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Insignias reales

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Objetos materiales que, por sí o por su representación, simbolizan la dignidad regia y sus prerrogativas. Se empleaban sobre todo en la coronación de los monarcas y se figuraban en sus efigies, especialmente las de sus sellos y monedas, dado su carácter oficial. En Aragón, las insignias reales eran, según el Ceremonial de Pedro IV, la espada y los esporones o espuelas (que muestran al rey como caballero), las armas, que consisten en el pendón y el escudo «a senyal reyal», es decir, con los palos de Aragón, y en el yelmo con su timbre, esto es, la cimera del dragón (que identifican al monarca como miembro de la Casa de Aragón y por tanto como heredero legítimo del reino) y, por último, las insignias de la dignidad real: la corona, el ceptre o cetro, el pomo d’oro u orbe, y el solio regio o trono real (que son los signos de soberanía del monarca). De este conjunto, la insignia más antigua es la corona, que aparece como atributo regio desde las primeras acuñaciones de los reyes de Aragón. A lo largo de la Edad Media fue una corona abierta, sin embargo, ya Martín I empleó excepcionalmente una corona cerrada (antes reservada al emperador), esta forma sería la preferida en la Edad Moderna. Por su parte, el cetro era al principio un báculo rematado en una cruz litúrgica, al uso de la monarquía pamplonesa, según se aprecia en el relieve real prerrománico de Luesia (de finales del siglo X). Esa cruz es la que aparece en el reverso de las primitivas monedas aragonesas, con una decoración afiligranada cuyo aspecto dio lugar en los siglos XIV y XV a la cruz de Íñigo Arista y a la encina de Sobrarbe. Sin embargo, desde el sello mayestático de Alfonso II, el cetro adopta ya su forma usual, en forma de varita rematada por una flor de lis, y aparecen como insignias reales el orbe y el trono. Los atributos caballerescos se documentan en los sellos ecuestres desde mediados del siglo XII, al igual que los palos de oro y gules, emblema de la Casa de Aragón y, por ende, señal real. En cambio la cimera del dragón alado es una innovación de Pedro IV, que se suma a los otros símbolos tradicionales. Todos ellos, aunque plasmados en objetos materiales, no se vinculaban a representaciones concretas. Esto significa que durante la Edad Media cada monarca mandaba hacer una corona, un cetro o un trono propios. Así, un rey podía tener más de una corona, donarla a su muerte a un monasterio e incluso empeñarla, caso frecuente. Ni siquiera había un diseño oficial; cada insignia real se elaboraba de acuerdo con las modas del momento y se hacía todo lo rica que su comitente podía permitirse.

 

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