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Ilergetes

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 16/04/2009

(Hist. Ant.) La síntesis de Miguel Beltrán Buscar voz... sobre lo que podríamos denominar peripecia del pueblo ilergete en la «época ibérica» proponía una hipótesis, muy documentada y verosímil, que sigue teniendo valor, según la cual el desplazamiento de los ilergetes hasta ocupar sus territorios históricos (esto es, los documentados claramente en las fuentes de raíz romana) era un fenómeno relativamente reciente. Los ilergetes fueron ya vistos por Bosch Gimpera Buscar voz... como un conglomerado antiguo, del cual formarían parte los ilergavones Buscar voz..., pertenecientes, unos y otros, al viejo tronco denominado ileraugate por Hecateo de Mileto.

En la costa de Iberia, tal y como, a través de Esteban de Bizancio Buscar voz..., fue retratada en época muy temprana por Hecateo, se situaban eidetes, ileraugates, misgetes, entre otros. En las fuentes posteriores, ya referidas a los años de la guerra anibálica Buscar voz..., los nombres de las poblaciones de estas zonas no son los mismos sino que aparecen, por una parte, los edetanos y sedetanos Buscar voz...; y, por otra, los ilergavones e ilergetes, ambos conservando en su nombre un mismo y peculiar radical que lleva directamente a la sospecha sobre su parentesco y afinidad de origen. Livio Buscar voz..., en sus libros XXVIII y XXIX, pone a los ilergetes en relación directa y habitual con sedetanos, celtíberos Buscar voz..., suessetanos Buscar voz... y ausetanos. Y por Estrabón Buscar voz... sabemos, entre otras cosas, que Ilerda y Osca Buscar voz... eran ciudades suyas principales, hasta cuyos «territorio» se extendían, por Meridión, los límites de la hegemonía pirenaica de los iacetanos Buscar voz.... Presentan mucho interés, por acercarnos a la primera ocasión de contacto directo entre romanos e ilergetes, las noticias en relación con la expedición de Aníbal, de la que se ocupó Polibio Buscar voz..., quien señala una nómina, más o menos completa, de pueblos que actuaron como aliados del Bárquida, asunto del que, a su modo peculiar, da también cuenta el historiador patavino, mencionando cómo la expedición alpina hizo la primera parte de su formidable trayecto «hasta el Ebro por la costa», siguiendo el secular trazado de lo que luego sería Vía Augusta. Tanto Ramón d’Abadal cuanto J. Avellá apuntaron la verosimilitud de que el vado del Ebro se llevase a cabo lejos de la desembocadura, aguas arriba del río, matizando con ello la primera hipótesis de Bosch, que prefería pensar en un trayecto litoral hasta Tarragona y, sólo desde entonces, interior hasta los pasos pirenaicos. Esto tiene interés para nuestro caso, ya que tanto la fuente griega, de particular calidad, cuanto la latina son unánimes al señalar que tras el paso del Ebro, el contingente púnico se encontró, en primer lugar, con los ilergetes, precisamente.

Según este conjunto de noticias (el segundo, cronológicamente), parece posible asegurar que los ilergetes se asentaban ya en los territorios que con más detalle les conocemos por fuentes referidas a momentos posteriores. Por lo tanto, un desplazamiento de bastante magnitud había tenido que producirse entre el tiempo de la realidad percibida por el milesio y la atestiguada por las excelentes informaciones de Polibio y Livio. Todos los autores contemporáneos aceptan el aserto de las fuentes de que la capital ilergete en esos años era no Ildirda-Ilerda (Lérida), sino Atanagrum, aunque nadie tiene datos para localizarla, si bien parece que habría que situarla en una longitud más oriental que la ciudad del Segre. A través de razonamientos que tienen muy presentes las circunstancias numismáticas, parece que puede aceptarse la simultaneidad de la ocupación de la zona de Tarragona por los cessetanos con un desplazamiento hacia el oeste de los ilergetes.

El siguiente informador de interés es Ptolomeo, de cuya relación se desprende que, en la época de las fuentes, el desplazamiento de los ilergetes era francamente occidental respecto de los testimonios anteriores habiéndose, además, producido la ocupación de una parte significativa de la ribera del Ebro, pues no otra cosa significa el que les asigne Celse-Kelse Buscar voz..., importante ceca indígena de bronce, que llegaría a ser dominante bajo la República tardía en esa área y sobre la que Lépido iba a crear el primer establecimiento colonial en el río, conmemorando las victorias cesarianas inmediatas al 49 a.C. Junto a Celse, se mencionan Osca y Burtina Buscar voz..., acerca de la cual nos informa el itinerario de Antonino Buscar voz... estar situada entre Osca y Caesaraugusta Buscar voz..., a doce millas de la primera de estas ciudades, razón por la cual suele reducirse a algún lugar arqueológico por descubrir en la zona de Almudévar. En todo caso, está claro que en el Alto imperio los ilergetes habían ocupado aunque no desde tiempo inmemorial, una amplia zona del actual Aragón, básicamente en la provincia moderna de Huesca. Asimismo parece, a la vista de las acuñaciones, su cantidad, calidad y dispersión, y la excepción que supone el numerario bolscano, que el núcleo político rector de este conjunto, fuertemente jerarquizado, estuvo en la nueva capital, Ildirda.

Unidos unos y otros testimonios, es casi forzoso hipotetizar que tales cambios territoriales sólo parecen posibles referidos a los tiempos entre Escipión y Catón Buscar voz...: a la dura resistencia que este pueblo ofreció a los romanos sucedió (en una interpretación prudente de fuentes bélicas bastante prolijas que ya no lo mencionan más) una sujeción neta a Roma, bien atestiguada, a posteriori, por la expresividad de las menciones de ilerdenses que hace el Bronce de Áscoli Buscar voz..., tantas veces glosado, mostrando cómo, en el cambio de los siglos II a.C., los ilergetes de Ildirda (ya Ilerda) llevaban nombres latinos y se alistaban en las tropas auxiliares indígenas de la república para combatir en Italia.

Las más importantes fuentes intermedias entre las que se refieren a los enfrentamientos romanoilergetes y la relación de ciudades suministrada por Claudio Ptolomeo son Estrabón y Plinio el Mayor, aunque ninguno de los dos escritores proporciona información directamente útil para esclarecer el contenido concreto (etnográfico, político, etc.) de lo que podríamos llamar la Ilergecia occidental, correspondiente, básicamente, a actual territorio aragonés.

Estrabón dedica unos párrafos singulares a la descripción del país que media entre el Pirineo y la cordillera ibérica. La zona se describe como habitada por «un gran número de pueblos», entre los que, a juicio del corógrafo, destacan por su fama los iacetanos Buscar voz.... Menciona, asimismo, a ilergetes y vascones Buscar voz... y omite cualquier referencia a los demás que, según nos consta por otras fuentes, existían o habían existido hasta hacía muy poco tiempo en esas comarcas de la cuenca.

De los ilergetes señala, expresamente, que son suyas Ilerda y Olsca (así, y no Osca, la llama). Las fuentes originarias de estos párrafos son griegas y fiables. Pero en este pasaje está claro que Estrabón actualizó sus informaciones, puesto que la mención de la condición colonial de Celsa, en época cesariana (lo que, posiblemente, tomó de Asinio Polión) y la existencia de Caesaraugusta (que certifica el manejo de fuentes augústeas) aseguran que Estrabón añadió datos de su cosecha, lo cual deja en cierta neblina el horizonte cronológico primero de su descripción. En todo caso, no parece posible dudar de que Osca, para el de Amasia, era ilergete en los años 70 a.C., si bien es extraordinariamente problemático discernir qué podía entenderse por «ilergete» en ese momento, cuando era, incluso posible que la ciudad hubiese alcanzado niveles jurídicos relativamente altos concedidos por Roma.

En cuanto a Plinio, la referencia a Osca (pues no menciona ninguna otra localidad de la que llamamos Ilergecia occidental de entre las que trae Ptolomeo, con excepción de la Colonia Celsa) encierra alguna alusión nunca bien explicada por la historiografía (lo mismo que la mención de los ilerdenses como Surdaonum gentis. Precisamente en este texto se halla una dificultad nada desdeñable a la hora de postular un carácter radicalmente ilergete para Osca. En efecto, aunque suele transcribirse así, los manuscritos plinianos no muestran Oscenses regionis Suessetaniae, contra lo que suele asegurarse. Es discutible si ha de leerse allí un nombre emparentado con el de los suessetanos que creemos de ascendencia gala (claramente identificados en Livio) o si, por el contrario, hay que atender a la casi unánime coincidencia de los códices —bastante numerosos, por cierto— en transcribir ese nombre sin S inicial y empezando siempre con U. Pero, aparte tal cosa, nos interesa ahora subrayar que Plinio menciona a la vieja Huesca como perteneciente a una regio particular -lo que es notable y diferente de la regio Ilergetum, que Plinio, desde luego, conoce y cita casi en el mismo párrafo.

La voz regio, en la descripción de Hispania hecha por Plinio, parecería, según algunos, reservada en exclusiva para la designación de una zona anteriormente caracterizada por la hegemonía de una etnia políticamente individuada antes de la llegada de Roma, pero que, en el momento de la descripción pliniana, haría tiempo que había perdido tal carácter. Un buen conocedor de estos textos, como Albertini, asignaba un valor bastante fuerte y estable al término, que tendría, incluso, alcances censuales y referidos a las levas militares.

Aunque pendiente de un estudio más minucioso, ha de concluirse, pues, por el momento, que la voz regio, en Plinio, no parece unívoca, ni es utilizada con lo que podríamos llamar un significado exclusivo, apareciendo en distintos contextos con al menos dos clases de funciones: unas veces, para designar una comarca o región en la que hubo o había predominio notable de una etnia particular, de la que aparentemente toma el nombre; y otras designando vagamente una zona geográfica o natural sin que el uso del término regio pueda vincularse visiblemente a elementos étnicos.

El asunto, desde este punto de vista, es intentar una nada fácil explicación al hecho de que Plinio distinga, sin lugar a dudas, a la antigua ciudad de Huesca emplazándola en una regio de nombre diferente a la regio Ilergetum que se menciona en el mismo libro. Plinio sabe, de cierto, que hay una región de los ilergetes y la nombra en lugar adecuado, y, casi sin solución de continuidad, en los párrafos dedicados a la provincia oriental de Hispania, sitúa a Osca en otra de nombre diferente. Algún sentido, aunque no se nos alcance plenamente, ha de tener la alusión y éste podría ser el de la menor o más tardía y superficial condición ilergete de los territorios oscenses.

Las comprobaciones y corroboraciones arqueológicas -únicas que permitirán alguna vez obtener mayor precisión- son todavía escasas aunque crecen aprisa. Hoy parece bastante seguro que la incorporación al proceso iberizador Buscar voz... de los territorios leridanos es visible en torno al 600 a. de C., cuando algunos elementos de cultura material permiten vincular directamente estos territorios con los costeros ilercavón y edetano (según interpretación de hallazgos en lugares como Soses, Aitona y Granja d’Escarp en las inmediaciones del Segre). El fenómeno no se detiene, según prueban, al poco, las cerámicas de especie ibérica pintada como las del Tossal del Molinet, que son, aproximadamente, de la misma cronología que la piececita de figuras negras de Ciutadilla, o un poco más modernas. En los últimos años del siglo V la cultura ilergete parece plenamente constituida y activa en territorios que se hallan algo más al sur y al oeste, abarcando, seguramente, Fraga.

Pero, por lo conocido hasta ahora, en las tierras más occidentales y oscenses, el proceso de iberización no parece antiguo, sino importado desde el este. Si en cierto modo ha de establecerse algún tipo de dependencia entre la llegada de materiales púnicos y griegos y el nacimiento del fenómeno cultural ibérico, entonces no es posible aducir fermento de esta clase, hasta el momento, en tierras al occidente del Segre, así como tampoco conocemos cerámicas ibéricas de formas antiguas directamente inspiradas en las griegas. El número de yacimientos excavados con sistema bastante es tan escaso que, probablemente, puede reducirse a dos o tres: la Vispesa Buscar voz... binefarense, Olriols Buscar voz... y Pilaret Buscar voz... fragatino, en parte; eso, naturalmente, hace arriesgada la hipótesis. Pero mientras nuevas informaciones no vengan a modificarla, lo cierto es que el horizonte ibérico antiguo no se hace visible a poniente del Segre y que los hallazgos censados hasta ahora en territorio altoaragonés y atribuibles a algún pueblo claramente ibérico o iberizado deben datarse en fechas bajas, desde el 300 a. de C. en adelante. El panorama, pues, parece identificar los materiales ibéricos con la época del apogeo ilergete y los asocia, francamente, a la presencia de la cerámica campaniense B, directamente o a través de lo que algunos estudiosos llaman «beoide». Los casos en que es posible rastrear presencia de barros anteriores (precampaniense, alguna abundancia de campaniense A, etc.) son, que sepamos, de la zona cercana al Segre (Esplús, en el interfluvio Cinca-Segre). No es que no exista poblamiento anterior. Hay abundancia de yacimientos casi todos únicamente prospectados, no excavados, en la zona. Pero los hallazgos indican un salto desde niveles con materiales característicos del final de la primera Edad del Hierro (como en Bolea o en Robres) a un horizonte cultural ibérico plenamente desarrollado.

El conjunto de estos datos, unidos los de las fuentes a los que proporcionan los yacimientos, invita a pensar en que, en efecto, la expansión política ilergete tuvo lugar en un momento relativamente tardío. Ocasionando la aparición de los materiales convencionales del iberismo hacia el oeste del Segre. Las fuentes, que narran con bastante detalle y cuidado la peripecia militar de estas gentes en los años en torno al 200 a. de C., permiten completar la información: a partir del 205, el poder ilergete iría en franco declive y la personalidad de estas gentes comenzaría un muy rápido proceso de sumisión a los modelos romanos, frente a los que no se observa, desde entonces, resistencia apreciable.

La iberización del occidente ilergete parece que fue tardía, súbita, aparentemente llevada a cabo en los territorios llanos sobre una base de eso que suele llamarse «tradición hallstáttica» y, en cierto modo, efímera, puesto que hay un buen número de yacimientos de todo el Ebro medio, vinculados a la cultura ibérica, que desaparecen a lo largo del siglo II a. de C. y no hay motivo para pensar (sino más bien indicios de los contrario) que entre el Cinca y el Gállego ocurriese nada diferente.

De la relación ptolemaica se deduce con suficiente seguridad que el dominio ilergete, por el oeste, había llegado en algún momento hasta al menos Huesca y Almudévar (según G. Fatás, muy posiblemente se reduce a esta localidad la Bourtina de las Tablas, a juzgar por las distancias conservadas en el Itinerario). Sabiendo que Zaragoza no fue ilergete y que tampoco era ibérica Segia Buscar voz... (Ejea de los Caballeros), debe aceptarse como frontera occidental máxima la del río Gállego y por el suroeste, la de las sierras de Luna y Alcubierre. Todo ello sin olvidar que la entrada de lo ilergete en estas tierras de su confín es más reciente y menos duradera y eficaz. Un planteamiento de esta clase, que no se contradice con las fuentes, tiene, además, la ventaja de contribuir a explicar, aunque no sepamos aún exactamente todos sus términos y detalles, tanto las peculiaridades de carácter arqueológico (larga pervivencia de materiales no ibéricos, por ejemplo; presencia tardía de lo que convencionalmente llamamos ibérico), como otras de especie cultural y económica (el peculiar sistema de ensilamiento de grano en subterráneos, que llama la atención a Varrón como característico de los territorios de Cartagena y Huesca, en la Citerior) y numismática: toda la tipología de la amonedación no sólo en esta Ilergecia occidental y suroccidental sino en las zonas colindantes, aparte no poder ser incluida ni en el área de las monedas terminadas en -sken, ni en la de sufijación indoeuropea, depende grandemente de los modelos que podríamos denominar navarroaragoneses, y no de los orientales. Sobre eso, además, recordemos que las cecas de Bolskan Buscar voz..., Laka, Segia Buscar voz..., Arsaos, Arsacos, Bentian y Sesars Buscar voz... acuñan todas con la señal complementaria Bo-N u O-N, que suele reputarse como abreviatura del nombre indígena de la capital oscense y no con ningún signo de esta entidad que nos permita poner en relación directa tan importante elemento como es la moneda con usos ilergetes. Circunstancias de esta clase explicarían también las menciones un tanto sorprendentes a las regiones Ilergetum, Uescetania o Uessetania y a los surdaones, con las que parecen señalarse, aunque imprecisamente, diferencias tardíamente visibles o recordadas entre las áreas de influencia directa de Osca e Ilerda.

El carácter mixto de los territorios ilergetes en la época del apogeo podría, asimismo, entreverse en algunos elementos toponímicos. Gallica Buscar voz... -apodada Flavia-, Bergidon Buscar voz... o Bergousia invitan, más bien, a pensar en radicales y presencias indoeuropeas, como el nombre mismo del río Gállego y, desde luego, el de Mandonio Buscar voz.... El cual, como Indíbil Buscar voz..., actúa, sin duda, como un sujeto carismático cuyo ascendente sobre pueblos distintos al suyo de origen -hasta llegar a mandarlos en la guerra- no parece verosímil atribuir únicamente a su prestigio guerrero.

Aún está sin descifrar, además, el interesante enigma que se encierra en el conjunto de al menos tres modos distintos y prácticamente contemporáneos de escribir el nombre de la antigua Huesca, con o sin B inicial, con o sin L media (Bolskan, Olskan, Olska-Oska), y eso sin que sepamos qué relación pueda existir entre esa Bo ibérica y la V con que la regio de la ciudad es iniciada por Plinio. Es decir, que la zona que, en tiempo de las primeras fuentes republicanas, constituye la nueva Ilergecia de poniente tiene todo el aspecto de presentar una base de cultura material de tipo «hallstáttico», muy extendida y homogénea, de haber recibido un fuerte (pero no largo) impacto ilergete en el siglo III a. de C. y todo ello sin perder un carácter muy marcado de zona bisagra entre las culturas pirenaicas, ibéricas e indoeuropeas que confluyen en ella.

Tampoco la epigrafía Buscar voz... en caracteres ibéricos es muy generosa en informaciones. Hay tres epígrafes registrados, alguno desde antiguo y perdido: en el Pilaret de Santa Quiteria (Fraga), ya estudiado correctamente por Gómez Moreno; el muy parco de Albelda, de que dio cuenta Pita en 1952 -con u final de palabra -utas que puede sugerir, en principio, alguna relación con los nombres en -as (y en -utas) del Bronce de Botorrita Buscar voz..., así como puede que ocurra con una terminación en -kum- (19); y la inscripción monumental, incompleta, de La Vispesa (Tamarite de Litera, cerca de Binéfar; forma parte del monumento llamado de Binéfar, estudiado por E. Marco y V. Baldellou), en la que destaca la palabra n.e.i.t.i.n., posiblemente alusiva al dios marcial atestiguado entre los occitanos por Macrobio y que también se registra en zonas célticas de Extremadura y Portugal, con nombre acaso derivado de un céltico Buscar voz... Neto, «guerrero», como apuntó en su día Tovar.

Dos observaciones cabe hacer; que parece poder detectarse alguna presencia de indoeuropeísmos junto a los rasgos más bien ibéricos en la lengua que parece contener el monumento funerario de La Vispesa, si bien allí mismo se alude a Neto; y, en segundo lugar, que estos tres testimonios son muy orientales y están prácticamente en la orilla izquierda del Segre. Esto es, en el territorio central y verdaderamente iberizado de la Ilergecia de época republicana. La ausencia significativa, de testimonios de esta clase más hacia el oeste viene también a corroborar lo que decíamos.

De los epígrafes latinos apenas nos es de interés uno: el de Calvera -traslado a Obarra- sobre el que tanto se ha discutido, a propósito de la arriesgada tesis de Corominas sobre el habla vasca Buscar voz... de las gentes de la Ribagorza en el Alto Imperio. Pueden detectarse en los antropónimos elementos prerromanos o no latinos que no tienen por qué ser forzosamente vascos ni vascoides, pero que, para el asunto que nos trae aquí, apenas resuelven nada. Lo mismo puede decirse de un cognomen Imunica, encontrado junto a Huesca en Peñalén.

En los valles altos del Pirineo aragonés (incluyendo, naturalmente, la Jacetania) no se han verificado hallazgos calificables de ibérico, no obstante conocerse por lugareños, prospectores y coleccionistas un número apreciable de hallazgos, que cubren una faja temporal que va desde el megalitismo y materiales de la Edad del Bronce hasta el Bajo imperio. Las pretendidas ubicaciones que algunos han hecho -al menos en tiempos modernos, desde Mateu y Llopis- de cecas como Belaiscom Buscar voz... o Araticos Buscar voz... en estas zonas es gratuita.

Peralta de Alcofea, Bolea, Albero Alto y Huesca son los únicos lugares de la comarca de la hoya de Huesca y alrededores -frente a muchos otros en los que se conocen restos antiguos- en donde se han encontrado restos de cerámica ibérica sin que se haya detectado cerámica roja de la que E. Junyent ha señalado su valor como producción característicamente ilergete.

Un poco más a levante, en La Litera o Llitera, hay detectados no menos de una docena de yacimientos, sobre los que hizo observaciones interesantes Baldellou, encontrando en el conjunto algunos rasgos de personalidad comarcal que, a su entender, permitían establecer con bastantes visos de verosimilitud diferencias apreciables respecto del núcleo ilergete central. En esta zona aparece ya la cerámica de barniz rojo «ilergete», aunque no en todos los lugares arqueológicos conocidos: en Albelda, San Esteban de Litera y Tamarite, por lo menos (recordemos que el llamado monumento de Binéfar Buscar voz... es, en realidad, del termino de Tamarite, en donde asimismo aparecieron unos dos mil denarios oscenses. Debió de ser uno de los lugares clave en el dispositivo ilergete occidental de penetración en dirección a Huesca y el Gállego, y el yacimiento de La Vispesa, en excavación por el Colegio universitario de Huesca y la Universidad de Zaragoza -A. Domínguez y E. Maestro- puede depararnos noticias del mayor interés). En la zona literana o lliterana, en suma, parece que la iberización sobre ser más potente es más antigua también. Y da la sensación de que la influencia directa y perdurable de los ilergetes alcanzó en esta comarca su límite real hacia el oeste, siendo sus penetraciones más alejadas mucho menos relevantes desde el punto de vista cultural general, si no político.

En el amplio conjunto que forman las tierras de Monegros y del Bajo Cinca no se ha podido registrar, no obstante el abundante número de yacimientos localizados y más o menos explorados, ningún testimonio de cerámica roja, aunque sí abundan los tiestos ibéricos comunes y muchísimo los romanos de todo tiempo. Si alguna deducción cabe hacer, muy provisionalmente, sobre estos puntos, podría ser ésta: la ribera, las márgenes del Ebro fueron tierras en las que el dominio ilergete se implantó sobre una acción iberizadora anterior, llevada a cabo por otras gentes (sedetanos e ilergavones, según G. Fatás), mientras que un poco más al norte, en la Litera o Llitera, el panorama cultural fue trazado, en lo ibérico, más «ex novo» por los nuevos colonizadores ilergetes.

Finalmente, el espacio comarcal que solemos denominar del Somontano de Barbastro y Cinca Medio, ha sido objeto de estudio por parte de V. Fuster. El autor señala algunos yacimientos en la zona en donde se han detectado muestras (son poco abundantes) de la cerámica ilergete. Un fragmento en Buera, otro -dudoso- en Laluenga, algunos que él «cree que son» de esta clase, otros pocos en Salas Altas y, sobre todo, en el que parece importante sitio arqueológico de Lo Pingato (Costean), en el que, a juzgar por lo recogido, no se interrumpe la ocupación desde la Edad del Bronce hasta el siglo I, con apogeo urbanístico en los tiempos que bien podríamos llamar ilergetes. Hay, desde luego, en esta comarca muchos más yacimientos localizados (sobrepasan la cincuentena, si contamos puentes y villas romanas) y no faltan los materiales ibéricos convencionales.

Quizás haya que pensar en que la Litera o Llitera fue, en el avance ilergete, la punta de lanza, el camino principal, desprovistas las tierras más al norte de un gran interés estratégico y estando las meridionales mejor defendidas por otros ocupantes, apegados al valor enorme de los establecimientos ribereños del Ebro. Hasta el momento, aceptando como buenas las precisiones de M. Beltrán a las tesis más antiguas sobre la expansión ilergete hacia Aragón, parece que el mapa arqueológico que se va configurando permite postular una muy leve ilergetización de las comarcas occidentales de la provincia de Huesca, una acción irradiada, algo más fuerte, pero quizá no demasiado acusada, al norte y al sur de las tierras literanas o lliteranas y, por último, un eje de penetración, exportación y establecimiento más definitivo en éstas.

El objetivo final pudo, verosímilmente, ser el de, a partir del codo que forma el río Alcanadre, hacerse con un buen establecimiento a orillas del Ebro, lo que cuadra perfectamente a Celse-Celsa, tal y como aparece en la lista de Ptolomeo, incluida entre las localidades ilergetes más relevantes y con una actividad económica notoria, a juzgar por los datos monetales. Los meandros del río a la altura de Caspe tenían, sin duda, la dificultad de la cercanía de los importantes asentamientos de otras gentes de cultura ibérica: en los cursos bajos del Matarraña, del Guadalope y del Martín hay yacimientos de fuste que atestiguan la fuerza, en estas áreas, de ilergavones y sedetanos. Algo ha de significar la notable abundancia de estelas funerarias y, sobre todo, en relación con el mundo de la heroización ecuestre en tierras bajoaragonesas y turolenses, con una densidad que, hasta el momento, no encuentra paralelo en el territorio ilergete leridano.

En cambio, la zona monegrina, desde Castejón de Monegros y Bujaraloz, seguramente ya entonces en parte desertizada, a juzgar por las obras romanas de captación de aguas, no ofrecía dificultades militares de gran envergadura a un avance hacia el Ebro. Así, por el momento, podría mejor pensarse en el establecimiento, primero, de una línea de acción hegemónica Ildirda-Celse, desde la que, más tarde, se producirían otros movimientos de expansión inducidos, que no en una primera acción directamente hacia Bolscan y sus inmediaciones.

Con todas las reservas que son de un caso en el que es mucho más lo que queda por hacer que lo que está hecho, los territorios del Gállego (a diferencia de lo que sucede en la red Cinca-Segre muy dependiente de lo ilergete), parece que experimentarían una influencia más compleja. Por una parte, la perduración de los elementos culturales que dieron lugar a la fuerte base material hallstáttica del occidente aragonés parece larga; por otro, hay que contar con los influjos coincidentes, en el tiempo y en el espacio, de suessetanos, sedetanos, vascones y celtíberos que, junto con los ilergetes, son quienes contribuyen a perfilar la personalidad, muy mixta, de esta área, tal y como, en parte, podemos deducir de algunos elementos de reciente adquisición entre los que sobresalen ciertos datos muy claros del bronce de Contrebia. En éste comprobamos la existencia de gentes de nombre de tipo vasco (-har) en localidades ibéricas de frontera (Salduie Buscar voz...), así como la presencia de una antroponimia ibérica (-tibas, -tabas) en territorio políticamente vascón (Alaun Buscar voz...). Junto a otros indicios (como el agudamente señalado por Untermann acerca de la existencia de una zona monetal peculiar en estas comarcas, los nombres ascolitanos de los segienses, la bien atestiguada presencia de celtas Buscar voz... en Gallur y otros puntos próximos, etc.), eso nos lleva a creer en que las tierras entre, aproximadamente, el Alcanadre y el Arba o el Aragón, con límite por el sur hacia los montes del Castellar, son un verdadero crisol de mezclas, con resultados móviles y complejos, difícilmente reductibles a una calificación poco matizada. En todos estos territorios del Ebro Medio es un recurso inevitable y cómodo asignar a cada zona el signo cultural supuesto para cada uno de los pueblos de que nos dan noticias las fuentes clásicas para la época de la conquista. Pero cada día aparece más claro que esa calificación no ha de usarse en un sentido demasiado intenso y sí, preferentemente, con un valor más netamente político y, en muchos aspectos, superestructural.

• Bibliog.: Beltrán Lloris, M.: Cronología e historia de las ciudades antiguas del Cabezo de Alcalá de Azaila (Teruel); Monografías Arqueológicas, XIX, Zaragoza, 1976, pp. 400-405.

 

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