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Juventud

Contenido disponible: Texto GEA 2000

La palabra juventud resulta un término impreciso cuyo significado ha ido variando conforme ha ido aumentando la esperanza de vida y retrasándose la edad de emancipación, por la prolongación de los estudios o la tardanza en la incorporación al mundo laboral. Actualmente, se tiende a considerar joven, al menos oficialmente, a la persona que no ha cumplido los treinta años; sin embargo, los diferentes estudios sobre la juventud no se ponen de acuerdo en este punto, por lo que resulta difícil establecer comparaciones entre las conclusiones de unos y otros. En Aragón los estudios sobre la juventud son relativamente recientes. los que aparecen en la década de los setenta se ciñen a zonas o aspectos concretos. En 1981 la socióloga Ángela López realiza un completo estudio referido a los jóvenes de la ciudad de Zaragoza. Bajo su dirección se realizan, posteriormente, dos amplios estudios referidos a todo Aragón, el primero en 1985 y el segundo en 1993. Aparte, diferentes organismos e instituciones han realizado informes sobre temas puntuales relacionados con la juventud.

El citado estudio de 1993, en el que nos basaremos, indica que el número de jóvenes en Aragón, entre 17 y 29 años, ascendía a 200.600, de los que 106.400 vivían en la provincia de Zaragoza, 55.500 en la de Huesca y 38.700 en la de Teruel. La memoria de Cáritas de 1999 cifra en 177.000 los jóvenes aragoneses entre 15 y 25 años. El grupo de edad más numeroso, según el estudio de 1993, es el de 24-29 años, que representa un 41,6 % del total. Ello se debe a que estos jóvenes nacieron a partir de 1964, año en que se da un mayor número de nacimientos, que inician un declive en los años siguientes. El porcentaje de varones (51,3) supera al de mujeres (48,7) en las tres provincias, pero la diferencia es más marcada en Teruel, con un 4,4 %. El predominio de varones respondería a la tendencia general del país, donde se registra un menor nacimiento de mujeres desde 1975; el que sea más acusado en Teruel se debe, en opinión de Ángela López, a los movimientos migratorios de las mujeres jóvenes, mayores en los núcleos de población más pequeños. El 82 % de estos jóvenes permanece soltero, sólo un 16,1 % ha contraído matrimonio en 1993 y apenas un 1,6 % vive en pareja. En Teruel se da el mayor porcentaje de casados (18,9) y el más bajo de parejas de hecho (0,8), que en Huesca se eleva hasta el 3,1 %. Ángela López explica estos resultados por el hecho de que el grupo de 24-29 años es más importante porcentualmente en Teruel y porque los jóvenes de esta provincia serían más respetuosos con las normas tradicionales. Con respecto a la actividad que desarrollan, trabaja el 41,6 %, el 36 % estudia y el 14,3 está en paro o buscando su primer empleo. Comparado con la situación de 1985 y referido exclusivamente a los menores de 25 años, se observa que ha disminuido en 11 puntos el porcentaje de estudiantes y ha aumentado el de trabajadores, sin que varíe el de parados. La tasa de paro juvenil se situaba muy por debajo de la española, que para los menores de 25 años estaba en 1992 en torno al 34 %. El porcentaje de mujeres que trabajan es del 46 % y el 27 % el de las que se dedican a las labores del hogar. También es mayor el porcentaje de mujeres que estudian, con una diferencia de más de 10 puntos en el grupo de 18-23 años. La dificultad para encontrar un puesto de trabajo es la causa principal del elevado número de estudiantes, que se incrementa en el caso de las mujeres por la discriminación que sufren en el mercado laboral; esto las lleva a la búsqueda de trabajos estables (las mujeres predominan en la empresa pública y los varones en la privada), que no les planteen conflictos con la maternidad y les permitan optar al matrimonio libremente y en pie de igualdad con su pareja; por lo que refiere al grado de formación, en 1993 tan sólo un 0,12 de los jóvenes es analfabeto y un 2,3 % no ha terminado los estudios primarios. El 51,9 ha superado la enseñanza obligatoria, y el 30 % el bachillerato (54,8 en el nivel socio-económico alto); el porcentaje de mujeres bachilleres supera al de varones en cuatro puntos, en el grupo de 15-17 años, yen 9 puntos en el de 18-23; en cambio, es ligeramente inferior en el de 24-29 años. El porcentaje de diplomados es del 4,2, con un predominio de mujeres de 24-29 años; los licenciados son un 3,2 % con ventaja superior a dos puntos para las mujeres. El porcentaje de licenciadas asciende hasta cerca del 10 % en los niveles sociales alto y medio-alto, para descender por debajo del 3 % en los niveles medio-bajo y bajo. Es precisamente en los grupos sociales acomodados y en las ciudades donde se produce más tarde el acceso al trabajo, lo que para el 59,4 % ocurre antes de los 18 años, mientras que el 21,8 % empieza a trabajar a los 18-20, el 11,9 a los 21-24 años y un 4 % a los 25 años o más. Entre los que trabajan, los varones mayores de 24 años disponen de una media de 107.627 ptas. mensuales, y las mujeres de 97.512; en ambos casos muy por encima del salario mínimo interprofesional (en torno a las 60.000 ptas. en 1993). Pero la mayor parte de los jóvenes (92,7 %) tiene un nivel socio-profesional medio-bajo cuya causa es la falta de cualificación profesional. En la memoria de Cáritas del año 1999 se señala la escasa formación, que afectaría a un 31 % de los jóvenes entre 15 y 25 años como una de las causas del paro y la precariedad en el empleo, uno de los motivos de la situación de pobreza en que viven unos 47.000 jóvenes de nuestra Comunidad. El 56,7 % de los jóvenes que trabajan lo hace en el sector servicios (con 90 puntos más que en el 85), al que siguen la industria (21,7), la construcción (10,1), la agricultura (que desciende del 23 % de 1985 al 9,7 %), y la ganadería.

El 75 % de los jóvenes vive con sus padres, frente a un 20 % que se ha independizado del grupo familiar. En las clases altas, la dependencia familiar llega hasta el 90 %; en cambio, en la clase media-baja es de un 77 %. Las mujeres son las que abandonan antes la casa paterna ya que contraen matrimonio a edad más temprana. La permanencia en casa va ligada a las dificultades para emanciparse (paro, precariedad en el empleo, elevados costes de la vivienda) pero también al alto grado de permisividad de las familias aragonesas, en cuyo seno las jóvenes disfrutan de libertad para llegar tarde, pasar la noche fuera, reunirse en casa con los amigos o los novios, etc. Las únicas prohibiciones que afectan a más de la mitad de las jóvenes, en el espacio doméstico son la de fumar porros y la de mantener relaciones sexuales. Las tareas domésticas siguen a cargo de las mujeres, fundamentalmente de la madre. Las mujeres más jóvenes se incorporan pronto a la realización de estas tareas, mientras que los varones se incorporan muy lentamente. Menos de la mitad de las chicas entre 15 y 17 años hace su cama, menos del 20 % ayuda a ordenar la casa, friega los platos el 13,4 %, cocina el 8,6 y no llegan al 5 % las que lavan la ropa o planchan. De los jóvenes que trabajan, la mayoría hace algún tipo de aportación a la economía familiar: el 17,4 % entrega a su familia el sueldo íntegro, un 9,1 lo entrega casi completo, el 55,5 % se queda con la mayor parte y el 16,7 % se queda con todo. En cuanto a la movilidad de los jóvenes, en 1993 sólo un 23,5 % vivía en una localidad distinta a la de su nacimiento. De este grupo, un 1,5 % procede de otros países y el 10,9 % de otras comunidades. Los jóvenes de clase alta se trasladan el doble de la media y los lugares de destino preferidos son las capitales de provincia. El 51,9 % se desplaza por motivos familiares, el 12,3 % por estudios, el 21,1 por trabajo y el 14,7 por matrimonio. Este último supuesto se da más en las chicas y se trata, con frecuencia, de desplazamientos de corto alcance, mientras que los motivos laborales son los más numerosos en el caso de los chicos; pero el 10 % de las mujeres se desplaza por motivos laborales; se trata de desplazamientos de mayor alcance cuyo destino suelen ser las ciudades.

Por lo que respecta a los valores y creencias, la institución más valorada por los jóvenes en 1993 era la Corona (62,5 %), seguida de las fuerzas de orden público, y de la televisión. En los sindicatos, la justicia, el gobierno autónomo y el parlamento europeo confía un 40-30 %; en la Iglesia, el ejército, el Parlamento, la Administración y el gobierno, menos del 30 %, y en los partidos políticos sólo el 9 % de los jóvenes. La democracia es la forma de gobierno preferida por el 77,5 %, que, en los mayores de 24 años aumenta hasta el 83,2 % y desciende al 63,4 % en los más jóvenes. Por la dictadura se inclina el 3,1 % (en los varones de 15-17 alcanza el 5,9 %) y un 11 % se declara indiferente. La decantación por la democracia es mayor en las mujeres y en el sector socio-económico medio-alto. En los agnósticos y en los religiosos sin adscripción es donde se da una mayor convicción democrática. De las organizaciones sociales, generan una gran confianza Cruz Roja y Cáritas, seguidas de colectivos ecologistas y de defensa de los marginados; a gran distancia, quedan los colectivos antimilitaristas y feministas, y por debajo del 25 %, las asociaciones religiosas. El asociacionismo juvenil se encuentra en Aragón muy por encima de la media española: una cuarta parte pertenecen a asociaciones culturales o deportivas, el 17,4 % a asociaciones de carácter cívico, el 12 % está sindicado, el 11 % en grupos religiosos, el 8 % en grupos ecologistas, el 6,6 % afiliado a algún partido, y en torno al 5 % en organizaciones de defensa de los marginados; la participación en colectivos feministas o antimilitaristas se sitúa, en ambos casos, en el 1,3 %. Sobre la intención de voto, el porcentaje de los que no contestan supera el 25 % y alrededor de un 23 % se decanta por la abstención; los partidos tradicionales son los más elegidos, pero siempre con porcentajes inferiores al 15 %; se observa una ligera ventaja para los partidos de izquierda en las autonómicas, y un notable aumento del voto aragonesista en las generales. Nueve de cada diez jóvenes se sienten muy orgullosos o bastante orgullosos de ser aragoneses; un porcentaje similar expresa su orgullo de ser español, aunque en el grupo de los que se declaran muy orgullosos hay una diferencia de 11 puntos a favor de la Comunidad. Consideran que los principales objetivos para Aragón deben ser lograr el pleno empleo, impedir el trasvase del Ebro y preservar los espacios naturales. La visión que los jóvenes aragoneses tenían de la sociedad en 1993 era negativa, pues denuncian poca ayuda mutua, falta de respeto a la autoridad, explotación y desidia en el trabajo, opinan que no se puede confiar en los demás o que se resquebraja la familia; por contra, un 46 % cree en la bondad humana. Las cualidades personales que deben potenciarse, en su opinión, son la educación, la honradez y la tolerancia. En cuanto a las creencias los jóvenes religiosos profesan las creencias de sus padres pero son menos practicantes; aumenta el número de agnósticos y ateos y el de creyentes de otras religiones. J. Ángel Bergua encuadra a nuestros jóvenes en la cultura hedonista de la posmodernidad, en la que los medios audiovisuales tienen una importante presencia, especialmente la televisión, que adopta una doble función: lúdica e informativa. Los jóvenes de edades más tempranas reciben la información a través de dos fuentes principales: la televisión y su grupo de amigos. A medida que aumenta la edad, crece la importancia de la prensa y, paralelamente, desciende la autoinformación. La televisión marca los temas de interés que son, por este orden, los sucesos, el sida y las drogas. Es de suponer que las revistas juveniles han ido ocupando también un lugar entre los grupos más jóvenes, y especialmente, entre las chicas. Y en los últimos años se ha sumado Internet, que va ganando adeptos rápidamente, sumando en este caso a la función lúdica e informativa de la comunicación, la importancia de la televisión ha ido en detrimento del libro como entretenimiento y como fuente de información, de hecho sólo un 17,4 % de los jóvenes leía libros todos los días en 1993 y un 24,4 % declaraba no leer nunca. El mayor consumo de lectura se da entre la mujer urbana de 25-29 años y ama de casa, siguiendo la tendencia general que hace de las mujeres las principales lectoras de libros. Oír música es, junto con ver la televisión, la actividad a la que más tiempo de ocio dedican los jóvenes, practicada diariamente por el 77,4 %, y en un porcentaje más elevado entre las chichas más jóvenes. Le sigue el ir de bares, que gusta al 96,5 % y que el 55 % practica los festivos y fines de semana, mientras que un 49 % acude a discotecas y salas de baile. Es una actividad que ejercen principalmente los estudiantes y militares de reemplazo, los primeros durante el fin de semana y los segundos con una mayor asiduidad. El ir de bares durante el fin de semana es un fenómeno urbano, mientras que el acudir a discotecas se da más en el medio rural. En ambos casos, es un fenómeno que decrece conforme aumenta la edad. La asociación de esta forma de diversión con el consumo de drogas y alcohol así como con casos de violencia juvenil y accidentes de tráfico ha sido tratada de forma reiterada por sociólogos e instituciones. Uno de los informes más recientes es la memoria de prevención de drogas de la D.G.A., presentada en julio de 2000, que una vez más da la voz de alarma sobre este problema, que es una forma de socialización entre los jóvenes. Recientemente han empezado a ensayarse en poblaciones como Jaca, Ejea y Utebo diferentes programas que ofrecen alternativas de ocio para los fines de semana y que tienen como objetivo alejar a los jóvenes del alcohol y las drogas. Por otra parte van surgiendo distintos indicativos que ponen a disposición de los jóvenes medios de transporte colectivos para desplazarse a los lugares de ocio, para tratar de evitar los accidentes de tráfico. No obstante, no todo el ocio de los jóvenes gira en torno a la televisión o los bares de copas, sino que también practican otras actividades: hacer excursiones y salir al campo o la montaña ocupa el tercer lugar de sus preferencias y lo practican esporádicamente más de la mitad de los jóvenes; más asiduamente los jóvenes que han adquirido responsabilidades (trabajadores y amas de casa). La mitad va al cine una o dos veces al mes, el interés aumenta hasta los 23 años, para descender a partir de ahí, con la excepción de un reducido grupo de cinéfilos (principalmente mujeres) que ya no busca en el cine la mera diversión, sino los valores artísticos. Otra de las actividades mayoritarias es el deporte, que practican el 60 % de los jóvenes, con índices más altos entre los más jóvenes y varones. J. Ángel Bergua señala la contradicción de la sociedad actual entre la responsabilidad cada vez mayor que impone el mercado de trabajo a los jóvenes frente al creciente hedonismo que moviliza la amplia oferta de diversión. (alcoholismo Buscar voz..., drogadicción, analfabetismo Buscar voz..., educación Buscar voz...).

• Bibliog.: López Jiménez, M.ª A.: Los jóvenes de Aragón. Mil y una sendas para el futuro; Zaragoza, D.G.A., Departamento de Sanidad Social y Trabajo, 1987. Id. (dir.): 1993. La juventud en Aragón; Zaragoza, D.G.A., Departamento de Educación y Cultura, 1994 (2 vols.).

 

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