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Junta Superior de Aragón y parte de Castilla

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 30/05/2007

(1809-1813). En febrero de 1809 -guerra de la Independencia Buscar voz...- entran los franceses en Zaragoza, lo que supone un grave quebranto para la defensa del territorio nacional. Dándose cuenta la Junta Central Suprema Buscar voz... de que se origina, en Aragón, un vacío de poder, el 18 de marzo inmediato crea la «Junta Superior de Aragón y parte de Castilla» (Cuenca y La Alcarria). Se trata de establecer una estructura de gobierno que se enfrente con dureza y terquedad -guerrilla política-, a la marea napoleónica de ocupación. Un gobierno para Aragón: el ejército y las guerrillas son insuficientes para reforzar la resistencia total a los franceses. Junta con extensa autonomía y movilidad, fuerza de choque civil, sin tregua ni descanso, impasible y fugitiva, que mantuviese intacta la unidad aragonesa ensamblada en el conjunto de la guerra española contra el francés.

Como presidente y organizador de la Junta fue designado el regidor y abogado zaragozano Valentín Solanot; éste tendrá la confianza del general Palafox Buscar voz..., a quien se le indica que después del desastre de Zaragoza era obligado crear una Junta de salvación y defensa de Aragón, como gobierno legítimo del reino y parte de Castilla, aprovechando y utilizando la realidad geohistórica por encima de los límites administrativos al uso. Pese a las críticas que tuvo la Junta aragonesa, cumplió a la perfección su misión de mantener viva la guerra, sin desaliento, y el espíritu de resistencia, con una improvisada acción de gobierno, de gran imaginación, superando el poder napoleónico, ante el cual apareció como un gobierno fantasma que burlaba toda su política de ocupación, haciéndola estéril en el territorio de su influencia.

Esta extraña guerra fue realizada por un pequeño grupo de abogados y humanistas que pusieron mucha inteligencia, valor, habilidad y un buen sentido del humor en una lucha sin piedad. La Junta estaba formada por un representante de Teruel: Salvador Campillo, abogado; Albarracín: Mateo Cortés, abogado; Calatayud: José Ángel Foncillas, prior del Santo Sepulcro; Molina de Aragón: Francisco López Pelegrín, abogado; Daroca: Cosme de Laredo, abogado; y señorío de Moya (Cuenca): Andrés Núñez de Haro. Constituida el 30-V-1809, en la primera proclama el presidente Solanot habla de los castellanos y aragoneses como de una sola familia. Fue secretario Eusebio Ximénez, racionero de La Seo, y Pedro Calza, abogado. Los vocales no cobraban ningún estipendio, corriendo los gastos por su cuenta: percibieron, muy tardíamente, una dieta de mil reales.

Funciones: «Mantener y fomentar el entusiasmo» para la guerra; recaudar fondos, donativos e impuestos; alistamiento y armamento, requisa de vituallas y caballo; leva de quintos; orden público, aplicación de justicia hasta que la Junta Central Suprema instauró la Audiencia de Aragón, con Pedro María Ric Buscar voz... como presidente. Inmediatamente la Junta dividió sus funciones en una «Junta de vigilancia y defensa del Reino», a modo de tribunal de urgencia, y en otra «Junta de Hacienda», que tenía de presidente al intendente militar de Aragón y estaba compuesta en su mayor parte por religiosos que, con los párrocos, hacían de recaudadores de impuestos y donativos.

La Junta se reunía diariamente, sin perder continuidad. Al tomarse todas las decisiones colegiadamente, el acto de la sesión era sustancial para la vida de la misma, y se congregaba en cualquier lugar, fuera o no adversa la circunstancia; continuidad que crea un tejido de relaciones en todo el territorio ocupado por el francés, especialmente en la derecha del Ebro, que aquél no pudo agotar, ni romper. Mediante una comunicación fluida, secreta y rápida entre Junta y pueblos, utilizando el tradicional sistema de veredas y agrupando a los municipios por «cuarteles», la Junta fue inaprehensible para los franceses, aun operando en su propio territorio. Una imprenta volante, guerrillera -la de Miguel Frauca Buscar voz..., que éste había logrado sacar de Zaragoza- fue utilizada habitualmente por la Junta. Otro escapado de la capital, un gran impresor -Francisco Magallón Buscar voz...-, cooperó a que los impresos de la Junta brillasen tanto por su estilo como por su calidad editorial.

En el aspecto estrictamente militar -la Junta fue siempre civil-, legalizó las guerrillas comarcales y alentó su creación: integraban partidas hasta los curas (el «Batallón de Cruzados», de Cipriano Téllez) o los religiosos (las guerrillas de fray Camilo y fray Pedro). La Junta logró formar una cierta industria de guerra centralizada en Linares de Mora, refugio de artificieros e ingenieros militares y navales. Parroquias y conventos se convirtieron en talleres de vestuario, y sacerdotes y religiosos eran agentes de compras, incluso dentro del territorio afrancesado Buscar voz....

La vida de la Junta fue muy intensa y sin pausa, a pesar de ser ambulante -más de treinta sedes tuvo-, con urgentes y rápidos desplazamientos —imprenta a cuestas-, con vaivenes que iban de Levante a Castilla: sus cuatro años de vida los pasó cabalgando, con sesiones únicas en Castellón, en Talayuela o en Ateca. Este ajetreo permanente hizo que los vocales de la Junta se quedaran reducidos a Valentín Solanot, Salvador Campillo y Mateo Cortés. La Junta Central Suprema, en 1810, unificó su presidencia con el mando militar radicado en territorio donde la Junta alentase. Medida difícil de cumplir. Por esta razón, la Junta perdió vigor y efectividad, pues terminaba siendo presidida por un delegado del mando militar correspondiente, y por último, como esto no era ya posible, los vocales rotatoriamente presidían las sesiones en calidad de vicepresidentes, lo que condujo a que poco a poco Salvador Campillo, en magníficas relaciones con el poder central, fuese el hombre fuerte de la Junta y su último presidente, como primer jefe político que tuvo Aragón al cesar, paulatinamente, la ocupación francesa. Campillo, turolense de nacimiento, aristócrata y constitucionalista, abogado y humanista, con una gran biblioteca, diputado suplente en las Cortes de Cádiz, fue el alma de la Junta Superior de Aragón y parte de Castilla, después muy mal tratado por Fernando VII.

La Junta vivaqueó hasta 1813 por las tierras de Daroca y del Jalón para venir a morir en Zaragoza aquel otoño, ya libre de franceses, con su presidente Salvador Campillo, su fundador Vicente Solanot y el vocal Mateo Cortés. Se despidió con una función religiosa en el Pilar, el 21-VII-1813, por la proclamación de la Constitución, y, al día siguiente, publicando el decreto a favor de los defensores de los Sitios, emitido en 1809 por la Junta Central.

Después, la Junta se disolvería a finales de octubre para dar paso a la Diputación Provincial, en cumplimiento de la Constitución; aquélla sería instaurada el 9-XI-1813, en solemne sesión política celebrada en la Real Academia de Nobles de San Luis. Ese mismo mes, el Diario de las Cortes daba cuenta de un escrito de los supervivientes de la Junta, despedida también de la Cámara ante el hecho de su desaparición, excusándose, además, por las muchas reclamaciones hechas inoportunamente -vieja cortesía de caballeros-. Entonces, Isidoro de Antillón Buscar voz..., el mejor orador de las Cortes, solicitó, en fervoroso discurso, que el Parlamento agradeciese a los hombres de la ya extinta Junta gubernativa de Aragón y parte de Castilla tanto «como merecen sus servicios».

 

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