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Leyenda

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 19/01/2009

(Folc.) Pueden originarse en muy diversas causas: anécdotas históricas deformadas, incluso eruditamente, hechos religiosos o de devoción o invenciones de carácter local de orígenes, a veces, imposibles de rastrear. Tampoco es fácil determinar cuándo el origen es popular o si el pueblo ha aceptado cualquier invención eliminando todos los factores temporales y de integración con una posible realidad; la fantasía, la credulidad y la transmisión oral pueden hacer el resto.

Una serie de leyendas populares trata de explicar acontecimientos misteriosos o difíciles de comprender, casi siempre del pasado; así la atribución a los moros de las ruinas medievales o modernas e incluso a cuantas arquitecturas tienen una edad desconocida; así el «Altar de los Moros», que no es sino el mausoleo romano de los Atilios Buscar voz... en Sádaba; o el castillo de la Mora de Mommegastre, en Peralta de la Sal, llegando incluso tras la aparición de una virgen a llamar a esta imagen «Virgen de la Mora». Lo propio ocurre con subterráneos o corredores de comunicación reales o fingidos, como la entrada llamada en Daroca «La morica encantada» que se relaciona con el castillo. El mausoleo romano Buscar voz... de Fabara no se atribuye a los moros sino a las brujas, de las que sería cabaña, aunque en Aragón las referencias a estos seres son tan escasas en lo popular como frecuentes en la literatura procesal; otro tanto pasa con las atribuciones al diablo que, además, entre nosotros siempre acaba engañado por la astucia de cualquier rústico o de una humilde doncella, como veremos.

Un caso curioso de leyendas arqueológicas es el de las relacionadas con el tesoro oculto, siempre por fuerzas misteriosas, así en la «Roca dels Moros» llamada también «Dels cuartos», en el barranco de Calapatá, en Cretas Buscar voz..., existían unas pinturas rupestres levantinas que Juan Cabré Buscar voz... arrancó y que hoy se encuentran, en parte, en el Museo de Barcelona; se trataba de ciervos pintados en rojo y las gentes del lugar decían que uno de ellos señalaba con el morro el lugar donde estaba escondido el tesoro, sin el cual no se explicaba la realización de las pinturas. En Sádaba Buscar voz... una tumba romana bajoimperial, del siglo IV, fue llamada «la sinagoga» pensando ahora no en los moros sino en los judíos y en forma corrupta ha llegado hasta nosotros como «la sinoga» que resultaría incomprensible sin los precedentes citados. Los dólmenes Buscar voz... aragoneses tienen su leyenda; al excavar Antonio Beltrán uno de Guarrinza Buscar voz..., un pastor le aseguró que no hallaría allí la orza con monedas de oro que estaba en otro sitio que él conocía, y al de Rodellar Buscar voz... le llaman «A losa mora».

La aceptación por el pueblo de invenciones eruditas es frecuente, como vemos en la interesada de Sertorio Buscar voz... que fingía hablar con una cierva, lo que los iberos Buscar voz... creyeron y defendieron. A veces la corrupción del nombre es muy posterior, como la invención de un Aben Alfaje como fundador de la Aljafería Buscar voz... de Zaragoza cuyo nombre es simplemente degeneración de Abu Chafar. Otras veces la leyenda explica acontecimientos naturales, como las fuentes Buscar voz... intermitentes, tales como La Mentirosa, de Frías de Albarracín Buscar voz..., con princesa mora que no puede beber de sus aguas porque se retiran cuando se acerca, o la Fenellosa, en el Parrizal de Beceite Buscar voz..., que ya debió de impresionar a las gentes de la Edad del Bronce que pintaron en rojo esquematizaciones animales y humanas en una roca próxima, tal vez para marcar el sitio.

Puede nacer también para explicar un topónimo que ha perdido su sentido; la Via Lata romana, que pasaba por los llanos entre Zaragoza y Huesca, entre la antigua Caesaraugusta Buscar voz... y Benearnum, fue convertida en la Violada y hasta nació el cuento que López Allué Buscar voz... recogió de la doncella que huyó con un moro que luego la degolló. En Sádaba se sabe que un toro de oro está escondido en un subterráneo que comunicaba el pueblo con el castillo. Una singular leyenda relacionada con una fuente es la de Cella Buscar voz..., supuesta cabecera de una conducción romana o bien árabe, de agua hasta Albarracín con documentos del siglo XII que la aluden y de perforaciones de tiempo de Jaime II, porque la fuente antigua se había agotado y que hicieron nacer la leyenda de un documento que decía: «En el ángulo occidental del Llano y en el mismo camino, hay una fuente en forma de tinaja; quítese la piedra y a los siete codos se hallará una vena de agua de la fuente». Accidentes de las montañas reciben nombres alusivos a personajes legendarios, como el «Salto de Roldán Buscar voz...» dado a una gran brecha en la cadena pirenaica al que alude Pedro Saputo Buscar voz....

Aragón no padeció como otras regiones españolas el furor de falsarios dieciochescos o de los autores de falsos cronicones que fueron objeto de la justa severidad de Nicolás Antonio en su Censura de Historias fabulosas, pero no quedó libre de la aparición de míticos fundadores de ciudades, de inventados nombres aplicados a éstas o de leyendas casi siempre transmitidas hasta nuestros días y aceptadas sin crítica; así la predicación de San Indalecio en Caspe como uno de los Varones Apostólicos convertidos por Santiago Buscar voz..., la perpetuación de yacimientos arqueológicos por la cristianización de los lugares con ermitas o las numerosas apariciones de Vírgenes Buscar voz...; así Tarazona Buscar voz... habría sido fundada por Tubalcaín, según figura en su escudo, y Zaragoza tendría como fundadores a Túbal, Elisa o Tharsis, biznietos de Noé, aunque ya en el siglo XVIII el P. Joaquín Traggia Buscar voz... refutara estos embustes «pasto de una fantasía vana o de una pasión ciega en obsequiar a los pueblos»; no llegaron a pasar a las tradiciones populares la supuesta fundación de Zaragoza por Agrippa que preconizó Luis López o la pintoresca narración de Antonio Fuertes, según la cual Augusto vio en sueños a una doncella, con un niño en brazos, que le aconsejó que fundase a Caesaraugusta y así lo hizo «contra todo poder humano» o, finalmente la ocurrencia de Juan Díez de Aux Buscar voz... de que Zaragoza se fundase con el impuesto romano en Palestina al tiempo del nacimiento de Jesús, con lo que se habrían gastado aquí las contribuciones de la Virgen y San José.

En otro orden de leyendas, muchas se originan en los sílex prehistóricos, llamados «piedras de rayo Buscar voz...» bien por su uso como productores de chispas con el eslabón o como fulminantes en las armas de fuego, aunque las hallemos con rayos solidificados en opinión popular, recogida por Sender Buscar voz... en Chalamera Buscar voz... y común a todo Aragón; en Bujaraloz Buscar voz... una punta de bronce, eneolítica, se usaba como talismán contra los rayos, pues éstos al caer «se hunden cinco estados en la tierra» y después anualmente remontan uno hasta la superficie quedando visibles en un lustro; lo curioso es la perpetuación del estadio griego de 185 m. como medida. En Layana Buscar voz... las hachas pulimentadas Buscar voz... son utilizadas también como talismán por los pastores.

En cuanto a leyendas concretas sobre el diablo Buscar voz... hay un grupo de ellas en las Cinco Villas Buscar voz... en relación con el acueducto y el pozo de los Bañales Buscar voz..., que se inician en «la fuente (o el puente) del Diablo» en Malpica Buscar voz..., junto al río Arba de Luesia, construido en una noche y siguen en el depósito con obra de sillería también construido por el demonio ante la súplica de una agraciada joven que habitaba en la «casa» de las termas romanas y había de fatigarse en extremo para ir a buscar el agua hasta el lejano río; ofreció su alma a Satanás a cambio del pozo, pero pactó con él que la obra estaría terminada al alba, antes del canto del gallo; calculó bien el diablo su tiempo, pero la astuta moza cuando vio que sólo le faltaba una piedra para concluir puso el candil ante los ojos del soñoliento gallo y éste, engañado al ver la luz, lanzó el quiquiriquí que hizo que el desesperado diablo desapareciese perdiendo su trabajo y el alma de la joven; y es que el demonio suele salir engañado en sus confrontaciones con la gente de nuestra tierra.

También relativa a los Bañales se cuenta que Hércules Buscar voz..., con su enorme fortaleza, arrojó desde el Pueyo dos grandes piedras que fueron a hincarse en un altozano vecino, siendo llamadas desde entonces «el huso y la rueca» (realmente dos sillares romanos) y quedando patentes las marcas de los pies del héroe en una roca de la acrópolis. De este tipo de leyendas pueden hallarse ejemplos en casi todos los pueblos de Aragón; así la de Pierres, Caco y Cesarón, héroes míticos e inventados del Moncayo Buscar voz... cuyas estatuas pueden verse en la bella casa consistorial de Tarazona, o allí mismo las noticias sobre la bruja Casca, recogidas por Bécquer Buscar voz.... O en Daroca «el ruejo Buscar voz...» que en 14-VI-1575 evitó el anegamiento total de Daroca Buscar voz... al rodar prodigiosamente por toda la calle Mayor para abrir violentamente la puerta Baja que retenía las aguas.

Una gran parte de las leyendas entroncan con tradiciones religiosas y prodigios que, considerablemente deformados y con numerosos añadidos, el pueblo adopta y transmite, en todas partes y en cualquier época; en Aragón hay algunas de verdadero interés, como la de «los Innumerables Mártires y las Santas Masas Buscar voz...», muy antigua y profundamente enraizado en lo popular lo propio que el relato del martirio de Santo Dominguito de Val Buscar voz..., infantico de La Seo, martirizado en 1250 por los judíos, que arrojaron su cabeza a un pozo y el cuerpo al Ebro, rindiéndose culto a sus reliquias milagrosamente descubiertas primero en San Gil y luego en la catedral y debiéndose insertar la popularidad en Zaragoza en la enemistad contra los judíos nacida en la Edad Media.

Otra leyenda aragonesa de difusión nacional es la de «la campana de Velilla Buscar voz...» que dio lugar a sustanciosos escritos del P. Feijoo; también de alcance europeo fueron la tradición de «los Corporales de Daroca Buscar voz...» y la de la aparición de la Virgen del Pilar Buscar voz... en carne mortal a Santiago Buscar voz..., devoción importante que empalma con la de Santa María la Mayor en el barrio mozárabe de Zaragoza y que se relaciona con el problema de la predicación de Santiago Apóstol en Hispania y su enterramiento en Compostela Buscar voz...; dejando aparte los problemas históricos, la devoción es parte importante de las creencias populares españolas desde la Edad Media, elaborándose la tradición en la forma que pasó al oficio del breviario hispanorromano desde fines del siglo XVII, aceptada desde fines de la centuria siguiente, aunque en la redacción se eliminasen algunos elementos populares de mucha fuerza tales como la columna traída del cielo, el coro de ángeles que rodeaba a la Virgen y que el templo encargado a Santiago se dedicase concretamente a ella.

Según los estudios del P. García Villada los testimonios más antiguos serían los del monje Aimonio del año 855 que escribió del templo de la bienaventurada Virgen María y de un tal Moción, de 987, que añade al citado el de las Santas Masas, extramuros de Zaragoza; en cualquier caso la tradición de Santiago sería anterior al siglo VII, la de Santa María muy conocida ya antes de los documentos del siglo IX y la advocación del Pilar anterior, sin que sepamos en cuanto tiempo, a 1299. La tradición que es llamada siempre antigua y constante ha alcanzado una vigencia extraordinaria, con rasgos muy fijos incluso más allá de lo admitido en el Breviario.

En relación con esta tradición está la de los milagros Buscar voz... atribuidos por el pueblo a la Virgen a través de diversas advocaciones o a los santos, especialmente difundidos algunos como el de Miguel Pellicer Buscar voz... en tiempo de Felipe IV. Finalmente dentro de este grupo de tradiciones hay que incluir la antiquísima de Tajón Buscar voz..., obispo de Zaragoza, que arranca del año 651; ocurrió que Chindasvinto quiso enriquecer su reino con obras escritas por los santos y mandó a Tajón a solicitarlas del papa Martín I; no fue el monje visigodo atendido suficientemente por el pontífice, por lo que pasó una noche orando ante el sepulcro de San Pedro; «A la media noche vio el templo lleno de tan soberanos resplandores que, en comparación de ellos las luces de la iglesia parecían muertas. Al mismo tiempo vio una procesión de gloriosos varones que cantaban suavemente himnos...» y San Pedro, San Pablo y San Gregorio le indicaron dónde estaban los libros que buscaba y, especialmente, los Morales de San Gregorio Magno.

También son numerosas las leyendas de tipo histórico, a veces escasamente entrañadas en lo aragonés, como la del conde don Julián Buscar voz... en Loarre, pero otras de fuerte significación local, como la «campana de Huesca Buscar voz...». Hay además una larga serie de narraciones literarias sobre fondo histórico, como la de los Amantes de Teruel Buscar voz..., la de Bernardo de Ribagorza, señor de un territorio autónomo a comienzos del siglo X y casado con la hija de Galindo Aznárez II Buscar voz... de Aragón, doña Teuda o Toda Galíndez, tan admirado que fue convertido en protagonista de un cantar de gesta que, en opinión de muchos, configura al legendario Bernardo del Carpio, la inventada de Manrique de Lara origen del drama de García Gutiérrez y del libreto de la ópera Il Trovatore.

Además de estas leyendas generalizadas hay otras localistas fundadas en invenciones con caracteres sobrenaturales o novelescos, tengan o no base histórica; así la aparición de San Jorge Buscar voz..., a caballo, en la batalla de Alcoraz Buscar voz..., ganada por Pedro I en 1096 a los moros, que permitió la conquista de Huesca. Zurita Buscar voz..., que escribió en el siglo XVI, duda bastante del episodio, así como del uso del árbol con la cruz en relación con el topónimo Sobrarbe Buscar voz... («Ni en lo antiguo ni en lo moderno se halla haber usado los reyes de tales insignias en el árbol»); pero en el blasón, en tiempos de Pedro IV, se especifica que «les armes d’Aragó que son aytals: una creu per mig del escut e cascún carte un cap de sarray», con lo que queda clara la referencia al escudo cuartelado con las cuatro cabezas de moro.

La devoción de San Jorge originaria de Siria y Capadocia e introducida en Génova, Inglaterra y Cataluña es relativamente tardía y probablemente posterior a las Cruzadas del siglo XII. Una tradición gemela es la de la batalla ganada por Garci Jiménez a las puertas de Aínsa Buscar voz..., el año 724, tras ser proclamado rey en San Juan de la Peña Buscar voz...; cuando las fuerzas de cristianos y moros estaban equilibradas apareció sobre una encina una cruz latina, roja, circundada por resplandores, que pareció presagio de victoria y animó al ejército aragonés. Allí se erigió una cruz conmemorativa, agrandada y enriquecida por la Diputación de Aragón en el siglo XVII, tras haber sido derribada por un huracán, siendo restaurada finalmente por Carlos III y celebrándose antes de 1678 una fiesta conmemorativa, precedente sin duda de «la Morisma Buscar voz...», ya que las Cortes de Zaragoza de dicha fecha asignaban diez libras jaquesas para que pudiera celebrarse con todo esplendor.

Una significación especial tienen algunas leyendas turolenses, nacidas la mayor parte en la fase final de la Reconquista y con caracteres propios. En Albarracín Buscar voz... existe la de Doña Blanca, sugerida por una torre que queda de las murallas medievales, que luego fue biblioteca del convento dominico por donación de Felipe III; se halla junto a la iglesia de Santa María y muy cerca del profundo tajo del Guadalaviar que perfila esta parte de la ciudad, cuyo carácter sombrío y misterioso pudo contribuir a la gestación del relato, en el que una infanta de Aragón, Doña Blanca, huyendo de los odios de la reina llegó a Albarracín camino de Castilla; acogida con aparente afecto por los Azagra, señores de la ciudad, no volvió a ser vista por nadie, corriendo la voz de que fue aprisionada y que murió de tristeza, siendo enterrada en el torreón que le había servido de cárcel; desde entonces, las noches de plenilunio, aparece la blanquísima sombra de la infanta saliendo de la torre y bajando hasta el río para bañarse, desapareciendo hasta el siguiente plenilunio.

Otra historia de amor, en las luchas de los Muñoz y los Marcilla, que ensangrentaron Teruel en el siglo XIV, nos presenta a dos jóvenes de cada una de las familias que intentaron huir del odio entre sus familias, pero alcanzados fueron muertos en el peirón de término en el camino de Alcañiz. Otra leyenda tiene el puente de doña Elvira, mujer asediada por diversos pretendientes, uno de los cuales mandó asesinar a su marido. Muchos de estos sucesos se apoyan en relatos históricos que no siempre se han conservado; sí el del suicidio de una hermosa judía pretendida por un cristiano que se dio la muerte con una lezna de guarnicionero, oficio de su padre, al saber que no podría alcanzar sus afanes, según registran los escritos de la Inquisición.

De gran belleza es la leyenda que se asocia a las bellísimas torres mudéjares, tan parecidas, de San Martín y el Salvador. A fines del siglo XIII dos alarifes turolenses se enamoraron de la misma mujer; no llevaron sus discordias a las armas y un juez arbitró como solución que cada uno de ellos construyese la torre de una iglesia y que quien la lograse más bella desposaría a la pretendida; el arquitecto de la del Salvador compró a uno de los moros que trabajaban para la de San Martín, quien le facilitó los planos para copiarlos de suerte que a la postre las dos torres resultaron tan parecidas que fue imposible para los jueces determinar cuál de ellas era la más perfecta; mientras tanto el mudéjar de San Martín se encerró en la torre con la mujer disputada, mora por más señas y que, al parecer, le amaba aunque no hubiera podido manifestarlo antes. Cuando los jueces, tras largas deliberaciones y comprobaciones, concedieron el triunfo al arquitecto de la torre del Salvador, los dos enamorados se arrojaron al vacío desde lo alto de su torre.

En relación con hechos religiosos aparece la tradición del Cristo de El Salvador, encargado por los caballeros a dos jóvenes misteriosos que se presentaron y prometieron realizar el encargo si se les permitía cumplirlo en secreto y sin ser vistos por nadie, desapareciendo al terminar sin que hubiesen tocado la comida que se les preparó. Conocemos muchos ejemplos de imágenes realizadas por ángeles; pero en el caso concreto de este crucifijo se dice también que apareció arrastrado por las aguas en una avenida del Guadalaviar que aquietó sus aguas cuando un Martilla se arrojó al río para salvarlo.

En la Sierra de Albarracín hay muchas leyendas en parte relacionadas con las castellanas y muy dignas de estudio; así la que cuentan los pastores de Griegos Buscar voz..., muy complicada: Un rey moro tenía una hija muy bella enamorada de un caballero cristiano, quizá el propio Cid Campeador Buscar voz...; sentada junto a una fuente esperaba a su enamorado cuando el rey su padre hizo que un mago la convirtiese en estrella. Cada cien años toma su humana figura y aparece peinando sus cabellos junto a la fuente donde fue encantada. Un pastor la vio y la joven le preguntó a quién prefería, si a ella o al peine de oro y pedrería que tenía en sus manos; el pastor optó por el peine, pero al cogerlo se convirtió en una astilla de pino y la princesa quedó para siempre convertida en estrella.

La leyenda del toro de oro que bien puede fundarse en los toritos ibéricos de bronce como los encontrados en la sierra de Javalambre, se asienta en los Tres Vallejos de Albarracín donde lo encontró un pastor, que hubo de regresar a la aldea para buscar ayuda, pues era de enormes dimensiones; cuando volvió no supo encontrar el sitio y allí continúa.

Otra leyenda de moros alude a la construcción medieval entre el castillo de Santa Croche y Gea, labrada en la roca como conducción de aguas; un señor moro de Albarracín tenía un hijo, Aben Meruán, que estaba enamorado de Zaida, hija del señor de Cella; contrarió éste los amores de los jóvenes y fingió sólo acceder si en cinco años las aguas de Albarracín regasen los altos de Cella; la obra se cumplió y los jóvenes se casaron y esta leyenda se relaciona con la de la fuente de Cella y el nacimiento del Jiloca.

En otros puntos hay leyendas sobre accidentes naturales, como la brecha que lleva el nombre de «el salto de Pero Gil» escudero del Cid, o la ya citada Fuente Mentirosa de Frías que se negaba a la sed de una princesa retirándose cuando ella iba a beber; o las patas del diablo grabadas en una piedra entre Albarracín y Calomarde, cuando perseguía a un pastorcillo.

Muy diferentes son las leyendas del Pirineo, de las que aportamos algún ejemplo referente a Benasque; muchas corresponden a un fondo común y proceden de la zona meridional, sobre todo las de carácter religioso. En cambio son propias las alusivas a brujas Buscar voz... y aquelarres de El Turbón Buscar voz..., con «cabras saltantes» (fuegos fatuos), o apariciones del diablo. Interesante es la explicación de un grupo de piedras que parecen un rebaño de corderos en el lugar llamado «Paderna»; es el caso que un misterioso caminante llegó hasta allí y los pastores se negaron a auxiliarle, salvo un humilde pastorcillo; entonces convirtió en piedras a los corderos de los duros de corazón, según una vieja leyenda de la mitología griega en la que Zeus acompañado de Hermes sufrió los malos tratos de los hombres excepto Deucalión y Pirra, los únicos a quienes salvó de una terrible inundación que asoló el mundo. Existe, pues, una afinidad entre las leyendas de diversas clases y las tradiciones nacidas alrededor de hechos, reales en parte, y acomodados por el pueblo según sus aficiones y circunstancias. La procedencia aragonesa no siempre puede delimitarse y, en muchos casos, ideas generales muy antiguas y afectadas por una intensa contaminación, pueden repetir elementos muy alejados en el tiempo o en el espacio de los que hallamos entre nosotros.

• Bibliog.: Beltrán, Antonio: Introducción al folklore aragonés; I, Zaragoza, 1978, pp. 81-119.

 

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