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Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 30/08/2011

Institución surgida en el siglo XV, en 1425, respondiendo a la tendencia que aparece en muchas ciudades, a comienzos de la centuria, de crear grandes hospitales generales. Así sucedía en Valencia por las mismas fechas: si bien aquí dio lugar a un hospital exclusivamente concejil, controlado únicamente por la burguesía Buscar voz... urbana, atenta siempre a evitar cualquier intromisión de la corona. En Zaragoza la idea de crear el hospital partió del municipio, pero éste buscó inmediatamente el apoyo del rey -Alfonso V Buscar voz... el Magnánimo- para tener éxito en su empeño. De esta forma el hospital reunirá desde sus orígenes una triple característica: es, como todo hospital, una institución eclesiástica (y como tal el rezo de las horas era su función más importante, hasta que la aprobación de la Compañía de Jesús Buscar voz... rompe con esta tradición de los institutos religiosos), municipal (el concejo Buscar voz... zaragozano tendrá sobre él un cierto dominio, y los ciudadanos que ostentan el poder en el municipio lo van a gobernar junto con el cabildo Buscar voz... de La Seo Buscar voz...) y regio (considerándose «casa real», lo que le permite contar con la protección del rey y del reino, que le concederán importantes ayudas pecuniarias y la posibilidad de pedir limosna en cualquier iglesia y población de Aragón). Es, por tanto, un hospital de la ciudad y del reino. La burguesía zaragozana no se había atrevido por sí sola a afrontar una obra de esta envergadura.

Durante el siglo XV se cuenta entre los cinco hospitales más significados de la Península. Una parte importante de sus edificaciones se levantó durante esta primera centuria de su historia, entre ellas la modesta iglesia -con ocho capillas en sus contrafuertes para devoción de sus benefactores-, comparable a la del convento de dominicas de Daroca o a las inmediatamente posteriores de tipo levantino de Zaragoza como la vecina de San Gil. Sin embargo, no se construyen todavía las salas o pabellones suficientes para albergar por separado a los enfermos de diferentes dolencias; la clasificación de los enfermos era, por tanto, muy simple: los hombres se dividen en enfermos de calenturas -en siete cuadras- y de cirugía -en dos-, mientras las mujeres estaban separadas en dos cuadras: la de parturientas y la de las Madalenas. Se desconoce el volumen anual medio de enfermos ingresados.

No se conservan ni conocen las primeras Ordenanzas del Hospital de Gracia. Las ordinaciones de 1496 disponen que haya cuatro regidores, dos mayores y dos menores, que gobiernen el hospital. Uno de los mayores es eclesiástico, tiene 200 sueldos de salario y ejerce jurisdicción sobre las personas eclesiásticas. El otro regidor mayor es secular, y entiende en los trámites del hospital con jurados, abogados, procuradores, jueces y concejos. Su salario es de mil sueldos, es decir cinco veces mayor que el anterior, aunque es el primer regidor quien preside la Sitiada. De los regidores menores no se especifica si son seculares o eclesiásticos; uno de ellos vive continuamente en el hospital, comiendo y durmiendo en él (no se le permite tener consigo a su mujer y familia); el segundo regidor menor se prepara para sustituirlo al año siguiente. Los martes y viernes se reúnen en Sitiada, para tratar los asuntos de la casa. Todos los regimientos eran anuales (salvo el menor, que tenía un año de preparación y otro de ejercicio efectivo), y su designación se efectuaba mediante insaculación Buscar voz.... La selección de nombres que se insaculaba para el careo de regidor eclesiástico correspondía al capítulo de La Seo; los insaculados en la bolsa de regidor secular eran catorce (diez ciudadanos Buscar voz..., dos caballeros Buscar voz... y dos hidalgos Buscar voz...), correspondiendo al concejo y los capítulos de caballeros e hidalgos, respectivamente, la selección de los candidatos. La bolsa de regidores menores consta de seis nombres, de vecinos y habitantes de Zaragoza, elegidos según el parecer del concejo.

En 1495 se señala a la ciudad conservadora y patrona del Hospital; sus rentas y bienes quedan bajo su protección y salvaguarda. En ningún otro siglo el Hospital tendrá un matiz tan municipal. Durante el siglo XV estaba sujeto a la jurisdicción ordinaria, tanto civil (zalmedinas, lugarteniente y demás oficiales reales) como eclesiástica (el arzobispo), pero los regidores deben administrar y gobernar el Hospital; por otra parte, como en aquel momento no se distinguía entre el poder del Estado y cualquier otro poder más que en el grado, se confiere a los regidores la jurisdicción civil y criminal, a efectos de apresar y azotar dentro del Hospital a todas las personas que en él se acogen.

El Hospital de Gracia en los siglos XVI y XVII: Las ordinaciones de 1508 marcan un cambio frente al siglo anterior: los regidores Buscar voz... van a ser nombrados directamente por el monarca; el virrey propone una terna al Consejo de Aragón Buscar voz..., y el rey elegirá a uno, que por lo general coincide con el señalado por el consejo. El rey busca ganarse al patriciado urbano nombrándoles regidores; y los más ricos, los que tienen mayor peso en la ciudad y el reino, quienes tienen mejores conexiones en el Consejo de Aragón y los aficionados «a las cosas del servicio de S.M.», son quienes están en las mejores condiciones para ser elegidos. En estas ordinaciones se dispone que cada año se sustituyan dos de los cuatro regidores, con lo que la permanencia en el cargo pasa a ser bienal; en 1587 se amplió a tres años, aunque la práctica tendía a mantenerlos más tiempo.

En 1525 el Hospital consigue, por bula de Clemente VII, la exención eclesiástica de la jurisdicción arzobispal de Zaragoza. Esto lleva como consecuencia que el personal eclesiástico depende directamente de la Sitiada, incluidos los regidores seculares, y que el rey y sus oficiales no podrán proceder contra los eclesiásticos del Hospital, recurriendo a la jurisdicción ordinaria, sino que tendrán que contar con Roma. En cuanto a la exención de jurisdicción civil ordinaria, los regidores son conscientes de que la bula de Clemente VII les da derecho a ella, y durante el siglo XVI (época de cierta pervivencia de los Fueros Buscar voz...) parece que se consiguió alguna efectividad de esta exención. Desde el principio del siglo XVI el Hospital es más inmune Buscar voz... y a la vez más dependiente del monarca que del municipio.

También durante este siglo va a conocer un auge enorme, paralelo a la expansión demográfica y económica del reino. Es ahora cuando adquiere sus grandes dimensiones -abarcaba el espacio comprendido entre el Coso, la calle hoy llamada de la Independencia y los conventos de Jerusalem, Santa Catalina y Santa Engracia- y su organización definitiva en departamentos específicos para los diversos tipos de enfermos, como si fuese en este momento cuando el Hospital se convirtió en verdaderamente universal. Hay pabellones especiales de locos, tiñosos, expósitos y parturientas; ademas hay abundantes cuadras: de calenturas, siete de hombres y dos de mujeres; de cirugía, dos de hombres y una de mujeres; de bubas o morbo gálico, una para cada sexo; igual número de convalecientes, una de parturientas y una de vergonzantes -para aquellas personas venidas a menos, que no querían mezclarse con el resto y cuya identidad permanecía en secreto.

Este mismo siglo se hizo el teatro. De esta manera el Hospital aparece definitivamente configurado; los retoques y edificaciones posteriores no van a añadir nada esencial.

Se tienen noticias sobre los ingresados, que son gente pobre y enferma, poco apta para el trabajo. Los visitadores de 1584 dan las siguientes cifras de enfermos al año: enfermos más de 500; niños y niñas que se crían, 400; furiosos, más de 100; tiñosos, más de 40.

Durante el siglo XVII, la regresión aragonesa ha afectado también al Hospital. Sus dificultades eran ya evidentes en 1584; ha pasado su gran época, y las dificultades se van a mantener a lo largo de todo el siglo. La exención de la jurisdicción real no pasa de ser teórica (paralelamente a la pérdida de autonomía del reino), pues aunque los regidores creen tener derecho a ella por la bula de Clemente VII, no la ejercen nunca, sino que cesan en el cargo al ministro o sirviente perseguido por la justicia real para que ésta pudiese actuar. En el reinado de Carlos II Buscar voz... pretenden hacer valer la firma de exención que les había dado el Justicia Buscar voz... de Aragón en el siglo anterior, pero sin convicción ninguna y renunciando pronto a este intento. La exención de la jurisdicción eclesiástica ordinaria sigue firme, como en el siglo precedente.

En el siglo XVII los regidores pasan a detentar el cargo de forma perpetua, en contra de lo que disponían los estatutos, y dado que muchos regidores con los achaques de la edad no podían atender a sus obligaciones, se nombran nuevos, con lo que su número sobrepasa el fijado por las ordinaciones. Con frecuencia los regidores buscan quienes les sustituyan, y luego les suceden en el cargo. Además, el tercer regidor secular, no ciudadano, pasa a ser ocupado con frecuencia, durante la segunda mitad del siglo XVII, por personas de la nobleza titulada, lo que plantea numerosos problemas de precedencia a la hora de asistir a las Sitiadas: siempre se habían colocado en ellas por antigüedad, precediendo los eclesiásticos a los seglares.

Esta permanencia en el regimiento les da mayor prepotencia, de forma que todos los ministros y sirvientes del Hospital se quejan de ser tratados con mucha «soberanía».

El numero de enfermos no parece ser superior al del siglo anterior. Entre 1680 y 1694 se conocen las cifras que indica el cuadro 1.

Los locos son los que verdaderamente llevaban el peso del Hospital, desempeñando las tareas más humillantes y más duras; como mano de obra no remunerada y absolutamente dócil y no libre, no diferían gran cosa de los esclavos, aunque fuesen intransferibles, pero se les trataba peor que a esclavos: andaban mal vestidos y alimentados, y eran obligados a trabajar en los oficios más penosos, al tiempo que se les conducía con crueldad. Todo ello se acusa y refleja en su elevada mortalidad.

Sobre los ingresos del Hospital hay que destacar la inexistencia de frutos decimales y de predios dominicales, por lo que las rentas ordinarias -más de la mitad de las cuales son censales- eran muy limitadas; la mitad de los ingresos del Hospital se deben a rentas extraordinarias, obtenidas de las limosnas recogidas bajo los más diversos conceptos. Así pues, el Hospital vive fundamentalmente de las limosnas, e incluso los ingresos ordinarios son antiguas donaciones que producen unas modestas rentas.

Los gastos se dedican fundamentalmente a la alimentación, y es evidente la baja cantidad relativa destinada a sueldos, y la ínfima que se dedica a la botica. Durante el siglo XVII los censos rinden menos y son más difíciles de cobrar; al propio tiempo las limosnas se vuelven más escasas. Como los gastos no decrecen, el Hospital se ve obligado a recurrir a la venta de su patrimonio: a partir de 1620 las ventas de bienes se inician con cierto ritmo, pero será a partir de 1640 cuando comiencen las ventas masivas a causa del gran número de enfermos que ingresan en el Hospital (hay que tener en cuenta que la guerra de Cataluña Buscar voz... ocasiona gran número de bajas, y son muchos los soldados enfermos que llegan a Zaragoza) y de la subida de los precios por el ascenso violento de la demanda. Esta doble incidencia provoca el aumento de los gastos del Hospital.

Desde 1660 los gastos tenderán a disminuir, tendencia que se mantiene hasta finales de siglo; ello en parte por el descenso de los precios de algunos productos alimenticios. Pero en ningún momento los gastos se colocan por debajo de los que suponen las entradas, y en consecuencia continúa la corriente de ventas de bienes del Hospital.

El Hospital de Gracia en el siglo XVIII: Comienza el siglo para el Hospital con una aguda crisis económica y administrativa que se arrastraba desde los últimos años del anterior, y que se agrava con la guerra de Sucesión Buscar voz... y sus consecuencias. Su agudización máxima va de los años 1712 al 1715, en los que el Hospital viene a tener unos gastos de alrededor de 34.000 libras anuales y sus rentas y limosnas nunca llegan a las 30.000, con lo que cada año se va acumulando un déficit de unas 4.000 libras que se obtienen empeñando bienes del Hospital. En 1714 el valor de lo empeñado era de 60.000 libras.

Felipe V Buscar voz... intenta resolver la situación aumentando las subvenciones al Hospital y ordenando la continuación de una visita o inspección comenzada en los últimos años del siglo anterior, que estudie la administración y proponga las medidas convenientes para atajar la crisis con la expresa advertencia de que se quiten de sus Ordinaciones todo lo que vaya en contra de las leyes de Castilla, siguiendo así el nuevo plan de uniformación. Esta visita resultó larguísima, y durante unos cuarenta años no se consiguió terminar a pesar de haberse nombrado sucesivamente cinco visitadores.

La inspección más minuciosa la llevó a cabo Pascual Herreros, de 1725 a 1734: observó que las ordinaciones no se cumplían, la alimentación de los enfermos era mala y no se daba desayuno, el edificio, mal distribuido, no era nada funcional; el Hospital no estaba abastecido suficientemente; había atraso en el pago de salarios a sirvientes; las cuentas no cuadraban nunca; la Sitiada vendía propiedades del Hospital sin la autorización de la Cámara, y la administración directa de torres y heredades sólo producía más confusión para el Hospital; de esta manera el Hospital no se abastecía suficientemente, y al mismo tiempo que sus acreedores no cobraban, la Institución adelantaba dinero a los comerciantes. Las soluciones que el visitador propuso fueron importantes, y hubieran cambiado rápidamente el mal funcionamiento del Hospital de no producirse el choque directo entre visitador y regidores. Aquél quiso pasar de las reglas a los hechos, y éstos protestan ante la Cámara, que recorta las funciones del visitador, pues en el fondo no era nada político enfrentarse con la nobleza de Aragón, solamente por querer agilizar el funcionamiento de un Hospital.

Esta visita no produjo ningún resultado de momento. Sin embargo, poco a poco las críticas van calando en los nuevos regidores, quienes con el paso del tiempo irán llevando a cabo las reformas. Especialmente el cambio empieza a notarse a partir del año 1755: nuevas subvenciones que Felipe V hizo al Hospital, unidas a la gran cantidad de limosnas que a él afluyen a causa de la recuperación económica del país, hacen que con unos gastos de 41.000 libras quede un superávit de unas 2.000, lo cual permitirá a partir de los años 60 la renovación de muchas partes de edificio, así como la construcción de los departamentos de dementes, para hombres y mujeres, acabados en 1762 y 1764, respectivamente.

Este resurgir económico coincide o es consecuencia de una Sitiada especial que acomete la renovación administrativa del Hospital y confecciona las Ordinaciones Económicas de 1755, que afectan especialmente al personal asistencial de enfermería, puntualizando los deberes de cada uno.

Entre los años 1766 y 1769 se realiza una segunda visita al Hospital, pero ésta la llevan a cabo cuatro comisionados, dos de los cuales son en aquel momento regidores eclesiásticos del Hospital, y los otros dos canónigos de La Seo; con ello la participación de la Sitiada era del cincuenta por ciento, evitándose el enfrentamiento entre visitadores y regidor. Estos comisionados consiguen desayuno para los enfermos, dos hombres para la limpieza de cada cuadra (que antes hacían los dementes), que las cuentas se lleven con más orden, y que cada empleado tenga obligaciones específicas. También intentaron que hubiera una separación en las cuadras de enfermos tísicos y expósitos, pero las posibilidades del edificio no lo permitieron.

La capacidad del Hospital de 1725 a 1736 era de 472 camas, ampliables en caso de necesidad a 641, con promedio de camas ocupadas entre 281 y 407 (índice de ocupación del 0,70 al 0,98 según los años). Todo ello sin contar con las de dementes y tiñosos, que vendrían a ser unas 150 más. Además, los expósitos que el Hospital ingresaba cada año eran unos 250, manteniéndolos dentro y fuera del Hospital a lo largo de cinco años. El total de expósitos mantenidos en todo momento por el Hospital entre los años 1723 y 1727 fue de 1.221.

Hacia el año 1768 el Hospital atendía de 6.000 a 8.000 enfermos al año, y los expósitos venían a ser de 800 a 1.000. En la década de 1780 a 1790 los ingresos oscilaron entre 8.000 y 10.000 y los expósitos atendidos solían ser unos 900 a 1.000.

Mundialmente este Hospital ha sido conocido por su asistencia a los enfermos mentales, y especialmente a finales del siglo XVIII por las posibilidades terapéuticas del trabajo en los enfermos mentales, observadas y practicadas aquí. La divulgación de ello se debe al famoso alienista francés Philip Pinel, quien, aunque en contra de lo que se ha dicho no visitó este Hospital, sí recogió las observaciones hechas por el Dr. Iberti en un informe que sobre el departamento de dementes presentó al Comité de Mendicidad de París.

• Bibliog.:
Baquero, Aurelio: Bosquejo histórico del Hospital Real y General de Ntra. Sra. de Gracia de Zaragoza; Institución «Fernando el Católico», Zaragoza, 1952.
Gimeno Riera, Joaquín: La Casa de locos de Zaragoza y el Hospital de Ntra. Sra. de Gracia; Librería de Cecilio Gasca, Zaragoza, 1908.

El Hospital en la Edad Contemporánea: Si desde el punto de vista social y político el siglo XIX comienza en España tras la invasión napoleónica Buscar voz..., al hablar del Hospital de Ntra. Sra. de Gracia, tal suceso marca aún más la línea divisoria entre los siglos XVIII y XIX ya que, aunque con el mismo nombre, órganos de gobierno e idéntico espíritu, se trata en realidad de otro hospital, al menos desde el punto de vista material. En efecto; el primitivo y benemérito centro hospitalario fue totalmente destruido durante los Sitios Buscar voz.... Los enfermos y dementes que quedaron fueron llevados al denominado Hospital de Convalecientes que desde ese momento fue el heredero del nombre y funciones del antiguo hospital.

Enfrente, a pocos metros de este hospital y formando parte del mismo, se construyó el Departamento de Dementes, hoy desaparecido, que desde su puesta en marcha, en 1829, y hasta 1890, cubrió toda la asistencia psiquiátrica en Zaragoza. La última fecha reseñada señala el comienzo de lo que sería el Sanatorio Psiquiátrico Ntra. Sra. del Pilar, que hoy subsiste con algunas ampliaciones. Que el Departamento no fue un edificio con demasiada dignidad era evidente; la situación en la que se encontraba entonces España -y más aún Zaragoza, que todavía no se había repuesto de los desastres de la guerra- no permitió mayores gastos. Por otro lado, se trataba de cubrir las necesidades del momento, que no fueron las de unos años después, en que el Departamento se vio materialmente poblado por gran número de enfermos venidos no sólo de la región, sino de numerosos puntos del país. Esta tarea excesiva la soportó con tan extraordinaria dignidad que mereció justa fama por su hospitalidad, aun con sus defectos, que los tuvo.

Se conservan los denominados Libros de Dementes, con los que si bien gran número de sus asientos no consignan ningún dato de valor y otros solamente lo hacen de forma fragmentaria, ha sido posible reconstruir con bastante aproximación el nivel de conocimientos, el tipo de asistencia, así como otros datos de interés. Lo que no se ha visto, y se ha buscado con el mayor esmero, ha sido el menor indicio de cualquier organización del trabajo como medio terapéutico, siquiera elemental. Esto nos hace dudar del tan repetido juicio de Pinel, que sin duda no estuvo en Zaragoza, sobre el tratamiento de los enfermos mentales en este hospital. Debería ser comprobado sobre datos reales, no de referencias. ¿Es que se perdió totalmente la laborterapia, la terapia ocupacional, con el nuevo emplazamiento? Cuesta creerlo, por precarias que fueran las condiciones durante la anterior centuria.

Por lo que respecta al Hospital propiamente dicho, de enfermos comunes, no se ha conservado ninguna documentación médica hasta el año 1906, por lo que solamente por analogía podemos saber cómo fue la asistencia y conocimientos en los años anteriores a esta fecha, al saber los datos del Departamento. Fue este hospital, en unión del de la Facultad de Medicina, donde se realizó la casi totalidad de la asistencia médica de la ciudad y provincia, hasta la implantación de la Seguridad Social y el funcionamiento del hospital Miguel Servet. Cuenta en la actualidad con ciento cincuenta camas, debiendo destacarse la nueva y moderna U.C.I. estrenada en mayo de 1999. Dependía de la Diputación Provincial hasta julio de 2000, fecha de la transferencia de la sanidad provincial a la D.G.A.

• Bibliog.:
Rodríguez Pérez, Enrique: La Asistencia Psiquiátrica en Zaragoza a mediados del siglo XIX; Zaragoza, 1980.

Derecho: El art. 136 de la Compilación Buscar voz... del Derecho civil de Aragón dispone que el Hospital de Nuestra Señora de Gracia o provincial de Zaragoza heredara abintestato Buscar voz... a los enfermos que fallezcan en él, o en establecimientos dependientes, sin dejar cónyuge ni pariente en línea recta o colateral hasta el cuarto grado. Se excluyen de esta sucesión los bienes troncales Buscar voz.... No tiene lugar cuando el enfermo ha otorgado testamento, o cuando sobreviven ascendientes o descendientes, cónyuge o colaterales hasta el límite de primos o sobrinos-nietos incluidos. En estas condiciones, se entiende que es justo que sea el Hospital quien herede a los enfermos que atendió en su última enfermedad, mejor que deferir sus bienes al Estado.

El precepto proviene de un privilegio concedido en Acto Buscar voz... de Cortes de 1626, que siguió en uso en los siglos sucesivos, pasó al Apéndice Buscar voz... de 1925 y de él a la vigente Compilación. No parece que hoy tal privilegio reporte beneficios económicos apreciables al Hospital. La Diputación Provincial, de que depende, trató en cierto momento de convertir en ley una práctica mal documentada de los notarios aragoneses, consistente en recordar a toda persona que otorgara testamento ante ellos si quería dejar alguna manda al Hospital de Nuestra Señora de Gracia, siendo libre el testador de otorgarla, a imitación de la ley navarra que disponía y dispone de forma similar. La propuesta no prosperó.

• Bibliog.:
Muñoz Salillas, Juan: «Privilegios a favor del Hospital de Nuestra Señora de gracia de Zaragoza»; Anuario de Derecho Aragonés, I, 1944, pp. 143-165.

 

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