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Luzán, Ignacio de

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 19/05/2011

(Zaragoza Buscar voz..., 28-III-1702 - Madrid, 19-V-1754). Escritor, preceptista y crítico literario. Era hijo de Antonio de Luzán Buscar voz..., señor de Castillazuelo y gobernador Buscar voz... del Reino de Aragón. Huérfano a los cuatro años, se educó en Barcelona entre los años 1706-1715, y con su tío José Luzán en Palma, Génova y Milán. En esta ciudad permaneció seis años, estudió latín y retórica y frecuentó el Seminario de Nobles de Patellani. Se trasladó a Nápoles y Palermo, cursó aquí jurisprudencia y en 1727 se licenció en Derecho por la Universidad de Catania.

Atraído tempranamente por las ciencias humanísticas, se dedicó además al estudio de filosofía, música, arqueología, historia, dibujo, matemáticas y al de las lenguas francesa, alemana, inglesa, latina y griega. Leyó la Historia de España del padre Mariana, conocía la Lógica de Aristóteles y la obra de Antoine Arnauld, de Pierre Nicole y perfectamente la de Descartes. La vocación cartesiana está presente ya en el deductivismo implícito en Reglas de la poesía en general y de sus principales especies.

En Palermo tradujo a Safo y Anacreonte y hacia 1728 acudía a la Academia del príncipe de Santa Flavia y a la del Buen Gusto. En ésta, que se reunía en casa del canónigo Agustín Panto, leyó los Raggionamenti sopra la poesía que su hijo Juan Ignacio de Luzán considera antecedente inmediato de La poética. En Palermo, igualmente, compuso la Retórica de las conversaciones. El año 1729 vuelve definitivamente a Nápoles, donde su hermano, el conde de Luzán, desempeña el cargo de gobernador del castillo de San Telmo. Formó parte de la ilustre Academia de los Ereinos, fundada el 1732, y escribió al tiempo un Método breve para enseñar y aprender las lenguas y un tratado de ética en italiano, Dei principi della morale.

En 1733 regresó a Aragón como administrador de su hermano. Vivió en Monzón, Zaragoza y Huesca: aquí se casó con María Francisca Mincholet, en 1736. En 1737 se publicó la primera edición de su famosa Poética.

En 1741, trasladado ya a Madrid, fue nombrado miembro honorario de la Real Academia de la Lengua y en 1745 de la de Historia. Para la primera trabajó en las correcciones a la segunda edición del Diccionario y para la segunda compuso una Disertación sobre el origen y patria primitiva de los godos y la Disertación en que se demuestra que Ataúlfo fue el primer rey godo de España. En la villa y corte traba amistad con Juan de Iriarte, Martínez Salafranca, Luis José Velázquez, Agustín Montiano y Eugenio de Llaguno. Estos dos últimos jugaron un papel importante en la edición póstuma de la Poética (1789). En estos años madrileños escribió una obra hoy perdida, Perspectiva política; tradujo comedias y óperas de Maffei y Metastasio, poesías de Anacreonte, Horacio, Ovidio, el salmo Miserere y el himno Pange Lingua; compuso poemas jocosos como el del Gacetero quejoso de su fortuna; una comedia original, La virtud coronada, y los versos de El juicio de Paris renovado entre el poder, el ingenio y el amor. También en 1741 publicó Luzán el Discurso apologético de D. Íñigo de Lanuza, en el que contestaba a los elogiosos comentarios que de La Poética hicieran Iriarte y Salafranca en el tomo IV del Diario de los literatos.

En 1747 fue nombrado secretario de la embajada española en París, ciudad en la que vivió tres años. Aquí, en contacto con las elites de la capital francesa, estudió con Nollet física experimental y, según nos cuenta en las Memorias literarias de París, conoció a Voltaire y Montesquieu. De regreso a Madrid, en 1749, bajo la protección del duque de Huéscar, luego de Alba, fue nombrado consejero de Hacienda y de la Junta de Comercio, superintendente de la Real Casa de la Moneda y tesorero de la Real Biblioteca. Asistía mientras a las tertulias de Iriarte y Montiano y a la Academia del Buen Gusto. Precisamente a la marquesa de Sarriá dedicó su traducción de La razón contra la moda. A petición del ministro Carvajal compuso un Proyecto y plan de una Academia de Bellas Letras y Artes. En 1752 ingresó en la de San Fernando y en la de Buenas Letras de Barcelona. A ésta dedicó la Oración gratulatoria.

Juan Ignacio de Luzán, su hijo, compuso las Memorias de la vida de D. Ignacio de Luzán, como prólogo a la segunda edición de la Poética. Fernando Lázaro Carreter Buscar voz... afirma que de ellas se desprende la imagen de un «honnéte homme, aquel prototipo humano que modeló para Europa la imagen del Rey Sol; poseedor de una mediocre teinture en las más agradables cuestiones que son tratadas por las gentes cultas, imbuido de varias ciencias, mejor que sólidamente profundo en una sola, ameno conversador, discreto, virtuoso... Nuestro Luzán filósofo, escriturista, jurista, filólogo, autor de una Retórica de las conversaciones para enseñar a hablar en sociedad, novelista, político, historiador, poeta y tratadista de poética, tertuliano en Italia, Madrid y París de los más exquisitos cenáculos literarios, nos ofrece en clave los rasgos de un hombre a la moda».

Ignacio de Luzán, al cabo, se nos presenta como un hombre de la Ilustración Buscar voz... que al modo de Cadalso o Jovellanos habría visto en el despotismo ilustrado de Carlos III Buscar voz... la consolidación de una esperanza colectiva. Él mismo, en la Oración gratulatoria, define así la función social de la literatura: «Las buenas letras hacen un buen ciudadano, que apto y dispuesto para recibir en sí todas las demás ciencias y artes y darles un gratísimo sabor (bien como vaso preparado con algún licor) no sólo entiende en su felicidad, sino en la de los demás hombres. Buen repúblico, ama y busca la prosperidad de su patria, el bien de su nación (...). Y en fin, buen hombre sólo anhela que todos experimenten los efectos de su humanidad, que todos los imiten, y que se extienda a todas las naciones la buena fe, la policía, la cultura, la afabilidad, la generosidad y finalmente la verdadera felicidad humana, que pende de la práctica de las virtudes más sociables».

La poética: Pero, pese a su gran actividad, la obra más significativa en la tarea intelectual de Luzán y en el universo cultural de siglo XVIII es, sin duda, la Poética, teorización literaria que acoge la defensa del arte de su tiempo. Consta de cuatro libros: «Del origen, progreso y esencia de la poesía»; «De la utilidad y del deleite de la poesía»; «De la tragedia y comedia y otras poesías dramáticas» y «De la naturaleza y definición del poema épico». En el primero se incluye un examen y valoración de la literatura española anterior para defender, como alternativa, la vuelta necesaria al primado de las reglas. Piensa respecto a aquélla que «por no sé qué culpable descuido» los escritores españoles han sido más fieles a su imaginación que a los preceptos y han dado, precisamente por eso, con un arte oscuro y confuso que Luzán, evidentemente, rechaza. Instalado en la mentalidad racionalista del Siglo de las Luces, escribe su Poética para que el público «reconozca finalmente el error y deslumbramiento de muchos que más ha de un siglo hasta ahora han admirado como poesía divina la que en la censura de los entendidos y desapasionados está muy lejos de serlo».

En defensa de los géneros opta por una poesía que sea «imitación de la naturaleza en lo universal o en lo particular, hecha con versos para utilidad o para deleite de los hombres». Como Horacio -prodesse et detectare- considerará perfecta a la que una esas dos condiciones. Ha de ser al tiempo verosímil y distingue aún entre la verosimilitud popular y la noble; pero siempre en contra de la oscuridad y a favor de la razón, moderadora constante de la fantasía. Los estilos quedarán diferenciados por la materia que traten y la locución poética buscará la propiedad y pureza de las voces, porque ésas son sus principales virtudes. Esta concepción del arte regido por principios racionales se aplica igualmente al drama, que habrá de someterse además a las tres unidades, de lugar, espacio y acción.

La segunda edición reúne nuevas notas y adiciones que mejoran y clarifican el texto. Al parecer, y junto a las notas del propio Luzán, existe una intervención de Llaguno que podría comprobarse en la mayor agresividad con que se trata el drama barroco. Pero la Poética es sin duda el tratado más importante en la literatura de su tiempo, punto de partida de la estética neoclásica y eslabón europeo en la cultura española. Porque, pese a la tantas veces citada influencia de Boileau y Muratori, el libro responde a un profundo conocimiento de la obra de Aristóteles y Horacio, fuentes primeras, y al conocimiento detallado de los comentarios, tan prolijos, que a ellos dedican los estudiosos italianos. Como afirma D. Fernando Lázaro Carreter, Luzán no hizo ni una poética francesa ni una poética italiana sino una poética como los franceses en la medida en que son italianas las poéticas francesas: adaptó un método a la cultura española y ese método se convirtió en paradigma de su tiempo.

• Bibliog.:
Luzán, Juan Ignacio de: «Memorias de la vida de D. Ignacio de Luzán»; Poetas líricos del siglo XVIII, Biblioteca de Autores Españoles, LXI, Madrid, 1952.
Lázaro Carreter, F.: «Ignacio de Luzán y el Neoclasicismo»; Universidad, Zaragoza, XXXVII, 48-07.
Sebold, R. P.: «Prólogo» a La Poética; Barcelona, T. H. M., ed. Labor, 1977.
Makowiecka, G.: Luzán y su Poética; Barcelona, ed. Planeta, 1973.

 

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