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Aljama

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 02/09/2008

Reciben esta denominación tanto las comunidades de mudéjares Buscar voz... como las de los judíos que radicaban en los núcleos urbanos y en los rurales: constituían a manera de células autónomas insertas entre la población cristiana, rigiéndose por sus peculiares ordenanzas. Podemos considerarlas como entidades equivalentes al concejo Buscar voz... de los cristianos.

Aljamas moras: Tras la reconquista de la tierra aragonesa, en virtud de las capitulaciones los musulmanes pudieron permanecer en las ciudades, aunque obligados a vaciar el casco urbano y trasladarse a los barrios extramuros o morerías Buscar voz.... Las aljamas moras en las cuestiones generales se atenían al Corán Buscar voz... y a la Suna Buscar voz... y en los asuntos jurídicos a la Xara. Sus funcionarios eran sarracenos, aunque persistió cierta vigilancia e inspección por parte de las autoridades cristianas. El funcionario principal era el alamín, aun cuando en algunas ciudades, como en Zaragoza al final de la Edad Media, no existió este cargo, siendo el merino Buscar voz..., como representante del rey, el que presidía las reuniones y fijaba los impuestos. Los adelantados, elegidos anualmente, administraban la aljama junto con el alamín (o, en su caso, el merino), guardaban y defendían los derechos de los sarracenos y en ocasiones podían juzgar ciertos delitos, siendo los sayones los encargados de cumplir sus mandatos. La parte económica de los ingresos y gastos de la comunidad incumbía al clavario, con el auxilio de los cullidores, siendo además controlada toda la gestión económica por una especie de inspectores. Para los pleitos y cuestiones judiciales contaban los sarracenos con abogados y procuradores, por lo general cristianos; no obstante un alfaquí era el notario de la comunidad. Como una de las máximas autoridades se consideraba también el alcadí, con funciones de juez, que era nombrado por el rey con carácter vitalicio.

Todos los funcionarios de la aljama tenían la obligación de reunirse al menos una vez por semana para dar cuenta de las gestiones a ellos encomendadas. Las sesiones extraordinarias solían tener lugar en la mezquita mayor, tomándose los acuerdos por aclamación y teniendo las resoluciones fuerza de ley. Mientras que la mayor parte de los núcleos rurales poblados por musulmanes acabaron pasando a la jurisdicción del estamento nobiliario o del eclesiástico, los reyes se reservaron el dominio directo de las aljamas moras en las ciudades, tal fue el caso de Zaragoza, Huesca, Teruel, Daroca y Calatayud; también eran de realengo las de Borja y Belchite. La mayoría de los impuestos aplicados eran idénticos a los de los cristianos. El más importante era la peyta o pecha ordinaria, que resultaba gravosísima, por lo que algunas aljamas se vieron cargadas de deudas y arruinadas. Pagaban además tributos sobre las tiendas y alfarda de los obradores, y las caloñas o multas por la aplicación de la jurisdicción civil y criminal.

En el medio rural, tras la reconquista, la masa campesina persistió en sus solares; únicamente variaron los cuadros administrativos y jurisdiccionales. Así como en las ciudades se mantuvo la separación de barrios entre cristianos y mudéjares, en los pueblos de población mixta no hubo discriminación a este respecto. Pero también en los términos rurales los sarracenos se organizaron en aljamas, a las que los reyes concedieron ordenanzas. Al frente de ellas estaba el alamín, nombrado por el señor, encargándose de recoger los tributos debidos a éste y velando para que se respetaran los derechos de la comunidad. A él correspondía presidir las reuniones de la aljama, que tenían lugar periódicamente en la mezquita o en la plaza mayor del lugar; en los lugares de escaso vecindario asumía por sí solo todas las funciones, incluso algunas de carácter judicial, y en las de mayor entidad acompañaba al alcadí y al baile real para juzgar las causas más importantes. El cargo de alamín era vitalicio, pero si la villa cambiaba de señor debía de jurar nuevamente su cargo. El alfaquí era el encargado del culto musulmán y por su calidad de hombre de letras figuraba en asuntos de envergadura como procurador de la comunidad. Las funciones militares en estos núcleos rurales corrían a cargo del alcaide, que generalmente era cristiano. Además, en virtud de las capitulaciones, los mudéjares estaban exentos de todo tipo de servicio militar, no pudiendo ser obligados por los cristianos a hueste ni cabalgada.

Aljamas judías: En las más importantes ciudades de Aragón se encontraban aljamas judías Buscar voz.... Estas comunidades hebraicas vivían en barrios especiales, disfrutando de un alto grado de independencia, aunque sometidos al poder político del Estado cristiano. Contaban con sus propias autoridades y se regían por las normas religioso-jurídicas de la Tora, de la Mischna (o interpretación de la Sagrada Escritura) y del Talmud (compilación de los preceptos contenidos en aquéllas).

Al frente de la aljama, como juez de suprema jurisdicción, se hallaba el rabbi o judío mayor, designado por el rey. No obstante, en la cúspide de la organización comunitaria o kahal se hallaban también los ancianos, los adelantados y los jueces. Los adelantados o mukademin eran elegidos anualmente y participaban de la elección del rabbi; sus atribuciones eran perseguir y castigar a los malhechores, promulgar edictos, reunir a los cabezas de familia para la asamblea, etc. Subordinados a ellos estaban los clavarios o administradores de las rentas de la aljama. Además, unos consiliarios informaban en los negocios más importantes. Los funcionarios de la aljama necesitaban el consentimiento de todos o de la mayor parte de los cabezas de familia en los asuntos de mayor trascendencia para la comunidad, para lo cual se reunían en asamblea en la sinagoga mayor, tras haber sido convocados por los pregoneros. Importancia decisiva tenía el consejo de los ancianos, integrado por representantes de las familias aristocráticas, pero su autoridad era delimitada y no se mezclaban con las prerrogativas de los dayyanim o jueces. El bedin era una especie de policía con funciones judiciales en los casos monetarios de poca cuantía. La vigilancia del mercado corría a cargo del almotazaf, que controlaba los pesos, medidas, etc.

Es de observar cómo en las aljamas más pequeñas era menor el número de funcionarios, dándose el caso de que alguno de sus miembros asumiera varios de los cargos antes mencionados. Un comisario velaba en cada una de las aljamas para que se respetaran los derechos del monarca, pero en general en sus asuntos internos cada aljama, grande o pequeña, disfrutaba de completa autonomía.

Los judíos estaban sujetos a tributos de carácter personal que abonaban al rey, viéndose libres de este pago si se convertían al cristianismo. El principal tributo era la pecha. Algunas de las aljamas disfrutaron, en ocasiones, de la exención de algunos de los impuestos generales del reino, tal como el del moravedí. Otros ingresos del rey provenían de los treudos o censos abonados por los judíos por el disfrute de los bienes del patrimonio real: casas, tiendas, etc. Junto a los tributos debidos a la hacienda real, las aljamas hebreas debían contribuir a los gastos del municipio cristiano con cantidades variables. Además estaban los gastos propios de la comunidad judía, tales como sostenimiento de la sinagoga, etc. Los impuestos se repartían entre los miembros de la aljama proporcionalmente a su riqueza. Algunos privilegiados estaban exentos de contribuciones: eran los denominados francos. También se hallaban libres de impuestos aquellos cuyos ingresos eran mínimos, los estudiantes, los siervos y los indigentes.

La economía de la aljama descansaba sobre los ingresos provenientes de las capitaciones personales, de los derechos por el ejercicio de la profesión, de los monopolios de las sisas, del dinero proveniente de circuncisiones, matrimonios, sepelios, etc.

Las aljamas hebraicas más importantes del reino de Aragón constituyeron una especie de institución bancaria que movía gran parte del capital cristiano. Para ello se utilizaban los censales, especie de venta simulada, en la cual el prestamista entregaba una determinada cantidad de dinero a cambio de una renta fija anual; podían incluso venderse y transmitirse por herencia. A diferencia de las aljamas moras, entre los judíos había pocos labradores: por eso los encontramos en el medio urbano en mayor número que en el rural, siendo sus principales actividades el comercio, la banca, la usura, y abundaban los recaudadores de impuestos.

 

Monográficos

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