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Herejías

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Hist. Med.) Si bien el territorio aragonés permaneció relativamente aislado de las grandes corrientes heréticas de la Edad Media -salvo el caso de los albigenses Buscar voz... o cátaros, por la vinculación a la Corona de Aragón de las tierras del Languedoc-, sí se detectan algunas manifestaciones fuera de la estricta ortodoxia, debidas a personas aisladas o a frentes de opinión más amplios por influencia de Cataluña o del Midi francés.

Así, ya a comienzos del siglo VIII, en la transición de la dominación visigoda a la musulmana, una herejía judaizante se instaló en Zaragoza, confirmando la existencia de un núcleo más o menos numeroso de cristianos conversos del judaísmo o de ascendencia judía -entre los que habría que contar al mismo obispo Tajón, quien usó alguna vez el cognomen de Samuel-. Tal vez la dura legislación de los reyes visigodos había favorecido falsas conversiones al cristianismo entre antiguos hebreos, que seguirían conservando costumbres e incluso ritos en la clandestinidad.

El caso es que a comienzos de la invasión musulmana apareció en Zaragoza un foco judaizante de cierta relevancia en el que se hallaban implicados los seguidores de Pirmenio, personaje dedicado a la búsqueda de la paz y el sosiego espiritual de la vida religiosa en los alrededores de la ciudad, y que había huido a Germania tras el 714. La doctrina de estos judaizantes sostenía la total y absoluta prohibición de alimentarse de carne y sangre de animales ahogados o sofocados. Esta actitud levantó polémica entre los católicos zaragozanos, quienes elevaron su protesta y consulta al arcediano de Toledo, Evancio. No se ha conservado el texto de dicho opúsculo pero sí la contestación íntegra del arcediano llena de sugerencias sobre la cuestión y con graves amenazas para los disidentes, lo que llegó a provocar algunas protestas de otros judaizantes en Andalucía que se solidarizaron con los de Zaragoza.

También en Zaragoza se instalaría años más tarde, hacia el 839, Eleazar, diácono educado en la corte de Ludovico Pío y apóstata del cristianismo que, tras una peregrinación a Roma, se hizo judaizante: cambió su antiguo nombre de Bodón por el que se le conoce y casó con una judía. Entre los años 840 y 847 viajó al sur de la Península, incitando a los musulmanes contra los cristianos y disputando, epistolarmente, con Álvaro de Córdoba, quien intentaría convencerle para que volviera de nuevo al cristianismo.

Sin embargo fue el adopcionismo -doctrina que propugnaba que Jesucristo era hijo adoptivo de Dios en cuanto a la humanidad, pero no en cuanto a la divinidad- la herejía que motivó la mayor convulsión, por alcanzar repercusiones más allá de los Pirineos a fines del siglo VIII, su defensor, Elipando de Toledo, contó con un propagador de prestigio en la persona del obispo Félix de Urgel, quien logró extender su influencia doctrinal por los territorios de la Marca Hispánica y condados pirenaicos dependientes de los carolingios. La disputa sostenida con dos célebres teólogos de la España no musulmana, Beato de Liébana y Eterio de Osma, se hizo famosa en su época. Reclamado el prelado de Urgel por el mismo Carlomagno Buscar voz..., tuvo que presentarse ante el concilio de Ratisbona del año 792, donde fue condenada su doctrina; condena reiterada en los sucesivos concilios de Frankfurt (794) y Aquisgrán (799).

A partir del nacimiento y consolidación de Aragón como reino en el siglo XI, los movimientos heterodoxos que afectaron a este territorio en mayor o menor grado, aunque siempre por influencias exteriores, fueron sobre todo el de los denominados «pobres católicos» de Durán de Huesca Buscar voz... y el de los albigenses Buscar voz..., de fines del siglo XII y comienzos del XIII. A fines de dicha centuria y principios del XIV el pensamiento heterodoxo de fraticelos y begardos, que se extendieron especialmente desde Europa a tierras de Cataluña y Mallorca, se advirtió muy moderadamente en Aragón. Pero especial mención merece el aislado incidente de la incursión de los llamados pastorelos, que en 1320 destruyeron y masacraron la población judía de Montclús en su avance desde el Midi hacia Navarra; y también la polémica levantada en torno a Arnau de Vilanova Buscar voz..., a caballo de los siglos XIII y XIV. En los confines de la Edad Media el problema más grave, en lo que a la heterodoxia se refiere, lo constituyó la proliferación de judaizantes y falsos conversos. A pesar de que los alborotos antihebreos de 1391 (pogroms) no llegaron a afectar a las aljamas aragonesas como en Cataluña o Valencia, las predicaciones de San Vicente Ferrer y la pragmática de Benedicto XIII (don Pedro de Luna), a comienzos del siglo XV, así como la política proselitista de algunos monarcas de la casa de Trastámara y, finalmente, la orden de expulsión de los Reyes Católicos, favorecerían el clímax de falsas conversiones de judíos al cristianismo, con repercusiones sociales y económicas importantes, además de religiosas y mentales, que provocarían una serie de manifestaciones en el siglo XVI entre el misticismo y el esoterismo. (Heterodoxos.)

 

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