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Imprenta en Aragón, historia de la

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 03/05/2011

El desarrollo de este tema se organiza en apartados correspondientes a Zaragoza, Huesca y Teruel, capitales y provincias.

La Imprenta en la ciudad de Zaragoza:

Siglo XV: Un cúmulo de triunfos jalonan la historia de la Imprenta en Zaragoza desde su implantación, en 1475, en que apareció el Manipulus curatorum Buscar voz... de Guido de Monte Rotheri, con la característica de ser el primer incunable con colofón completo que vio la luz en España: nombre de impresor, lugar, año e incluso mes y día de su terminación. Le cupo tal privilegio al artífice Mateo Flandro Buscar voz..., de origen alemán.

Fijar la fecha exacta de la introducción de la imprenta en España ha dado origen a encendidas polémicas, en las que la terquedad se opuso en muchos momentos a la razón. Dejando aparte los argumentos esgrimidos por Barcelona, Valencia y Segovia -tema interesante que es preciso soslayar por lo extenso-, Zaragoza en virtud de unos documentos descubiertos por don Manuel Serrano y Sanz Buscar voz... en el Archivo de Protocolos de nuestra ciudad, alimentó la creencia de haber albergado un taller impresorio antes de 1475, ya que entre dichos documentos se encontraba un contrato suscrito en 1473 entre los alemanes Enrique Botel, Jorge von Holtz y Juan Planck; el señor Serrano y Sanz, basándose en tan interesante hallazgo, publicó La Imprenta en Zaragoza es la más antigua de España. Prueba documental. Infortunadamente, la sociedad constituida por el contrato mencionado no llegó a funcionar, y hoy todos los bibliógrafos que han estudiado en profundidad el proceso histórico del arte tipográfico en España nos excluyen de tan noble debate. Hay que hacer observar que el contrato fue signatado en Alemania, antes de emprender viaje a España. Por tanto, dicho documento es únicamente su legalización, y sólo por dos de los tres firmantes, ya que Jorge von Holtz había fallecido. Todavía existe otra razón: la caducidad del contrato, pasados ya tres años, puesto que los comprometidos no llegaron a Zaragoza antes de 1477.

Al no hacer su aparición una prueba tangible, inequívoca, cual es la presencia de un impreso anterior a 1475, hay que aceptar como evidente que el primer libro zaragozano es el citado Manipulus curatorum, impreso por Mateo Flandro, cuyas características mueven a pensar, por un lado, en un impresor experimentado (la inclusión del colofón), y, por otro, en la carencia de gusto en la confección del libro, por ofrecer todo el aspecto de una impresión rudimentaria, dada la pobreza de tipos (uno solamente) y desigualdad en las líneas de las planas. No obstante, poco significa esto ante la gloria de primicia tan relevante.

La perfección, la armonía y la belleza del arte impresorio en Zaragoza durante el siglo XV, estuvieron representadas por los hermanos Juan Buscar voz... y Pablo Hurus Buscar voz..., de nacionalidad alemana, que hicieron que sus estampaciones fueran y sigan siendo muy codiciadas, especialmente las de Pablo.

Cerca de ciento cincuenta incunables comprenden la producción tipográfica de los siete artífices que trabajaron en este siglo en Zaragoza: Mateo Flandro, Enrique Botel, Pablo Hurus, Juan Hurus, Leonardo Hutz Buscar voz..., Juan Planck y Lupo Appentegger. A estos nombres hay que sumar el de Jorge Cocci Buscar voz..., quien en compañía de Hutz y de Appentegger dio a la luz, cerrando el ciclo incunable (en 1500), tres libros:

Principales incunables de Pablo Hurus: Missale Caesaraugustano, 1485; Spejo de la vida humana, de Rodrigo Sánchez Arévalo, 1491; Exemplario contra los engaños del mundo, de Juan de Capua, 1493; El Salustio Cathilinario y Jugurta en Romance, de Cayo Crispo Salustio, 1493; De las mujeres ilustres en romance, de Juan Boccaccio, 1494; Fueros de Aragón, 1496; otra bellísima edición del Missale Caesaraugustanum, 1498, y la Crónica de Aragón, de Gauberto Fabricio de Vagad Buscar voz..., 1499.

Principales incunables de Juan Hurus: Ésta es la vida de Ysopet con sus fábulas, 1489; Las CCC, de Juan de Mena; Ordenanzas Reales de Castilla, de Alfonso Díaz de Montalvo, 1490; Éthica de Aristóteles, 1490, y el Cancionero, de Ramón de Lluvia, también de 1490.

En 1500 aparecieron tres incunables Buscar voz... impresos por Jorge Cocci y sus socios Leonardo Hutz y Lope Appentegger: Pascale Sedulii cum additionibus...; Constituciones Synodales de Zaragoza, y Officia quotidiana, bellísimo libro de horas, enriquecido con dieciocho láminas iluminadas y abundantes viñetas.

Siglo XVI: Ya tenemos a Jorge Cocci, tras algunas estampaciones con Leonardo Hutz como único impresor al comienzo de este siglo, heredero del taller de Pablo Hurus. El número de sus impresiones supera las doscientas. Sus más importantes obras son: Las CCC, de Juan de Mena, 1506; Libro de Albeytería, de Manuel Díaz, 1506; La Comedia o Tragicomedia de Calisto y Melibea, 1507; Los quatro libros del Amadís de Gaula, 1508; en 1511, Cárcel de amor, de Diego de San Pedro; en 1515, Exemplario contra los engaños y peligros del mundo; varias ediciones de Fueros de Aragón, Misales, Breviarios Procesionarios, Cantorales, Pasionarios y Libros de Horas. La mayor gloria la conquistó con su edición de Las Décadas de Tito Livio, estampado en 1520, calificado como el más perfecto y bellamente impreso del siglo XVI.

En 1528 acompañó a Cocci, en su soledad, Pedro Hardouyn Buscar voz..., imprimiendo entre este año y 1529 cinco libros del aragonés Gaspar Lax Buscar voz.... El mismo año de su muerte, 1536, imprimió Minerva aragonesa, de Guido Morel. Siguióle su viuda Juana Millán Buscar voz..., quien estampó Historia de la doncella Teodor, de Alfonso Aragonés. En 1540 aparecen dos nombres: Pedro Bernuz Buscar voz... y Bartolomé de Nájera Buscar voz..., quienes en sociedad ocupan la oficina tipográfica de Cocci, hasta 1546. Al año siguiente quedóse Pedro Bernuz como único propietario del prestigioso taller, en tanto que Bartolomé de Nájera abrió el suyo propio. Ambos habían sido operarios de Jorge Cocci, por quien sentían gran devoción, hasta el punto de hacer figurar en la mayoría de sus estampaciones el escudo del maestro, o consignar: «en casa de Jorge Cocci». Pedro Bernuz ejerció la profesión más de treinta años, dado que en 1571 colocó su nombre en la obra de Fr. Domingo Biota, Colloquio del pecador y del crucifijo. Imprimió la primera edición de los Anales de la Corona de Aragón, de Jerónimo Zurita Buscar voz.... Bartolomé de Nájera comenzó su labor en 1547, con el libro Exemplario contra los engaños del mundo, de Juan de Capua, hasta cesar en 1555. Entre su producción figuran dos ediciones de Fueros Buscar voz..., de 1552 y 1554; el Breviario del Monasterio de Sijena, 1547; Sumario del origen y principio y de los Privilegios, Estatutos y Ordinaciones del Colegio de Notarios... de Zaragoza, 1548; el Missale cesaraugustanum, 1552; Breviario de Tudela, 1554, y en el último año de actividad La segunda parte de Orlando, con el verdadero suceso de la famosa batalla de Roncesvalles, fin y muerte de los doce Pares de Francia, de Nicolás Espinosa.

Aparece en 1545 un nuevo impresor: Diego Hernández; el primer fruto de sus tórculos es el libro de Fernando de Rojas, Tragicomedia de Calisto y Melibea. Falleció en 1548. Le sucede su viuda, que lo fue también de Pedro Hardouyn. Fallece en 1549 y hereda el taller su sobrino Agustín Millán Buscar voz..., quien inició su industria con el rarísimo impreso de dos hojas Coplas de tristes nuevas..., de autor anónimo; desaparecen en 1564. Sucedióle su hermano Juan Millán, que trabajó hasta 1577, siendo sus principales estampaciones la Crónica de los Reyes Católicos, de Hernando del Pulgar, y Primera parte de la Diana enamorada, de Gaspar Gil Polo.

En 1562 surge la viuda de Bartolomé de Nájera Buscar voz..., a quien se deben las Obras del excelentísimo poeta Aussias March y el Cancionero de Jorge de Montemayor, dejando de imprimir en 1572. Antes que ésta, comienza a sonar por poco tiempo Esteban G. de Nájera Buscar voz...; movió poco las prensas en los ocho años que estuvo establecido; son suyos: Arte de escribir, de Juan de Iciar, y Cancionero llamado Vergel de Amores, en sus dos ediciones de 1551 y 1552. Miguel de Güesa vino a engrosar el número de impresores zaragozanos en 1562, imprimiendo Espejo de príncipes y caballerosFloresta española de Apotegmas o Sentencias..., de Melchor de Santa Cruz. Juan Soler, que en sólo ocho años (1576-1583) tuvo el taller en tres lugares distintos, dio a la luz unos Fueros y Observancias del Reino de Aragón, dos lindas ediciones de La Araucana, de Ercilla (1577 y 1578), y las Obras de Boscán y Garcilaso.

Encomios merece por su maestría Domingo de Portonaris, de origen italiano, quien trasladóse de Salamanca a Zaragoza llamado por la Diputación para imprimir la segunda edición de los Anales de Zurita, 1578. Falleció en 1585 y en este mismo año apareció su hermano Simón. Hay que anotar en su haber la Primera parte de los Anales, de Zurita y unos Fueros y Observancias. Gran relieve tuvo la imprenta de los hermanos Lorenzo y Diego de Robles Buscar voz.... Iniciaron su labor en 1582. Fallecido Diego, su hermano siguió imprimiendo hasta 1611. De este taller salieron importantes obras de temas aragoneses, y quien necesite información sobre el pleito de la baronía de Quinto debe acudir a consultar los numerosos impresos que salieron de las manos de Lorenzo de Robles. Procedente de Huesca, se establece en Zaragoza en 1598 Juan Pérez de Valdivielso. Siguió imprimiendo en nuestra ciudad en la centuria siguiente. Ángel Tavano, que comenzó en 1599, fue otro de los artífices que continuaron estampando en el siglo XVII. Otros impresores alimentaron las prensas zaragozanas, tales como Gabriel Dixar, Juan Alterach, Pedro Puig, Juan Escarrilla, Álvaro de Acosta, Miguel Jimeno Sánchez, Miguel Fortuño y Pascual Pérez, siendo la producción de todos ellos muy limitada; que quien más ejerció no pasó de cuatro o cinco años.

Siglo XVII: En este siglo el arte tipográfico en España sufrió una sensible decadencia: papel de ínfima calidad y tipos desgastados por el uso fueron sus motivos principales. Cierto es que los caracteres góticos dotaban de gran belleza a las planas, pero no es menos cierto que los redondos, utilizados desde los albores de la imprenta, contribuyeron a dar una imagen primorosa a las estampaciones. Si en lugar de ser los caracteres redondos los que sustituyeron a los góticos hubiera sucedido lo contrario, hubiesen ofrecido un aspecto más deplorable, dadas sus características. No obstante, inversamente a lo ocurrido en otras ciudades españolas (que el número de talleres decreció), en Zaragoza fue en aumento, hasta alcanzar la cifra de sesenta y tres, tres veces más de los registrados en el pasado siglo. Bien es cierto que casi un tercio de ellos apenas hicieron mover las prensas.

Ángel Tavano, Juan Pérez de Valdivielso, Fortuño Sánchez y José Altaraque, proceden del siglo anterior, así como Lorenzo de Robles, que entre los años 1601-1611 siguió dando a la luz obras de interés regional, como una edición de los Anales de Zurita (los tomos 3.°, 4.° y 6.° lo fueron por Juan de La Naja), en 1610; Actos de Cortes del Reino de Aragón, 1609, y unas Constituciones synodales del Obispado de Barbastro, 1605. Juan de Lanaja y Quartanet Buscar voz... (1610-1639) produjo impresiones de interés vario, como Libro de la Cosmografía Universal, de José de Sessé, 1619, y la Historia de la fundación y antigüedades de San Juan de la Peña..., de Juan Briz Buscar voz..., 1620. Lucas Sánchez Buscar voz... estuvo establecido desde 1610 a 1634, y casi toda su producción es de carácter religioso; muy curiosa su Historia de la Virgen de Magallón, en verso castellano, de fray Juan Martínez, 1610. Juan de Larumbe Buscar voz..., pariente del Larumbe que ejerció en Huesca, trabajó de 1610 a 1654; figuran entre sus obras El peor escondrijo de la muerte, de don Francisco de Quevedo, 1629. Dos importantes ediciones salieron del taller de la viuda de Lucas Sánchez, entre los años 1612 al 1629: La hija de la Celestina, de Salas Barbadillo, 1612, y la Segunda parte de la Primavera y Flor de los mejores romances, 1629.

Cerca de veinte años estuvo establecido Pedro Cabarte Buscar voz... (1614-1632). Suyas son las excelentes ediciones Vida y excelencias de la Madre de Dios, de Fray Diego Murillo (tomo II, 1614); Los libros de la Madre Teresa de Jesús, 1615. De Diego de la Torre (1619-1630), son dignas de reseñar Ivsta poética por la Virgen del Pilar, 1629, y Torneo a caballo hecho en Zaragoza a la venida de la Reyna de Ungría, 1630. Pedro Destar, que tuvo taller desde 1620 a 1652, dio nota de escasa actividad, debiéndosele una Segunda parte de la vida del Lazarillo de Tormes, 1652. No sucedió lo mismo con Pedro Verges Buscar voz..., que estuvo al frente de su taller desde 1624 hasta 1645, aproximadamente, puesto que en 1646 figuró la viuda; lanzó al mercado numerosas obras, entre ellas de Quevedo y Lope de Vega, así como de Medicina.

Merecería un espacio mayor el más destacado impresor de esta centuria: Diego Dormer, no sólo por haber sido el más prolífico, sino por la calidad de algunas de sus impresiones. Cuarenta y dos años (1632 a 1674) le permitieron enriquecer su bibliografía con aportaciones como Diálogo de la verdadera honra militar, de Jerónimo Ximénez de Urrea, 1642; Parte veinte y cuatro de Comedias de Lope de Vega, 1633; Proverbios morales, de Alonso de Barros, 1656, y una hermosa edición de los Anales de Zurita, 1668. De Cristóbal de la Torre (1633-1642), poco hay digno de citar, a no ser Ordinaciones de la Comunidad de Calatayud, 1637 y Destierro y azote del libro del duelo, del Dr. Lozano, 1640. Juan de Ibar fue otro de los artífices que hicieron funcionar los tórculos largo tiempo (1634-1676). A él se deben el Libro de Albeytería, de Miguel de Paracuellos, 1658, y varios libros de poesías de reconocidos ingenios.

Pedro Lanaja y Lamarca Buscar voz... (1638-1650) imprimió numerosos libros: Constituciones Synodales; Ordinaciones; Estatutos, y otros relacionados con la historia de Aragón. Similar trayectoria siguieron sus herederos (1650-1684). Imprimieron libros de Castillo Solórzano, Quevedo, una segunda parte de los Anales de Zurita, 1663 y Actos de Cortes del Reyno de Aragón, 1664. Miguel de Luna Buscar voz... tuvo taller desde 1652 a 1662, y salvo el Breve tratado de la peste y fiebre pestilente, de Jerónimo Bezón Buscar voz..., 1655, poco más es digno de resaltar. Domingo La Puya tuvo imprenta desde 1653 a 1682, y es singular que, repasando la bibliografía de Jiménez Catalán, sólo aparecía un impreso del año inicial, 1653, otro de 1654, y el que imprimió el último año de su vida profesional: Predicación de Santiago en España, de Gaspar de Mendoza, 1682.

Aparece en escena Agustín Verges Buscar voz..., hijo de Pedro Verges (1660-1678). Como éste, desplegó gran actividad. Publicó el Libro de experimentos médicos, del Dr. Gerónimo Soriano, 1676. Si la vida profesional de Diego Dormer Buscar voz... fue muy dilatada, no lo fue menos la de sus herederos Buscar voz...Gaspar Sanz Buscar voz..., 1674, y Corona Real del Pirineo, por fray Domingo La Ripa Buscar voz..., 1685. Domingo Gascón y Monzón (1680-1700), produjo muy poco, entre ello Medicina doméstica necesaria a los pobres y familiar a los ricos, del Licenciado Borbón, 1686.

Pascual Bueno Buscar voz..., además de excelente tipógrafo, fue un hombre muy instruido. Se estableció en 1678, cesando en 1725. Entre su rica producción, destacan los libros sobre Aragón: Fueros y Actos de Corte del Reyno de Aragón, 1678; Aula de Dios, Cartuxa de Zaragoza, del P. Miguel de Dicastillo, 1679; Ordinaciones reales de la ciudad de Jaca, 1684; Ordinaciones de la Comunidad de Teruel y Villa de Mosqueruela, 1685; Fueros y Actos de Corte del Reyno de Aragón de Fray Domingo La Ripa, 1688; Ordinaciones Reales de la Comunidad de Calatayud, 1692, etc. Artífice eminente fue Manuel Román Buscar voz..., en cuya oficina se estamparon las Ordinaciones de la Casa y Cofradía de la ciudad de Zaragoza, 1686; Ordinaciones Reales de la Ciudad de Tarazona, 1686, y Lyra poética de Vicente Sánchez, natvral de la Imperial Civdad de Zaragoza, 1688. Este taller funcionó desde 1684 a 1700. Jaime Magallón Buscar voz... estuvo establecido nueve años, produciendo poco y no de calidad, salvo Noticias Generales de Europa, «venidas a Zaragoza por diferentes partes y publicadas en ella oy martes a 8 de noviembre de 1695», y Gazetilla extraordinaria «en que se participan las noticias que tuvieron de Cataluña ayer martes, a que van agregadas otras que se tuvieron por la vía de Francia», 1698.

No se puede pasar por alto la existencia de la Imprenta del Hospital de Nuestra Señora de Gracia Buscar voz..., dada su gran importancia. Sus comienzos fueron en 1624, alcanzando hasta el siglo XIX. Proporcionó trabajo a impresores y libreros.

Siglo XVIII. Esta centuria, que en sus inicios siguió las huellas de la anterior en cuanto a impresiones mediocres, llegó a alcanzar en España un nivel esplendoroso merced a un grupo de artífices de gusto exquisito y gran preparación cultural, cuyo paradigma, por ofrecer el más destacado, fue Joaquín Ibarra y Marín Buscar voz..., nacido en Zaragoza, aunque establecido en Madrid.

Zaragoza contó con cerca de cincuenta impresores, de los cuales ocho iniciaron sus trabajos en el siglo XVII y una veintena no cuenta, dada su producción escasísima. Pero hubo unos cuantos que dotaron de gran lustre a la profesión. Uno de éstos, Pascual Bueno Buscar voz..., ostentó el título de impresor del Reino de Aragón y también el de todas las instituciones zaragozanas. Inauguró el taller en 1678, cesando en 1725. Entre su producción de este siglo figuran: Libro de los secretos de Agricultura, Casa de campo y Pastoril, de Miguel Agustín, 1703; Medicina y Cirugía racional y esparagírica..., del Dr. Juan Vidós, 1709, y Estatutos y Ordinaciones «acerca de la lites y diferencias que se pueden ofrecer en las cosas tocantes y pertenecientes a los Montes y Huertas de la Ciudad de Zaragoza», 1723.

Manuel Román, que establecióse en 1678, siguió estampando hasta 1711, y en estos once años dio muestras de su gran pericia. Son mencionables: Ordinaciones del Regimiento de la vencedora ciudad de Huesca, 1703, y Narración Histórica de la milagrosa venida de María Santísima a defender a Zaragoza, «y su prodigiosa Imagen, que con la invocación de el Portillo se venera en sus muros», 1706. A Francisco Revilla Buscar voz... (1698-1752) se deben, entre sus numerosas impresiones, Ordinaciones hechas por los Señores Jurados, Capítulo y Concejo de la Ciudad de Zaragoza..., 1705; Ordinaciones del Término de la Almotilla de la Ciudad de Zaragoza, 1718; Ordinaciones de los Términos de Cascajo y Passaderas, 1721, y La Poética «o reglas de la poesía en general y de sus principales especies», de don Ignacio de Lvzán Buscar voz..., 1737.

Uno de los impresores más inteligentes e instruidos fue Luis Cueto Buscar voz... (1720-1787). En sus talleres se editó la Gazeta de Zaragoza Buscar voz..., así como numerosas Pragmáticas, Cédulas Reales, Constituciones Synodales y otros muchos libros de interés regional. Otro artífice de calidad fue José Fort Buscar voz... (1721-1769). Entre su abundante producción hay que destacar la Llave de Albeytería, de Domingo Royo Buscar voz..., 1734; el tomo 1.° de Aragón, Reino de Cristo, de fray Roque Alberto Faci Buscar voz..., 1739, y una Historia de la aparición y milagros de Nuestra Señora del Tremedal, del Dr. Llorente, 1744.

Más de cincuenta años estuvo Francisco Moreno Buscar voz... al frente de la oficina tipográfica más importante de Zaragoza. Su bibliografía es copiosa, de temática variada, descollando las obras de contenido aragonés. Vida muy dilatada gozó también el taller de Medardo Heras Buscar voz... y sus sucesores, ya que abrió sus puertas en 1753 y en 1842 todavía seguía funcionando, pese a lo cual su producción fue escasa destacando: Tyrocinium jurisprudentiae forensis, del Dr. Custodio de Lissa, 1788; Carta de un aragonés aficionado a las antigüedades de su Reyno, sin fecha de impresión; y lo que es más interesante, la Biblioteca Antigua de los Escritores aragoneses «que florecieron desde la venida de Christo hasta el año 1500», de Félix Latassa y Ortín Buscar voz..., 1796, y los seis primeros meses del Diario de Zaragoza del año 1797.

Blas Miedes Buscar voz... (1781-1786), en los pocos años que trabajó, puso de relieve su pericia y laboriosidad. La mayor parte de sus trabajos versaron sobre Economía, Medicina y Matemáticas. Es curioso su Tratado económico dividido en tres discursos, de Francisco Dieste y Buil Buscar voz..., 1782. Fue impresor del arzobispo y de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País Buscar voz..., colocando el escudo de ésta en todos los encargos.

Francisco Magallón Buscar voz... fue, quizás, el más experimentado y diestro de los estampadores de esta centuria. A él se debe el importante libro de don Ignacio de Asso Buscar voz..., Historia de la economía política de Aragón, 1798. Hay que resaltar como importante que, cuando ya había quedado atrás aquella etapa regeneracionista del arte impresorio y se había apagado un poco el eco de los éxitos de Ibarra, Sancha y Monfort, e iniciado una nueva regresión, Francisco Magallón lanzaba la bellísima edición Descripción de los canales Imperial de Aragón y Real de Tauste, del conde de Sástago Buscar voz..., impreso en 1796, teniendo poco que envidiar a las estampaciones más logradas de aquellos maestros. La Imprenta Real Buscar voz..., que ya existía en 1730, trabajó intensamente. Tuvo varios regentes, que eran impresores con taller propio, entre ellos Luis Cueto.

Siglo XIX: Don Jerónimo Borao Buscar voz..., en su tratado La Imprenta en Zaragoza... (1860), muestra un injustificado pesimismo al afirmar que «hoy no tiene Zaragoza más impresores, teniendo muchos, que para acudir a las necesidades burocráticas e industriales crecientes cada día...». Esto no es así, ya que funcionaban talleres tan prestigiosos como los de Gregorio Casañal Buscar voz..., Mariano Peiró Buscar voz..., Calisto Ariño Buscar voz..., Luis Cueto Buscar voz..., Roque Gallifa Buscar voz..., Medardo Heras Buscar voz..., Francisco Magallón Buscar voz... y Mariano Miedes Buscar voz.... Lo que sí existía era una crisis de valores, hasta que surgieron Asín Palacios Buscar voz..., Franco y López Buscar voz..., Gascón y Guimbao Buscar voz..., Gil Berges Buscar voz..., Eduardo Ibarra Buscar voz..., Juan Moneva y Puyol Buscar voz..., Miguel Agustín Príncipe Buscar voz..., Santiago Ramón y Cajal Buscar voz... y Ricardo Royo-Villanova Buscar voz..., entre una larga lista, personajes ilustres que tanto prestigiaron a Aragón. En cuanto a corporaciones y sociedades que echaba en falta el señor Borao, funcionaban la Academia Científica-Literaria, la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis Buscar voz...Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País Buscar voz..., y el Ateneo Científico y Literario Buscar voz.... Hay que resaltar, que el Ayuntamiento y la Diputación movíanse a un ritmo creciente, publicando memorias, dictámenes y reglamentos, formando una fuente de datos para el estudio del desarrollo de nuestra ciudad y provincia en todos los campos. La Diputación se llenó de gloria al publicar la Biblioteca de Escritores Aragoneses Buscar voz..., agrupando en sus dos series obras poéticas, literarias e históricas. También se inició la etapa de los escritores costumbristas con Cosme Blasco y Val Buscar voz..., seguido de Alberto Casañal Buscar voz..., Teodoro Gascón Buscar voz..., etc.

Más de una treintena de artífices contaba Zaragoza, sin incluir las imprentas dependientes de periódicos e instituciones locales. Apellidos como Heras, Magallón, Miedes y algún otro sonaban ya en el siglo anterior. Hasta 1842 funcionó la imprenta de Medardo Heras. La de Mariano Miedes, fallecido en 1786 pasó a manos de su viuda, y después a las del hijo, hasta 1833. El taller de Francisco Magallón tuvo larga vida: comenzó en 1793, siguió la viuda, y le sucedió su hijo José María hasta 1877; un año más tarde lo tomó en traspaso Mariano Salas, quien hizo constar en los primeros libros su condición de sucesor de Magallón.

Vicente Andrés Buscar voz... se estableció en 1854 y en 1860 es la viuda quien está al frente hasta 1885. De este impresor es El Ajedrez de Jerónimo Borao, 1858. Calisto Ariño (que siempre escribió su nombre con s) apareció en 1859, y una de sus primeras estampaciones fue el Diccionario de Voces aragonesas, de Borao. Desde 1850 hasta 1889 tuvo abierta su tipografía José Bedera Buscar voz..., con muy escasa producción para los años que estuvo establecido. Uno de los hombres más competentes fue don Emilio Casañal. Inauguró el taller en 1885, con una gran experiencia profesional adquirida desde los catorce años, en que ingresó en la imprenta del Hospital Provincial, marchó a Madrid e ingresó en la imprenta de Fortanet. A su regreso a Zaragoza formó parte de la plantilla del Diario de Avisos Buscar voz...; después pasó a la imprenta de Mariano Salas, y, por último, a la de Comas Hermanos. Desde 1856, hasta que comenzó Emilio Casañal, aparecieron algunos libros en los que figuraba otro Casañal: Gregorio. Bien pudiera tratarse de su padre, por haber abandonado la dirección de la Imprenta Provincial para tener taller propio.

Medardo Heras era hijo del impresor del mismo nombre y apellido del que imprimía en el siglo precedente. Trabajó desde 1801 a 1842. Como su antecesor, dio a la luz notables y curiosas impresiones, tales como Guía instructiva de la Ciudad de Zaragoza, de Borau de Latrás, 1806; Estatutos y Ordinaciones «acerca de las lites y diferencias de las cosas tocantes y pertenecientes a los Montes y Huertas de la Çiudad de Zaragoza», 1821, y unas Fábulas de Iriarte, 1833. En 1830, el taller de Francisco Magallón lo regía la viuda, y el siguiente año lo dirigía Cristóbal Magallón, para, en 1878, pasar a manos del Mariano Salas, mediante traspaso.

Mariano Peiró Buscar voz... inició su actividad en 1838. Amó la profesión como nadie. A él se debe la introducción de la litografía en Zaragoza. Tuvo en propiedad el Diario de Zaragoza Buscar voz.... En 1858 y hasta 1869, le sucedió con dignidad su hijo Agustín Buscar voz..., una de las figuras más polifacéticas que ha dado Zaragoza. En sus trabajos literarios popularizó el seudónimo «Antón Pitaco Buscar voz...». Mariano Salas tomó en traspaso el taller de José M.ª Magallón, en 1877. Su vida fue un modelo de laboriosidad: hombre íntegro, serio y formal, mereció que el inolvidable don Juan Moneva y Puyol, nada proclive a prodigar elogios, se los dedicara abundantes en un artículo publicado en la revista Artes Gráficas.

Tuvieron vida, también, la Imprenta Real y la imprenta Nacional, la primera dirigida por Francisco Magallón, la segunda por Manuel Ventura. No hay que olvidar la del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, que desarrolló intensa actividad, no siendo menor la desplegada por los talleres del Hospicio Provincial, dando parto a numerosos reglamentos y memorias de todos los servicios de la Diputación, así como la impresión de la importantísima Biblioteca de Escritores Aragoneses Buscar voz..., libros todos de tan profundo interés, que merecen una reimpresión.

Por último, como digno colofón, hay que mencionar a Eduardo Berdejo Casañal. Sus excepcionales dotes profesionales fueron reconocidas por todos y en alto grado por sus colegas, hasta el punto de que la Directiva de la Patronal de las Artes Gráficas propuso su candidatura de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza; fue aceptada por unanimidad y, posteriormente, elegido miembro de tan docta e ilustre corporación, lo que honró no sólo al recipiendario, sino a todo el gremio de impresores. Su pericia quedó reflejada en diversas publicaciones, como la revista Aragón, modelo de pulcritud y belleza, así como La Novela de Viaje Aragonesa Buscar voz.... Por la década de los 40 el diario El Noticiero Buscar voz... lo incorporó a su plantilla, donde terminó su vida profesional.

La Imprenta en la provincia de Zaragoza:
En pocas poblaciones de la provincia de Zaragoza hubo actividad impresora. Tuvo imprenta Épila Buscar voz..., conociéndose estampaciones de Juan Pérez de Valdivielso, llegado de Huesca a esta localidad. Imprimió la obra de Jerónimo Jiménez, Institvtionvm libri qvatvor, «In Epilensi Oppido. Joannis Perezii a Valdivielso, 1578». Existe otra edición de 1596. Se conoce el libro de fray Bartolomé Ponce de León Buscar voz..., Prima parte de la Clara Diana, repartida en siete libros, 1580, impresa por Tomás Porralis, trasladado temporalmente desde Tudela, como hizo Juan Pérez de Valdivielso desde Huesca.

Calatayud Buscar voz... ha tenido imprenta desde el siglo XVIII, siendo Gabriel de Aguirre el artífice de Festivos aplausos «con que la siempre Augusta Ciudad de Calatayud, celebró la Real Proclamación del Rey Nuestro Señor Don Fernando VI de Castilla y III de Aragón», 1746. En el siglo XIX existió el taller de Celestino Coma, que dio a la luz Glorias religiosas de la Ciudad de Calatayud y su antiguo Partido, «en los que se trata de las Santísimas lmágenes de Jesús y María, vidas de los santos, con una breve memoria de los que han florecido en armas y letras», 1845-1846, 2 tomos. En el establecimiento de Ruiz y García se imprimió El Monasterio de Rueda, de José M.ª López Landa, 1929. En la tipografía de El Regional estamparon también, en 1912, a José M.ª López Landa, Gracián y su biógrafo Coster.

Tarazona Buscar voz... contó en el siglo XIX con un par de establecimientos tipográficos, de los que salieron muy pocos libros.

La Imprenta en la ciudad de Huesca:
Siglo XVI: La existencia de la Universidad Sertoriana Buscar voz..., y el auge que cobró en este siglo, provocó la necesidad de establecer una imprenta en Huesca. Hasta entonces era Zaragoza la que abastecía de libros a la Universidad, así como a conventos y colegios. Juan Pérez de Valdivielso Buscar voz..., procedente de Castilla, fue el único impresor en la capital oscense en este siglo. Se ha descartado la existencia de unas Constituciones Synodales, supuestamente impresas en 1565 por este artífice, pues nadie ha visto el ejemplar, y, además, no se conoce ninguno suyo anterior a 1576, siendo el primero In logicum sive Dialecticum Aristotelis Commentaria, 1570. En esta incipiente producción ya se titulaba «typographus Universitatis». Desarrolló una muy considerable actividad, y sobresalió por su esmero y cuidado. Cabe destacar entre su copiosa labor: Obras de Ovidio, 1577; Divina y varia poesía, del P. Fr. Jayme Torres, 1579; varias obras del notable escritor, humanista y teólogo, nacido en Uncastillo, Pedro del Frago Buscar voz..., así como de Martín Monter de la Cueva, natural de Huesca; Cartas de refranes, de Blasco de Garay, 1581; Examen de ingenios para las sciencias..., del Dr. Juan Huarte de San Juan, 1589; Coplas de Jorge Manrique, 1584, etc.

Siglo XVII: Pedro Cabarte Buscar voz... trabajó muy poco en Huesca, ya que en 1614 lo hacía en Zaragoza, hasta 1632. En 1612 estampó en la antigua Osca: Expvlsión jvstificada de los moriscos españoles..., de Pedro Aznar, y en 1613, Relación al Rey D. Felipe III N.S. «del nombre, sitio, planta, fertilidad, poblaciones castillos, iglesias y personas del Valle de Arán...», de Juan Francisco Gracia de Tolva. El existir libros impresos por Cabarte en Zaragoza y Huesca y por las mismas fechas es debido a que, hasta que se instaló definitivamente en Zaragoza, el taller de aquélla se encontraba en manos de sus operarios, quienes hacían constar en los colofones el nombre de su fundador, y estando Cabarte en Zaragoza imprimieron Fundación, excelencias, grandezas y cosas memorables de la antiquísima ciudad de Huesca, de Francisco Diego Aynsa e Yriarte Buscar voz..., y Discurso de la fundación y estado de la Real Casa de Montearagón por el Rey Don Sancho Ramírez...

Apenas se puede hablar de Joaquín de Oldersum Buscar voz..., que imprimió Constituciones Synodales del Obispado de Huesca, de Juan Moriz de Salazar, 1617. Otro tanto hay que decir de Miguel Petillas, que hacía 1616 dio a la estampa Tratado de la Inmaculada Concepción de la Virgen Santísima... En 1618 inició sus trabajos impresorios Pedro Blusón Buscar voz..., primero como regente de la imprenta de la Viuda de Juan Pérez de Valdivielso y después como propietario. De su extensa producción, hasta 1638, en que cesó, cabe citar: Conjetura de los efectos significados por los Cometas «que aparecieron en el mes de noviembre en el horizonte de la Ciudad de Huesca, año 1618», de Bernardo Ferragut, 1618; Floresta Española de Apotegmas o Sentencias..., de Melchor de Santa Cruz, 1618; Apología por la Universidad de Jaca, de Juan de Garay, 1620; Rimas de Lope de Vega, 1623; el raro libro Tribunal de la superstición ladina..., de Gaspar Navarro, 1631, y Ordinaciones del regimiento y gobierno de la Ciudad de Huesca, 1631.

Aparece Juan Nogués Buscar voz... en 1637 con el libro de Gracián Buscar voz..., El Héroe, cesando en 1653. Imprimió: Historia del Emperador Carlomagno y de los doce Pares de Francia..., 1641; El Político Don Fernando el Católico, de Gracián, y Museo de las Medallas desconocidas españolas, de Lastanosa, 1645. A la muerte de Pedro Blusón, sucédele Juan Francisco de Larumbe Buscar voz.... Fue el más prolífico y experto de los impresores de este siglo (1639-1683). Entre su vasta producción figuran: Constituciones Synodales del Obispado de Huesca, 1641; Ordinaciones del regimiento y gobierno de la Ciudad de Huesca, 1654; Relación de las fiestas hechas en el Condado de Ribagorza, «en su capital la villa de Benavarre... al felicísimo nacimiento del Príncipe Don Carlos», 1661, y Statvta Vniversitatis et Stvdii generalis oscensis, 1669. Le sucede su hijo José Lorenzo Buscar voz... (1684-1717). Su primer impreso fue Espejo astronómico, de Francisco Antonio de Artiga, 1684, al que siguieron: Sínodo diocesano del Obispado de Huesca, 1687; Instrucción de lo que se debe hacer para extinguir y expeler la plaga de la langosta, 1697, y El guión del Norte «en la celestial vida y muerte del Apóstol de Flandes San Medardo, Patrón de Ribagorza», por A. Medardo de Aroztegui, 1692.

Siglo XVIII: José Diego de Larumbe Buscar voz... inició su andadura profesional en 1728, y en este mismo año dio a la estampa Estatutos y Constituciones «para el Colegio Seminario Conciliar de la Cruz de la Ciudad de Huesca», y, en 1746, Heróicas pruebas de fidelísimo zelo «con que la invencible ciudad de Huesca celebró los días 20, 21 y 22 de 1746 la proclamación de su amadísimo Monarca D. Fernando Sexto». De Mariano José de Larumbe Buscar voz... se conocen: Fascicvlvm, conjvrationvm..., de Antonio Gascón, 1764, y Oración fúnebre «que pronunció en 20 de marzo de 1766, en las exequias del señor Obispo Fr. Diego de Ribera», de Antonio María Ainosa, 1766. Un taller dirigido por la viuda de Miguel de Larumbe funcionó entre los años 1778 a 1808. El primer año imprimió Colección universal de las reales órdenes «que para el régimen del general Estudio de la Sertoriana Universidad Literaria de la Ciudad de Huesca...», y de 1793, Real Provisión «en que se manda guardar y cumplir la Resolución de S.M. para el extrañamiento de los franceses no domiciliados en estos Reinos».

Siglo XIX: En esta centuria, todavía movieron las prensas, aunque con escaso rendimiento, otros impresores de la larga dinastía de los Larumbe, viudas Buscar voz... y herederos. Lucas Polo (1845-1861), tuvo limitada producción. En 1850 surge Mariano Castanera, fallecido en 1878. Imprimió Huesca, «Nomenclatura moderna de las calles, costanillas, travesías, plazas y rondas, con la etimología histórica de sus nuevos nombres», 1871. Pasó el establecimiento a poder de la viuda e hijos, que siguieron estampando hasta 1899. A ellos se debe la Revista Venatoria, 1879; Catálogo de los objetos que contiene el Museo Provincial de Huesca..., 1882, y el curioso librito La Imprenta. Esbozos sobre su mecanismo, 1894. Jacobo María Pérez fue un gran profesional (1856-1890). Lanzó al mercado: Huesca Monumental, «Ojeada sobre su historia gloriosa... y reseña de la celebérrima Universidad Sertoriana», de Carlos Soler y Arqués, 1864; Historia biográfica de las ciudades, villas y pueblos de la provincia de Huesca, de Cosme Blasco y Val, 1870, y Hombres notables de la provincia de Huesca, «seguido de algunas biografías de zaragozanos distinguidos», del mismo autor, 1871. José Iglesias tuvo taller desde 1869 a 1883. De su obra sobresalen: Apuntes hidrológicos «para la monografía del establecimiento-balneario de San Juan de Campos», por el Dr. Millaruelo, 1878, y Huesca, «su topografía médica o reseña demográfico-sanitaria...», por Serafín Casas y Abad, 1883. Otros impresores tuvo Huesca en este siglo XIX, pero de escaso relieve.

Siglo XX: Leandro Pérez, que terminó el siglo anterior imprimiendo el Diccionario Geográfico Postal de la Provincia de Huesca, 1900, continuó hasta 1915. Publicó en 1902, Del Uruel al Moncayo. Cuentos y Cuentos. Un caso de histerismo, ambos de López Allué Buscar voz...; Asturias y Aragón en la reconquista de España, de Pedro Gascón de Gotor y Jiménez Buscar voz..., 1909; cuatro títulos de Ricardo del Arco Buscar voz..., entre 1910 y 1912; Armorial de Aragón, de José de Liñán y Eguizábal Buscar voz..., 1911; Marina española o la cuestión de la escuadra, de Joaquín Costa Buscar voz..., 1912; Diccionario de lemas heráldicos, de José de Liñán y Eguizábal, 1914. En 1916 le sucedió su viuda, y estampó Diccionario Heráldico, de Gregorio García Ciprés Buscar voz..., 1916; En defensa del actual Escudo de Huesca, del mismo autor, 1918; Una Academia literaria aragonesa: La «Pítima contra la ociosidad», 1922, y Coronación de la Virgen de la Gloria, «que se venera en el Real Monasterio Cisterciense de Casbas», 1924. Entre los años 1916 y 1920 salió de este taller la importantísima obra Linajes de Aragón, «Revista quincenal ilustrada. Reseña genealógica y heráldica de las familias aragonesas», dirigida por Gregorio García Ciprés, en diez tomos.

En 1908 aparece Faustino Gambón. Su producción fue escasa; publicó varios números de El Batallador, «Periódico decenal. Dios-Patria-Fueros», y en 1911, Biografía y bibliografía de Joaquín Costa, de Marcelino Gambón Plana, 1911. Del establecimiento de Modesto Aguarón, a partir de 1911, salieron algunos impresos interesantes: Provincia de Huesca, «Información al nuevo plan de Carreteras del Estado...», 1911; Páginas para la historia de la cultura musical oscense, de Pedro Montaner, 1916; Mancomunidad del Valle de Broto para aprovechamientos comunales. Estatutos, 1926, y Grandes Riegos del Alto-Aragón. Huesca, «orientaciones para un plan de obras, colonización, industrialización y electrificación de las zonas afectadas», 1953. En 1974, todavía continuaban publicando libros los sucesores.

Justo Martínez comenzó a imprimir allá por el año 1913. Entre sus obras se encuentran: El Alto Aragón monumental y pintoresco, de Ricardo del Arco, 1913; Bellezas del Alto Aragón, de Lucien Briet Buscar voz..., 1913. Los riegos en el término municipal de Huesca, de Luis Mur Ventura, 1919; La Campana de Huesca, «Demostración documentada de la falsedad histórica de esta leyenda», de Dámaso Sangorrín, 1920; varios títulos de Ricardo del Arco y otros de interés regional. A partir de 1921, le sucedió la viuda, que imprimió: Las calles de Huesca, de Ricardo del Arco, 1922, y Coplas y más coplas, de López Allué, 1930.

Vicente Campo Buscar voz... inició su labor tipográfica en 1920. Algunas de sus impresiones: La división del regadío en Huesca, de Luis Mur Ventura, 1924; Efemérides Oscenses, del mismo autor, 1928; Páginas selectas, de Lucas Mallada, y algunos títulos de Ricardo del Arco y Joaquín Costa. Todavía editó, en 1938, Huesca Vencedora, «Algunos episodios de su heroica defensa», de Cirilo Martín Retortillo Buscar voz.... De la imprenta de Modesto Aguarón se conocen bastantes libros a partir de 1911. En 1924 lo regentaba la viuda, y en 1974, todavía existía el taller bajo la denominación «Imprenta y Librería de Aguarón». No obstante su larga vida, apenas se estampó en este taller algún libro de interés.

La Imprenta en la provincia de Huesca: Algo más relieve tuvo la Imprenta en la provincia de Huesca, que en la de Zaragoza, sobre todo en Barbastro Buscar voz..., donde en el siglo XVII estaba establecido Sebastián Matevat, cuyo primer producto conocido es Homilía sobre los Evangelios «que la Iglesia Santa propone los días de Cuaresma, predicados en la ciudad de Barcelona», 1621-1623, 3 tomos; en 1626 imprimió cinco reales cédulas; en 1644, Pragmática en que se dan nuevos medios para cobrar las alcavalas; en 1759, Sacrificios de el amor y finezas en la... aclamación de Carlos III, «de las Españas, executadas por la ciudad de Barbastro». En el siglo XIX fue Isidro España el artífice que más libros dio a la luz, desde 1815 a 1850, predominando los de carácter religioso. Quizás fuese su primer trabajo: Reglas comunes de las Hijas de Caridad, «Siervas de los pobres enfermos, dadas a las mismas por su fundador San Vicente de Paúl», 1815. Siguen: Historia de Nuestra Señora de Caldes, «con las demás cosas pertenecientes a su Santuario», de Agustín Parache, 1819; Testimonio de las Actas de Cortes de 1789, «sobre la sucesión en la Corona de España...», 1833, y la Historia de las Santas Vírgenes y Mártires Nunilo y Alodia..., de Ramón de Huesca Pérez, 1850. El impresor José Gimeno y Ostalé publicó una Memoria sobre las aguas minerales de la Villa de Estadilla, 1863. Entre los pocos libros que produjo el impresor Jesús Corrales, se destaca En el Pilar de Zaragoza..., por Honorato de la Saleta, 1895. Otro impresor de Barbastro, Arturo Santamaría, dio a la estampa: Entre el amor y el deber, «Ensayo dramático en un acto y en verso», 1915; Una idea luminosa, Un Faro mariano en el Pueyo, de Fr. Mauro Ruiz, 1923 (serie de artículos publicados en El Cruzado Aragonés para la instalación de un Faro Mariano en lo alto del Pueyo) y Las Misiones Australianas de los españoles, por el P. Román Ríos, prior que fue de Nuestra Señora del Pueyo, 1930.

También Jaca Buscar voz... tuvo sus impresores, a partir del siglo XVII, pues en 1651 se editó Disertación «que envió impresa... a la Ciudad de Jaca, sobre la verdadera patria de su Patrona Santa Eurosia». En 1811, Diario de las operaciones de la División del Condado de Niebla, «que mandó el Mariscal de Campo D. Francisco de Copons y Navia, desde 14 abril 1810, hasta 24 enero 1811». A finales del siglo XIX, aparece Rufino Abad, publicando en 1897 un par de Cartas Pastorales. En 1918 es su viuda quien imprime Crisálidas. Poesías, de Vicente Guarido, con prólogo de Benjamín Jarnés Buscar voz..., y La familia en la República, premio del presidente de las Cortes Constituyentes, por Tomás Espuny Gómez, 1934. Carlos Quintanilla se dio a conocer imprimiendo Espiritual novenario a... Santa Orosia, «Patrona de las montañas de Jaca», 1879; el raro librito Qui bien fa nunca lo pierde, «Tomando la fresca en la cruz del cristiano, o a casarse tocan. Comedia y sainete, escritos en dialecto cheso», de Domingo Miral Buscar voz..., 1903, y Mes del Rosario «dedicado a la Santísima Virgen del Pilar en el 50.° año de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción», por Victoriano Biscós, 1904.

Hubo imprenta en Fonz Buscar voz..., desde 1868 a 1881, la cual dependía del Colegio Cerbuna, y entre los años 1870 a 1881 se imprimieron en ella no menos de dieciséis títulos de Joaquín Moner y de Siscar Buscar voz.... Este taller pasó a llamarse «Establecimiento Tipográfico de Moner», donde se estamparon de este mismo autor Historia de Rivagorza, desde su origen hasta nuestros días, 1778-1880, 4 tomos, y Una voz salida del Congreso de jurisconsultos aragoneses, «y sesiones celebradas en Zaragoza en 1880-81», 1881.

En Tamarite de Litera Buscar voz... se imprimió La Voz de la Litera, «Portavoz de los amigos de la Litera», año I, 1869. En Fraga Buscar voz... apareció la Voz del Cinca. Comenzó en 1969 y seguía en 1974 en la Imprenta de Salinas. De Monzón Buscar voz... se conocen impresos del siglo XVII: Real Cédula «declarando que, por haberse declarado enemigo el Rey de Inglaterra, se prohíbe el trato y comercio con sus reinos, dando poder al Almirantazgo para aprehender y confiscar cualquier mercadería que viniere de ellos», 1626, y Respuesta a un manifiesto «que ha hecho la villa de Monzón en razón a una canonjía que se pretendió presentar», 1667.

La Imprenta en la ciudad de Teruel: Aunque parece obligado hablar de Híjar Buscar voz... antes que de Teruel, puesto que en aquélla funcionaron los tórculos en el siglo XV, comenzaremos por la capital, en la que, en 1734, apareció Apuntamientos para la defensa de la jurisdicción eclesiástica de Teruel. De 1735 ó 1736 es Disertación jurídica y apologética «de la cualidad de Patronazgo y patronales derechos de la Capilla de la Purísima Concepción de la Parroquial de Monteagudo..., de Francisco Antonio Campillo.

Más de veinte años tuvo imprenta Luis Gimeno, durante los cuales dedicó escasa atención a los libros, siendo de algún interés: Los prisioneros de Beceite, «o sea la inhumanidad de los Carlistas. Oda», de Manuel Martínez Peris, 1838 y Novenario del Apóstol de Andalucía... el Beato Francisco Posadas, de Martín Benedicto, 1860. Del taller de Juan García salieron Las ruinas de Sagunto, «Poema histórico, perteneciente a la época de la dominación cartaginesa de la antigua España, en ocho cantos, verso endecasílabo», por Isidoro Villarroya, 1845, y Ortografía castellana, «según la doctrina de la Real Academia Española», de Pedro Pablo Vicente, 1853. Vicente Mallén Buscar voz... fue el artífice de Historia de los Amantes de Teruel, «con los documentos justificativos y observaciones críticas», de Esteban Gabarda Buscar voz..., 1864, y Los Obispos de Teruel. Apuntes biográficos, de Manuel Eixarch Santapau, 1893. El impresor José Alpuente Buscar voz... estampó Noticia de algunos hombres notables de la ciudad y provincia de Teruel, por Cosme Blasco y Val, 1869, y la Historia de Teruel, del mismo autor, 1870.

Anselmo Zarzoso Buscar voz..., establecido en 1841, imprimió: Patrimonio de las Relaciones de Teruel, 1842; El hombre de la cueva negra «o las ruinas y restauración de Sagunto», de Isidoro Villarroya, 1844-45, 2 tomos, y El libro Verde, «Manual para empleados de montes. Grandes verdades sobre agricultura práctica...», de José M.ª Sanz, 1855. En 1863, le sucedió su hijo Nicolás, al que se debió: Historia de Nuestra Señora del Espino o de la Vega «aparecida y venerada en la villa de Alcalá de la Selva», de Miguel Alegre y Garcés, 1863. En 1901 figuraba otro Zarzoso, Dionisio, quien editó el folleto de Federico Andrés, Álbum Turolense, «Descripción sucinta de Teruel, sus monumentos...», 1896. Del tipógrafo Arsenio Perruca son: Álbum turolense e Historia de los Amantes de Teruel, 1900, y Guía de Teruel, de Anselmo Sanz Serrano, 1932.

La Casa de la Beneficencia Buscar voz... tuvo imprenta más de veinticinco años. En ella se imprimieron: Apuntes críticos y biográficos «acerca de hombres célebres de la provincia de Teruel», de Mariano Sánchez-Muñoz, 1881; La conquista de Villel «y aparición de Nuestra Señora de la Fuen-Santa. Comedia en 3 actos y en Verso», por Julián Villarroya, 1886; Aragoneses ilustres, «Libro de lectura para las escuelas», por Gabino Enciso Villanueva, 1890; Breve resumen de la Historia de los Amantes de Teruel, de Federico Andrés, 1895, y Prelados turolenses por el lugar de nacimiento, de Domingo Gascón y Guimbao Buscar voz..., 1907.

Otros libros curiosos produjeron las prensas turolenses, como: Los maños, «Novela de costumbres aragonesas», de Manuel Polo y Peyrolón Buscar voz..., 1908; Historia de la Provincia de Teruel, de Diego Gascón, 1908; La Aljama de los judíos de Teruel y el hallazgo de su necrópolis, de A. Cristino Floriano Cumbreño, 1926; Libros y escritores turolenses, de M. Burriel Rodrigo, 1949; Catálogo de los pergaminos y documentos existentes en el Archivo de la Catedral de Teruel, de César Tomás Laguía, 1953; Catálogo de la sección de pergaminos del Archivo de la Catedral de Albarracín, del mismo autor, 1955; Historia de la provincia de Teruel, de Jaime Caruana Gómez de Barreda, 1956, Los inventarios del antiguo Archivo del Convento de San Francisco de Teruel, del P. León Amorós Paya, 1960; La insigne Colegiata de Santa María de Mora de Rubielos, de César Tomás Laguía, 1964; Nipho y la educación, «El alcañizano que creó el primer periódico de España (1719-1803)», de Eloy Fernández Clemente Buscar voz..., 1968; Teruel Monumental, de Santiago Sebastián López Buscar voz..., 1969; Catalogo del Archivo Eclesiástico del Capítulo General Eclesiástico de Teruel, de Alberto López Polo, 1971; El Fuero latino de Teruel, de Jaime Caruana, 1974, y Notas prospectivas sobre Economía Aragonesa, de Mariano Tomeo Lacrué.

La Imprenta en la provincia de Teruel: Pocas ciudades españolas precedieron a Híjar Buscar voz... en la implantación del arte tipográfico. En 1483, los Reyes Católicos la hicieron ducado Buscar voz... y dos años más tarde, bajo el patrocinio del primer duque de Híjar, abría sus puertas el primer taller impresorio. Fue fundado por tres socios: Elieser ben Alantansi, Salomón ben Maimon Zalmati y Abraham ben Isaac ben David, judíos conversos Buscar voz.... Elieser ben Alantansi, excelente impresor, dirigía el taller, en el que figuraban varios operarios, ya que Salomón ben Maimon Zalmati hallábase en calidad de socio capitalista, y Abraham ben Isaac ben David tenía por misión corregir las obras e incluir al final de ellas composiciones poéticas suyas.

Se conocen cinco incunables de Híjar, cuatro producidos por esta sociedad, y uno impreso por Alfonso Fernández de Córdoba. Es muy probable que se estamparan algunos más, cuya existencia se desconoce. La contemplación de los libros salidos de las manos de Elieser ben Alantansi revela riqueza de materiales, al tiempo que pericia y buen gusto de su estampador. Lástima que se viera interrumpida la actividad tipográfica hijarana, a causa de la sañuda persecución que sufrieron los judíos, viéndose obligados estos impresores a salir de España. Los cinco incunables conocidos son: Orach Chaiim (Sendero de la vida), por Jacobo ben Axer, 1485; Johre Deha (Indicador de la ciencia, del mismo autor, 1487; Pentateuco, con la versión de Onkelos y el comentario de Raschi, 1490; Pentateuco, con las cinco Meghilloth y las Haphtaroth, probablemente impreso en 1491. En 1486, Alfonso Fernández de Córdoba afortunado artífice que estampó el primer libro literario que vio la luz en España, imprimió en Híjar el Manuale Caesaraugustano.

De esta provincia de Teruel, fue Alcañiz Buscar voz... la ciudad que más se distinguió, sobre todo en el siglo XIX, en la impresión de libros siendo Ulpiano Huerta el más activo. Son dignos de citar: Descripción Histórico-artística de la Ciudad de Alcañiz, de Nicolás Sancho Buscar voz..., 1860; Exposición «que á los vecinos de la Ciudad de Alcañiz y pueblos de su antiguo partido eclesiástico dirigen a S.M. la Reina Isabel II pidiendo un Obispo auxiliar para el Bajo Aragón...», 1861; Memoria sobre la Dehesa llamada Boalar, 1864; Serie imperfecta de las plantas aragonesas espontáneas, «particularmente de las que habitan en la parte meridional...», de Francisco Loscos y Bernal Buscar voz... y José Pardo Sastrón Buscar voz..., 1866-1867, y Descripción histórica de Alcañiz, de N. Sánchez, 1870. A finales el siglo XIX, apareció Manuel Delgado Buscar voz..., de cuyo taller salieron: Recitaciones de la Historia político y eclesiástica de Calaceite, de Santiago Vidiella y Jasá Buscar voz..., 1896; Biografía de Gaspar Bono Serrano..., de Eduardo Jesús Taboada Cabañero Buscar voz..., 1901; Risas y llantos (Poesías), con prólogo de Alberto Casañal, 1902; La caja de Valderrobles o la Peña de Aznar la Goya, «Noticias históricas de Valderrobres, Fuentespalda, Mezquín, Beceite y Torre de Compte», de Matías Pallarés y Gil Buscar voz..., 1905; Sobre el pantano de Santolea, de Eduardo Jesús Taboada, 1919, y de 1896 es el libro de Amades Salvador, A los leales carlistas de este Distrito, estampado en la imprenta de Estevan Buscar voz....

Música: La imprenta musical zaragozana se muestra muy activa a partir del siglo XVI. Los Pasionarios Buscar voz... constituyeron uno de sus capítulos más importantes. Conservamos impresiones de J. Cocci Buscar voz... y L. Hutz Buscar voz... (1504), de Cocci (1510 y 1538), de B. Nájera (1552 y 1563) y de Lanaja y Quartanet Buscar voz... (1612). Lozano cita también como impresores musicales a Lupo Appentegger, Mateo Flandro Buscar voz... y Agustín Millán Buscar voz.... En 1548 el impresor zaragozano Pedro Bernuz Buscar voz... edita espléndidamente el Infonario General para todas las iglesias de España de que es autor el teórico Pedro Ferrer. En 1512 se publicó el Arte de Canto Llano, Contrapunto y órgano, de Gonzalo Martínez de Bizcargui.

En el siglo siguiente se mantiene esta actividad: Diego Dormer Buscar voz... es uno de los impresores más importantes. Tomás Gaspar Martínez publicó el año 1683 los Fragmentos Músicos de Pablo Nasarre Buscar voz.... Menos importantes, según Lozano, fueron Pedro Verges Buscar voz..., Domingo Gascón Buscar voz... y Juan de Ibar Buscar voz.... En 1612 se publica Opus harmonicum in historia passionis Christi, de Juan Sánchez de Ezpeleta por Lanaja y Quartanet. Los impresos más importantes de este siglo corresponden a Gaspar Sanz Buscar voz... y a Aguilera de Heredia Buscar voz.... De Sanz sabemos que era un buen grabador y es muy posible que supervisara la impresión de su obra. Su fundamental Instrucción de Música sobre la guitarra española se publica por primera vez en 1674 y se suceden siete ediciones, la última en 1697. Todas las impresiones fueron en Zaragoza. Los Magnificats de Aguilera, Canticum Beatissime Virginis..., fueron editados por Pedro Cabarte Buscar voz... en 1618. Aguilera se encargó personalmente de la preparación de una tipografía musical. Él mismo nos lo aclara en el prólogo de su obra: «A fin de confiar a la prensa esta obra mía (valga lo que valiere) hice abrir en metal las figuras de las claves y tiempos, espacios y tonos, me cuidé de sacarlas de sus propias matrices, y las entregué al tipógrafo para su impresión».

En el siglo XVIII aparecen los impresores Pascual Bueno Buscar voz... y José Fort Buscar voz.... Este último publica, según Lozano, la Poesía histórica o gozos a la Santísima Virgen del Pilar «para cantarlos los infantes en su Angélica y Apostólica Capilla», de la que fue autor Miguel Francisco Gómez y Cabello. Al siglo XVIII corresponden dos ediciones de Francisco de Montanos sobre Arte de Canto Llano (se conocen dos ediciones anteriores, de 1665 y 1670); la primera, de 1727, consagrada al «invicto Mártir Santo Dominguito de Val, Infante de la Santa Iglesia Metropolitana Cesaraugustana», realizada por Miguel Montañés Buscar voz..., «impresor del Sagrado Hospital, en la calle de la Cuchillería»; la segunda es de 1756, «en la imprenta de Francisco Moreno», también en la calle de la Cuchillería.

La obra impresa más importante del siglo XVIII es sin duda la Escuela Música según la práctica moderna. El primer tomo de esta monumental obra de Nasarre Buscar voz... se publicó en Zaragoza por los Herederos de Diego de Larumbe Buscar voz... en 1724 y el segundo por los herederos de Manuel Román en 1723. Como ha demostrado L. Siemens, la impresión se llevó a cabo simultáneamente y la disparidad de fechas de edición se debe a una mera contingencia. Parece que Zaragoza carecía, al menos desde 1683 en que Nasarre publicó sus Fragmentos, de una tipografía musical. Las ediciones de Montanos y Nasarre siguen haciéndose mediante grabados.

En el siglo XIX la técnica principal es la de la litografía. Lozano cita como impresores a Portabella, Villagrasa y Casanova. Cita también una tipografía de Villagrasa, aunque sólo «sirve para aquellos trabajos en que no ocurran combinaciones muy complicadas». Calixto Ariño tiró dos ediciones del Prontuario de Armonía de Lozano

A principios del presente siglo parece que se pierde ya definitivamente la tipografía musical en los impresores zaragozanos. En el libro, espléndidamente editado, Don Domingo Olleta Buscar voz..., de Herrera Cerdá, tenemos algunos fragmentos musicales impresos en tipo. La obra se publica en 1911 en la tipografía de Emilio Casañal.

• Bibliog.:
Calahorra, P.: La música en Zaragoza (I); Zaragoza, 1977.
Carreras, J. J.: «La música»; Los Aragoneses, Madrid, 1977.
González Valle, J. V.: Die Tradition des Liturg. Passionsv.; München, 1974.
Lozano, A.: La música popular, religiosa y dramática desde el siglo XVI hasta nuestros días; Zaragoza, 1895.
Siemens, L.: «Estudio Preliminar»; en La Escuela Música de Fray P. Nasarre, ed. facs., Zaragoza, 1980.

La investigación de finales de siglo sobre la imprenta zaragozana: Desde la década de los ochenta el doctor Ángel Sanvicente, para cubrir la carencia documental sobre la imprenta de Zaragoza (sin descuidar el estudio material del libro impreso), fue encauzando a varios investigadores doctorandos en la búsqueda de datos en el Archivo Notarial de esta ciudad (entre los escasos trabajos anteriores, cabe destacar El corpus de ordenanzas gremiales de los libreros de Zaragoza de los años 1573, 1600 y 1679, editado por Guillermo Redondo Veintemillas Buscar voz..., Zaragoza, CAI, 1979), tal como él había hecho tiempo atrás para la segunda mitad del siglo XVI; así, Javier Lacueva Used se ocupa de los años anteriores a la llegada de la imprenta; Miguel Ángel Pallarés, de la época incunable; Manuel Pedraza, de las dos primeras décadas del siglo XVI; Esperanza Velasco, de la primera mitad del siglo XVII, y Natividad Herranz de la segunda mitad. De esto trató A. Sanvicente en 1994, en el Curso de la Universidad de Verano de El Escorial sobre el Mundo del Libro Antiguo (Madrid, Editorial Complutense, 1996), en su ponencia sobre el libro zaragozano en tiempos de Felipe II. Este autor, que ya había adelantado hacía unos años un artículo sobre los calígrafos bajorrenacentistas (en Suma de estudios en homenaje al Ilustrísimo Doctor Ángel Canellas López. Zaragoza, Universidad, 1969), ha publicado desde entonces un repaso a la impresión musical (Tiento sobre la música en el espacio tipográfico de Zaragoza anterior al siglo XX. Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», 1986), y ha mostrado el escaparate editorial de un año, el de 1492 (en Un año en la historia de Aragón: 1492. CAI, 1991). De su trabajo sobre la segunda mitad del siglo XVI (librería, imprenta, inventarios de libros), dio un avance publicando La biblioteca de Pedro Cerbuna (Zaragoza, Universidad, 1997). Tomaría el testigo, E. Velasco, con su tesis doctoral publicada en microfichas (Prensas Universitarias de Zaragoza, 1995), y su obra Impresores y libreros en Zaragoza: 1600-1650 (IFC, 1997), donde muestra toda la actividad editorial y comercial en nuestra ciudad en esos años. Sobre los inicios de la imprenta, M. Pallarés ha dado a conocer dos incunables desconocidos: Cárcel de amor (Centro de Documentación Bibliográfica Aragonesa, 1994) y un donato (en Cuadernos: 22. Centro de Estudios de Monzón y Cinca Medio, 1995). En un artículo sobre las prensas zaragozanas durante el reinado de Fernando el Católico (en Fernando II de Aragón, el Rey Católico. IFC, 1996) realizaba un estado de la cuestión, en el que se daba cabida a lo aportado en los estudios puntuales recientes (R. S. Janke, E. Marín Padilla, L. Romero Tobar, M. Pallarés, M. Pedraza, Á. Sanvicente). Ese mismo año daba a conocer, a partir de un estudio sobre la edición de la Crónica de Aragón de Vagad, la localización de la oficina de Pablo Hurus en Zaragoza, y documentaba la venta de este taller a Jorge Cocci y socios, así como la constitución de éstos en compañía (en Humanismo y literatura en tiempos de Juan del Encina. Salamanca, Universidad, 1996). M. Pedraza, que ya había estudiado hace unos años al impresor Gabriel de Híjar (IFC, 1991), publicó (apoyándose en la documentación por él exhumada, editada por CDBA, 1993), La producción y distribución del libro en Zaragoza. 1501/1521 (I.F.C., 1997). Este autor ya había publicado un trabajo sobre el origen de la imprenta en Zaragoza en Gutenberg-Jahrbuch 1996. Fundamental de cara a iniciar el estudio de la imprenta en Zaragoza es el Diccionario de impresores españoles (siglos XV-XVII), obra en dos volúmenes de Juan Delgado Casado (Madrid: Arco/Libros, 1996); también la edición facsímil de la Bibliografía Aragonesa del siglo XVI, de J. M. Sánchez, con introducción de Remedios Moralejo y Leonardo Romero (Arco/Libros, 1991). Plausible la línea editorial de las Cortes de Aragón publicando en facsímil ediciones antiguas zaragozanas (como la de la Crónica de Aragón de Vagad, en 1996); del año anterior es el facsímil sufragado por el Colegio Notarial de Zaragoza de las ordenanzas propias impresas en 1548.

 

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