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Jiloca Medio

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Arqueol.). Las prospecciones sistemáticas que se han venido realizando en este tramo del río Jiloca y la parte correspondiente del Campo Romanos, en los términos municipales de Luco de Jiloca, Burbáguena, Báguena, Lechago y Cuencabuena, han sacado a la luz interesantes hallazgos arqueológicos, entre los que cabe destacar por su densidad una serie importante de yacimientos líticos superficiales denominados tradicionalmente como «taller de sílex». Actualmente este término tiende a ser relegado por lo que implica de especificidad funcional, que para algunos yacimientos sería correcta, pero que para la mayoría de ellos es más discutible.

Las características que definen este tipo de yacimientos pueden resumirse en:

— El componente básico de los materiales arqueológicos son los elementos líticos, concretamente, el sílex.

— Los yacimientos se encuentran al aire libre, en depósito superficial, raramente estratificado, siendo frecuente que los materiales hayan sido desplazados.

— Son yacimientos de cronología postpaleolítica, fundamentalmente neo-eneolítica.

En el Jiloca Medio estas manifestaciones suponen las primeras evidencias de poblamiento continuado. La ocupación del territorio no se produce de forma integral, sino con carácter selectivo, primando aquellos lugares cuyas características microambientales favorecen tanto el asentamiento como la explotación del medio inmediato. De esta forma encontramos las zonas de preferente localización en lugares marginales del valle (ramblas subsidiarias) y en el altiplano del Campo Romanos, en terrenos altos, saneados, de fácil acceso, próximos a manantiales o cursos de agua secundarios y con posibilidades para la explotación agrícola y/o ganadera.

En la margen izquierda estas zonas son:

— Las Atalayas/El Mas:

Se han localizado los yacimientos del Mas (Burbáguena) y la Umbría del Mas (Luco de Jiloca).

Este lugar, ligeramente deprimido y bastante llano, es un valle de fondo plano de edad pliocuaternaria rodeado de colinas paleozóicas.

Los materiales aparecidos en ambos puntos son exclusivamente líticos, con abundancia relativa de núcleos y materiales de desecho. Seguramente son auténticos talleres de sílex.

Además de los yacimientos citados es frecuente encontrar materiales aislados, tanto líticos (laminitas, núcleos, lascas...) como cerámica a mano, fuera de cualquier contexto claro.

— Rambla de Vardadente:

Esta rambla discurre fuertemente encajonada entre materiales paleozoicos, siguiendo dos líneas de falla. En el punto de inflexión de ambas se abre ligeramente el relieve y, unos 2 m. sobre el cauce actual, se encontró el yacimiento que denominamos Vardadente (Báguena).

Los materiales son exclusivamente líticos muy similares a los comentados de los yacimientos anteriores.

Ambos conjuntos, tanto por sus características industriales como locacionales, forman un grupo independiente del resto de los yacimientos que vamos a ver, diferenciándose por sus situaciones en lugares cerrados y deprimidos, ausencia de cerámica a mano, industrias líticas de «tendencia macrolítica» y elevada proporción de núcleos.

— Rambla del Val:

Bajo este epígrafe recogemos una serie de hallazgos localizados en los alrededores de esta rambla, fundamentalmente en su margen izquierda, sobre los glacis pliocuaternarios que descienden suavemente desde las sierras paleozoicas hasta el Jiloca. La zona es bastante llana, compartimentada longitudinalmente por algunas ramblas y otros barrancos.

Los yacimientos más interesantes de la zona son los denominados como La Planilla y El Val (Báguena), pero son sumamente frecuentes los hallazgos de materiales aislados o conjuntos pequeños de menor entidad.

Los materiales son abundantes y relativamente uniformes. Encontramos poca cerámica a mano y rica industria lítica con puntas de retoque plano, raspadores, perforadores, elementos de hoz, abundantes láminas, núcleos, etc.

Mayor densidad de hallazgos proporciona la margen derecha del Jiloca, más concretamente el límite occidental del Campo Romanos, que es donde tienen sus cabeceras una profusa red de ramblas que desaguan en él o en su afluente el río Pancrudo.

Esta rambla y la red dependiente está encajada en la plataforma mioceno (caliza y arcillas) del Campo Romanos, compartimentándola y formando una serie de relieves tabulares o muelas que han sido ocupadas intensamente en la prehistoria reciente. En todas ellas se localizan yacimientos del tipo de los que estamos tratando, además de otros de épocas diferentes. Enumerados de norte a sur, en la dirección de rambla, son: Muela del Cementerio, Santa Bárbara, Muela de Santa Bárbara I y II, Paridera del Cojo, Paridera de los Bellos, Muela Litis I, II, III y IV de Cuencabuena y Cabezo de los Ladrones I, II y III de Lechago.

Todos estos yacimientos responden a las premisas comentadas en un principio, pero dentro de la uniformidad aparente que caracteriza este mundo se observan diferencias a tener en cuenta entre algunos yacimientos. Así, los denominados Muela del Cementerio y Cabezo de los Ladrones I presentan algún elemento de filiación neolítica (segmento con retoque en doble bisel), en el de la Muela Litis II predominan las puntas de flecha sobre cualquier otra pieza y, por el contrario, yacimientos como Santa Bárbara, Muela Litis IV o Cabezo de los Ladrones III, en los que aparecen dientes de hoz, además de otros elementos líticos, y relativa abundancia de cerámica modelada a mano, evidencian un componente agrícola más importante, así como mayor estabilidad y modernidad.

— Rambla de Valdevivas:

En el Campo Romanos, sobre la cabecera de esta rambla, se encuentra el yacimiento denominado Valdevivas (Burbáguena), cuyos materiales aparecen rodados y desplazados por una ladera. Predomina de forma casi absoluta el sílex, con raspadores, una punta foliácea, alguna laminita y abundante material de desecho, por un solo fragmento de cerámica a mano.

— Rambla de Anento-Arguilay:

La cabecera de esta rambla es una zona privilegiada, desde el punto de vista ambiental, para la ocupación humana, y buena muestra de ello es la sucesión permanente del hábitat. Las primeras manifestaciones las tenemos en los yacimientos que hemos denominado El Balsele (Burbáguena) y El Arguilay (Báguena), que nos vuelven a mostrar notables diferencias dentro de un mismo ambiente. Así, mientras en el primero prácticamente no existen elementos líticos de desecho (casi todo son útiles) y la cerámica a mano es muy abundante, en el segundo pasa todo lo contrario. Igualmente sucede respecto de la ubicación, para la que cada uno de ellos sigue patrones ligeramente diferenciados. Todas estas variaciones están enmarcadas en un mundo con acusado carácter agrícola, manifestado en ambos yacimientos.

En esta zona vuelven a encontrarse multitud de hallazgos aislados.

En épocas posteriores los yacimientos son menos numerosos. La proliferación de poblados que encontramos en otras áreas próximas durante la Edad del Bronce no la tenemos aquí, aunque sí existen emplazamientos de escasa entidad, difíciles de definir cultural y cronológicamente, aunque podrían corresponder a este momento.

Más datos se tienen para el Bronce Final, donde podemos incluir El Castillejo de Lechago, entre cuyos materiales hay un fragmento cerámico con decoración de boquique y otro con decoración impresa que ponen en relación este yacimiento con el mundo meseteño de Cogotas I.

Los inicios de la Edad del Hierro se caracterizan por cierto aumento en los yacimientos y el mantenimiento de las tradiciones indígenas en los materiales, especialmente la cerámica, y en los asentamientos.

Inmediatamente después, en época ibérica, se observa un nuevo auge, manifestado tanto en la multiplicación del número de yacimientos como en la mayor extensión de los poblados, a la vez que se produce una ocupación integral del territorio, incluido el valle del Jiloca, que había sido despreciado hasta ahora, pues se dan las suficientes condiciones técnicas para explotar la vega del río. Se tienen documentados los yacimientos del Castillo y el Arguilay de Báguena, Monte de Valderrando de Burbáguena, Cabezo Raso y Nuestra Señora del Rosario de Luco de Jiloca y, en Lechago, el Castillejo y Los Pagos.

Para época romana volvemos a contar con escasos elementos y, a excepción del conocido puente de Luco de Jiloca sobre el río Pancrudo, son yacimientos bastante pobres. Entre ellos cabría señalar el situado en el Arguilay de Báguena, que cuenta con relativa abundancia de cerámicas sigillatas, básicamente hispánicas, además de buen número de cerámicas comunes y algunos fragmentos que reflejan las antiguas tradiciones ibéricas.

• Bibliog.: Burillo, E: El Valle medio del Ebro en época ibérica. Contribución al estudio en los ríos Huerva y Jiloca Medio; I.F.C., Zaragoza, 1980. Picazo, J.: «Evolución del hábitat en el Arguilay (Báguena, Teruel); II Jornadas sobre el estado actual de los estudios sobre Aragón (Huesca, 1979), Zaragoza, 1980, pp. 179-184. Id.: «Aproximación al conocimiento de los yacimientos líticos del Jiloca Medio-Campo Romanos»; Estudios en homenaje al Dr. Antonio Beltrán Martínez, Zaragoza, 1986, pp. 285-315. Id.: El Eneolítico y los inicios de la Edad del Bronce en el Sistema Ibérico Central (Jiloca Medio y Campo Romanos); Monografías Arqueológicas del S.A.E.T., 1, Teruel, 1986.

 

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