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Higos de Loarre

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 13/07/2009

(Folc.) Anécdota popularizada por Braulio Foz Buscar voz... en su Vida de Pedro Saputo, que tiene su versión aragonesa más antigua en «Os figos de Lobarre», pero que remonta su origen a un cuento oriental que conocemos a través del granadino Abu Bakr Muhammad ibn Asim (muerto en 1426) y que tiene su versión centroeuropea en el «Simplicissimus» de Grimmelhausen, en el siglo XVII. Las variantes, mínimas, consisten en el número de higos que se llevan al alto personaje o, en la versión de Grimmelhausen, en la sustitución de los higos por los ojos de un cordero.

En la versión de Loarre es un obispo de Huesca quien alaba los higos royos de una higuera del pueblo hasta el punto de que el ayuntamiento se propone enviarle un cestillo de ellos cuando maduren. Pero los mozos terminan con todos menos tres; éstos son confiados a un vecino, quien por el calor sucumbe a la tentación de comerse dos de ellos, entregando uno sólo a su ilustrísima. El obispo, al recibir el memorial donde se explicaba la razón por la que sólo se enviaban tres unidades, le pregunta: «¿Pero, hombre de Dios, que ha hecho usted con los otros dos?»; a lo que respondió el otro: «Pues esto», y se comió el tercero.

Tanto en el cuentecillo granadino del XV como en el Pedro Saputo, el destinatario de los higos es el rey; la versión de Braulio Foz no sabemos de dónde procede, aunque es la más elaborada de todas y tal vez la más moderna, y en ella se empalma el capítulo «De la comisión de los tres higos» con la alabanza de los productos comestibles de Aragón. Naturalmente, el hecho se atribuye a Almudévar Buscar voz... y a una higuera del cabezo de la Corona, que nunca había dado fruto pero en el año del suceso produjo tres tan extraordinarios que el concejo decidió enviarlos al rey; para lo cual comisionó a Pedro Saputo. Éste comió dos de ellos, pensando en cubrir con una artimaña la simplicidad de enviar tres higos en un cestillo a su majestad; logró su empeño y entregó el memorial y el único higo al rey; vale la pena reproducir el texto original: «-Hombre-, dice el rey: -el oficio dice que me mandan tres higos y aquí sólo veo uno-. -Eso, señor, consiste (dijo Pedro Saputo) en que ahí por ahí, antes de llegar, me he comido yo los otros dos-. -¡Te los has comido! ¿Y cómo has hecho?-, preguntó el rey. -Así-, respondió Pedro Saputo, y tomándole al rey el higo de la mano se lo comió con mucha gracia y desenvoltura».

Aunque Foz dice que este suceso fue atribuido por un autor extranjero a su país y que era originario de donde él lo tomó, la realidad es que la más primitiva versión procede del fondo oriental y debió de difundirse por Europa a principios de la Edad Moderna.

• Bibliog.:
Beltrán, Antonio: Introducción al folklore aragonés, I; Zaragoza, 1979, pp. 202 y 172.

 

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