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Junta Central Suprema

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 17/03/2008

(1808- 1810) El rechazo de la invasión napoleónica que produjo la guerra de la Independencia Buscar voz... obligó a la búsqueda de una estructura de gobierno coordinadora de la acción bélica, y con suficiente autoridad, emanada de las distintas Juntas regionales surgidas al calor de la guerra. Había que taponar el vacío de poder ocurrido con la aprehensión de la familia de Carlos IV Buscar voz... por Napoleón Buscar voz....

En Zaragoza, Palafox Buscar voz..., en su Manifiesto del 31-V-1808, ya proponía la reunión de los representantes de todas las Juntas en Teruel, como intuyendo la misión que habrían de cumplir las tierras turolenses durante la contienda. Aunque algunas Juntas propongan la celebración de Cortes, no se acepta por la lentitud del procedimiento en convocarlas y por la urgencia de contar con un poder ejecutivo de guerra: una Junta en la que se integrasen los representantes -dos- de las Juntas de los reinos y provincias, que se reunirían circunstancialmente en el Palacio Real de Aranjuez en septiembre de 1808 (desechando Madrid por cierto temor a la presión de las viejas instituciones y estamentos de la monarquía, indecisos ante el poder napoleónico y celosos de su autoridad y prerrogativas). Junta Central con gentes nuevas en el horizonte político español, símbolo del relevo generacional: veinticinco representantes, primero, ampliados a treinta y cinco después. Sólo eran conocidos el anciano conde de Floridablanca, el ilustrado Jovellanos y el baylío Antonio de Valdés.

Recién terminado el primer Sitio Buscar voz..., el 17-VIII-1808, Palafox reúne en su casa a las seis de la tarde a los vocales de la Junta Suprema nombrada por las Cortes aragonesas (celebradas en el mes de junio anterior), al Ayuntamiento de la ciudad, al cabildo y a representantes de los distintos sectores aragoneses implicados en la guerra. Objeto: designar a tres diputados que en nombre de Aragón debían figurar en la Junta General convocada por el Consejo de Castilla, próxima a reunirse, y en la que se debería asistir con un programa de acción, un esquema de lo que Aragón esperaba de la nueva estructura de Gobierno: levantamiento de un ejército nacional, indemnización a Aragón y a Zaragoza por los daños sufridos en el primer Sitio por parte de las otras provincias españolas que menos habían parecido en la guerra conseguir una auténtica representación nacional en el inmediato gobierno que había de crearse; asegurar la conservación de América y reanudar las relaciones exteriores mientras el rey estuviese fuera de España; corregir los abusos administrativos y fomentar la agricultura, las artes y el comercio.

A propuesta excusada de Palafox, se nombra al conde de Sástago, al brigadier Francisco de Palafox -su hermano- y al intendente y corregidor de Zaragoza Lorenzo Calvo de Rozas, polo ideológico del levemente «ilustrado» conde de Sástago, prepotente miembro de la alta nobleza aragonesa. Los primeros saldrán inmediatamente para Guadalajara, donde parece que va a celebrarse la reunión en la que había de constituirse la Junta Central Suprema; pero al fin sería en Aranjuez. Van escoltados militarmente y con los fondos precisos, e imbuidos del rito y protocolo propios de la representación de Aragón, al que se debían -instrucciones claras del capitán general del reino-. Calvo de Rozas Buscar voz... se queda en Zaragoza trabajando al lado de Palafox, su gran amigo, quien habiendo conocido que las demás Juntas regionales habían designado sólo dos representantes, prescindió del conde de Sástago, al que con el pretexto de que era vocal de la Junta Gubernativa de Aragón, le escribió para que volviese, pues lo consideraba imprescindible en Zaragoza. Sástago, que no quería apearse del cargo, consideró que quien debía cesar era Calvo de Rozas, al parecer el único plebeyo de la Junta Central, además no aragonés -era un rico comerciante madrileño que había puesto su fortuna a disposición de la Tesorería del Ejército aragonés-, y de avanzadas ideas políticas. El pretexto no sirvió para nada, pues Palafox hubo de dimitir con energía al conde, cuya pataleta y frustración fueron inmensas.

Calvo de Rozas, desde la Comisión de Hacienda de la Junta Central, y Francisco de Palafox desde la de Guerra -personajes de carácter difícil, jovellanista el segundo y demócrata el primero-, fueron separándose hasta llegar a ser enemigos. Calvo era un constitucionalista con ideas propias, y Palafox un neoilustrado, seguidor de Jovellanos en la idea de que una Regencia debía sustituir de manera inmediata, como poder legítimo, a la Junta Central. Para Paco Palafox, la instauración de la Junta Central de Aranjuez fue debida a un golpe de Estado, y en cierto modo lo era. Esta postura, mantenida terca y belicosamente por Palafox, supuso, al fin, la desaparición de la Junta Central en enero de 1810, ya refugiada en la isla de León, y también el ocaso del propio Palafox, obsesionado por el canje de su hermano, defensor de Zaragoza, prisionero en Vincennes; canje que no consiguió y que envenenó sus relaciones con la Junta y con varios generales del Ejército y que le costó la cárcel. Paco Palafox, «el desgraciado» (como alguien le apeló), fue un personaje digno de mejor suerte. También Calvo de Rozas, por camino distinto, disconforme siempre, tuvo una muerte política prematura.

Otro aragonés destacó en las tareas de la Junta Central, en Sevilla. Fue el benasqués teniente general Antonio Cornel, vicepresidente de la Junta Suprema Gubernativa de Aragón, y que después pasó a la Central para encargarse de la Dirección General de Artillería y ser ministro de la Guerra, vertebrando militarmente la resistencia antinapoleónica sobre una base logística y administrativa, aunque bajo la sombra de otro aragonés, Martín de Garay Buscar voz....

El gran armador de la Junta Central y el preparador de las Cortes de Cádiz fue este otro aragonés, de gran calibre, nacido en La Almunia, Martín de Garay, primer secretario de la Junta Central. Secretario de Estado después, cabeza de un grupo aragonés, después de muy diversa fortuna, que influyó en la vida de la Junta Central, de la Regencia y de las Cortes de Cádiz Buscar voz...; extraordinario trabajador, eficacísimo hacendista y hombre de gobierno, tuvo una especial predilección en proteger los intereses de Aragón durante la guerra frente a todos, siendo la base humana, con su trabajo infatigable, en la obra de gobierno durante la guerra, que procuró, en mucho, la victoria final sobre Napoleón.

 

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