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Hasday Cresques

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Barcelona, h. 1340 - Zaragoza, 1412). Médico, filósofo y rabino judío, el más destacado de su generación. Fue dirigente de la aljama de Zaragoza durante más de veinte años. Miembro de una notable familia barcelonesa, comienza a ser conocido cuando en 1637 es arrestado junto con su amigo R. Is.h.aq ben ×Se×set Perfet y el maestro de ambos, el rabino Nissim ben Reuben Gerondí, acusados de haber intervenido en la venta a un judío catalán de un copón lleno de hostias consagradas; pero, inocentes, quedaron libres al poco tiempo.

Desde 1373 actuó como aconsejador de los reyes en asuntos judíos; en 1387 Juan I le dio facultad de excomulgar a los judíos que transgredieran sus leyes. Cuando Perfet, que fue rabino de Zaragoza del 72 al 86, fue a serlo de Valencia, los amigos zaragozanos de Hasday, los hermanos Cavallería, lo llamaron a ocupar su puesto. Llegó el 89, y desde el 90, por su amistad con Juan I y su mujer doña Violante, fue nombrado primero juez de malsines y luego juez único y supremo de todas las aljamas de Aragón. Su preeminencia llegó así a ser extraordinaria. Gracias a ella y a que los reyes se encontraban en Zaragoza durante el verano de 1391, no fue destruida la comunidad de la capital, a diferencia de casi todas las de España, incluso Aragón. En el desastre, H.asday perdió en Barcelona a su único hijo; un apéndice de la obra histórica de Selomó ben Verga Shevet Yehudah (La vara de Judá), publicada en Ferrara a mediados del XVI, conserva la dolida carta de protesta, enviada por Cresques a los judíos de Avignon y fechada en Zaragoza el 19-X-1391, en la que narra los sucesos.

Todos sus esfuerzos se encaminaron desde entonces a reconstruir desde Zaragoza las juderías de toda España, con poco éxito en Cataluña y Valencia, pero mayor en Mallorca y en varias localidades de Aragón, especialmente Fraga. En 1396 redactó unas ordenaciones para la aljama de Zaragoza que, discutidas por sus correligionarios, fueron otorgadas en 1399, pero revisadas.

Al mismo tiempo que a estas actividades prácticas, se dedicaba al estudio y mantenía relaciones con los intelectuales, entre ellos don Enrique de Villena. Hacia 1398 escribió en romance una obra de apologética anticristiana, siguiendo las huellas de otros polemistas judíos; pero de ella sólo queda la traducción hebrea hecha en 1451 por Joseph ben Sem-Tob con el título Bittul Iqqeré ha-nosrim (Refutación de los dogmas de los cristianos).

Su obra maestra, dedicada a corroborar la fe de sus correligionarios, es el tratado Or Adonay (La luz del Señor), escrito hacia 1410 como primera parte de una obra de conjunto que no llegó a completar. Redactada en hebreo, se divide en cuatro partes: presupuestos, fundamentos, deberes y consecuencias de la Ley. Su posición en cuanto a la filosofía de la religión -que es, en definitiva, lo que en Aragón se debate en esos momentos decisivos- es polémica, pero analítica. Está convencido de que todos los males pasados son castigo divino, por haberse apartado el pueblo de la vivencia de la Ley y haberse puesto a pensarla racionalmente. Dirige, por eso, sus ataques a Maimónides, indirectamente a Averroes como intérprete materialista de Aristóteles, y en último término a éste mismo.

Presupuestos de la Ley son la existencia, unidad e incorporeidad de Dios, radicalmente indemostrables. Maimónides, por el contrario había enunciado veinticinco proposiciones físicas y metafísicas como presupuesto de estas verdades. La crítica aristotélica de Cresques -especialmente a la imposibilidad del vacío al concepto de espacio, a la limitación del universo, a la imposibilidad del infinito real en magnitud y en número, a la racionalidad de las esferas celestes, a la identificación de forma y acto, de materia y potencialidad, a la definición del tiempo como accidente del movimiento y no como medida subjetiva de la duración, y otros puntos- constituye un jalón fundamental del desarrollo de la filosofía así como de la liberación del quehacer científico respecto de los dictados religiosos.

Hay en él una tendencia platónica, pero no restringida tampoco a esa orientación. Su pensamiento religioso es básicamente fideísta. De hecho, el único «argumento» de la existencia de Dios que admite es el llamado tautológico, de origen anselmiano, aunque de procedencia independiente: es aquélla su propia esencia. Pero Cresques rehúye los términos abstractos: Dios es amor, y bondad, y «el lugar» (ha-Makom); no son sólo negativos los atributos, sino positivos: no es absolutamente inescrutable, y su finalidad, y su felicidad, es su propio infinito amor a sus criaturas.

Cresques cita a muchos sabios judíos y árabes, tanto provenzales como aragoneses y andaluces, pero a ningún escolástico. Su obra se vincula a la tradición cabalista y espiritualista aragonesa de los dos siglos anteriores. La crítica actual señala, con el mismo ×Sem-Tob, con Is.h.ac Abravanel, algunas de sus confusiones y simplificaciones del pensamiento de Aristóteles, pero también la influencia que su concepto de espacio, de Dios, de amor, tuvo en Pico della Mirandola, en los Dialoghi d’amore de Yehuda Abravanel («León Hebreo»), en Giordano Bruno, en Isaac Newton, en Baruch Spinoza. Cresques es, sin duda el máximo exponente del gran pensamiento judío aragonés de la Edad Media. Sólo hay que lamentar, como siempre, que su obra no esté traducida al castellano.

• Obras y ediciones principales: Bitul; Viena y Salónica, 1860, trad. inglesa de Kearny, New York, 1904. Comentario al Moreh nebukhim o Guía de los perplejos, de Maimónides, junto con los de Profiet Durán, Ibn Sem-Tob e Is.h.ac Abravanel, en Sabionetta, 1553; Varsovia, 1872 y 1936. Or Adonay, hebreo, Viena, 1860; Jerusalén, 1962, etc.

• Bibliog.: Efros, I.: The Problem of Space in Jewish Mediaeval Philosophy; New York, 1917. Guttmann, J.: «Chasdai Crestas als Kritiker der aristotelischen Physik»; Feitsch. z. s. Geburtstage Jakob Guttmanns, Leipzig, 1915, pp. 28-54. (No olvidar su Philosophies of Judaism, pp. 254-274.) Millás Vallicrosa, J. M.: «La crítica de la Física de Aristóteles por Hasdai Crestas»; Estudios sobre la historia de la ciencia española, Barcelona, 1949. Pines, S.: Scholasticism after Thomas Aquinas and the teachings of Hasdai Crestas and his Predecessors; 1967. Waxman, M.: The Philosophy of Don Hasdai Crestas; New York, 1920. Wolfson, H. A.: Crestas’ Critique of Aristotle problems of Aristotle’s Physics in Jewish and Arabic Philosophy; Harvard University Press, 1929. Su carta sobre las persecuciones de 1391, en Kobler, F.: Letters of Jews through the Ages; 2 vols., Torubridge (Kent, England), 1953, vol. I, pp. 272 y ss.

 

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