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Jiloca, comarca natural del

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Ver comarcas de Calamocha Buscar voz... y Calatayud Buscar voz...) El valle del Jiloca, desde Cella hasta Calatayud, constituye una unidad natural repartida entre varias comarcas humanas o político-administrativas, fundamentalmente Calamocha Buscar voz... y Calatayud Buscar voz..., pero también en parte de las antiguas Comunidades de y de Daroca Buscar voz... se encuentra el alto Jiloca, que hoy gravita sobre Calamocha; el tramo medio del río corresponde al centro de la Comunidad de Daroca Buscar voz..., que se organiza en torno a la ciudad de los Corporales, y el bajo Jiloca desde Villafeliche hasta Paracuellos de Jiloca, que, aun contando con Maluenda (sede de la Comunidad de las Aldeas de Calatayud durante tiempo), es atraído y organizado directamente por la capital bilbilitana.

El valle del Jalón se inscribe en una fosa intramontana que ha facilitado la circulación y el intercambio de Calatayud y Teruel, y de forma más amplia entre Levante y Castilla. En el paisaje contrastan las tierras rojizas descarnadas de las tierras altas y los verdes ubérrimos de la vega, de gran riqueza hortofrutícola. Sin embargo, no todo es facilidad para el intercambio, y belleza paisajística y riqueza agrícola: el gran problema del valle es el funcionamiento tumultuoso de la red fluvial, bajo un clima mediterráneo continentalizado pródigo en tormentas tras semanas o meses de sequías.

La pérdida de la cobertura vegetal por el abuso roturador hace que la erosión se cebe sobre los materiales detríticos del mioceno, compuestos de margas rojas alternantes con hiladas de cantos angulosos; las ramblas durante las tormentas actúan con gran potencia erosiva, abarrancando las laderas en forma de «conchas» y dejando casi exentas grandes columnas de 30 ó 40 metros de altura (llamadas «señoritas»); las tierras cerealistas se echan a perder y las cepas quedan dañadas o arrancadas; en las vegas la acumulación de materiales eleva progresivamente el cauce del Jiloca, que se hace divagante, inseguro y con mayor erosión lateral; las huertas quedan anegadas y las vías de comunicación impracticables. Las repoblaciones forestales de pino carrasco practicadas en las laderas y tierras altas de Murero, Manchones, Daroca, etc., van encaminadas a detener este proceso, agravado por las talas abusivas de finales del siglo pasado y principios de éste.

En las tierras más elevadas, correspondientes a las plataformas miocenas o a las laderas de las sierras de Santa Cruz, predomina el viñedo junto con los cereales. El suelo es también utilizado para la explotación de un ganado ovino extensivo, que en el pasado contaba con un sistema de aprovechamiento de la vegetación y de las rastrojeras organizado por las Ordenanzas de las Comunidades.

En las vegas hay que establecer diferencias tanto longitudinales como transversales. Del nacimiento a la desembocadura, el Jiloca, tras 126 kilómetros de recorrido, salva un desnivel de 900 metros, lo que se traduce en un apreciable cambio en las condiciones climáticas para los cultivos. Si en la desembocadura la temperatura media anual está próxima a los 14°, en Daroca desciende a 12°, y aguas arriba de Calamocha está por debajo de los 10°. Pero más que las temperaturas medias hay que temer el aumento de los días de helada: ello hace disminuir la densidad frutícola al remontar el valle.

También existe una cierta diferencia en un corte transversal de la vega, como consecuencia de los peligros de inundación entre las vegas altas, instaladas sobre las terrazas superiores del río -donde no llegan las inundaciones y con cultivos rentables- y las vegas bajas, que hasta hace poco constituían los sotos y prados comunales destinados al pastoreo del ganado de labor (dehesa boyal o arriera) y que han sido paulatinamente roturadas, pero también sucesivamente asoladas por las inundaciones.

La vega del Jiloca entre Calatayud y Villafeliche es relativamente amplia y rica en cultivos hortofrutícolas; aun aquí hay que luchar con las heladas mediante diversos procedimientos como los braserillos, la combustión de neumáticos, etc. Entre Villafeliche y Murero se estrecha la vega para volverse a ampliar en Manchones hacia Daroca, pero aquí ya el paisaje agrario es más ralo en frutales, dejando paso a los cereales y a la remolacha. En las tierras de Calamocha la huerta se «enfría», los cultivos hortofrutícolas se dificultan y, en general, las cosechas se retrasan un mes respecto del bajo Jiloca.

 

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