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Ilustración aragonesa, La

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 09/03/2009

La cultura del Barroco Buscar voz..., heredada del Renacimiento Buscar voz..., fue sustituida paulatinamente en Europa durante el siglo XVIII por la cultura de la Ilustración, basada en los principios cartesianos del racionalismo empirista, los cuales fueron aplicados fundamentalmente a las ciencias prácticas, si bien las teóricas acabaron también por recibir su influjo. La Ilustración como fenómeno cultural diferenciado, comportaba en sus seguidores, los «ilustrados», un talante analítico ante todas y cada una de las manifestaciones del hombre. De ahí que el fenómeno alcanzara globalmente a la sociedad. Por su parte, los ilustrados constituyeron una minoría muy activa, de formación en general muy por encima de la que poseían sus conciudadanos, y con un poder creciente, pero a la vez muy mediatizados por los sectores tradicionales.

En Aragón, específicamente, la Ilustración comienza a manifestarse tenuemente a partir de mediados del siglo XVIII, apreciándose un incremento notable de su ascendiente sobre la vida de la comunidad a partir de la década de 1780 a 1790. La vía de penetración de la corriente no fue única, pues si vinieron de la corte ideas ya experimentadas, otras lo hicieron a través de los Pirineos -tanto de Francia como de Italia-. Se fraguó así una Ilustración aragonesa con características específicas, y con tres ramificaciones diferentes: una propiamente aragonesa, reticente para con la corte, altanera en sus pretensiones y profundamente enraizada con las casas nobiliarias no vinculadas con el poder central; otra, más numerosa y efectiva, formada por clases medias, abierta a todo el proceso centralizador dimanado de la monarquía borbónica, tanto en materia política como económica y social; y una tercera, compuesta tanto por nobles como por personas de clases medias, cuya trayectoria ilustrada se va a ratificar fuera de las fronteras de Aragón, y muy especialmente en la corte donde destacaron como políticos, militares, artistas, médicos, pensadores y un largo etc., lo que nos induce en principio a fijar nuestra atención en los componentes de las dos primeras ramificaciones, ya que sus actividades tuvieron una repercusión mucho más perceptible en el propio reino aragonés.

No existe ninguna duda acerca de que entre las motivaciones anímicas de los ilustrados aparte de las meramente personales, latía el deseo generalizado de progreso, con las miras puestas en esa atractiva y tan diversificada meta cual era la felicidad pública, entendida como tal la obtención de un nivel de vida superior en el orden estrictamente material. Mas esta meta no podía alcanzarse sin una transformación de la sociedad, y es precisamente en todas y cada una de las manifestaciones vitales de la misma donde podrán apreciarse las realizaciones de la Ilustración aragonesa.

El modus operandi característico de los ilustrados aragoneses arrancaba, como en la mayor parte de los países donde el movimiento era una realidad, de la creación de una serie de instituciones que sirvieran de plataforma para la puesta en práctica de sus objetivos; así, el sentimiento cooperativo y de trabajo diversificado, según la especialidad de cada uno, se imponen. A continuación, se hace necesaria la revisión del estado real en que se hallaba Aragón, con la máxima precisión, en los órdenes social y económico, lo que da paso a la realización de un buen número de recopilaciones, trabajos, estudios, informes, etc., tanto desde las instituciones ilustradas de nuevo cuño como individualmente, por personas afines al movimiento. Para pasar a la tercera fase, consistente en preconizar reformas en lo ya existente, creando entidades de estudio de materias no adscritas a ninguno de los centros de enseñanza tradicionales, fomentando nuevos métodos de educación y trabajo o en fin, haciendo oír su voz reformista en la mayor parte de las actividades sociales de la época.

Aquí, vamos a fijar nuestra atención en los objetivos específicos de la Ilustración en los diversos sectores de la convivencia social.

—Área socio-cultural: En el ámbito de la educación básica, se aprecia un afán innovador consistente en abogar por la incorporación total de niños y niñas a las escuelas de primeras letras de carácter laico, en las cuales aparecen maestros decididos a cambiar los métodos de enseñanza Buscar voz..., las obras de Joaquín Vicente Meave y de Domingo Francisco Salas Buscar voz... son ejemplo fehaciente. El mismo deseo innovador, en cuanto a técnicas, puede apreciarse en algunas de las órdenes religiosas Buscar voz... que mantenían escuelas abiertas.

En los estudios de bachillerato, dado el absoluto control que la Iglesia ejercía sobre los centros de enseñanza, la participación de la mujer era muy reducida, y las innovaciones que jesuitas Buscar voz... o escolapios Buscar voz... practicaron no pasaron, en la mayor parte, del terreno de lo anecdótico. Sin embargo, la pluma de Josefa Amar y Borbón Buscar voz... rompía una lanza importante en pro de la variación de este sistema educativo.

Las Universidades de Zaragoza Buscar voz... y Huesca Buscar voz..., como instituciones tradicionales, variaron muy poco sus estructuras, y los cambios en los planes de estudios apenas representaron mejoras destacables. Los ilustrados, a través de la Real Sociedad Económica Aragonesa Buscar voz... hubieron de dotar a la ciudad de Zaragoza de enseñanzas superiores en ciencias tales como Matemáticas, Álgebra, Trigonometría, Geometría, Estadística, Agrimensura, Arquitectura civil y militar, Física, Química, Botánica, Filosofía moral, Derecho público, Economía civil y Comercio, que suplieran las evidentes lagunas que presentaba cualquier universitario avocado a las tareas de la administración del Estado. Pero, incluso facultad tan necesaria como la de Leyes sufrió la intromisión paralela de la Real Academia Jurídico-Práctica Buscar voz..., que completaba la formación de los abogados con métodos pedagógicos basados en la práctica de la profesión, y en la casuística propia de los Derechos castellano y aragonés, frente a la excesiva inoperancia de las escuelas tradicionales.

La sanidad pública fue otra de las grandes preocupaciones de los ilustrados aragoneses, pues fueron abundantes los análisis realizados sobre la potabilidad de las aguas que abastecían a los centros de población, en especial a Zaragoza, y algunos de los intentos de dotar a la ciudad de fuentes adecuadas fueron saboteados. Se inició a partir de la década de 1780 una lucha decidida contra las endemias, para pasar en la década de los 90 a luchar contra la rabia y a vacunar contra la viruela, a la vista de los resultados obtenidos tanto por médicos franceses como por españoles en la Corte. Además se prestó una atención muy especial a los manantiales de aguas medicinales aragonesas Buscar voz..., que fueron analizadas y ponderadas en su justo valor curativo.

La situación de la población mendicante trató de paliarse procurándoles ocupación, si bien la meta más anhelada fue la de educar a los niños en el trabajo. Frente a los centros tradicionales, que seguían reponiendo limosnas y comida o que se limitaban a encerrar pobres para tranquilidad de los demás ciudadanos, las mentes ilustradas propiciaban la laboriosidad, creando centros piloto de producción en régimen de comunidad, que comercializaran además, las manufacturas. No obstante, estos mismos ilustrados no dudaron en aplicar tajantemente la ley a todos los vagos y mendicantes de oficio, truhanes y gente de mal vivir que se repartían por todo el reino, y cuya presencia en las ciudades se evidenciaba en los años de malas cosechas o de climatología extremadamente adversa.

Relacionada con la forma de vivir, con la producción artesana e industrial y con las preferencias populares, se halla la educación estética, por cuanto influía en el urbanismo, la decoración y el denominado «buen gusto». Los ilustrados, apoyados en el academicismo, dieron en propagar una estética muy determinada, que hacía volver los ojos hacía un clasicismo científicamente analizado, para desterrar el agotamiento de la distorsión realista barroca. Esto supuso la propensión a planificar los ensanches de las ciudades en orden ortogónico, la creación de varias escuelas de dibujo, y de la Real Academia de San Luis Buscar voz... por cuyos influjos artísticos tanto la arquitectura como la pintura, la escultura y la decoración van a ser profundamente alteradas.

En el campo de la producción escrita, los ilustrados van a canalizar su esfuerzo hacía las recopilaciones literarias -como la de Félix Latassa y Ortín Buscar voz...-, a buscar una producción propia o traducida de obras -fundamentalmente científicas- y a dar sentido a un periodismo dirigido a la población en general que recogerá cada vez más fehacientemente el acontecer cotidiano. Hay, pues, un deseo manifiesto de popularización de los saberes, inspirado en la metodología de la Enciclopedia francesa, y se abre enormemente el abanico de la temática susceptible de atención, pues circulan en Aragón trabajos propios de agricultura, ganadería, apicultura, silvicultura, jardinería, veterinaria, bellas artes, ramas industriales y artesanales de todo tipo, gremios, aduanas, monedas, pesos y medidas, vías de comunicación y transportes, demografía, régimen penitenciario, enseñanza, hacienda pública, mendicidad y ociosidad, meteorología, numismática o urbanismo, materias todas éstas muy distintas de las producciones habituales de los escritores tradicionales, centrados en los temas religiosos y teológicos, de medicina y cirugía, de interpretación del Derecho y ejecuciones de sentencias, o de doctrinas filosóficas paracristianas.

—Área económica: Al referirnos en líneas anteriores a los ilustrados aragoneses dejaba más centrada nuestra atención en dos grupos -el nobiliario aragonés y el de clases medias- en los que se aprecia una separación intencionada de competencias, cuya motivación económica aparece en el trasfondo de la misma. Para la facción nobiliaria no cortesana, los objetivos que perseguían en materia económica estribaban en dotar al reino de mejoras técnicas agrícolas, ganaderas y de vías de comunicación fundamentalmente, para incrementar la producción de sus posesiones y dar salida adecuada a sus excedentes; las clases medias, en cambio, buscaban la adecuación de los distintos sectores de la economía aragonesa a la realidad de una concepción estatal de índole nacional, que apuntaba a trastocar básicamente el régimen semiautárquico al que se hallaba sometido Aragón, por sus propias fronteras.

El hecho de que la facción nobiliaria se agrupara en torno a Ramón de Pignatelli Buscar voz..., dado que se ocupaba en exclusiva de la realización del Canal Imperial Buscar voz..., es harto significativo, por cuanto que el Canal no beneficiaba directamente sino a los grandes latifundistas de la ribera del Ebro, que vieron siempre a esta obra como una vía de enriquecimiento y nunca como un instrumento para fraccionar la propiedad en aras de un aprovechamiento más intenso.

Por su parte las clases medias, clero incluido, ejercieron sus objetivos económicos de forma institucional a través de las Reales Sociedades Económicas Aragonesa Buscar voz..., de Jaca, y la Junta de Comisión de Calatayud que aglutinaron a personas de todo el reino, quienes recibían la información impresa dimanada de las mismas y muy especialmente de la Aragonesa. Los socios correspondientes extendidos por todo el reino informaban a agricultores, artesanos, fabricantes, comerciantes, acerca de técnicas nuevas, maquinarias, necesidades de mercado, etc., conforme eran avisados por sus respectivas secretarías; se ejercía, así, una tutela económica, cuya principal vía de acción era la información divulgada, si bien incluso hubo intentos de recabar capital con destino a sociedades por acciones, que produjeran beneficios a los socios suscriptores.

Valiéndose de su calidad de entidades de patronazgo real, y por lo tanto dependientes de la Secretaría de Estado, las Sociedades Económicas aragonesas lucharon por el cambio de la legislación en materia económica, la liberalización del comercio de productos agrícolas, la supresión de las privativas que coaccionaban la expansión libre del artesanado y la industria, la reducción de los aranceles aduaneros en las diversas fronteras del reino, y muy especialmente buscaron el poder dotar al reino de salidas al mar, bien por la costa mediterránea a través del puerto de los Alfaques (Castellón), bien por Laredo (Santander).

Al igual que ocurriera en el terreno de la ociosidad y mendicidad, las esperanzas de los ilustrados se hubieron de centrar en las generaciones futuras, dando a la educación una preferencia evidente. Las escuelas o cátedras de Agricultura, Flores de Mano, Hilar al Torno, Dibujo, Matemáticas, Química y Botánica, y Economía Civil y Comercio, estaban orientadas a promover un relanzamiento de los sectores económicos sobre los que incidían.

—Área política: No deja de ser paradójico que la Ilustración aragonesa durante algunos años contara con más apoyo estatal que del propio reino aragonés. Tanto la facción nobiliaria no centralista como los ilustrados de las clases medias fueron incondicionalmente apoyados, desde Madrid, por los ilustrados del tercer grupo, los que podríamos llamar cortesanos. El conde de Fuentes Buscar voz..., el de Aranda Buscar voz..., Francisco de Goya Buscar voz..., y muchos otros aragoneses afincados en Madrid al servicio de la administración del Estado, aparecen constantemente apoyando las iniciativas de los ilustrados aragoneses. Además, estas iniciativas, al pasar por las manos de Campomanes, Floridablanca, Cabarrús, y un largo etc. de autoridades estatales, fueron también atendidas, no sólo con gestos de buena voluntad, sino con órdenes concretas y concesiones de carácter económico muy considerables.

En la propia tierra aragonesa la oposición a los ilustrados se organizó bastante bien. El Ayuntamiento de Zaragoza pronto entró en fricciones con la Económica Aragonesa por causa de la reforma gremial; el clero regular desconfió de la competencia que en materia de educación podían hacerle los centros creados para impartir la enseñanza de las nuevas ciencias; la Universidad, por igual motivo, arremetió contra algunas de las cátedras o escuelas sustentadas por ilustrados; en la propia Real Audiencia había partidarios de retrasar en todo lo posible la propagación de las disposiciones legales dimanadas por inspiración de los ilustrados; buena parte de la sociedad, con los nobles contrarios al centralismo, veían cómo los ilustrados de clases medias, al secundar los dictámenes de la Corte, ponían en tela de juicio lo poco que le restaba a Aragón de autonomía, y cómo los anhelos propios de volver al antiguo régimen foral se esfumaban.

Todo este ambiente propició el escándalo que iba a protagonizar Diego José de Cádiz Buscar voz... en noviembre de 1786, cuando acusó a la Sociedad Económica Aragonesa de fomentar proposiciones heréticas, en un intento de detener el movimiento ilustrado, sin que el arzobispado de la ciudad tomara una resolución que despejara dudas el respecto. Tenemos la convicción de que Diego José de Cádiz captó esta oposición existente contra los ilustrados, tanto en sectores laicos como eclesiásticos, y lanzó las acusaciones sin sopesar con realismo el alcance que éstas pudieran tener. De hecho, su intento carecía de posibilidades de éxito, pues las acusaciones de herejía eran insostenibles, y no pasaron de ser una traca ruidosa cuyos ecos se habían olvidado totalmente dos años después, en buena parte gracias al silencio impuesto por la Secretaría de Estado, que calificó el asunto como simples peloteras entre los franciscanos y Lorenzo Normante Buscar voz....

Puede decirse que la oposición al movimiento ilustrado aragonés quemó su último cartucho con el escándalo relatado, y que a partir de 1788 aminoraron considerablemente las reticencias acerca de la utilidad de sus iniciativas. El progresivo afianzamiento de las instituciones ilustradas y el crédito de sus representantes fueron calando en la opinión pública, sustentados a partir de la década de los 90 con importantes dotaciones económicas de libre disposición real, procedentes de rentas eclesiásticas aragonesas no adjudicadas. No obstante lo dicho, la difusión de la ideología ilustrada fue muy desigual a lo largo y a lo ancho de la geografía aragonesa, pues el movimiento cultural ilustrado fue fundamentalmente urbano, y por lo tanto tuvo una trascendencia destacada en la ciudad de Zaragoza, en tanto que en las demás entidades de población o cabezas de partido del reino su repercusión fue menos acusada.

El espíritu ilustrado comportaba un sentimiento burgués de la economía, y una generalización de la cultura, con las miras puestas en la efectividad por la educación. En este sentido, las profundas transformaciones de nuestra sociedad tras la guerra de la Independencia Buscar voz... no se habrían producido sin las directrices de la generación de hombres cuya juventud fue educada aún en el espíritu ilustrado.

• Bibliog.: Fernández Clemente, E.: La Ilustración aragonesa. (Una obsesión pedagógica); Zaragoza, 1973. Pérez Sarrión, G.: El Canal Imperial y la Navegación hasta 1812; Zaragoza, 1975. López González, J. J.: La ciudad de Zaragoza a finales del XVIII (1782-1792); Zaragoza, 1977. García Lasaosa, J.: Planes de reforma de estudios de la Universidad de Zaragoza en la segunda mitad del siglo XVIII; Zaragoza, 1978. Forniés Casals, J. F.: La Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País en el período de la Ilustración (1776-1808): sus relaciones con el artesanado y la industria; Madrid, 1978.

 

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