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Jalón, regadíos de la cuenca del

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 21/11/2011

El río Jalón Buscar voz... es el más importante de los afluentes aragoneses de la margen derecha del Ebro Buscar voz.... Su aforo en la Estación n.° 9, Huérmeda, es de 372 Hm.3, promedio de los 25 años de período 1949-50/1973-74. El río nace en la provincia de Soria y a unos 40 km. de su origen penetra en Aragón, formando su valle un amplio abanico surcado por numeroso afluentes, de los cuales el más importante es el río Jiloca Buscar voz.... Los regadíos del valle del Jalón son muy antiguos y ya el poeta Marco Valerio Marcial Buscar voz... (40-104), nativo de la antigua Bilbilis Buscar voz..., deja en sus escritos una expresiva alusión a las frutas de su tierra. Fueron los árabes los que perfeccionaron los riegos, y los primeros escritos relativos a los regadíos datan del siglo XII.

Las crecidas del Jalón son temibles y las características de su curso hacen inviable en el mismo la construcción de embalses, al igual que en el río Jiloca. Con la finalidad de regular las aguas de este valle, tanto a efectos de riego como de defensa contra avenidas, se ha estudiado el Plan Jalón, cuya realización permitiría dicha defensa y además un notable incremento de la superficie regable. Dentro del territorio aragonés, el Plan Jalón contempla la construcción de cinco nuevos embalses, junto con la ampliación del actual embalse de la Tranquera Buscar voz... (río Piedra Buscar voz...) que pasaría de 84 a 120 Hm.3 de capacidad. Los nuevos embalses serían: Embid (10,3 Hm.3), en el río Henar Buscar voz...; Moros (15,0 Hm.3), en el río Manubles Buscar voz...; Ribota (14,0 Hm.3), en el río Ribota Buscar voz...; Lechago (30,0 Hm.3), en el río Pancrudo Buscar voz..., y Mularroya (150,0 Hm.3), en el río Grío. Este último gran embalse se alimentaría con aguas procedentes del río Jalón mediante un túnel de 12 km.

Los nuevos regadíos por crear suponen 24.324 Ha., que se resumen así: 13.655 Ha. mediante el canal de La Almunia, que tomaría en el embalse de Mularroya; 3.379 Ha. en la zona de Ricla Buscar voz..., por elevación; 2.376 Ha. en la zona de Pleitas Buscar voz... por elevación; 4.914 Ha. en la zona de Bárboles Buscar voz..., también por elevación. En cuanto a nuevos regadíos por aguas subterráneas, los estudios y prospecciones que se vienen realizando en el alto valle del Jiloca permiten fundamentalmente contar con 7.000 Ha. de nuevos regadíos en esta zona. Si todo ello se lleva a efecto, los regadíos aragoneses con aguas superficiales y subterráneas en la cuenca del Jalón, alcanzarían la importante cifra de 63.614 Ha. regables.

• Bibliog.:
Bolea Foradada, J. A.: Los riegos de Aragón; Zaragoza, 1978.
Estrategias para el desarrollo de los riegos en Aragón; 1986. D.G.A.

Regadíos tradicionales del Jalón-Jiloca: Las tierras del Jalón y su principal afluente, el Jiloca, presentan un déficit hídrico a partir del mes de junio, que obligó desde tiempos remotos a la irrigación. La necesidad del riego es una consecuencia de su clima, mediterráneo continentalizado, que presenta ciertos matices de aridez. Así, por ejemplo, en el Jalón medio, la estación termopluviométrica de Calatayud Buscar voz... arroja una precipitación media anual de 431 mm., inferior a la evapotranspiración potencial en 328 mm. Durante el invierno, las necesidades hídricas del suelo son cubiertas por las precipitaciones; en primavera las lluvias, junto con las reservas de agua acumulada en el suelo en meses anteriores, pueden satisfacer las necesidades del campo; el déficit de agua se plantea entre los meses de junio a octubre.

Para cubrir este déficit hídrico las tierras del Jalón cuentan con el agua de una serie de manantiales y, sobre todo, con las del río Jalón y sus afluentes (Nájima, Henar, Manubles, Ribota y Aranda, por la izquierda, y Piedra, Jiloca, Perejiles y Grío por la derecha). La aportación anual media de estos ríos, es suficiente, en teoría, para cubrir las carencias del agua del cielo (el Jiloca en Morata cuenta con 148 Hm.3, el Jalón en Huérmeda con 503 Hm.3); sin embargo, el problema es la coincidencia -lógica- del déficit hídrico del suelo con los estiajes de los ríos: los afluentes menores se secan con frecuencia en verano; el Jiloca rara vez se seca (mayo de 1953, julio de 1956) pero sus profundos estiajes pueden ser seguidos de temibles avenidas que arrasan las huertas.

La antigüedad de los regadíos del Jalón se remonta, al menos, a la época de dominación romana; algunos autores, como Giménez Soler Buscar voz... suponen que los indígenas prerromanos derivaban ya el agua de los ríos mediante troncos de árboles, y ello determinó -en opinión de Jordana de Pozas Buscar voz...- la importancia de alguna de sus poblaciones, como Alagón. En la época romana tenemos argumentos algo más sólidos para justificar la existencia de regadíos en el Jalón Medio. Por una parte, hay que señalar los versos el poeta Marcial Buscar voz... en los que se habla de agua para riego, «rosas que hacían flores dos veces al año y hortalizas en enero» en una finca recibida de Marcela, que sólo puede localizarse en las proximidades de Calatayud. Por otra parte, están los testimonios arqueológicos de Bilbilis Buscar voz..., ciudad emplazada en el cerro de Bámbola Buscar voz..., donde la existencia de acueductos Buscar voz... y aljibes nos hace suponer que si los romanos fueron capaces de subir agua para abastecer a la población, con mayor razón pudieron efectuar obras de riego abajo, en la vega.

La contribución árabe a la agricultura de regadío de la cuenca del Jalón debió de ser importante, según se desprende del gran número de nombres árabes que se conservan en la zona, tales como: acequia, alberca, aljibe, ejarbe, reaz, alfarda, etc. Al final de la ocupación Al-Idrisi escribiría que el «territorio está plantado de muchos árboles y produce muy buenos frutos. Fuentes numerosas y arroyos fertilizan la comarca». Después de la conquista de Calatayud (1120) gran número de moriscos permaneció en la región y su fama en materia de irrigación es manifiesta durante siglos. Münzer Buscar voz... dirá de ellos en el siglo XV que «tienen peregrino ingenio para los riegos, así como para el cultivo de la tierra».

En la documentación cristiano-medieval la existencia de regadíos en la cuenca del Jalón aparece comprobada inmediatamente después de la reconquista Buscar voz.... En 1125, Alfonso I Buscar voz... concede dos yugadas se tierra en Alagón «in regativo». En 1150, Fortún Aznar y su mujer donan al Santo Sepulcro Buscar voz... de Calatayud una pieza de tierra que limita con la acequia de Magallón Buscar voz...; en 1159 hay otra donación a la misma entidad de unas propiedades «qui sunt super illa acequia». El hecho de que se tomen las acequias como punto de referencia para situar las heredades, que fueron de musulmanes y judíos, hace suponer que su existencia era antigua y de todos conocida. En el siglo XIII hay un mandato del rey Jaime I Buscar voz... para que los hermanos del Hospital, del Temple y de otras órdenes Buscar voz... que tienen heredades en el término de Calatayud y de sus aldeas contribuyan a los rehaces de acequias y riegos. En la Comunidad de Calatayud la reparación de azudas, acequias, fuentes y puentes era dirigida por unos comisarios que desde 1438 tenían que ser vecinos y pecheros de la Comunidad. A fines del siglo XV, Jerónimo Münzer habla del «frondoso y dilatado valle regado por el Jalón», cuya riquísima producción se debe a «que la tierra es feracísima y bien regada por el Jalón en ambas riberas».

En la Edad Moderna seguimos teniendo testimonio de la importancia de estas tierras de regadío. Así el viajero Bartolomé Joly Buscar voz..., en 1603, a su paso por estas tierras, diría admirado: «La Vega, que ellos llaman (es el llano y la tierra fértil además), es bellísima. El difunto rey Felipe II, cuyos dichos son repetidos como las sentencias de los reyes de antaño, la estimaba como la mejor de España, comparándola por su pequeñez a un plato de ensalada de hierbas escogidas». Lavaña Buscar voz..., pocos años después, señalaba que Calatayud cuenta con «una muy fértil vega, que riega con cuatro ríos que entran en los términos de ella: Jalón que pasa por delante, a mano izquierda, y del cual se sacan muchas acequias que entran por la ciudad; el río Jiloca y el río Miedes, que entran en el Jalón a mano derecha, casi enfrente de Calatayud, y el de Ribota». En el siglo XVIII el barón de Bourgoing Buscar voz... afirmaba: «no he encontrado en España comarca más agradable ni cultivada con más esmero que este valle sin interrupción desde Cetina hasta Calatayud».

El trazado de la red actual, en buena parte configurado durante la Edad Media, consta de una serie de acequias que se alimentan del agua de los ríos de la cuenca y de la procedente de los manantiales, recogidos en balsas. En el primer caso los azudes pueden estar construidos dentro del término municipal donde se riega, o bien, aguas arriba del río, en otro término, lo que planteó, desde tiempos medievales, pleitos y diferencias entre los regantes de las vegas de los municipios limítrofes, que se resolvieron mediante concordias periódicamente modificadas. Así, por ejemplo, entre la Vega del Paguillo de Calatayud y la Vega del Molino de Terrer se conserva una concordia de 1740 en la que se dice «que la presente Concordia haya de durar y dure en el entretanto que no se encontrare la Concordia Antigua, a la que se haya de estar, no obstante lo concordado en ésta». Entre Paracuellos de Jiloca y Calatayud hay concordias de 1610, 1688, 1691 y 1847 para regular el uso de las acequias comunes. Aguas abajo del Jalón existen también concordias como la de 1510 entre Ricla y La Almunia de Doña Godina sobre la acequia de Michen, o la de 1621 entre los Herederos regantes de la acequia de Centén y Doña María de Aragón, señora del lugar de Casetas.

El riego a partir de las balsas suscitaba menos problemas, porque el agua no daba para regar más allá de un término; sin embargo, hay una, la de Valparaíso, que por su emplazamiento sobre el barranco de la Rúa -así llamado porque continúa, tras bajar de Armantes, por la Rúa de Calatayud- provocaba inundaciones en la ciudad; para evitarlas se llegó a una concordia en 1592 en virtud de la cual los herederos de la pequeña balsa y vega de Valparaíso se comprometían a «recoger y rebalsar en la balsa que de presente tiene la dicha vega y término todo el agua que nace y mana de todas las fuentes [...], de tal manera que [...] no baje ni corra, de la dicha balsa abajo, al barranco que discurre y baja a la puerta de Soria y baja por la calle de la Rúa de la presente ciudad...».

La distribución del agua entre los regantes de cada vega registra dos fórmulas. En las acequias que se alimentan de los ríos mayores (Jalón y Jiloca) en los tramos de caudal abundante se riega a discreción, sin más limitación que cuando un regante esté haciendo uso del agua no podrá serle quitada por otro situado aguas arriba, que la tome del mismo brazal secundario, hasta tanto el primero haya terminado su riego ya comenzado (art. 29, Ordenanzas 1967). En las acequias de caudal precario desde tiempo inmemorial se establecieron los exarves o ejarbes, o turnos de riego. Las Ordenanzas de Campiel de 1564 recogen el orden que se debe seguir cada día de la semana para regar con las aguas del azud Somero y con las del azud de la partida de Santos. Asimismo la balsa de Valparaíso -antes mencionada- tenía establecido un orden para cada día de la semana, por lo menos desde 1592. En la vega del Paguillo la concordia con Terrer de 1740 establece que se riegue comenzando «el presente año de 1749 por el brazo bajo y el año 1741 por el brazo alto, y así alternativamente en los demás años». De la acequia de Centén el señor y los vecinos de las Casetas tenían derecho a aprovechar las aguas todas las semanas, desde la salida del sol del lunes hasta la salida del sol del miércoles (Concordia de 1621).

La eficacia de los riegos derivados de la red fluvial del Jalón estriba no sólo en el aporte de agua, sino también en los arrastres y materiales en disolución que transportan los ríos. De entre ellos sobresale el curso principal, que con frecuencia a su paso por Calatayud registra un color marrón chocolate. El valor fertilizante de las aguas del Jalón fue puesto de manifiesto por Asso a finales del siglo XVIII: «A la fertilidad natural del suelo se agrega la inestimable ventaja de recibir un abono continuado de las aguas fecundantes de dicho río, las quales tienen en disolución una marga grasa y sustanciosa que se deposita en cada regadura. Este beneficio es más sensible en las avenidas del Xalón quando trae sus aguas de un color de ladrillo roxo, y muy cargadas de dicha marga. Entonces es cuando se afanan los labradores en hacer las que llaman correntías en las heredades puestas cerca de las grandes acequias, dexando estancadas las aguas que pueden, con lo qual consiguen sofocar la mala yerba, y dexarlas beneficiadas con 4 ó 6 dedos de tierra nueva para mucho tiempo. Las tierras fertilizadas con las correntías suelen rendir 12 y 15 por uno».

Las correntías cumplían dos cometidos: el de fertilizar y el de nivelar las tierras, haciéndolas más aptas para recibir riegos posteriormente. Dado el valor de las correntías, es lógico que aparezcan reguladas en ordenanzas y concordias. Así, las Ordinaciones de Calatayud de 1620 mandan que «ninguno pueda correntiar heredad suya, o que tuviere a alcabala, o a medias, o de otra manera, en perjuicio de otra heredad». Además, «el que sacare el agua para correntiar tenga obligación de volverla a la acequia, o madre, de donde había salido» (art. 63). De parecida manera se expresa la concordia entre Paracuellos de Jiloca y el término de Cifuentes de Calatayud del año 1691, al reconocer que ambos «han de tener y gozar derecho igual de aguas, sin que unos puedan correntiar en perjuicio de otros, porque el correntiar ha de ser a sobra de agua y con la obligación de volver el agua a la madre sin echarla al río».

• Bibliog.:
Bielza De Ory, V.: «Aportación al estudio de los regadíos del Jalón»; Rev. E. Geográficos, 1975.
Bolea Foradada, J. A.: Los riegos de Aragón; Zaragoza, 1978.

 

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