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Lana

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Hist Med.) La producción y comercialización de la lana constituyó durante los siglos bajomedievales la actividad más importante de la economía aragonesa. La tradicional dedicación de la población al ejercicio de la ganadería, en parte impuesta por la configuración del terreno y por las circunstancias políticas, y en parte también por la carencia de brazos para la explotación intensiva de la tierra, se vio incrementada por la presencia de núcleos beréberes llegados con la invasión musulmana, que introdujeron su enorme experiencia secular en la trashumancia y aprovechamiento de pastos, en particular en las zonas montañosas del reino.

No obstante, la producción de lana, hasta el siglo xiv, servirá sólo para atender las necesidades locales y surtir de materia prima a la incipiente industria textil, sin que podamos ni siquiera adelantar una evaluación aproximada de su importancia. Lo que sí se puede vislumbrar, a lo largo del siglo XIII, es una intensificación de la producción y comercialización, pues en esta centuria se organiza definitivamente la llamada Casa de Ganaderos de Zaragoza, que junto con la Mesta de Albarracín, la Cofradía de Ganaderos de Letux, el Ligallo de Calatayud y otras organizaciones de tipo comarcal o local, existentes ya con anterioridad, agrupaba a los ganaderos y protegía sus intereses en cuanto a pastos, impuestos, etc.

A partir de 1229 la Casa de Ganaderos de Zaragoza, y las otras organizaciones similares, con el apoyo real y con la introducción en sus filas de los grupos de presión económica y social, adquirirán mayores prerrogativas y exenciones, no sólo de tipo fiscal, sino también de libertad de tránsito y pasto, lo que dará a la ganadería un impulso decisivo y la preparará para cuando, un siglo más tarde, una serie de circunstancias la eleven al primer puesto en la actividad económica del reino.

Otros argumentos que nos dejan entrever la importancia alcanzada por la ganadería lanar en el siglo xiii son las continuas disputas mantenidas entre los obispos de Huesca y Zaragoza, para decidir cuál de los dos debía percibir los tributos de aquellos animales que pastaban en la época estival en la alta montaña y en la temporada fría en la tierra llana del valle del Ebro; o, en las sucesivas reglamentaciones dictadas por Jaime I para regular la tributación de los ganados de Teruel, y de todo el reino, en su periódico paso a tierras de Valencia para su estancia invernal.

En cuanto a la exportación, la calidad de la lana aragonesa no parece que pudiera competir con la del resto de Europa -principalmente inglesa- ni con la castellana. A pesar de ello, en el arancel del peaje de Zaragoza de 1291 figura ya la lana, sucia y lavada, con un impuesto de salida de 20 dineros por carga, lo que nos demuestra un cierto movimiento del producto hacia otros territorios en cantidad suficiente como para figurar en la tarifa aduanera.

La proximidad geográfica -no olvidemos el problema del transporte-, la existencia del Ebro como vía de navegación cómoda y barata y la intromisión de burgueses barceloneses en asuntos económicos del reino harían posible estos intercambios, beneficiosos para ambas partes, pero más para los capitalistas del condado, pues Aragón no supo (por la obtención de unos altos beneficios inmediatos) hacer evolucionar su infraestructura industrial, que posiblemente durante el siglo xiii estaba más desarrollada que la catalana, y a partir de este momento, aunque siguió produciendo paños de baja calidad en cantidades apreciables, pasó a depender del suministro catalán y, lo que es más grave, económicamente pasó a depender de las compras de lana efectuadas por las industrias catalanas, con lo que el destino económico del reino se ligaba absolutamente al destino económico catalán.

A fines del siglo xiv, Aragón pasa a ser un núcleo productor de primera magnitud, ayudado por la estructura comercial catalana y favorecido su transporte a larga distancia por la novedad impuesta por los mercaderes italianos: haciendo intervenir en el precio del flete marítimo más el valor de la mercancía que el peso -lo que permite el recorrido de largas distancias a productos de gran volumen sin el encarecimiento excesivo por el transporte- la lana aragonesa se exporta masivamente a Italia e incluso a Flandes e Inglaterra.

El resultado de todos estos factores se ve inmediatamente reflejado en los documentos de que disponemos y en las noticias del exterior. Quizá la más expresiva e importante radique en los libros contables de la Hacienda Datini, de Prato (Italia), una de las más importantes del momento y de más intensas relaciones con la Península Ibérica. En esta documentación se puede apreciar cómo de los 147 nombres geográficos que el prof. Melis ha localizado en el cuadrilátero Madrid-Zaragoza-Tortosa-Valencia, y que dan nombre a la lana allí producida, cerca de medio centenar pertenecen al reino de Aragón, lo que nos viene a indicar que entre 1390 y 1420 al menos 50 localidades aragonesas producían la suficiente cantidad de lana de calidad como para entrar en los planes adquisitivos de los grandes comerciantes internacionales.

En esta etapa, que se prolonga hasta los años 60 del siglo XV, la producción lanera de Aragón experimenta una línea de crecimiento continuo y su comercialización hacia el exterior reporta unos beneficios máximos, no sólo a los comerciantes, sino a las arcas públicas, al descansar sobre ella los ingresos del General por medio del impuesto de las Generalidades Buscar voz..., que se percibía en función del peso (2 sueldos por arroba de lana lavada y 18 dineros por arroba de lana sucia), para salvar las variaciones de precio experimentadas según la estación, la procedencia y la calidad. A título de ejemplo, los precios alcanzados por la lana de Cantavieja oscilan entre 12 y 14 sueldos; la de Linares se cotiza entre 20 y 25 sueldos; la del Moncayo (Vera, Tarazona, Ambel, etc.), entre 9 y 11 sueldos; la de la zona de Alcañiz, entre 11 y 13 sueldos; la del Jalón (Sestrica, Morés, etc.), alrededor de 9 sueldos, y la del Huerva, en torno a los 11 sueldos.

En estos años de mitad del siglo XV la producción de lana superaría las 200.000 arrobas; al menos eso se deduce de la documentación emanada del cobro de Generalidades, que consigna la totalidad de producto exportado. Puede distribuirse en tres zonas: Zaragoza y su término, con unas 45.000 arrobas embarcadas en la capital hacia el Mediterráneo, el Bajo Aragón, con las comunidades de Teruel, Daroca y Albarracín, cuyo centro de exportación sería Escatrón y su puerto fluvial, y los pasos del sur hacia Valencia, con una cifra superior a las 70.000 arrobas; y las tierras pirenaicas, con diversos puntos de distribución y control, pero principalmente Huesca, que alcanzaría en total las 45.000 arrobas. El resto del producto iría a parar a la industria local o se exportaría en pequeñas cantidades, elaborada (teñida).

El conjunto de estos cálculos permite suponer una cabaña de ganado ovino en el reino de Aragón que superaría ampliamente el millón de cabezas, si aplicamos el promedio obtenido por Asso de que se necesitan seis ovejas para producir una arroba de lana.

Los puntos de mayor comercialización son Zaragoza y Escatrón, gracias a sus puertos fluviales, pues el transporte por el Ebro, más barato y rápido que el terrestre (necesita gran número de mulos o carretas), es el preferido por los comerciantes catalanes, alternando con el tráfico de trigo, de carbón, de pieles y otras mercaderías de peso, que siguen la ruta de Cataluña hacia el Mediterráneo. Por cada uno de estos puntos anualmente se expiden del orden de las 40.000 arrobas de lana, siendo los meses de mayo y junio, para Zaragoza, y los de julio y octubre, para Escatrón, los que contemplan mayor volumen de salidas; ello nos pone de manifiesto los meses de esquilado y la paralización, en la época estival de la navegabilidad del río. Por tierra destaca Huesca, con un total exportado de cerca de 20.000 arrobas, y Valbona, con la mitad aproximadamente cada año.

Entre los mercaderes que por la intensidad de sus transacciones controlan, en cierta medida el gran tráfico de lana, encontramos los apellidos que dominan el mundo económico de Aragón, como por ejemplo los Sánchez de Calatayud, De la Caballería, Santángel, Santa María, Bardají, Climent, Torralba, Sivill, Rotlán, Roda, Santjordi, etc. Por último, es frecuente el establecimiento de compañías mixtas entre catalanes, valencianos y aragoneses, en condiciones de igualdad, aunque repartido el campo de actuación (el representante de Aragón es el encargado de adquisición y envío de la materia prima); el capital invertido suele ser alto y la duración de la sociedad larga y fructífera; actúa en toda la geografía del reino, y no es extraño encontrar a los mismos comerciantes adquiriendo o traficando lana en zonas muy distantes de Aragón.

En resumen, puede decirse que los casi 200.000 florines oro que la exportación de lana produce en el reino, los saneados ingresos que los impuestos de salida dejan a la Hacienda del reino Buscar voz..., y la cantidad de trabajo que crea a su alrededor, constituyen a la ganadería ovina en el fundamento de las actividades económicas de Aragón durante la Baja Edad Media.

• Historia Moderna: La producción lanera continuó en la base de la economía aragonesa, manteniéndose a lo largo de toda la modernidad, y con carácter predominante, su exportación, sin llegar a niveles altos de elaboración, ya que los tejidos Buscar voz... en los que se empleó no pudieron competir con los foráneos y por ello su principal mercado fue nacional.

A principios del siglo xvii encontramos mencionados en Zaragoza dieciséis tipos o variedades de lana agrupados en las denominaciones de «lanigordo», «layos», «lana de manteros», «refino», «rebol», «esquilón», «tiñas», «codas», «esquiladuras» y «lana de tixera». Por los precios se advierte que las calidades superiores estaban representadas por el «refino blanco», el «rebol fino negro» y la «lana de manteros», siguiendo la serie de «lanigordos» y los «layos finos».

Los principales núcleos de producción lanera siguieron en Tarazona, Borja, las Valles (Gistaín, Benasque, Barrabés, Tena, Broto...), Sariñena y su partido, Belchite y alrededores, Caspe, Alcañiz, las Comunidades (Albarracín, Teruel, Daroca y Calatayud) y la Casa de Ganaderos de Zaragoza, centros que según Asso llegaban a totalizar unas 200.000 arrobas, a fines del siglo XVII, aunque en un memorial de los ganaderos aragoneses, de 1699 se calculaba en unas 150.000. De cualquier modo, la fiabilidad de las fuentes conocidas y consultadas hasta el momento es mínima, ya que no contienen datos directos y sí estimaciones o informes más o menos viciados, según consta para la centuria siguiente, si bien se advierte un posible aumento: en 1787 se obtenían unas 287.000 arrobas, y al año siguiente, más de 333.000.

 

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