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Instrumentos

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Folc.) La vida popular ha utilizado instrumentos peculiares mientras las diferencias locales no han sido absorbidas por la unificación moderna; así (y aparte de los aperos de labranza) los propios del hogar y la cocina, la iluminación, el horno, el ajuar y mobiliario de la casa; los propios de la realización de las industrias domésticas de hilar y tejer, teñir y coser prendas o bien de fabricación de calzado (alpargatas, abarcas); materiales propios de la vida pastoril; artesanías diversas, guarnicioneria, botería, carpintería, soguería, cerámica, adobe y ladrillo, etc.; con especial significación las colmenas, la cestería; los encajes o bordados, las explotaciones forestales o carboneras, la arriería, la caza.

Entre las industrias domésticas sobresalían los telares de mano, que respondían o bien a una organización familiar o a oficio público, aunque en los pueblos solía haber uno o más tejedores (teixidores) que transmitían el oficio de padres a hijos; las fibras utilizadas fueron el lino, el cáñamo y la lana. Sobre las dos primeras se majaba y rompía la caña mediante dos agramaderas o agramizas distintas; el lino se forachaba (Ansó) y luego se golpeaba con a espatiella (Ansó) y se peinaba en el rastrillo para formar copos que eran hilados con el huso y la rueca; al extremo de ésta se sujetaba con una caperuza de colores adornada con lentejuelas (rocador en Ansó), colocándose sujeto en el delantal con la mano izquierda, mientras con la derecha se manejaba el huso, sujetando la hebra en la hilera (Ansó), haciéndolo girar ayudado por una tortera o contrapeso en su parte inferior (cuya semejanza con las fusaiolas de la Edad del Hierro es singular, tanto en el uso como en la forma). La rueca pudo consistir en un palo sin labrar; en Benasque, Baraguás y otros pueblos de Aragón era un palo ahorquillado, naturalmente, en un extremo, y en Ribagorza se hizo de palo de avellano con cuatro hendiduras en la parte superior, que al secarse quedaban abultadas como si fueran una pequeña jaula; la más popular presentaba seis o más hendiduras levantadas o aplicadas, a veces tejidas con ramitas delgadas o raíces, en trabajo de pastores; su nombre, rueca (Ansó), roca (Baraguás) o filossa (Benasque). Después del hilado se aspaba con un aparato en forma de cruz, sujeto a un pie, que se hacia girar con la mano (arivo en Ansó). Las madejas se metían en un caldero con agua caliente y ceniza y se lavaban luego con agua fría, tendiéndolas y devanándolas. También solía cardarse e hilarse la lana, aunque había pelaires en las diferentes localidades, en Jaca se teñía la lana de toda la comarca y se importaban determinados tintes de Francia.

Muy importantes son los instrumentos correspondientes al hogar y a la cocina; en el Alto Aragón el hogar era central (Gistaín) o arrimado a un ángulo o pared de la cocina. A los lados se disponían bancos, bancas o cadieras, de madera, con alto respaldo y mesas plegadizas para comer en ellas; allí se hacían también las reuniones y veladas y, en ocasiones, servían de lecho; en Ansó y Baraguás se separaban del resto de la estancia con columnas que sostenían una viga; cuando las cadieras no hacían el papel de separar el fogaril éste se levantaba del suelo formando un poyo cuadrado sobre el que los murillos de hierro levantaban y sostenían los tizones.

La chimenea arrancaba de una amplia campana y en el centro colgaba el calderizo, de una cadena o cremallo; mediante guardacenizas (Bielsa) de hierro o de piedra se evitaba que la ceniza y el calibo se derramasen fuera del enlosado. Para proteger el muro contiguo del fuego se dispone una losa (pedreña en Gistaín, Plan y Bielsa) que en muchas partes de Aragón es de hierro y, frecuentemente, traído de Francia; en los ejemplares del siglo XIX tenía relieves, muy frecuentemente el de un jinete que representa a Carlomagno. También es de origen francés la campana más pequeña, en forma de medio embudo, circular o cuadrilonga, como el chambrol de Gistaín. Las chimeneas son singulares en el Alto Aragón, cilíndricas o cuadradas, muy altas, por encima de la parte más elevada de la cubierta (cermellera en Echo, o aguilón en Ansó). Los instrumentos del hogar son los citados lares o cadenas (cremallo en Ansó, calderizo en Baraguás) de hierro, como los morillos rematados por tederas para depositar las teas de pino, los estreuades (Echo) o trébedes, los largos espedos para asar la carne, horquillas o tostaderas para el pan, parrillas, tenazas, badiles o forollas (Las Paúles) y abrazaderas para sostener los pucheros (tentebién en Ansó, guardapucheros en Broto, candalieto en Vió); además, fuelles o manchetas (Vió), tederos para la tieda, que era el alumbrado más barato, candiles de aceite, de hojalata con gancho para colgarlos, y despabiladeras para avivar el pábilo.

Otras instalaciones contiguas eran la fregadera o fregador, el vasar (espedera o platero en Ansó y Baraguás, platero en Vió). Las vajillas de cocina y comedor eran de cobre, de hierro colado o cerámica, calderos, pucheros, sartanas y chocolateras de cobre o de latón; cucharas -de madera de boj en el Pirineo (cullar)- que se guardaban en cuchareros.

Para llevar el agua en el Pirineo se usaba la herrada de madera a la que se añadieron aros de latón (Ansó, Echo) o todas ellas de zinc, importadas de Francia, muy distintas de la forrada de Gistaín; el cántaro y la botija se extienden desde Jaca y Aínsa a la Tierra Baja, llevándolos sobre la cabeza o bien en argaderas. Otros recipientes especiales fueron el salero o salinero, de madera, aceiteras de hojalata, el mortero o almidet (Bielsa, Echo).

La masadería (Ansó) y el horno, necesitaban de la masadera o artesa, o vacía de madera, la cernedera para la harina, la rasera de hierro para rascar la artesa y la pala del horno con una especial para sacar las tortas y el pan con un aro de hierro en el extremo (rolleta en Plan). También las piezas de madera o corteza para la colada, sobre una pieza circular con un canal en el borde, de madera, y forma cilíndrica (ruscador de Gistaín).

• Bibliog.: Violant y Simorra, Ramón: El Pirineo español; Madrid, 1949.

 

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