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Instituto Farmacéutico Aragonés

Contenido disponible: Texto GEA 2000

A mediados del siglo XIX los farmacéuticos zaragozanos, ansiosos por resolver ciertos problemas profesionales, obtuvieron en 28-XI-1850 la autorización del Gobernador para efectuar reuniones y el 3 de diciembre celebraban la primera de ellas en la que Manuel Pardo Bartolini, Subdelegado de Farmacia, propuso la creación de un Colegio de Farmacéuticos que tuviera carácter científico siguiendo el modelo del Colegio de Farmacéuticos de Madrid. En una reunión posterior, que tuvo lugar el 14-IX-1851, se acordó que los Subdelegados de Farmacia, Manuel Pardo Bartolini e Ignacio Durago Trigo solicitaran al Gobernador el cambio de denominación para que la corporación llevara en adelante el nombre de Instituto Farmacéutico Aragonés. Más tarde, el día 24 a las 11 de la mañana, se constituyeron los socios fundadores que eran: Camilo Sarañana, Fernando Sanjuán, Joaquín Alvirá, Joaquín Castillo, Manuel Marzo, Julián Hevia, Pablo Rodrigo, Pascual Castejón, José Gorría, Eugenio Comín, Gregorio Valero, Blas Burgaleta, Ignacio Durango y Manuel Pardo. Asimismo se nombró la Junta Directiva que quedó formada por Camilo Sarañana como director, Fernando Sanjuán como Vicedirector, Ignacio Durango como Interventor, Manuel Zarzo como Depositario y Joaquín Albirá como Secretario.

El Instituto Farmacéutico Aragonés, que celebraba sus Juntas Generales en la Academia Quirúrgica Cesaraugustana, tenía como objeto: a) velar por la moral y los intereses profesionales, y b) la formación científica para lo que, si se contaba con fondos económicos, se podrían establecer cátedras públicas y enseñanzas gratuitas y siempre que entre sus miembros hubiera quienes quisieran desempeñarlas gratuitamente. Se seguía así la senda marcada por los farmacéuticos Pedro Gregorio Echeandía y Francisco Otano a fines del siglo XVIII, pues llegaron a ocupar las Cátedras de Botánica y Química creadas por la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. No es extraño por ello que Gerónimo Borao, siendo Rector de la Universidad de Zaragoza, regalara en 1856 a la corporación de que tratamos aquí un busto de Echeandía, idéntico al destinado para el Jardín Botánico de la Universidad (Junta General de 28-II-1856).

El Instituto debía disponer de Biblioteca, Gabinete de Historia Natural y Laboratorio para elaborar medicamentos y realizar análisis químicos, bromatológicos y toxicológicos a fin de evacuar informes a petición de las autoridades.

El Instituto Farmacéutico Aragonés contaba con Miembros de Número que eran los farmacéuticos establecidos en Zaragoza, y con Miembros Corresponsales entre los que se contaron Catedráticos de las Facultades de Farmacia, Subdelegados de Farmacia, Farmacéuticos militares, etc. Desde enero de 1856, la revista La Unión Médica de Aragón fue el órgano oficial de la corporación (Junta General de 15-I-1856) y Ángel Bazán, miembro de número y secretario del Instituto, formó parte del equipo de redacción de la misma.

Manuel Pardo Bartolini había impulsado la creación del Instituto y llegó a ser Director del mismo, pero su traslado a Madrid en el año 1856 señaló la decadencia de aquél. En la Junta General de 14-IV presentaba su dimisión y regalaba al Instituto una colección de plantas desecadas para formar un herbario. En esa misma Junta, se nombraba por unanimidad a Manuel Marzo como Director y éste, años más tarde, comunica en una circular, publicada en 1865, que la «Corporación ha ido sosteniéndose aislada, abandonada, sola, sin el menor apoyo moral ni material de sus compañeros de profesión aragoneses salvo muy honrosas y escasísimas excepciones». Se llega así al año 1878, en que en Junta Ordinaria de 31-XII se acuerda la disolución del Instituto y que sus libros y documentos se remitan al Colegio de Farmacéuticos de Madrid «como corporación hermana». En consecuencia, el secretario Ángel Bazán ruega a la corporación farmacéutica madrileña en 17-III-1879 que sean aceptados aquéllos en calidad de depósito en su archivo lo cual fue aceptado por ésta en 21 de marzo. En 25 de abril se remitía a Madrid por ferrocarril una caja con los libros, documentos e inventario del Instituto y en 21 de mayo se envió el Libro de actas.

En la Junta Extraordinaria de 14-III- 1879, se acordó que el busto de Echeandía fuera ofrecido al Director del Instituto de segunda enseñanza de la provincia y que el dinero con que contaba la corporación, que ascendía a 2.500 reales, fuera destinado a un farmacéutico pobre de la provincia. En la Junta Extraordinaria de 19 de mayo, última que celebró el Instituto Farmacéutico Aragonés, se decidió por los asistentes: Marzo, Sarañana, Castellano y Bazán, entregar el dinero al socio fundador Pablo Rodríguez, pues se encontraba enfermo e incapacitado para el ejercicio profesional.

• Bibliog.: Archivo de la Real Academia de Farmacia. Libro 34. Leg. 139.9. Instituto Farmacéutico Aragonés. Circular. Z., 1865. Martínez Tejero, V.: «Principio y fin del Instituto Farmacéutico Aragonés»; IV Jornadas sobre el estado actual de los Estudios sobre Aragón, Alcañiz, 26-28, noviembre 1981, Z., 1082, pp. 141-147. Riera, J.: «Historia del periodismo médico y farmacéutico en España»; Acta Histórico-Médica Vallisoletana. Monografía VIII, Valladolid, Secretariado de Publicaciones, 1978, p. 82.

 

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