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Judíos

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 06/02/2008

La historia de los judíos en Aragón se puede dividir en tres grandes períodos: 1) desde los orígenes hasta el s. VIII, 2) bajo el dominio musulmán, que comprende desde el s. VIII hasta mediados del siglo XII, en que se produce la Reconquista; y 3) la España cristiana, que abarca desde el inicio de la Reconquista hasta la expulsión, en 1492.

Los datos históricos más fehacientes sitúan la llegada de judíos a España, en número importante y en forma más o menos organizada, en el s. I de nuestra Era, coincidiendo con la diáspora judía que se produjo a raíz de la destrucción del II Templo de Jerusalén. Mientras se mantuvo el Imperio Romano, los judíos aragoneses no tuvieron mayores problemas que los de otros países. Lo mismo ocurrió bajo el reinado de los visigodos Buscar voz..., hasta que Recaredo (586) se hizo cristiano. A partir de ese momento, los reyes visigodos trataron de conseguir la unidad religiosa del reino bajo el signo del catolicismo, y comenzaron a perseguir a los judíos de forma implacable. Los que lograron sobrevivir a estas acciones, acogieron, si no con entusiasmo al menos con buenos ojos, la llegada de los árabes Buscar voz... en el año 711. En los primeros momentos de esta segunda etapa, la situación fue más que favorable para los judíos que, aunque seguían siendo minoría, volvieron a gozar de libertad para reunirse y para vivir de acuerdo con sus ritos y costumbres.

Durante los siglos X y XI, coincidiendo con el Califato y los reinos de Taifas Buscar voz..., los judíos aragoneses constituyeron pequeñas comunidades, en las que se dedicaban a la artesanía y al comercio. Su situación iba a cambiar con el avance cristiano y sobre todo con la reconquista. Como era preciso repoblar y organizar administrativamente los extensos territorios conquistados al Islam, el monarca aragonés requirió la colaboración de los judíos que vivían en la zona y de los que llegaban de la Andalucía musulmana, huyendo del fanatismo religioso de los almohades. A partir de este momento, los judíos pasaron a ser propiedad del rey de Aragón, situación que ofrecía ventajas (gozaban de especial protección del soberano) e inconvenientes (su libertad estaba condicionada y tenían que satisfacer las demandas monetarias de su señor, casi siempre desorbitadas).

A principios del siglo XIII comienza el que se ha llamado siglo de oro de la judería aragonesa (1213-1283), porque algunos judíos consiguieron introducirse en la corte como funcionarios, médicos, traductores, diplomáticos y administradores de los cristianos, ejerciendo de forma habitual una función pública importante al frente del gobierno del estado. Fue la época de mayor esplendor para los judíos aragoneses, y eso que en el Concilio de Letrán de 1215 la Iglesia promulgó una serie de disposiciones contra los judíos que, con el correr de los años, entorpecería las relaciones, hasta entonces relativamente cordiales, de judíos y cristianos. Poco después, en algunas aljamas Buscar voz... se detectaban tensiones sociales, en ocasiones fuertes, entre los ricos y los menos adinerados que no acababan de llegar a un acuerdo sobre cómo debía efectuarse el reparto de los impuestos. En 1283, y al parecer por inspiración de la Iglesia, se prohibió a los judíos aragoneses ejercer cargos públicos. Comienza así una nueva etapa en la historia del judaísmo aragonés que prácticamente se corresponde con el siglo XIV.

A lo largo de esta centuria, las aljamas de judíos crecieron y se organizaron desde el punto de vista político, administrativo y judicial, a imitación de lo que hacían las comunidades cristianas. Como consecuencia de la presión (cada vez más acentuada) de la Iglesia sobre la sociedad, las relaciones con los cristianos empezaron a deteriorarse. En 1320 surgió en Francia un movimiento conocido con el nombre de «Pastorellos». Estaba integrado por gentes de baja extracción social que, camino de Oriente, adonde se dirigían para liberar los Santos lugares, iniciaron la persecución de los judíos que encontraban al paso. Algunos cruzaron los Pirineos y asaltaron las juderías Buscar voz... más próximas, como la de Montclús. La actitud pronta y decidida de Jaime II Buscar voz... evitó un desastre mayor. Fue la primera señal. Poco después (1348) la Peste Buscar voz... Negra asolaba la comunidad aragonesa sin hacer distingos entre judíos y cristianos. Como se responsabilizó a los judíos de haber provocado la epidemia mediante el envenenamiento de las aguas, la multitud se lanzó contra ellos. Algunas aljamas que, como Jaca, habían resistido los embates de la enfermedad, tuvieron que soportar los ataques de los cristianos. Los judíos aragoneses, conscientes del cambio de la situación, en 1354 intentaron constituir un organismo supranacional que agrupara a los judíos de Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca. La idea no llegó a cuajar, por falta de acuerdo. Al mismo tiempo, el deterioro espiritual empezó a hacer mella en las comunidades judías.

En la segunda mitad del siglo XIV los judíos aragoneses se vieron afectados por nuevas epidemias y algunas aljamas sufrieron severas persecuciones por motivos diversos, a veces con escaso fundamento, como ocurrió en 1377 en Huesca, donde fueron acusados de haber profanado hostias consagradas. De entre todos estos ataques destaca, tanto por su intensidad como por su amplitud geográfica y por sus consecuencias, los registrados en 1391. Las palabras incendiarias, que desde años antes venía pronunciando desde el púlpito el arcediano de Sevilla Ferrán Martínez, hicieron mella entre los cristianos de las clases más bajas, que acabaron asaltando la judería de Sevilla y otras muchas de la Península, como las de Aínsa, Barbastro, Tamarite, Jaca, Huesca, etc. La aljama de Zaragoza se libró, porque en esos momentos el rey se hallaba residiendo en la ciudad. Pero estos hechos despertaron en los judíos del Reino un sentimiento de inseguridad y de prevención hacia los cristianos que, con el tiempo, acabó socavando la coexistencia, más o menos pacífica, anterior.

Con el nuevo siglo, la Iglesia católica seguía soñando con la conversión de los judíos aragoneses al cristianismo. Ello le llevó a cambiar de método, sustituyendo la violencia por un sistema mucho más efectivo: el de la persuasión. Los predicadores trasladaron sus púlpitos a las sinagogas y organizaron catequesis con carácter obligatorio para los habitantes de las juderías, lo que en ocasiones desencadenó fuertes tensiones y alborotos. A la delicada situación económica y social soportada por los judíos aragoneses a comienzos del siglo XV, vino a sumarse el adoctrinamiento de Tortosa (1413- 1414), la primera polémica judeocristiana aragonesa, preparada por Benedicto XIII Buscar voz... con el empeño de librar a los judíos de su error. Aunque la actuación de las autoridades rabínicas en el debate fue digna e incluso brillante, los judíos llevaban las de perder desde el principio, pues una reunión convocada por los cristianos para convencer a los judíos de la venida del Mesías difícilmente podía tener un final feliz para éstos. En este ambiente de exaltación de los valores cristianos, se convirtieron más de tres mil judíos, la mayoría de la clase dirigente. Fue el principio del fin de la judería aragonesa.

En 1415 Benedicto XIII, extralimitándose en sus atribuciones, mandaba clausurar las sinagogas, recoger los ejemplares del Talmud y confinar a los judíos en sus barrios, amén de otras muchas medidas restrictivas. Poco después, el rey Fernando I Buscar voz... asumía los artículos de esta constitución apostólica. En vista de la situación, algunos judíos emigraron, muchos optaron por la conversión para salir del «impass» económico y social a que se veían abocados y no faltaron quienes, a pesar de todo, prefirieron mantenerse fieles a la religión de sus mayores, en medio de un ambiente hostil por parte de los cristianos nuevos y viejos. Muchas familias quedaron rotas para siempre y las juderías experimentaron un bajón demográfico formidable. De los que se convirtieron, algunos (pocos) lo hicieron de buena fe; otros, arrepentidos, decidieron marcharse al exilio para volver a la religión de sus mayores; y muchos se quedaron en su antigua ciudad donde, aunque se comportaban como cristianos, judaizaban, entre otras razones porque no conocían la práctica de la religión cristiana. Al principio, la inserción de los conversos en la sociedad no resultó traumática, pero con el tiempo, estos individuos acabarían siendo rechazados tanto por sus antiguos correligionarios como por los cristianos lo que contribuiría a desencadenar el problema converso Buscar voz....

Por suerte para los judíos, en 1416 desapareció fray Vicente y subió al trono Alfonso V Buscar voz.... Pero la ruptura ya se había producido. A raíz de los hechos que acabamos de reseñar el sentimiento antijudío que a lo largo del siglo XIV había prendido y se había desarrollado entre los cristianos, cambió de signo, y a lo largo del siglo XV se tradujo en una clara hostilidad hacia los conversos a los que la sociedad cristiana no supo o no quiso asimilar.

El siglo XV fue una época de mantenimiento, dentro de la regresión, en la que los judíos cada vez resultaban menos interesantes para la monarquía, a la que planteaban más problemas que otra cosa, pues no sólo ayudaban a judaizar a los conversos sino que eran capaces de incrementar los fondos del tesoro real como antes. Mientras los conversos contaron con el apoyo real y desempeñaron altos cargos en la corte, todo fue bien. Pero en 1483, coincidiendo con el nombramiento de fray Tomás de Torquemada como inquisidor, la alta política de la monarquía hacia los judíos dio un giro de 180 grados y pasó a ser desfavorable. Fue el acto final de una tragedia que venía arrastrándose durante el siglo XV. A partir de 1483 los conversos desaparecerían triturados por la Inquisición Buscar voz..., y en marzo de 1492 los judíos serían expulsados Buscar voz..., por orden de fray Tomás de Torquemada y por decreto del Rey.

 

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