada a partir de la constitución de la Confederación Hidrográfica del Ebro Buscar voz..., ha habido numerosos retrasos, y a pesar de que se proyectó para ser ejecutado a lo largo de cuarenta años, sigue inacabado.

— Sector secundario. El proceso industrializador, dirigido inicialmente en Aragón por una burguesía regional dinámica y emprendedora, evolucionó posteriormente a medida que se articulaba el mercado nacional y pasaban a competir las industrias de origen regional con otras mucho más potentes y que en muchos casos las han desplazado o absorbido, siendo consecuencia de este proceso la desposesión industrial a manos del capital monopolista. Por ello, la mayor parte de las grandes empresas localizadas en Aragón dependen de grupos bancarios o de capital extranjero.

A fecha de 1998, el sector industrial aragonés sigue la pauta de ese ciclo expansivo que, a nivel nacional, se inició en el tercer trimestre de 1993, y en el que la aportación industrial cobra un gran protagonismo a la hora de explicar las altas tasas de crecimiento. En este año, el crecimiento industrial en Aragón sería de un 5,6%, para HISPALINK, de un 6,9% para CAP-AFI o de un 6,32% según FUNCAS.

En el entramado aragonés están funcionando de manera directa 8.482 empresas que, básicamente, tienen una actividad industrial (el 3,5% del total de España). Más de la tercera parte de ellas carecen de asalariados y cerca de las cuatro quintas partes emplean a menos de diez trabajadores. Para conocer la distribución de las empresas industriales según su actividad y número de ocupados en España y Aragón, nada más ilustrativo que el cuadro adjunto:

El mayor número de empresas se concentra en las actividades «metalurgia y fabricación de productos metálicos» (1646), «alimentación» (1279) y «textil, confección, cuero y calzado» (1280), siendo las industrias de tamaño grande las que detentan el protagonismo de la industria regional (en 1997 han generado 1.303 miles de millones de pesetas, más de la mitad de la cifra de negocio, y del valor añadido, 332 miles de millones de pesetas, aún cuando solamente ocupan la tercera parte del empleo industrial, el 31,14%).

Si consideramos la tipología de actividades, veremos que se sigue dando una gran diversidad, aunque con una preponderancia de aquellas actividades relacionadas con la construcción de material de transporte, un 37% del negocio en 1997, un 60,5% de las exportaciones al extranjero (490.000.000 millones de pts.), un 44% de las importaciones y un 17,4% del empleo industrial.

La industria Buscar voz... aragonesa comenzó 1998 con 107.010 ocupados y lo finalizó con 108.030, es decir, la cuarta parte del empleo total en Aragón. En este año se ha producido una caída en la tasa de crecimiento, positiva en el conjunto del año, pero preocupante si consideramos que en el último trimestre da unas cifras negativas, que se sitúan en un 2,3%, aunque este descenso ha sido más notable en los subsectores dedicados a la producción de bienes intermedios y energía.

El índice de Producción Industrial (IPI), que refleja los cambios de cantidad y calidad en la producción industrial, excluyendo la influencia de los precios, significó, a nivel nacional, un crecimiento del 5,5%, siendo en nuestra Comunidad superior, al alcanzar casi un 7%.

En el caso de la construcción 1998 traduce una recuperación de los niveles aceptables de la actividad, aunque los resultados sobre el empleo deberían de preocupar. Año en el que el sector se está recuperando, al haberse producido un 2,2% de aumento del V.A.B., el crecimiento medio que se está produciendo está próximo al 0,5%, aunque el segundo trimestre se aproxima al 4%. Sin embargo, el empleo del sector, lejos de aumentar, disminuye, habiéndose perdido en el conjunto casi un 8% de empleos. Cabe señalar, igualmente, que mientras que en España ha aumentado el número de empresas dedicadas a la construcción (un 7%), en Aragón se ha experimentado un descenso (el 0,5%), contando en la actualidad con 9.747 empresas.

— Sector servicios. En cuanto al sector servicios, viene experimentando en los últimos años un creciente nivel de actividad, si bien por debajo de la media nacional. Es, junto a la industria, el sector que registra una producción mayor por empleado. Dentro de los componentes del P.I.B. los servicios constituyen el sector con un comportamiento más estable. Representa el 58% del V.A.B. aragonés, pero por debajo del 65% que representa a nivel estatal.

Entre los subsectores destacan el comercio, el turismo, con una tendencia creciente en el incremento de pernoctaciones hoteleras en los últimos años (un 8,2% frente al 5,2% a nivel nacional) pero, sin embargo, seguimos con déficit de plazas hoteleras en relación, también, al conjunto nacional. Entre los subsectores con mayor potencial de futuro destacan las telecomunicaciones y los transportes; dentro de estos últimos, el A.V.E. Buscar voz... y la Plataforma Logística Buscar voz... del aeropuerto pueden estimular decisivamente el desarrollo económico de Zaragoza como centro de distribución de mercancías del cuadrante Nordeste peninsular.

— Sector financiero. En cuanto al sector financiero, la primera entidad financiera moderna en Aragón fue la Caja de Descuentos Buscar voz..., que aparece en Zaragoza en 1845 dirigida por Juan Bruil Buscar voz... y que de la mano de este importante miembro de la burguesía liberal aragonesa se convirtió en Banco de Zaragoza Buscar voz... en 1856. En 1874 se liquida el banco de Zaragoza y sus mismos accionistas constituyen el Banco de Crédito de Zaragoza. Como consecuencia del proceso de acumulación de capital que acompaña a la industrialización de comienzos de siglo, en 1906 se constituye el Banco Aragonés de Seguros y Crédito y en 1910 el Banco de Aragón Buscar voz... y el Zaragozano Buscar voz.... Tras la guerra civil Buscar voz..., el proceso de concentración que se lleva a cabo en el sector bancario se traduce en Aragón en las absorciones de todas sus instituciones bancarias, a excepción del Banco Zaragozano.

Una de las notas características del sistema financiero aragonés es la gran importancia alcanzada por las Cajas de Ahorro en la captación del ahorro regional. Es en torno al Consejo de administración de IberCaja Buscar voz... y de sus principales directivos donde está situado el mayor centro de poder regional, dadas sus conexiones con diversas e importantes empresas.

— Sector exterior: El comercio exterior presenta en Aragón datos positivos pero que, sin embargo, representan una pérdida de peso respecto al conjunto del Estado. Las exportaciones representaban en Aragón una cifra de 829.401 millones de pesetas en 1998, lo que supone un incremento del 2,3% respecto al año anterior; sin embargo, a nivel nacional dicho incremento fue del 6,7%. Por clases de bienes, la evolución en los últimos años de las exportaciones e importaciones se reflejan en el cuadro adjunto:

Historia

Condado de Aragón. Los musulmanes dominaron todas las tierras pirenaicas aunque la historiografía actual tiende a minimizar este hecho. Pero en Jaca Buscar voz... se encuentran el fuerte de Rapitán y el despoblado de Aín, que se documentan por lo menos en el siglo XII; aquél es producto de la evolución de árabe ribat, que significa «convento militar para defensa de fronteras»; y el nombre de aín-ahín equivale a «fuente». De momento es imposible datar el establecimiento de los musulmanes en Rapitán, aunque hay que situarlo en el siglo VIII. El año 781-782 en esas tierras ya existía un grupo organizado, que actuaba bajo la dirección de un tal Ibn Belascut Buscar voz..., aunque el lugar exacto no se conoce de momento. Las primeras noticias fidedignas corresponden a los primeros años del siglo IX, en que las fuentes francas hablan de un conde Aureolo Buscar voz..., que murió el año 809 cuando mandaba las tierras emplazadas frente a Huesca y Zaragoza. Poco después ya aparece una dinastía indígena, que encabezó el conde Aznar I Buscar voz... y persistiría hasta principios del siglo X. El año 828 por vez primera se cita a Aznar como conde de Aragón. Debe tenerse muy en cuenta que el nombre de Castilla aparece hacia el año 900; el de Navarra, en 1087; el de Cataluña, en el siglo XII, según documentos auténticos, aunque alguno sospechoso ya lo copia en la segunda mitad del siglo XI; y el «reino de Valencia», en 1239. Así, el nombre de Aragón es el más antiguamente documentado de la España oriental. El condado de Aragón primitivo se centró sobre el valle de Echo Buscar voz..., extendiéndose también por los Ansó Buscar voz..., Borau Buscar voz... y Canfranc Buscar voz.... Pero por el sur no llegaba a la canal de Berdún; y Jaca quedaba fuera del primitivo condado. Su aparición hay que relacionarla con el hecho de que la calzada de Bearn a Zaragoza pasaba el Pirineo por el puerto del Palo y seguía por el valle de Echo hacia Puente la Reina de Aragón, donde se conservan los restos de un puente romano. Los francos utilizaron la presencia de monjes, al mando de San Zacarías, para colonizar el valle de Echo, construyendo el monasterio de San Pedro de Siresa Buscar voz..., hacia 809-814. De la misma forma construyeron los monasterios de San Martín de Ciellas (al sur de la faz de Biniés) y el de San Julián y Basilisa de Navasal (al norte de la misma foz), con los que dominaban la entrada al valle de Ansó. De la misma forma, parece que fueron los francos los que fortificaron el castillo de Grosín, entre Jaca y Borau, dominando toda la canal de Berdún Buscar voz..., así como se asentaron en Canfranc, que parece significar «campo de los francos», como ocurre en Italia, si bien las menciones documentales son del siglo XI. La cronología es muy insegura. Pero parece que hacia el año 900 el condado de Aragón se había extendido hasta Atarés Buscar voz..., hacia la cuenca del río Aurín, donde se levantaba el monasterio de San Martín de Cercito, cerca de Acumuer, y hacia la cuenca alta del río Gállego, dominando el valle de Tena: la posición aragonesa avanzada era Senegüé. Posiblemente con motivo de esta ampliación territorial se reorganizó la diócesis de Pamplona, desgajándole en 922 la diócesis de Sasabe o Sasáu, donde comienza a citarse una nueva serie de obispos, siendo el primero Ferriolo. Así se crea la diócesis coincidente territorialmente con el condado. El último conde de Aragón fue Galindo II Aznar Buscar voz..., que murió entre 922 y 925. El condado lo heredó su hija Andregoto Galíndez Buscar voz.... La historia de esos años es muy difícil de precisar, ya que algún texto señala que el rey Sancho Garcés I conquistó Aragón, aunque posiblemente se refiera a una supeditación del último conde al rey pamplonés. En cualquier caso, es evidente que se pactó el matrimonio de Andregoto Galíndez con el futuro rey García Sánchez I Buscar voz..., hijo y heredero de Sancho Garcés I. Al matrimonio aportó Andregoto Galíndez el condado de Aragón y parece se celebró después de 935, pero pronto se anuló dado el parentesco de los contrayentes, ya que eran primos hermanos, reconociendo los derechos del hijo de ambos, Sancho Garcés II Buscar voz..., que a partir de 943 aparece ejerciendo determinada potestad en el condado de Aragón, bajo la proteción de un baiulus. Cuando Sancho Garcés II fue proclamado rey de Pamplona (970) se produjo definitivamente la unión del condado de Aragón y el reino de Pamplona.

Formación territorial de Aragón. Hacia el año 800 surgen en la documentación dos núcleos políticos, en dependencia con Carlomagno Buscar voz... y sus gentes: los condados de Aragón y Ribagorza Buscar voz.... Entre ambos estaban las tierras musulmanas de la Arbitania, con la capitalidad en Boltaña. El condado de Aragón en el siglo IX comprendía aproximadamente los valles de Ansó, Echo, Canfranc, Aurín y Tena. El condado de Ribagorza se extendía por los valles del Noguera Ribagorzana, Noguera Pallaresa, Isábena y Ésera. Los puntos extremos eran Perarrúa, Roda de Isábena y Arén. En el siglo X se producen dos hechos importantes: se ocupan las tierras de Boltaña y Aínsa en tiempos del rey Sancho Garcés I Buscar voz... y del conde Galindo Aznar Il, y se asientan los cristianos en el macizo de la peña Oroel. La ocupación de Boltaña se produjo hacia el año 916, lo que permitió la interrelación de Aragón y Ribagorza. El conde Galindo Aznar II entregó como dote a su hija Toda (casada con el conde Bernardo de Ribagorza) las conquistadas tierras de Sobrarbe. El citado Sancho Garcés I ocupó por las mismas fechas Uncastillo. Y a finales del siglo X se llegaba a dominar hasta la sierra de Santo Domingo, con unas fronteras imprecisas, que se establecieron definitivamente con el rey Sancho el Mayor Buscar voz... (1004-1035), pues fortificó Sos, Uncastillo, Luesia, Biel, Agüero, Murillo, Loarre, Nocito, Secorún, Boltaña, Santa María de Buil, Monclús y Perarrúa. En el caso de las últimas, ya eran cristianas desde antes. Este monarca conquistó Ribagorza, sobre la que tenía ciertos derechos familiares. Y desde entonces nunca más se separaría de Aragón. A la muerte de Sancho el Mayor se fijaron por vez primera las fronteras entre Aragón y Pamplona (1035), con una división que en líneas generales ha perdurado hasta hoy, siendo aragonesas Aíbar, Sos y Uncastillo; eran de Pamplona, Sangüesa y Ruesta. Antes de 1057, un vasallo del rey Ramiro I Buscar voz..., llamado Arnáu Mir de Tost, conquistaba Fet, Bellmunt, Finestres, Estopiñán y Caserres, completando más tarde su acción con la fortificación de Antenza. En la misma zona el conde barcelonés Ramón Berenguer I el Viejo y el conde de Urgell, Ermengol III actuarían sobre Estopiñán, Caserras, Purroy y Pilzán, formando una pequeña posesión con las últimas, que transmitirían a sus sucesores. El rey Ramiro I de Aragón también actuó directamente sobre la zona, fortificando primeramente Surta y Abizanda (hacia 1055) y ocupando después Benabarre (1062), Luzás, Lascuarre, Laguarrés y Viacamp, así como Montañana. Como resultado práctico de la cruzada contra Barbastro Buscar voz..., a partir de 1067 se ocupó Alquézar y su comarca, constituyendo un punto clave en la expansión cristiana hacía el sur. Y prontamente se planteó la ocupación de Graus Buscar voz..., en cuyo asedio fue herido y muerto el rey Ramiro I (8-V-1069). El fracaso ante Graus planteó de distinta manera su ocupación, que se logró en 1083, coetáneamente a la de Ayerbe y Arguedas (Navarra). Después continuó en la zona del Cinca, con las ocupaciones de Estada (1087) y Monzón (1089), que permitieron la de una zona mayor; de esa época parecen las de Camporells, Nachá, Baells y Baldellóu, así como Alcampell. En las Cinco Villas se fortificaba Luna (1092) y el mismo año se tomaba Santa Eulalia la Mayor. Camino de Lérida se ocupaba Almenar (1093), y se planteaba la ocupación de Huesca, que conquistaría el nuevo rey Pedro I de Aragón Buscar voz..., en noviembre de 1096, tras vencer en la batalla de Alcoraz Buscar voz.... Con Huesca se entregaron Apiés, Alcalá del Obispo, Sangarrén, Robres, Novales, Tabernas, Banariés y Plasencia del Monte, entre otras poblaciones. El mismo rey ocupó Barbastro (1100), así como Azara, Azlor, Peralta de Alcofea y Sariñena, realizando en 1101 una «cruzada» contra Zaragoza que dio como resultado la fortificación de Juslibol (llamada Deus o vult, «Dios lo quiere»). Territorialmente, el reino se duplicó con la acción del rey Alfonso I el Batallador Buscar voz..., que primeramente ocupó Ejea (1105), Tauste (1105) y Tamarite (1107). En 1117 ya tenía Morella (Castellón) y se planteaba la conquista de Zaragoza, tras un asedio de varios meses (18-XII-1118). Al mismo tiempo se rindieron las tierras sitas entre Magallón, Fréscano, Mallén, Cortes, por el oeste; y Alfajarín, Belchite y Pina, por el este. Tudela (febrero de 1119), Tarazona y Borja se entregaron más tarde, lo que permitía la repoblación de Soria (1119). Los almorávides Buscar voz... acudieron tardíamente a socorrer Zaragoza, siendo vencidos en la batalla de Cutanda Buscar voz..., cuyos frutos fueron la conquista de Calatayud (1120) y Daroca. De forma provisional se ocupó el Bajo Aragón y se llegó hasta Cella, cerca de Teruel. Pero todo se perdió al morir Alfonso I el Batallador después de la derrota de Fraga Buscar voz.... Al producirse la separación de Aragón y Navarra con la muerte de Alfonso I el Batallador, el rey Ramiro II el Monje Buscar voz... estableció la línea fronteriza que ha llegado hasta nosotros, con alguna pequeña variante. Así como también se fijó (1136) con Castilla, donde hoy se encuentra. Durante el gobierno de Ramón Berenguer IV Buscar voz... se desarrolló una conciencia aragonesista, que jugó papel importante en la ampliación del reino. Se conquistó definitivamente Monzón (1140), que se había perdido; así como Chalamera, Sariñena y Alcolea de Cinca (1141). Luego se tomó Ontiñena (1147), Fraga, Mequinenza y Lérida (1149). Daroca recibía como término municipal hasta los actuales límites con Castellón-Valencia (1142), incluyendo algunas poblaciones castellonenses, como Montán, Torralba y Cirat. Poco después se repoblaban Albalate del Arzobispo (1149), Huesa del Común, Monforte de Moyuela, Híjar y Alcañiz (1157). El rey Alfonso II Buscar voz... el Casto se extendió por el Bajo Aragón, principalmente, poniendo los límites del reino de las costas del Mediterráneo. En 1168 ocupaba las tierras de Caspe, y las hoy tarraconenses Orta de San Juan, Gandesa y Ulldecona, así como Valderrobres (1169). Los límites entre Aragón y los condados catalanes se establecieron en el curso del río Ebro, donde permanecieron hasta finales del siglo XIII. Este rey también conquistó Teruel (1169), que repobló más tarde. Y ocupó todo el resto de la actual provincia de Teruel, colocando los límites de Aragón con Castellón y Valencia donde hoy están, aparte de las ocupaciones posteriores de Rubielos de Mora (1204), Camarena, Ademuz, Castielfabib y El Cuervo (1210), que realizó Pedro II de Aragón Buscar voz.... La última población ocupada fue Linares de Mora (1223), por Jaime I el Conquistador Buscar voz..., que en un principio tenía intención de agrandar su reino aragonés con la ocupación del reino moro de Valencia, por lo que lo repobló a «fueros de Zaragoza», hasta que en abril de 1239 creó el «reino de Valencia» y las fronteras se retrajeron adonde estaba al principio de su reinado. Estas fronteras máximas sufrieron recortes posteriormente, precisamente en virtud de los repartos del reino efectuados por Jaime I y las acciones de sus sucesores. Cronológicamente las pérdidas primeras fueron las sitas al sur del Ebro, hasta Ulldecona, con Amposta, que se perdieron hacia 1282. Las tierras hoy valencianas de Ademuz lo fueron con motivo de los repartos aducidos (1244), mientras que las tarraconenses actuales de Orta de San Juan y Gandesa las comenzó a disputar Cataluña hacia 1300 y ya se habían perdido en 1350. De la misma forma, con la recreación del condado de Ribagorza por Jaime II de Aragón Buscar voz... las fronteras orientales se colocaron prácticamente sobre el curso del río Noguera Ribagorzana.

Creación del reino de Aragón. Desde mediados del siglo XIII se repite en todos los textos que Sancho el Mayor Buscar voz..., rey de Pamplona, antes de morir dividió sus reinos entre sus hijos, dejando Pamplona al primogénito legítimo García de Nájera Buscar voz...; el reino de Castilla, a Fernando; Sobrarbe y Ribagorza, a Gonzalo Buscar voz.... Y a Ramiro Buscar voz..., su hijo natural y primogénito, el reino de Aragón. Incluso se relaciona con una leyenda que refiere el presunto adulterio de la reina Muniadona, que fue acusada por sus hijos García de Nájera y Fernando de Castilla, siendo defendida por su entenado Ramiro, el futuro rey de Aragón, hasta demostrar la inocencia de la acusada, tema que ha pasado al teatro reiteradamente. Sin embargo, el mejor conocimiento de la documentación y numismática del siglo XI muestra que estamos ante una leyenda interesada y falsa en su totalidad. De ahí que se precise estudiar el tema a base de las fuentes coetáneas, partiendo de los últimos años de reinado de Sancho el Mayor, que poco antes de morir repartió sus bienes personales entre los distintos hijos. Un documento datable en 1035 permite asegurar que Ramiro de Aragón recibió de su padre «toda la tierra que tenía desde Vadoluengo (cerca de Sangüesa) hasta Matidero» (del municipio de Secorún, part. jud. Boltaña), exceptuando Loarre y Samitier (que serían de Gonzalo) y Ruesta y Petilla de Aragón, que serían de García de Nájera. Pero allí sólo se habla de tierras, nada de dividir el «poder real». Incluso Ramiro recibía posesiones en Navarra y Castilla. La revisión documental permite afirmar que el rey Sancho el Mayor murió el 18 de octubre de 1035, dejando la «potestad» real a su hijo García de Nájera, que en esos momentos estaba en Roma y tenía escasamente diecinueve años. Era rey en Pamplona, Aragón y Castilla. Por eso existen monedas acuñadas a nombre de garcía—aragón. En Castilla, Fernando actuaba como conde. Posiblemente la edad de García le impedía ejercer totalmente la potestas, por lo que Ramiro se atribuyó funciones de gobierno en Aragón, donde había recibido las tierras de su padre. En su testamento señala que tuvo Aragón «en bailía de Dios»; y en sus documentos originales se tituló únicamente «Ramiro, hijo del rey Sancho». Pero nunca tomó el de rey, aunque sus coetáneos así lo denominaron. Y no tomó el título real porque su padre acababa de introducir en España la teoría de que los reyes lo eran «por la gracia de Dios»: y Ramiro era hijo natural, lo que le imposibilitaba según el Derecho canónico coetáneo para reinar (el futuro rey debería ser hijo de matrimonio canónico «con arras»). Un documento coetáneo precisa que era «casi como rey». A partir de la batalla de Tafalla (1038?), su hermano García de Nájera le reconoció algunos derechos, que no conocemos bien. Y siguió actuando como monarca hasta su muerte (9 de mayo de 1069). Durante la época de correinado (1062-1063) con su hijo Sancho Ramírez Buscar voz..., éste se tituló «Sancho, hijo del rey Ramiro». Pero al quedar como rey único, Sancho Ramírez comenzó a denominarse «Sancho, el aragonés por la gracia de Dios» (1069-1075), si bien su significado político se nos escapa de momento. Puede estar en relación con el hecho de haber quedado como rey único, o mejor porque el año 1068 hubiese realizado un viaje a Roma para hacerse «caballero de San Pedro», pasando a constituirse en un vasallo pontificio. Era la época en que los papas se consideraban dueños de todas las tierras de España. A partir de 1071 las bulas pontificias comienzan a denominar «rey» a Sancho Ramírez, que sin embargo no utilizó en esos momentos tal titulación. Según la documentación auténtica, Sancho Ramírez comenzó a figurar como rey a partir del momento en que se hizo cargo del reino de Pamplona, tras el asesinato de Sancho de Peñalén (junio de 1076). A partir de entonces se llamaría «Sancho, rey de los Aragoneses y de los Pamploneses», título que ostentaría hasta el momento de su muerte. Así, es posible que el título real se debiese a la conjunción de dos circunstancias: la ocupación del reino de Pamplona y la concesión pontificia del título de «rey», como ocurrió en otros lugares de Europa. Debe advertirse que el título no corresponde a las tierras donde el monarca ejercía su jurisdicción sino a los hombres que la poblaban: Sancho Ramírez era «rey de los hombres Aragoneses», no del territorio de Aragón. La identificación del rey con una base territorial es más tardía, de momento no está fijada con exactitud. La intitulación de «rey de los Aragoneses» alcanza hasta Ramiro II el Monje Buscar voz..., inclusive. Pero la serie de cambios que se produjeron con motivo de los desposorios de Petronila Buscar voz... con Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, incidieron sobre la titulación. Ramiro II todavía se llamó en latín rex Aragonensium («rey de los Aragoneses»); su yerno se tituló princeps Aragonensis («príncipe Aragonés»). De momento no se conocen las motivaciones políticas que puede haber para el cambio entre Aragonensium y Aragonensis; pero la hubo. El primer rey de la «Corona de Aragón», Alfonso II el Casto Buscar voz..., se tituló rex Aragonensis, al principio; pero desgraciadamente los editores de sus documentos no se han fijado en estas circunstamcias y desarrollan indiscriminadamente las abreviaturas Arag. como lo consideran oportuno, sin fijarse que fue precisamente con este monarca cuando los reyes se titularon definitivamente «reyes de Aragón». Hará falta un estudio de esas intitulaciones para ver en qué momento se pierde la vieja idea de que los reyes lo eran sobre los hombres que vivían en un territorio para serlo de las tierras que configuraban el «reino de Aragón». Posiblemente esté en relación con el tema el hecho de que, en la época durante la cual se titularon rex Aragonensis, en las fechas de los documentos decían que reinaban «en Aragón, Pamplona, Huesca, Monzón, Zaragoza y en las tierras de España», como Alfonso I el Batallador. Allí se ve cómo se ha ido formando el reino, por la yuxtaposición de territorios conquistados sucesivamente, lo que sugiere la idea de que el nombre de reino de Aragón en el siglo XI y principios de XII no englobaba todavía a Huesca o Zaragoza. Pero precisamente fue con el rey Alfonso II el Casto cuando se comenzó a usar el nombre de «reino de Aragón» para designar el conjunto de tierras que había heredado de su madre la reina Petronila. En el siglo XIII esta idea ya se ha configurado totalmente y la redacción de cuerpos jurídicos de ámbito territorial, como los Fueros de Aragón Buscar voz..., confirmarán la idea de que los reyes lo eran de Aragón.

Corona de Aragón Buscar voz.... La Corona de Aragón constituye una forma de organización política surgida en la Edad Media y que se mantiene hasta su absorción progresiva en la unidad española a partir de los Reyes Católicos. Su origen debe situarse en el testamento de Alfonso I el Batallador Buscar voz..., y en los sucesos que de él se derivaron: Alfonso, que no tenía descendencia, había legado el reino a las órdenes militares, lo que iba en contra del derecho tradicional aragonés y de los intereses de la nobleza; de ahí que la mayor parte del reino elevó al trono a un hermano del Batallador, Ramiro II Buscar voz..., a la sazón monje en San Pedro el Viejo de Huesca, al que procuraron consorte que le dio pronto una heredera, Petronila Buscar voz.... La iniciativa aragonesa supuso la separación de Navarra, que llevaba medio siglo unida a Aragón, y que aprovechó la coyuntura para tener rey propio en la persona de García Ramírez el Restaurador, nieto del Cid Buscar voz... por línea materna. Pero sobre todo suponía entrar en conflicto con las órdenes militares y su valedora, la Iglesia, pues, aunque no aspirasen a que se cumpliera al pie de la letra el testamento del Batallador, a todas luces inviable, sí buscaban una solución de acuerdo con sus intereses. La solución fue casar a Petronila con Ramón Berenguer IV Buscar voz..., conde de Barcelona, instrumentándose dos canales jurídicos paralelos, por los que Petronila era portadora de los derechos que propugnaba el punto de vista aragonés, y Ramón Berenguer, que era templario, los de las órdenes militares.

Esta explicación jurídica, que supuso la unión de Aragón y Cataluña, debe completarse con otras razones más profundas de política peninsular. Un año después de morir Alfonso I, en 1135, Alfonso VII de Castilla Buscar voz... se hacía coronar emperador en León, y parecía dispuesto a practicar una política hegemónica sobre toda la península. No tardó en aspirar a la corona aragonesa, penetrando en Zaragoza, recientemente conquistada a los almorávides Buscar voz..., donde fue bien recibido por sus pobladores, que veían en él la mejor manera de sostenerse frente a los musulmanes. Pero la mayor parte del reino, al igual que los catalanes, temía la preponderancia castellana, que con sus aspiraciones sobre las tierras moras de Levante podía cerrar el paso de la expansión reconquistadora a los restantes reinos peninsulares. De ahí que Ramiro II, tras fracasar varias tentativas de solución, ofreciera su hija Petronila, y con ella el reino de Aragón, al conde de Barcelona, que aceptó de inmediato, ante las ventajas que la unión le reportaba.

Este matrimonio preconizaba la unión personal de los territorios sobre los que dominaban los reyes de Aragón y los condes de Barcelona. Pero no la causaron de forma inmediata, ya que la realeza aragonesa fue transmitida por Petronila a su hijo Alfonso, el primero que, por consiguiente, unió en su persona la soberanía de los dos países y los gobernó por derecho propio. Por eso Ramón Berenguer no se tituló nunca rey, a pesar de que la Iglesia le concediera el título real en su donación. Con evidente tacto político, el conde prefirió atenerse en este asunto al punto de vista jurídico aragonés, titulándose únicamente príncipe.

¿Qué efectos jurídicos produjo la unión de ambos países? Se ha observado, con razón, que no se trataba de la fusión de los territorios, que siguieron gobernándose con plena autonomía, sino de una simple unión en el vértice, esto es, en la persona de su príncipe o soberano. De ahí que la denominación que mejor cuadre a esa realidad política fuera la de Corona (de Aragón), con la que fue designada al cabo de algún tiempo, y no la de confederación, que impropiamente le han dado algunos historiadores modernos. El nombre Corona de Aragón sólo se impuso a partir del siglo XIV, después de que se ensayaran otras expresiones más genéticas, como Reyal Corona o Corona Aragonum et Catalonie.

Mas, para comprender todo el alcance que en la Edad Media tenían estas uniones personales es preciso recordar el escaso grado de desarrollo de los Estados en aquella época, y el papel eminente que en tal situación correspondía a la persona del príncipe o soberano. La falta de una integración territorial plena y de una auténtica solidaridad nacional era suplida mediante el estrechamiento de los vínculos personales entre el rey y los representantes más calificados de la tierra: la nobleza y las ciudades. En virtud de esos lazos, aragoneses y catalanes se convierten en «servidores del rey, no del reino» (J. M. Lacarra), lo que puede dar idea de que la unión personal, en esas circunstancias, podía tener más implicaciones de las que aparecen a primera vista.

Por eso es importante consignar lo que supuso la unión para cada uno de los países fundacionales. Cataluña, por su densidad demográfica y su dinamismo mercantil, estaba destinada a ser casi siempre el núcleo rector de la Corona y el más beneficiado. Para lograrlo, no era preciso que intervinieran en los asuntos internos de Aragón o de los posteriores miembros de la Corona: hay que reconocer que en este punto hubo siempre un rígido respeto formal a las respectivas autonomías; bastaba con tener a su favor a la monarquía, ya que ésta se hallaba en condiciones de canalizar hacia un país o hacia una empresa determinada muchas energías de los otros países o reinos, cuyos habitantes eran vasallos y, en último término, «servidores del rey», quien podía exigirles el cumplimiento de sus obligaciones. Tales posibilidades no fueron puramente teóricas: la historia de la reconquista y de la expansión mediterránea muestra hasta qué punto Cataluña impuso sus criterios e intereses a través del monarca, el cual halló en los catalanes una colaboración que, naturalmente, no obtuvo de los aragoneses, quienes empezaron a condicionar sus servicios a que éstos fueran empleados en el propio reino.

Aragón, por su parte, recibió el primado de honor dentro de la Corona, que los reyes nunca le disputaron. No se ha precisado bien hasta qué punto los condes de Barcelona anhelaban el título de rey, y las utilidades que de él esperaban obtener, aunque ambas cosas parecen fuera de duda. De ahí la estima con que aceptaron el título de reyes de Aragón, y que éste pasara a ser el título y nombre principal de la dinastía («titulum et numen nostrum principale», dirá Pedro IV), y Zaragoza la cabeza visible del mismo, aunque esa capitalidad tuviera más de honorífico que de otra cosa. Los nuevos soberanos manifestaron también su predilección por los nombres tradicionales aragoneses (Alfonso, Pedro), frente a los catalanes (Berenguer, Ramón) que ya no vuelven a ser empleados. Es significativo que el hijo de Ramón Berenguer IV, bautizado con el primer nombre de su padre, dejara éste y adoptase el de Alfonso II, con el que le conoce la historia.

Al ser Aragón el título de mayor dignidad, pasó a ocupar el primer lugar de las titulaciones reales, lo que hizo que diese su nombre a la entidad política que estaba naciendo: la Corona de Aragón. Efectivamente, fue costumbre de la dinastía enumerar los diferentes reinos y territorios que poseía: Aragón, Valencia, Mallorca, Sicilia, Cerdeña, etc. Sólo en alguna ocasión prescindió el rey de esta costumbre; como cuando Jaime I Buscar voz... separó de la Corona el reino de Mallorca para su segundogénito Jaime, el hijo mayor, Pedro III el Grande, se limitó a titularse Rex Aragonis, suprimiendo los demás para no hacer patente la separación de Mallorca, que él no aceptaba. Tales enumeraciones tenían, además, otro inconveniente, ya que los reinos debían preceder a los condados, por lo que Barcelona descendía a los últimos lugares. Se creó por ello cierto malestar entre los catalanes que, dueños del poder económico y político, aspiraban (también a obtener la primacía en estas y otras cuestiones protocolarias. Consiguieron a veces que el rey fuera a Cataluña antes que a Aragón a jurar fueros y costumbres. Pero debían entrar en los combates al grito de «¡Aragón, Aragón!», por lo que más tarde, en un claro intento compensatorio, se dejó circular la idea de que los colores de la bandera de la dinastía habían sido tomados de Cataluña.

Expansión de la Corona de Aragón. La Corona de Aragón tuvo un espectacular crecimiento tras la unión de catalanes y aragoneses. Unos y otros tenían vasallos al otro lado del Pirineo. Después de la unión, esta influencia creció grandemente, sobre todo por obra de Alfonso II, que poseyó el condado de Provenza y el Rosellón; así como el vasallaje de varios condes del Languedoc, de otros fronterizos al reino de Aragón (Bearne, Bigorra), y el del conde de Foix. Coincidía con una reacción del Mediodía francés frente al centralismo amenazante de París, cuyo agente era el conde de Tolosa, Alfonso Jordán. Alfonso II supo explotar esta situación en su favor, pero resulta tal vez exagerado el título de «imperio occitánico» con el que se suele designar el heterogéneo conjunto de dominios que hemos mencionado. Todo ello se vino abajo en el reinado de su hijo Pedro II Buscar voz.... La ofensiva lanzada por París para unir estos territorios a la corona, halló un magnífico apoyo en el espíritu de cruzada que se había predicado contra los albigenses. Simón de Montfort Buscar voz... era el caudillo de ambas empresas. Pedro II se le opuso en defensa de sus vasallos, pero cayó muerto en la batalla de Muret Buscar voz... (1213). Aunque posteriormente hubo algunos intentos de reacción, la verdad es que el sueño occitánico se desvaneció con la muerte de este rey.

Más eficacia tuvo la expansión a través de la Reconquista. La unión permitió llevar a cabo la ocupación de los territorios que anteriormente habían disputado catalanes y aragoneses, como algunos comprendidos entre el Cinca y el Segre. En 1149, Ramón Berenguer ocupó Lérida. Un año antes, Tortosa. El conde catalán no los incorporó ni a Aragón ni a Cataluña, sino que los añadió a su corona como territorios diferenciados. Fue más tarde, al consolidarse la conciencia nacional de catalanes y aragoneses, cuando se planteó la cuestión sobre a quién pertenecían esas tierras. Ambas partes creían contar con derechos históricos y apoyos jurídicos, pues por Lérida y Tortosa corría la moneda jaquesa pero se gobernaba por los Usatges y por las asambleas de paz y tregua catalanas. Se creó así un problema que Jaime I intentó resolver sin que se lograra hasta Jaime II, mediante una solución salomónica que dejó Lérida para los catalanes. Estos problemas fronterizos afectaban también a Ribagorza, donde el rey instituyó un condado, distinto de Aragón y Cataluña.

El avance más espectacular de la reconquista se hizo bajo Jaime I con la conquista de Valencia y Mallorca, que proporcionaron dos nuevos reinos a la Corona. El de Mallorca comprendía, además de esta isla, conquistada en 1229, el resto de las Baleares. Ibiza fue tomada en 1235. Menorca se sometió a vasallaje y no fue ocupada hasta 1287 por Alfonso III Buscar voz.... La empresa de Mallorca se ha definido como obra de catalanes, pues fueron ellos los que apoyaron al rey con armas y dinero. La verdad es que respondía a sus intereses mercantiles, por lo que los aragoneses mostraron poco entusiasmo, lo que no significa que aquellos que estaban obligados con el rey no acudiesen con sus armas. Pero los ojos de los aragoneses estaban puestos en la conquista de Valencia, donde Jaime I había fracasado en 1225, por causa de los intereses encontrados de algunas instituciones del reino. Cuando se llevó a cabo, años más tarde, los aragoneses pudieron comprobar hasta qué punto les era desfavorable la política del rey. Éste orientó sus esfuerzos a la creación de un reino nuevo dotado de leyes y personalidad propia, e independiente por completo de Aragón, cuyos fueros, propugnados por los nobles y los repobladores aragoneses, fueron lentamente desplazados por voluntad real.

La expansión mediterránea completa el desarrollo territorial de la Corona de Aragón. Pedro III el Grande conquistó Sicilia en 1282. Pero la oposición del papa y de los franceses obligó a sus sucesores a abandonarla, aunque los sicilianos mantuvieron allí una dinastía catalano-aragonesa hasta que la isla fue reincorporada a la Corona por Martín el Humano Buscar voz... en 1409. Por la renuncia de Sicilia, Jaime II obtuvo del Papa la investidura de Córcega y Cerdeña. La conquista efectiva de ésta se inició en 1323 y fue lenta y costosa (se le llamó «tumba de aragoneses»); Córcega no llegó nunca a ser conquistada. La espectacular expedición de los almogávares a Oriente dio lugar a la conquista de los ducados de Atenas y Neopatria, anexionados primero a Sicilia y desde 1380 a la Corona, por Pedro IV. Se perdieron durante el reinado de Juan I Buscar voz..., ante el empuje de los turcos.

Organización de la Corona de Aragón. Siendo la monarquía el único lazo que originariamente vinculaba entre sí a los territorios de la Corona, es lógico que ésta no tuviera más órganos comunes que la propia monarquía y aquellas instituciones a través de las cuales el rey despachaba sus asuntos. Así se explica la importancia de la presencia física del soberano en los diferentes países de la Corona. Pero la multiplicación de éstos la hacía cada vez más difícil. Para Aragón, Cataluña y Valencia se estableció una especie de rotación, que obligaba al monarca a repartir su estancia entre ellos a lo largo del año. Mas como esto no era suficiente, aparecieron otras magistraturas, unas de carácter ordinario y con jurisdicción propia, como el Gobernador General de cada reino, cargo vinculado muy pronto al primogénito, y otras, como el Lugarteniente, que eran ante todo una representación de la persona del rey. En algunos lugares, como en Sicilia, se les dio, por esa razón el nombre de virreyes, con el que tal institución se incorporó a la historia de la administración española después de los Reyes Católicos.

En la Alta Edad Media, el rey despacha sus negocios a través de la Casa Real, conjunto de oficiales que ayudaban al rey tanto en los asuntos privados como públicos. El desarrollo posterior de la Casa Real corre paralelo al de la misma institución monárquica. Desde Alfonso II y Pedro II el rey trata de extender el ámbito de sus competencias y de justificar sus poderes mediante la fijación de una doctrina teocrática de la realeza y la potenciación de la figura del soberano, quien se rodea de un ampuloso ceremonial que le distancia de los súbditos. Todo crece a su alrededor en idénticas proporciones. La Casa del Rey se engrandece tanto por la importancia de los asuntos que trata como por el número creciente de funcionarios. A finales del siglo xiii destacan cuatro grandes oficios, algunos de vieja raigambre, como los de mayordomo, camarlengo y canciller, y otros de nueva creación, como el de maestre racional, jefe de la hacienda regia. Sus titulares pertenecían por derecho propio al Consejo Real. Eran comunes a toda la Corona, aunque el particularismo creciente hizo que algunos, como el primero, se desdoblaran, creándose tantos mayordomos como reinos.

El órgano consultivo más importante en los comienzos de la Corona de Aragón era la curia regia. Aunque se trataba de una especie de consejo afecto a la persona del príncipe, y por tanto, común para toda la Corona, pronto se estableció cierta distinción respecto a su funcionamiento y a los asistentes, según que los asuntos fueran catalanes o aragoneses. Pero la división por reinos se impuso rápidamente, sobre todo cuando, por evolución de la curia regia, aparecen las Cortes Buscar voz..., que se convirtieron en la representación natural de cada reino y de su estructura estamental. Nunca existieron cortes comunes a los diferentes países de la Corona. A lo sumo, se convocaban «cortes generales», pero cada reino se reunía por separado en lugares próximos. Las Cortes canalizaron, además, el espíritu nacionalista de cada reino —que llegó a imponer al monarca el indigenismo de los oficiales— y los intentos de regular los poderes de la monarquía y demás instituciones del reino, lo que originó un gobierno paccionado, es decir, pactado entre el rey y los súbditos. Esto hizo que, aunque normalmente las formas de gobierno resultantes fuesen muy similares de un país a otro tampoco faltarán a veces instituciones peculiares, destacando en este sentido el Justicia de Aragón Buscar voz..., en principio un simple juez de palacio, pero que luego se convirtió en juez constitucional entre el rey y el reino.

La historia medieval de la Corona de Aragón muestra la existencia de dos tendencias de signo distinto, aunque no contradictorias. Por una parte, la afirmación interna de la personalidad de cada uno de sus Estados condujo a la aparición de las Diputaciones que, con breve intervalo de tiempo, se formaron sucesivamente en Cataluña, Aragón y Valencia. Nacidas para ejecutar ciertas decisiones fiscales, como recaudar y administrar impuestos, terminaron ejerciendo la representación permanente del reino cuando se disolvían las cortes. Por el contrario, la necesidad de robustecer los lazos de los distintos países con la corona llevaron a Jaime II en 1319 a jurar la indisolubilidad de Aragón, Cataluña y Valencia, base de la unión, juramento que luego renovaron los reyes posteriores.

A partir de la unificación peninsular realizada por los Reyes Católicos, la Corona de Aragón fue lentamente desapareciendo, primero como realidad política y finalmente como realidad institucional. Desde la época de Carlos I Buscar voz..., los países que la integraban dejaron de actuar solidariamente, integrándose en la unidad más amplia que era la Corona de España. Sólo la permanencia en la corte del Consejo de Aragón Buscar voz..., que entendía en los asuntos de Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca y Cerdeña, recordaba la existencia de la vieja realidad política. El Consejo de Aragón fue abolido por los Borbones, junto con las demás autonomías y peculiaridades políticas, entre 1707 —Aragón, Valencia— y 1716 —Cataluña.

Aragón en la Edad Moderna. Durante el período que habitualmente denominamos Edad Moderna, Aragón mantuvo las constantes orgánicas del Estado medieval, pese a los periódicos embates de la monarquía por involucrar al reino en su política propia, tanto interna como exterior. Los intentos reformadores de Fernando II Buscar voz..., la presión militar ejercida por Felipe I Buscar voz... a consecuencia de las llamadas «alteraciones de Aragón Buscar voz...», y las reformas de la constitución aragonesa, acordada en las Cortes celebradas en Tarazona Buscar voz... en junio de 1592, no extinguieron la personalidad del viejo reino, pese a quedar muy mermada. La represión del rey sobre el reino, ejercida a la sombra del ejército castellano, supuso la sumisión del Estado aragonés a los designios de la monarquía universal de los Austrias hispánicos. Los Fueros aragoneses se mantendrían vigentes, aunque reformados en algunos puntos de singular trascendencia. Como consecuencia de todo ello, Aragón irá perdiendo fuerza para oponerse a los reyes en las decisiones que perjudicaban los intereses del reino.

A fines del siglo XVII, cuando Aragón comenzaba a recuperarse de los desastres padecidos durante la centuria (expulsión de los moriscos Buscar voz..., pestes Buscar voz... y guerras), la muerte de Carlos II Buscar voz... daría lugar a una nueva interrupción en su desarrollo constitucional, con el conflicto sucesorio conocido como guerra de Sucesión Buscar voz.... La nueva monarquía borbónica reforzada tras la batalla de Almansa Buscar voz..., decidirá en los Decretos de Nueva Planta Buscar voz... una nueva fisonomía para Aragón, extinguiendo su personalidad política, aboliendo su independencia y autonomía, adscribiendo al viejo reino al uniformismo generalizado en Europa y reduciéndolo al modelo castellano, más acorde con el sistema francés. Sin embargo, pese a la pérdida de su forma política, la esencia del reino permanece, traducida en una conciencia aragonesa de la que es testigo el siglo XVIII y a la que la llustración aragonesa da nuevas y espléndidas formas. La idea conceptual del reino se mantiene, y no sólo en los escritores políticos de su tiempo, como Asso y Calomarde, sino que es algo más profundo que se pondrá de manifiesto a consecuencia de la invasión napoleónica.

Inmediatamente resurge la realidad del reino, como forma de Estado aragonés, en las mentes de los caudillos populares, quienes resucitan sus viejas instituciones. Y en las Cortes de Cádiz Buscar voz... representantes aragoneses ocuparán un destacado lugar. El retorno del Antiguo Régimen Buscar voz... y la reestructuración administrativa que se hace de España a partir de 1820, con la creación de cuatro provincias en Aragón en 1823 (Calatayud, Huesca, Teruel y Zaragoza) y la definitiva reforma administrativa de 1833, supondrán un duro golpe a la conciencia aragonesa. Sin embargo, el apego a la viejas libertades forales, transmitido de padres a hijos como vinculación a una identidad propia, diferenciadora de sus vecinos, se hará notar en las contiendas civiles que conocemos como guerras carlistas Buscar voz.... No deja de tener importancia que, a la hora de ganar adeptos en Aragón, los predicadores del carlismo Buscar voz... prometiesen la restauración de las libertades forales aragonesas, como eficaz medio de atracción de los aragoneses a la causa del carlismo.

 

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