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Industrialización

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 30/03/2010

(Econ.) Los primeros intentos industrializadores se llevaron a cabo en Aragón con varias décadas de retraso respecto a otras regiones españolas. De las causas que motivaron el retraso nacional nos detendremos, en el caso aragonés, en tres que nos parecen relevantes:

• La falta de demanda suficiente, agravada por el escaso grado de integración de la economía aragonesa en el mercado nacional.

• La fuerte regionalización de los grupos industriales, consecuencia de lo anterior en cierto modo, que impedirá una mayor movilidad del capital.

• Y la sumisión de la industria a las fluctuaciones de la actividad agraria, característica ésta especialmente importante por lo que respecta a la economía aragonesa, si se tiene en cuenta cuál era la estructura de su población activa.

Por el contrario, algunos de los factores que aceleraron el proceso industrializador en España tras 1850 no son perceptibles con la misma intensidad en la economía aragonesa. Éste es el caso sobre todo de las inversiones extranjeras, que suponen en la región aragonesa una cuantía próxima al 0,3 % del total nacional, capital dedicado a financiar inversiones en sociedades mineras y metalúrgicas -2,4 millones- y a servicios públicos -1,5- debido a que tanto la Compañía del Gas de Zaragoza como la de Tranvías pertenecieron a un grupo francés y otro belga, respectivamente. En el caso de la región aragonesa, la pérdida de las colonias no supuso la posibilidad de contar con recursos financieros que permitieran acelerar el proceso industrializador, ya que la repatriación de capitales, que fue tan importante en otras regiones, no se dejó sentir en aquellas que, como la aragonesa, carecían de una fuerte tradición migratoria hacia América; pues, dada su posición geográfica, los emigrantes aragoneses se dirigían fundamentalmente a Cataluña. Tampoco la protección al sistema productivo en forma de elevados aranceles tendría efectos beneficiosos para la región, sino que, por el contrario, los consumidores aragoneses iban a tener que pagar la parte del precio total que les correspondería por una protección de la que iban a beneficiarse sectores muy concretos del capitalismo español con intereses específicos en Cataluña y el País Vasco.

Los primeros antecedentes Buscar voz...: Algunas manufacturas habían alcanzado en Aragón un cierto grado de desarrollo ya en el siglo XVI -que se continuará en el XVII-, como es el caso de la lana; pero a menudo no se puede competir con los tejidos de importación, a pesar de las medidas proteccionistas con que se intenta contener la crisis de ese sector y que dificultaban el comercio, llegando a situaciones tan extremas como la ocurrida a un viajero que -según relata Dormer Buscar voz...- dirigiéndose desde Castilla a Roma, tuvo que pagar impuestos por su equipaje en seis ocasiones, tres de ellas en Aragón: al entrar en el reino, al entrar en Zaragoza, y al salir de Aragón.

En conjunto, los intentos industrializadores fueron muy escasos a lo largo del siglo XVIII en la región aragonesa, y a ello contribuyeron sin duda los efectos de la guerra de la Sucesión Buscar voz... y los excesivos gravámenes que hubieron de soportarse, los cuales, en opinión de Lacarra «arruinaron a muchos pueblos y paralizaron el resurgir industrial que se apuntaba en el último tercio del siglo XVIII». Así, cuando, en 1789, Ignacio de Asso Buscar voz... describe en su Historia de la Economía Política de Aragón el estado de las manufacturas, afirma que «nunca han estado las fábricas de Aragón tan decaídas como en los tiempos actuales», en un momento en que la primera etapa de la revolución industrial se había consolidado en Inglaterra. En su exposición, además de hacer referencia al fracaso de la Real Compañía de Zaragoza Buscar voz... -que contaba con 97 telares en 1777 (a los que debían añadirse otros 122 existentes en la ciudad, en el Hospicio de la Misericordia)-, se habla de la decadencia de diversos gremios. En el resto de la región había algunas muestras de manufacturas textiles en Jaca, Biescas, Albarracín y Tarazona; y existían fábricas de curtidos en Graus, Brea de Aragón -que ya en el siglo XVIII exportaba zapatos-, en Calatayud y en Zaragoza, aunque este sector artesanal estaba menos desarrollado que el textil, predominantemente artesanal y cuyo censo, según Vicéns Vives -quien toma los datos del Diccionario de Canga Argüelles- era el expresado en cuadro adjunto.

La débil industrialización hasta finales del siglo XIX: Los gravísimos efectos que tuvo la guerra de la Independencia Buscar voz... sobre la economía española se dejaron notar mucho más, como es lógico, en aquellas regiones en las que el conflicto bélico tuvo una mayor intensidad; por esto la región aragonesa, y en particular Zaragoza, se vieron muy afectadas y su economía tardó en recuperarse de las consecuencias de la guerra, especialmente sectores como el textil. La guerra primero, y la competencia de otras regiones después, habían dejado reducida esta industria a una serie de muestras aisladas; una fábrica de pañuelos de seda en el Hospicio de Misericordia, otra de hilaturas que daba trabajo a unas treinta personas en Caspe, y algunos telares que fabricaban artículos de lanas tales como paños, bayetas o estameñas en Tarazona y Tauste, siendo las fábricas más importantes de Zaragoza capital las de lienzos y otros artículos de lino y cáñamo.

Aunque antes de 1850 algunos sectores industriales habían alcanzado en España un cierto grado de desarrollo -Éste es el caso sobre todo de la industria textil en Cataluña-, será después de esta fecha cuando se produzca un despegue en el que la entrada de capital extranjero jugará un papel fundamental, ya que suplirá en gran parte la falta de ahorro interior. El proceso industrializador va a ser tardío, discontinuo y lento en su ritmo, pero servirá para sentar las bases de una paulatina transformación de la estructura económica española; continuará el desfase con respecto a los países que llevaron a cabo con antelación la revolución industrial y las mutaciones institucionales que trajo consigo la revolución burguesa.

Durante la segunda mitad del siglo XIX el sector industrial apenas está desarrollado en Aragón y sólo pueden citarse innovaciones en el campo metalúrgico, al instalarse en Zaragoza algunas empresas de construcción de maquinaria. La más antigua es la Sociedad Maquinista Aragonesa (1853), treinta años después se habían instalado algunas más: Averly Buscar voz..., Mercier, Montaut y García, Carde y Escoriaza Buscar voz..., la fábrica de espejos de Basilio Paraíso Buscar voz..., etc. Sólo es posible destacar un cierto desarrollo en un subsector industrial: el harinero Buscar voz...; esta industria, que ya se había desarrollado a mediados de siglo, por la abundancia de materia prima que le ofrecía la región y las posibilidades de exportar a Cataluña permitía que funcionasen varias fábricas, entre las que destacaba la de Villarroya y Castellano, que contaba con 16 muelas y era movida por la acequia de Urdán. Con todo, el desarrollo del ferrocarril iba a suponer paradójicamente un grave obstáculo para esta industria, porque para competir con el transporte marítimo (que colocaba a bajo precio el trigo extranjero en los puertos nacionales) las compañías de ferrocarriles concedían tarifas especiales a las harineras del litoral catalán que adquiriesen trigo castellano, con lo cual se perdía un mercado de excepcional importancia para la industria aragonesa. En la defensa de sus intereses va a destacar desde 1888, fecha de su nacimiento, la Cámara de Comercio e Industria de Zaragoza Buscar voz..., que encontrará su representante más significativo en la figura de su presidente, Basilio Paraíso Buscar voz....

La actividad económica aragonesa de la década 1880-90 atraviesa una profunda crisis como consecuencia de las malas cosechas y de la competencia harinera catalana; esta crisis es el telón de fondo sobre el que se plantea el debate sobre el futuro industrial o agrario de Aragón. En sendos trabajos presentados a los Juegos Florales Buscar voz... Zaragozanos de 1894, Enrique Sagols Buscar voz... resume su trabajo afirmando «que el porvenir de Zaragoza es más agrícola que industrial», mientras que el ingeniero Pedro Pella se pronuncia en sentido contrario, apoyándose en la envidiable posición geográfica de la ciudad (nudo de comunicaciones terrestres) y en el hecho de contar, además, con la energía abundante y barata de sus ríos y canales, achacando el retraimiento de los capitales regionales a su preferente inversión en fondos públicos.

La aceleración del proceso a comienzos del siglo XX: La industrialización aragonesa va a cobrar una indudable aceleración como consecuencia de la pérdida de las colonias americanas, que obligará a sustituir las importaciones que llegaban desde ellas. Este hecho posibilitó el desarrollo de la industria azucarera Buscar voz... en Aragón, al tiempo que este desarrollo azucarero actuó como factor difusor sobre los demás sectores. Otro sector que experimenta un considerable auge es la industria eléctrica. Merecen citarse, además, en esta fase del proceso industrializador en Aragón, las fábricas de alcohol (industria muy ligada a las azucareras, ya que utiliza como materia prima las melazas, subproducto de la remolacha); la industria metalúrgica (favorecida por el desarrollo de la demanda de otros sectores como la construcción, harineras y, sobre todo, azucareras), que suponía ya en 1911 alrededor de 2.000 trabajadores del censo zaragozano; la industria del mueble, con unos 1.500 productores; la textil, con algunos centros productores rurales (Alcañiz, Calamocha, Tarazona y Daroca), además de la ciudad de Zaragoza.

En conjunto, puede hablarse de un auge del sector industrial a finales del XIX y principios del XX pero pronto frenada por la recesión iniciada en 1905. Protagonista de esta recesión en la economía aragonesa es, sin duda, la constitución de la Sociedad General Azucarera, que resultó tan poco favorable tanto para los capitalistas aragoneses como para los cultivadores de remolacha. Esta nueva fase durará hasta 1913, con sólo un hecho económico importante durante el período: la celebración en 1908, en Zaragoza, de la Exposición Hispano-Francesa Buscar voz..., en conmemoración del primer centenario de los Sitios de Zaragoza y con la pretensión de intensificar las relaciones comerciales aragonesas con Francia y paliar la recesión.

A finales de 1913 se aprecian mejores expectativas en la economía regional: por un lado, la aparición del Plan de Riegos del Alto Aragón Buscar voz... (construcción del pantano de la Peña) y el anuncio de la pronta realización del pantano del Ebro; por otra parte, el inicio del tendido del ferrocarril de Caminreal y el de Cinco Villas... perspectivas optimistas que se bloquean al año siguiente ante el efecto que produjo inicialmente el estallido de la I Guerra Mundial Buscar voz.... Pero con el paso de los meses cambia la coyuntura económica: los años de la Gran Guerra coinciden en España con un período expansionista, debido a su papel neutral en la contienda, que posibilitó una expansión en las exportaciones españolas y una notable mejora de la balanza comercial. Son años, asimismo, de consolidación tanto del sistema financiero como de algunos sectores industriales fuertemente regionalizados, lo que provocó la agudización de los desequilibrios territoriales.

Hemos podido comprobar hasta el momento cómo la industrialización aragonesa se fue localizando principalmente en la ciudad de Zaragoza, con algunas excepciones tales como fábricas de productos textiles, harineras y azucareras, industrias caracterizadas por dedicarse a la transformación de materias primas agrarias. Esta tendencia a la industrialización de la periferia aragonesa se acentúa durante los años 20 en dos poblaciones aragonesas favorecidas por la proximidad con las fuentes de producción eléctrica pirenaica: Monzón y Sabiñánigo. En la primera localidad se instala una azucarera en 1924, localizándose otras dos importantes industrias de transformados químicos tras la guerra civil; en Sabiñánigo, la empresa química E.i.a.s.a. y la fábrica de aluminio.

Los años de la Dictadura de Primo de Rivera van a venir marcados fundamentalmente por la política de obras públicas. Así, la puesta en marcha a partir de 1926 de la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro Buscar voz..., dirigida por el ingeniero Manuel Lorenzo Pardo, supone la institucionalización del proyecto de contemplar la cuenca de una manera global, potenciándose la conclusión de las presas iniciadas o la proyección de otras nuevas; se inician las obras del pantano de Yesa, se amplían las superficies de regadíos y se impulsa la producción hidroeléctrica. Por otra parte, en 1928 se culminaban las obras del ferrocarril de Canfranc Buscar voz....

El desarrollo durante la II República está condicionado por los efectos de la grave crisis económica capitalista originada por el crack financiero de 1929. En el caso de la región aragonesa, el sector industrial atravesó durante el sexenio 1930-1936 una difícil situación. Así, la producción de hierro en la cuenca de Ojos Negros (T.), que suponía en 1931 algo más de un cuarto de millón de Tm. de mineral, se paraliza ante la crisis siderúrgica. Otros dos importantes sectores industriales aragoneses van a sufrir una fuerte crisis de superproducción: es el caso de la industria harinera y, sobre todo, la azucarera. La ley de 1935, al intervenir en la producción azucarera, supuso reducir ésta, aproximadamente a menos de la mitad, por otra parte, el sector energético va consolidando en Aragón su importancia, con más de cincuenta centrales eléctricas y una producción eléctrica (altoaragonesa en sus tres cuartas partes) que supone alrededor del 18 % de la española.

Los efectos de la autarquía Buscar voz...: En Aragón, los años 40 y 50 suponen, ante todo, una continuidad en sus bases económicas tradicionales, proceso que es condicionado por las circunstancias del intento autárquico. Esto supone aprovechar al máximo los recursos energéticos, por lo que se incrementa la producción de lignito tanto en la cuenca turolense como en la zaragozana de Mequinenza-Fayón que pasa de 40.000 Tm. de producción en los años de la República, a una media de 150.000 a lo largo de la década de los 40.

Otro sector económico que experimenta un alza notable durante los años de la guerra y postguerra es el textil. Si bien en 1936 sólo había en Zaragoza 400 telares (de los que más de la mitad se dedicaban a la producción de lonas y saquerío), la incidencia de la guerra civil fue decisiva en la expansión de este sector industrial; con toda la industria textil catalana dentro de la zona controlada durante la guerra por el gobierno de la República, Zaragoza se convierte en el foco desde el que se abastecerá de telas de algodón al ejército franquista, mientras que desde Tarazona llegaban al frente mantas y otros géneros fabricados con lana.

Terminada la guerra, la Granja Agrícola de Zaragoza Buscar voz... experimenta en la adaptación del cultivo algodonero en Aragón. Tras siete años de trabajo se logra implantarlo en los regadíos, que van a lograr ser calificados por el Ministerio de Agricultura como Zona 8.ª algodonera, su producción será adjudicada a la Sociedad Anónima Algodonera del Ebro, empresa constituida a tal fin en febrero de 1946. En los años siguientes, sobre todo 1948 y 1949, este sector debió enfrentarse a crecientes dificultades derivadas de las restricciones eléctricas y de la escasez de materia prima, aunque en los primeros años de la década de los 50 vuelve a recuperarse a medida que se extiende el cultivo del algodón; contribuye así la región aragonesa a que disminuyesen las importaciones españolas de esta materia prima.

También el cultivo del lino y su posterior industrialización se desarrollan en la provincia de Zaragoza en la década de los 40, y en 1952 la extensión cultivada alcanza las 2.000 Ha., con una producción que se aproxima a los 8 millones de Kg. y cuya transformación se llevaría a cabo sobre todo en el Consorcio Agrícola Industrial Textil Aragonés, S.A. (C.A.I.T.A.S.A.). En estos años se desarrolla también el sector de la industria del calzado en localidades como Brea de Aragón e Illueca, y la azucarera, que experimenta una fuerte expansión en la producción (de algo más de 30.000 Tm. anuales de azúcar en los años 40, pasa a una cifra alrededor de las 50.000 Tm. en los 50).

La industrialización tras el plan de estabilización: El importante viraje que en la evolución del capitalismo español iba a suponer el Plan de Estabilización, se traduce a lo largo de la década de los 60 en una fuerte industrialización con efectos desequilibradores, tanto desde una perspectiva interregional como desde el punto de vista del incremento de las diferencias en el interior de cada región. En el Primer Plan de Desarrollo, cuyo período de vigencia fue de 1964 a 1968, el objetivo fundamental fue conseguir un rápido crecimiento del producto nacional bruto, de acuerdo con las recomendaciones del informe del Banco Mundial de 1962. Se sacrificaba para ello otro tipo de fines como podría haber sido el logro de una mayor equidad en el reparto de la renta, y la acción regional se limita a la creación de polos de promoción y desarrollo con la finalidad de acelerar la industrialización de unas ciudades concretas (Burgos, Huelva, Valladolid, La Coruña, Vigo, Sevilla y Zaragoza, inicialmente). Todo ello dentro del marco de la planificación indicativa, que para el sector público es obligatoria y para las empresas privadas se limita a una serie de indicaciones y estímulos de muy dudosa operatividad; por esto, las desviaciones entre las previsiones y la realidad suelen ser considerables. En general, las empresas que se acogieron a los beneficios del Polo de Zaragoza ya estaban ubicadas en la ciudad con anterioridad, y, al tener que ampliar sus instalaciones o montar nuevas factorías -superando unos mínimos exigidos-, aprovecharon las ventajas que se les ofrecían, aunque bastante exiguas, lo que hizo que la concesión o negativa de los beneficios del Polo no influyera apenas en la localización de nuevas industrias. Así, por ejemplo, hubo empresas -como fue el caso de Fibras Esso- que, al serles negados los incentivos del Polo debido a que la Administración consideraba más interesante que se instalaran en otro sitio (siguiendo una determinada política sectorial), renunciaron a las ventajas que podrían haber obtenido en otros Polos y terminaron instalándose en Zaragoza, poniendo en evidencia la escasa operatividad de un plan indicativo. El proceso industrializador fue dirigido en los últimos años del pasado siglo y en los primeros del actual por una burguesía regional dinámica e innovadora, con representantes tales como Basilio Paraíso, Nicolás de Escoriaza o Tomás Castellano, y grupos financieros como los que se formaron en torno al Banco de Crédito de Zaragoza -entre cuyos miembros estaban Santiago y Mariano Baselga, Isábal, Francisco Castán y José Aznárez- o el que posteriormente constituiría el Banco de Aragón -Joaquín Delgado, Luis Higuera, Ricardo Lozano, Antonio Portolés, etc., así como el propio Paraíso-. Sin embargo, a medida que se articulaba el mercado nacional y pasaban a competir las industrias de origen regional con otras mucho más potentes, hubo un elevado número de absorciones que ha llevado, en muchos casos, a un proceso de desposesión industrial a manos del capital monopolista. Este hecho es también claramente perceptible en el sistema financiero, por lo que será necesario tener en cuenta la presencia entre los centros de poder que toman las decisiones en la industria regional, no sólo a la burguesía aragonesa, sino también a los grandes grupos financieros e industriales nacionales así como al capital extranjero, que si bien fue muy escaso en las primeras etapas del proceso industrializador en Aragón, aparece ya con fuerza en los años 20 -caso de Aluminio Español, de Sabiñánigo, y posteriormente en Monzón (Monsanto Ibérica)-. Abiertas prácticamente de par en par las puertas al capital foráneo, acude éste a un país con una presión fiscal baja, mano de obra abundante y barata y una legislación laboral muy propicia para los empresarios. A tales centros de poder -regional, nacional y extranjero- es necesario añadir el Instituto Nacional de Industria Buscar voz..., para disponer así del cuadro completo de centros de decisión.

En síntesis, puede afirmarse, por tanto, que las grandes empresas industriales establecidas en Aragón escapan en gran parte al control del capital regional, predominan los grandes grupos financieros españoles y el capital extranjero, bien por separado o conjuntamente. Esta situación es el resultado de un proceso de desposesión industrial que ha afectado a antiguas industrias aragonesas tales como Material Móvil y Construcciones (del grupo Escoriaza, absorbida por Construcciones y Auxiliar de Ferrocarril Buscar voz...), Minas y Ferrocarril de Utrillas Buscar voz... (creada por capital regional y adquirida posteriormente por un grupo catalán), la Industrial Química de Zaragoza Buscar voz... (que siguió una trayectoria similar, para pertenecer finalmente al Grupo Cros), la Compañía de Tranvías (adquirida a comienzos del siglo por Escoriaza y Paraíso a una sociedad extranjera, y posteriormente vendida a un grupo nacional); e, igualmente, en el caso del sistema financiero, un elevado número de bancos regionales han sido absorbidos por la gran banca nacional. Por otra parte, empresas que en su día alcanzaron una elevada cifra de negocios -como es el caso de la Sociedad Vías y Riegos, que participó en la construcción de los embalses de Ardisa y del Ebro- han desaparecido ante la competencia de las grandes sociedades nacionales ligadas a la banca y que disponían de condiciones más ventajosas en sus relaciones con la Administración.

Otro aspecto de la industria regional que merece destacarse en Aragón es la fuerte concentración que existe en torno a Zaragoza capital.

• Bibliog.:
Biescas Ferrer, José Antonio: «El proceso de industrialización en el Aragón contemporáneo», Estado actual de los estudios sobre Aragón, Huesca, 1979.
Sagols, Enrique: El porvenir de Zaragoza es más industrial que agrícola o más agrícola que industrial; Zaragoza, 1893.
Bernad Partagás, Francisco: El problema azucarero en Aragón; 1910.
Lapazarán, José C.: Industrialización de las producciones agropecuarias características de la región.
Mendizábal, Carlos: La industria de la energía térmica y del acero eléctrico en Aragón.
Savirón, Paulino: Orígenes de la energía en Aragón.
Casas, Estapé, ed.: Aragón; Banco de Aragón, 1960, II tomo.
Biescas Ferrer, José Antonio: «El proceso de industrialización en la región aragonesa (1900-1920)»; tesis doctoral.
Id.: Introducción a la economía de la región aragonesa; Zaragoza, 1977.
Waiss, Francisco: Origen y desarrollo de los ferrocarriles en Aragón, 1956.
Los Cuadernos Aragón de la Institución «Fernando el Católico» (1966), recogen trabajos de Blasco Roig («Historia Económica de las obras hidráulicas en Aragón»), Sinués y Urbiola («La industria eléctrica»), Baselga, S. («Minas aragonesas»), Tomeo Lacrué («La industria química en Aragón»).
Los Cuadernos Aragoneses de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Zaragoza, incluyen: «Incidencia de la I guerra mundial en la economía aragonesa» y «El desarrollo de la industria azucarera después del 98: su impacto en la región aragonesa» (1978); de Bono, F.: «Tablas input-output en la economía aragonesa» (1978); de Biarge, A.: «Un modelo capitalista para la provincia de Huesca en 1834: el canal de Tamarite» (1978); de Crespo, I. y Tambó, N.: «La industria artesanal dispersa en la provincia de Zaragoza a mediados del siglo XIX según Madoz» (1978); de Fernández Clemente, «Treinta empresarios aragoneses en el primer tercio del siglo XX» (1978); de Germán Zubero, «Estructura económica de Aragón durante la II República» (1979); de Asín, Campo, De La Fuente y Pemán: «El cultivo de la remolacha y de la industria azucarera en Aragón. Introducción y desarrollo, cambio social e impacto demográfico» (1979).
Ver también Royo Villanova, C.: El capitalismo zaragozano hasta 1936; Cuadernos de Zaragoza.

 

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