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Guerrilleros

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 17/03/2008

(Hist. Contemp.) El tratamiento militar que dio Napoleón Buscar voz... a la invasión de España tuvo una consecuencia inmediata e inesperada: la aparición del microejército, la guerrilla. Una nueva manera heterodoxa de hacer la guerra nacida ante la presencia aplastante del ejército napoleónico: máquina bien engrasada de matar, a la que sólo cabía resistir sobre el terreno, en marchas y contramarchas, eludiendo todo convencionalismo militar, para pelear a cualquier hora y en cualquier momento sin piedad ni cuartel, con dureza extremada, leal y buena información, recorriendo grandes distancias en el menor tiempo posible, atacando por sorpresa cualquier objetivo que dañara al enemigo para huir cuando era preciso con renuncia al combate y a derramar hasta la última gota de sangre.

En Aragón los guerrilleros surgen incluso antes de la toma de contacto con los franceses, como consecuencia del levantamiento de 24-V-1808, que en sí mismo conlleva la guerra de guerrillas. Después, los Sitios Buscar voz..., bien participando en ellos como guerrilla urbana, bien intentando paliarlos desde fuera, propician la aparición de la guerrilla rural; en el campo los franceses van a ser hostigados hasta la extenuación y casi la desesperación. Sólo un ejército como el de Napoleón era capaz de sufrir tan enorme desgaste.

La Junta Central Suprema Buscar voz... en otoño de 1808 se dio cuenta de la importancia decisiva que tenía la guerra irregular, en la que podían intervenir bandoleros y contrabandistas, y el 28 de diciembre expide el Reglamento de partidas y Cuadrillas, estableciendo oficialmente la guerrilla, caso raro en la historia militar, hasta la época. Medida ratificada por otro decreto del 17-IV-1809, sobre el «Corso terrestre», que acentuaba su radicalización. Pasado el tiempo, como los franceses no consideraban soldados a los guerrilleros, sino bandidos, y los castigaban cruelmente, hubo que tomar medidas legislativas para convertirlos formalmente en soldados regulares, protegidos por el Derecho de guerra, e integrarlos dentro de la nueva estructura que se dio al Ejército español.

Uno de los primeros guerrilleros aragoneses fue Fernando García Marín Buscar voz..., veterano de la guerra del 93, notario ilustrado y humanista. En el verano de 1808 por orden de Palafox, taponará Canfranc y los principales pasos pirenaicos adyacentes, con sus «Voluntarios de Jaca», internándose en Francia y tomando posesión de la frontera, pese a que el comandante militar de Pau intenta convencerle de la legitimidad de la ocupación napoleónica, en una entrevista que sostuvieron en Somport donde el notario pudo calibrar la excelente calidad de los uniformes galos frente al abigarramiento de sus soldados-. Fue ésta una de las escasas entrevistas entre un guerrillero y un jefe francés. El notario invade Francia y se apodera de ganado y mercancías, toma una posición francesa, destruye las ferrerías y almacenes de Urdoux y vence a los franceses en una acción ofensiva. Las nieves le harán venirse a Zaragoza, donde se distinguió por su valor en el reducto del Pilar durante el segundo Sitio.

Durante los Sitios se realizan acciones paralelas por unidades improvisadas y acéfalas. En Osera se reunieron los voluntarios de Gelsa, Pina, Velilla, y forman un campamento, eligiendo a sus propios jefes, el arquitecto Juan Antonio Tabuenca quien después mandaría las milicias riojanas- y Antonio Guerrero. En diciembre de 1808, un chocolatero, Valero Ripoll, toma Calatayud con unos cuantos hombres: Palafox le condecora. En sus cercanías operaba ya la guerrilla de Juan Biec.

Un guerrillero que después deja de serlo en Aragón será el coronel Mariano Renovales, legendario en el segundo Sitio; cogido prisionero y escapado, vuelve a refugiarse al valle del Roncal, que había levantado por orden de Palafox, para ponerlo en defensa junto con el de Ansó, enerva a los vecinos de los Pirineos aragoneses y navarros hasta llegar a dominar la Canal de Berdún; y libra una importante batalla en el Roncal, donde vivieron los franceses lo que iba a ser la lucha guerrillera. Renovales llegó hasta las puertas de Pamplona y Ejea, pero la presión francesa le obliga a desplazarse hacia el Cinca, dejando la semilla de la guerrilla sembrada en el Pirineo y Somontano, que madurará con Francisco Espoz y Mina Buscar voz..., el «rey chico de Navarra», dueño absoluto a mediados de la guerra de la izquierda del Ebro.

Otra célebre internada en Francia fue la del doctor y coronel Felipe Perena Buscar voz..., veterano del 93, abogado oscense y creador de los «Voluntarios de Huesca», cuyo primer batallón lo mandó Villacampa en el segundo Sitio, mientras él se batía en las cercanías de Zaragoza, desde Juslibol, Zuera y el valle del Gállego.

Perena se paseó por Francia hasta el valle de Arán, trayéndose gran cantidad de cabezas de ganado. Dominó el Alto Aragón, especialmente la línea del Cinca y frontera con Cataluña, aunque estuvo también en Navarra con Renovales. Cooperó con el guerrillero catalán Baget atacando Monzón o ayudando en la batalla de Alcañiz o en la defensa de Balaguer, hasta caer prisionero en Lérida, donde se encerró por obediencia al gobernador de la plaza. Perena, hasta este momento, coordinaba las partidas del Pirineo y Somontano, que tuvieron un gran vigor en los primeros momentos de la guerra y en las que él destacaba. El vacío de Perena fue llenado por Mina, ya antes de haber sido nombrado comandante del Alto Aragón.

Manuel Sarasa, labrador, gran jugador de pelota, llegó a ser coronel de los Tercios de Ribagorza, guerreando al principio con la partida de Francisco Vinós. Sarasa ayudó a Renovales en la batalla del Roncal. Era el combatiente de la noche, con la perplejidad de los franceses. Hizo prisionera a toda una banda de música y defendió el monasterio de San Juan de la Peña. Atacó Ayerbe, y un día de mercado, en Sos del Rey Católico, se mezcló con los compradores y atacó a los franceses dentro de la villa. Devolvía el botín a sus propietarios. Tomó Biescas y entró en Barbastro con «Peso Duro» y «el Cantarero», y pasó luego al ejército de Cataluña, donde luchó con el barón de Eroles, educado en Zaragoza y guerrillero catalán que peleó en el Alto Aragón. El desplazamiento de Sarasa hacia Cataluña favoreció el dominio de Mina sobre el suelo aragonés.

«El Cantarero» era un guerrillero de Daroca, elegido por sus hombres que luchó en combinación con Antonio Hernández, tomó Híjar, estuvo en Belchite con Campillos y pasó después a Benabarre, donde tomaría Graus y Tamarite. Era un guerrillero generoso, y repartía el botín entre los vecinos depredados por los franceses.

En tierras oscenses igualmente se distinguió como uno de los primeros guerrilleros Juan Pedrosa, fundador de los valientes «Pardos de Aragón»; Domingo Lobera, segundo de Sarasa, dominó la Canal de Berdún y echó a los franceses de Tiermas; el beneficiado de Laguarres, que formó una extraña partida con el sacristán y el campanero de su iglesia, entre otros, luchó con tales artimañas bélicas que nunca era encontrado por el enemigo, al que diezmaba sin sufrir casi daño alguno, e impuso terror tal que su comarca se veía libre de franceses.

Un grupo de guerrilleros comarcales señoreó la Tierra Baja. En el Guadalope fue Santiago Manuel Pérez, por Caspe, vega de Alcañiz, y Beceite; salía y entraba fácilmente de los lugares ocupados por los franceses, con una gran capacidad defensiva y fortificadora. Era un buen guitarrista. Villacampa lo tuvo a sus órdenes con cierta autonomía. Tomó Maella en acción que le dio fama. Agustín Pardillos, entre Híjar y Alcañiz, atacante silencioso y duro, luchó en tierras levantinas con Bernardo Borrás, otro guerrillero de la zona.

El coronel Pedro de Elola, veterano del 93, por orden de Palafox se encargó de coordinar las guerrillas de la Tierra Baja, Daroca y Teruel, en los primeros momentos de la guerra, formando el llamado «Cordón de Calanda», con efectivos voluntarios bien uniformados y armados, y sostenidos por labradores y comerciantes de la zona; le sucedió Pedro Villacampa en esta tarea.

Villacampa -treinta acciones de guerra y nunca derrotado era un serrablés (de Laguarta) de gran robustez física; cuando iba para cura se quedó en militar; combatió en el 93 como cadete solicitando ser incluido en la unidad más peligrosa: «Los descubridores». Después no dejó de estar en activo, persiguiendo bandoleros y contrabandistas y en la guerra de Portugal. Desde Mallorca, en 1808 se vino a Zaragoza para luchar contra los franceses. Jugó un papel importantísimo en el segundo Sitio, con tal fama adquirida que causó la admiración del mariscal Lannes, quien le hizo prisionero, aunque el aragonés escapó.

Blake le confiere el mando de la derecha del Ebro, y Villacampa Buscar voz... forma una división en la que engloba a todas las guerrillas que operan en el territorio; en él desplegó todos sus conocimientos y experiencia de militar profesional, así como la astucia y audacia del guerrillero nato, luchando como un combatiente más hasta cuando ya estaba a punto de ser teniente general. Organiza el territorio de su mando como una gigantesca red de la que difícilmente podrán salir los franceses sin muchas bajas. Orihuela del Tremedal fue su refugio, donde instruía a sus hombres y reponía sus unidades. Cuando los franceses lo atacaron quemándolo, a pesar de la concentración de fuerzas que hicieron para lograrlo se les escapó de las manos y se instaló en Teruel, atrayendo al propio Suchet (de paso para Valencia), quien ocupó la ciudad y también Albarracín, que es igualmente incendiada y saqueada. Pero Villacampa volvería de nuevo a ocupar Teruel, con los franceses encerrados en el Seminario y entre ellos el gobernador de la plaza, el despiadado coronel Plique.

Los franceses, obligados por los guerrilleros, cuando se encuentran de guarnición en un lugar buscan en su interior un edificio en el que puedan organizar la defensa, donde guardan armas, municiones y víveres. Allí aguantan la embestida de los guerrilleros hasta que llegan refuerzos. Es la mecánica de la guerra de guerrillas, en Barbastro, Calatayud, etc. Cuando están fuertes, los guerrilleros entran, ocupan una ciudad mientras los franceses subsisten encerrados en su defensa fortificando generalmente un convento. La estancia del guerrillero sirve para reponer víveres, imponer impuestos y castigar a traidores.

Villacampa defenderá Valencia del asalto de Suchet, pero se escapará con su división casi intacta: sitúase otra vez en la Tierra Baja, para colaborar en la reconquista de Zaragoza; pasa a la izquierda del Ebro, aguas arriba; hostiga Calatayud, La Almunia, Épila, Alagón, y coge tantos prisioneros que tiene que organizar una expedición hasta Alicante para llevarlos. Después será el primero en entrar en Valencia, cuando la abandona Suchet, al que persiguió hasta el Ebro; allí disolvió su división. Villacampa había sido nombrado capitán general de Madrid.

Villacampa cuenta con guerrilleros autónomos por tierras de Cariñena y Daroca, como Antonio Hernández, en el que tenía depositada gran confianza, y éste a su vez luchaba con ayuda de Nicolás Riverés «el Colacho», cuyas acciones llegaban hasta Calatayud pasando el Ebro o invadiendo el territorio de Mina. Hernández tomará Borja y el castillo de Mallén. Dominó las comarcas del Moncayo y el Huecha, y también la raya fronteriza de Ariza. Era tan audaz que a menudo se aproximaba a Torrero y saqueaba los almacenes y se llevaba el ganado francés. Otro paisano suyo fue muy popular, Tomás Campillos, de Cariñena, quien mandaba la caballería de José Obispo.

Entre estos guerrilleros de la derecha del Ebro destaca sobremanera Ramón Gayán, de Paniza, que organizó todo el campo de Cariñena contra los franceses: labrador rico, gran cazador como casi todos los guerrilleros, creó en 1808 «los Escopeteros», después «Tiradores de Cariñena», junto con su hermano Mariano y su amigo Antonio Lomba, inmediatamente tras el levantamiento del 24 de mayo; así hizo posible la llegada de los refuerzos levantinos a Zaragoza entre los dos Sitios. Estuvo en las batallas de María y Belchite, y después guerreó en la zona de Villacampa; de una gran movilidad y elasticidad de movimientos, se situaba con rapidez increíble en lugares distintos y lejanos. Fue la obsesión de las guarniciones francesas de Daroca, Calatayud, Alagón y La Almunia.

La marcha de Suchet hacia Levante con lo mejor de su ejército, tentó a los guerrilleros más relevantes no aragoneses a erosionar y desmontar las líneas francesas, con vistas a la posible reconquista de Zaragoza, y al mismo tiempo a procurar la defensa del reino de Valencia. Desde Castilla, el Empecinado; desde Navarra, Mina «el Viejo». Desde Soria y Rioja, «el Gordo» Durán con su división y su comportamiento humano tan distinto al de Mina. En 1811, ordena Blake que pase a Aragón, llegando hasta las puertas de Calatayud -los franceses se encierran en el convento de la Merced-. El Empecinado operará con diligencia en el valle del Jalón, y su segundo, Saturnino Aduín, alcanzará La Muela, castigando La Almunia y Alagón. En 1812, los hombres de Juan Martín, en compañía de Gayán, ocuparán Daroca. Por estas tierras combatía una pequeña guerrilla muy activa, la del alcalde de Illueca, Fidel Mallén.

Mina desarrolló un intenso poder en Aragón, que no compartía con otros generales y guerrilleros, en particular con Durán. Su predicamento fue mayor en las Cinco Villas y en el valle del Gállego con la toma de Ayerbe y Huesca, bien por él o por sus hombres de confianza, Gregorio Cruchaga, sableado en la batalla de Tarazona, y Joaquín de Pablo «Chapalarraga», que formó un batallón de aragoneses con auxilio de dos guerrilleros menores, «Pesoduro» y «Malcarao» al que fusilaría por traición y colgaría de la torre de la iglesia de Alcubierre, junto con el cura de Leciñena, por cuya causa lo acorralaron en Robres y estuvo a punto de caer en manos francesas.

En 1813, las tropas de Mina se dedicaban singularmente a dos objetivos: controlar las comunicaciones entre Zaragoza y Jaca, y reconquistar las principales plazas, extendiendo su dominio hasta Benabarre. Batirán los convoyes que salen de Zaragoza con afrancesados o altos funcionarios franceses, y no entrará en Zaragoza hasta que no se le nombre comandante de la izquierda del Ebro. Entraron los primeros, en julio de 1813, un guerrillero aragonés, Juan Antonio Tabuenca, y otro castellano, el célebre Julián Sánchez «el Charro». Mina cruzaría el Ebro, adentrándose en el campo de Cariñena hasta Daroca, y ocupando el castillo de Mallén. Las tropas de Mina ya no son una guerrilla: es un ejército semirregular, de gran capacidad combativa, que ha sabido derrotar implacablemente al enemigo.

Un guerrillero castellano, Bartolomé Amor, de la división soriana, se distinguió eficazmente en el Alto Aragón al final de la contienda. Amor luchaba junto con el Empecinado y Gayán en Ariza y Calatayud, con la ayuda de otro guerrillero menor, Marcos Luna, cuando es nombrado, capitán general de Aragón, Sarsfield, que lo destina al Alto Aragón, subordinado a Mina. Bartolomé Amor toma Jaca y poco después caería Benasque, que fue el último territorio de Aragón ocupado por los franceses. La guerra de guerrillas había terminado con el invasor.

(Guerra de la Independencia Buscar voz..., guerras carlistas Buscar voz..., guerra civil Buscar voz..., maquis Buscar voz....)

 

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