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Guerra de la Independencia (1808-1814)

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 24/05/2007

(Hist. Contemp.). Se inició para Aragón en la mañana del 24-V-1808, en Zaragoza Buscar voz..., ante la Renta de Correos, en la calle del Trenque (hoy, Alfonso I), n.° 34, después de la llegada de una veintena de cartas en la posta de Castilla, leídas en voz alta por sus destinatarios -era la costumbre-, con las tremendas noticias del comportamiento de los franceses en Madrid, las abdicaciones de Bayona, Godoy en manos francesas que podía volver, y la novedad de un rey extranjero sin ninguna esperanza para Fernando VII Buscar voz....

Era demasiado. Intolerable. Un practicante de cirugía, Carlos González, colocó en su sombrero la escarapela roja adoptada por los partidarios de Fernando VII, le siguieron Juan José Núñez, un estudiante, un labrador y la multitud que los rodeaba, empezando así el «arrebato» que acabaría con el mandato del capitán general Guillelmi Buscar voz..., preso en la Aljafería Buscar voz... por no querer repartir las armas allí almacenadas, y que el paisanaje distribuyó entre ellos, entrando la ciudad en trance revolucionario, que fue más allá de lo que deseaban los condes de Sástago y Cabarrús, que con los hermanos Torres, Hermida, Ignacio López, José Obispo y la tertulia -con algún importante afrancesado Buscar voz... incrustado- de la condesa de Bureta Buscar voz... (todos ellos furibundos antigodoístas) se encontraban detrás del motín.

Pero nadie quiere encabezar la revolución ante la formidable presión popular despertada. Guillelmi preso, su sustituto, Carlos Mori, se negó a aceptar la jefatura, lo mismo que otros prestigiosos militares. Realmente encabezar el levantamiento con todas sus consecuencias era enfrentarse con el poder constituido, con las instituciones y las leyes vigentes. Por otra parte, la fuerza popular había amedrentado a los sectores conservadores. Esta situación vacilante es rota por los labradores del Arrabal, en contacto con los de la Magdalena y San Pablo, que irán a buscar a Palafox Buscar voz..., huido, de Bayona y venido a Zaragoza con la misión de crear una estructura de gobierno, frente al poder francés, tomando contactos que despiertan el recelo de Guillelmi, quien le había ordenado que saliera de Aragón. Pero él se refugió en La Alfranca, finca de la marquesa de Ayerbe, de donde le trajeron Jorge Ibort Buscar voz... «Cuello Corto» y sus hombres, entrando en triunfo en Zaragoza para ser designado capitán general de Aragón.

La nueva situación insufla vida a las añejas instituciones, poniendo hombres jóvenes en los puestos claves. Red de agentes ocupan los principales puntos neurálgicos de Aragón: Warsage Buscar voz..., en Calatayud; Boggiero Buscar voz..., en Teruel; Madera, en Alcañiz; Ignacio López, en Jaca; Perena Buscar voz..., en Huesca, etc. Se declara la guerra a Napoleón y se convocan las Cortes aragonesas.

El alzamiento lo organizaron gentes pertenecientes a todas las clases sociales. También antiguos políticos, aristócratas, hombres del pueblo, así como los viejos veteranos de la guerra del 93 contra la Revolución. Ahora retirados, tenían la ocasión de combatir contra sus antiguos enemigos, los franceses, poniéndose a la cabeza del paisanaje. Militares profesionales y marinos entran al servicio de la causa de la Independencia, incluso muchas veces bajo la presión injusta de las masas enardecidas, de las que eran estímulo constante el bajo clero y los religiosos. La Iglesia aragonesa, aunque con excepciones, decidió defender la Independencia de manera impetuosa. Guerra total, de la que nadie escapa, ni mujeres ni niños, y que conmovió las raíces de Aragón. Guerra que tiene mucho de civil y revolucionaria.

Para dominar España, Napoleón tenía que ocupar Zaragoza, clave del valle del Ebro, un cruce insoslayable de comunicaciones. En el verano de 1808 se encuentran sus mediocres fuerzas militares con la sorpresa de tener que asediar la ciudad, ante la feroz resistencia de sus habitantes, y tener que levantar el sitio Buscar voz..., en la madrugada del 14 de agosto abandonando equipajes y vituallas, incluso el amasijo del pan. Impensable para Napoleón.

El 21 de diciembre empezaba el segundo asedio -en esta ocasión con dos mariscales y lo más granado del ejército imperial-, que dura hasta el 20-II-1809, día en el que apareció la bandera blanca en la Torre Nueva de la ciudad. Capitulación después de increíbles proezas defensivas que asombraron a Europa, en las que se perdieron muchas vidas de la concentracion aragonesa de ayuda de toda clase que recibió la ciudad.

La caída de Zaragoza supuso para Aragón un gran abatimiento. Nadie lo esperaba. Los esfuerzos de Felipe Perena y del marqués de Lazán Buscar voz... para salvarla resultaron inútiles. La ocupación francesa se iniciaba por el general Junot, duque de Abrantes, y será continuada con bastante habilidad por el después mariscal Suchet, excelente jefe, cortés, comprensivo, pero duro hasta la crueldad. Ocupación fluctuante e intermitente, excepto en Zaragoza, donde fue continua hasta su liberación en el verano de 1813, con una resistencia y acoso imparables por parte de los aragoneses, que hicieron en todo tiempo una guerra sin cuartel, al acecho, especialmente los guerrilleros Buscar voz....

El mariscal Lannes obligó a la junta de rendición el envío de representantes suyos a las plazas de interés militar, para que capitulasen, con homenaje al rey José Buscar voz.... Pero nadie, pese a esta dura presión, envió mensaje alguno de acatamiento a la nueva autoridad. Igualmente interesó a los franceses la ocupación de ciudades o villas ricas agrícolamente, para sus abastecimientos y recogida de impuestos: Barbastro, Huesca, Alcañiz, Calatayud, Daroca, Teruel. El tercer y quinto Cuerpo del Ejército se encargaron de la conquista del valle del Ebro, por la derecha e izquierda respectivamente, prestándole una gran atención a Jaca, para mantener libre la comunicación Zaragoza-Pau. Jaca Buscar voz... caería, desamparada de refuerzos humanos y escasamente defendida, con visos de traición en sus autoridades y en su comandante interino -después degradado y fusilado-. Monzón Buscar voz... fue rápidamente tomada, pero con el hostigamiento de las guerrillas y de sus vecinos, que impidieron su permanente ocupación.

Mequinenza Buscar voz... ofreció una mayor y dura resistencia. El mariscal Mortier fracasó en la primera embestida y tuvo que retirarse incendiando La Granja, llena de enfermos. Su castillo subsistirá español hasta que, una vez conquistada Lérida, Suchet sienta la necesidad de limpiar la línea que unía esta ciudad con Zaragoza y tenga hombres y medios suficientes para acometer el asedio, que lo realizó el coronel Haxo abriendo una vía nueva de contacto con el castillo (defendido por el coronel Carbón), que sería tomado el 8-VI-1810 con cuatrocientas bajas.

Pocas batallas en regla van a tener lugar en Aragón después de los Sitios, ocurriendo siempre acciones de sorpresa y agazapamiento por ambas partes, a veces con muchos efectivos, pero dentro del ataque guerrillero: asalto, destrucción y veloz retirada. Pero en abril de 1809, la Junta Central Suprema Buscar voz... nombra capitán general de Aragón al malagueño de origen irlandés Joaquín Blake, buen táctico, excelente profesional y muy interesado en los servicios de información, por los que se entera de que el mariscal Mortier ha abandonado Zaragoza, quedándose solo Suchet con el muy desgastado Tercer Cuerpo del Ejército. Oportuna ocasión para recobrar Zaragoza.

Blake concentra sus tropas en Monroyo, de donde marchará hacia Alcañiz en abril de 1809 para aguardar el ataque francés y contraatacar con eficacia. Así ocurre. Suchet tiene que retirarse durante la noche; va herido. Un tambor francés -será fusilado- sin quererlo introduce el pánico en sus filas, produciéndose numerosas bajas entre los propios franceses. Blake no aprovecha el éxito y mansamente reajusta sus efectivos, tomando Muel y Botorrita. Al enterarse Suchet, temiendo lo peor, envió hasta el equipaje de su ejército a Tudela, donde piensa retirarse. Blake marcha sobre Zaragoza, y sus avanzadillas llegan hasta las cercanías de la ciudad. Se iniciará una batalla en María, bajo una gran tormenta, en la que el precavido Blake decide retirarse -después de perder dos de sus mejores hombres: el brigadier O’Donojú y el coronel Menchaca- hacia Belchite, y esperar otra vez a Suchet. Ocurre el 18 de junio, resistiendo muy bien el embate francés, pero un hecho desgraciado, la caída de una granada francesa en un carro de municiones y granadas, hizo cundir el pánico y huyeron los españoles desordenadamente, abandonando el armamento. Blake, a punto de caer prisionero, se retira a Tortosa. Zaragoza continuará siendo francesa, y Suchet tendrá las manos libres para desarrollar su gran plan: la conquista del litoral levantino, la última gloria de los ejércitos napoleónicos.

El vacío de poder en Aragón que supuso la pérdida de Zaragoza, hizo urgir a la Junta Central Suprema la rápida constitución de la Junta Suprema de Aragón y parte de Castilla Buscar voz... (la Alcarria y el señorío de Moya), instalada en Teruel el 30-V-1809, y compuesta por representantes de los territorios ocupados. Junta que creó a su vez otras encabezando las distintas ramas de la administración que hubo de improvisar, fue, posiblemente, la última estructura de autogobierno que ha tenido Aragón, pues obró casi independiente de la Junta Central, manteniendo vivo el espíritu de resistencia antifrancés, pese al acoso constante del enemigo, que le dio con carácter itinerante; con más de treinta sedes en lugares distintos hasta su disolución: recluta de soldados, información, tesorería, sanidad, armamento y justicia fueron algunas de sus funciones, desarrolladas en Aragón o fuera de él según las circunstancias.

También Teruel, el territorio aragonés libre y con más contactos con la España no ocupada y sus instituciones, con evidente peso de los turolenses en ellas, tuvo su Junta de Gobierno constitucionalista, pese a que rechazase la Constitución de Bayona, que fue quemada públicamente. Colaboró con la Junta, Isidoro de Antillón Buscar voz..., redactor de sus más destacados acuerdos. Otra junta hubo en Albarracín, que fue saqueada e incendiada por las tropas de Suchet.

Con la evacuación de Andalucía y Galicia y pese a los triunfos de Suchet en Levante, que operaba independiente de los demás teatros de la guerra, y con la repercusión de las campañas de Napoleón en Rusia, empiezan a sentirse síntomas de remisión de la marea napoleónica en España, pues su macroestructura militar empieza a ser quebradiza, a punto de rompimiento. Por otra parte, la organización militar española había adquirido competencia operativa. Es cuando se piensa en la reconquista de Zaragoza. Los franceses, sintiéndose débiles en Aragón, van a condensar su esfuerzo en mantener las plazas estratégicas, retirándose paulatinamente del resto del país. La evacuación de Zaragoza será anunciada públicamente por el gobernador de la plaza, general Paris, y tendrá lugar del 5 al 9-VII-1813; con un cierto orden y de modo sucesivo van dejando en manos aragonesas el tránsito del sistema francés al español, que transcurrirá sin ningún incidente, sí con bullicio y alegría en casi todos, los que se iban a Francia -afrancesados- porque se veían fuera de las represalias, y los que se quedaban porque era la liberación. El Ayuntamiento se constituirá permanentemente de guardia. París obrará cuerdamente procurando alejar al general Clausel, quien ha venido a defender Zaragoza con el proyecto de saquearla. Se irá hacia Jaca no sin que sus tropas cometan bastantes robos y tropelías. Suchet hace todo lo posible, prácticamente, para consolidar las comunicaciones entre Valencia y Zaragoza, con objeto de defenderse a la izquierda del Ebro apoyado en Lérida, Mequinenza, Monzón y Jaca como nuevo punto de partida para una nueva recuperación de España, sueño utópico de Napoleón Buscar voz.... Villacampa Buscar voz... será una de las causas de que Suchet no llegue nunca a Zaragoza y tenga que salir por Cataluña hacia su patria.

Se acercan a Zaragoza las tropas de los generales Mina y Durán, a quien le corresponde el mando del ejército que ha de liberarla. Es orden de Wellington. Durán es el más antiguo de los dos, pero el Rey Chico de Navarra no puede tolerar que se le robe la gloria de reconquistar Zaragoza. No puede soportarlo. Y se inicia una comedia entre los dos: evitan verse, aunque siempre cederá el barrigudo y pequeño Durán, que hacía la guerra acompañado de sus dos hijas y un piano. Vencerá Mina, no sin antes dar desplantes a las corporaciones zaragozanas, pues como su mando lo tenía en la orilla izquierda del Ebro sólo se creía ciudadano del Arrabal. A las diez de la noche del 9-VII-1813 no queda un francés en Zaragoza, excepto los que se acastillaron en la Aljafería; en su ordenada marcha la ciudad sufrió el último rasguño: fue volado un ojo del puente de Piedra. Por fin entró -Mina y Durán no se ponen de acuerdo- el primero un aragonés, el coronel Tabuenca, con su famosa «música», y tras él Julián Sánchez «El Charro», con sus lanceros bajando desde Torrero. La ciudad se iluminó espontáneamente. El Coso se llenó de una multitud enardecida y el Pilar también. Mina entraría velozmente para situarse en el Arrabal -el Puente de Piedra fue reparado con un pontón- y perseguiría al convoy francés, al que atascó y castigó y consiguió diezmar. Durán es destinado a Cataluña. Mina se queda solo y empieza a respirar la ciudad, pues ante las salidas y venidas del general navarro los zaragozanos temían que los franceses, como en cierto modo lo tenían proyectado, recuperasen la ciudad, que quedará libre de ellos el 2 de agosto, cuando capitule la Aljafería.

Reconquistada Lérida, empezará la toma de las grandes plazas fortificadas: Mequinenza, que cae el 13-II-1814 mediante una intriga urdida por un ficticio general afrancesado, Van Halen. Monzón, mandado por un extraño subalterno, Saint Jacques, resistió, pero fue vencida por la astucia del flamenco y cae el 15 de febrero del mismo año. Faltaba Jaca gobernada por algún tiempo por el general Paris, que tuvo enfrente a Mina, quien contrarrestó los intentos del francés de tomar los puntos estratégicos de los valles Pirenaicos para una hipotética invasión napoleónica por ellos; intentos que fueron ahogados por el navarro. El asalto a la capital de la Jacetania se inició el 5-XII-1813 con tropas que mandaba Marcelino Oraa y el apoyo de la caballería de Bartolomé Amor. El 17 de febrero se rindió y el 18 desfilaba la guarnición francesa ante los soldados españoles, al frente de ellos el comandante de la plaza Desortis, que firmó una capitulación después no cumplida. La ciudadela estaba bien guarnecida de artillería, pertrechos y víveres para resistir dos meses.

El ultimo residuo francés que quedó en suelo aragonés fue el de Benasque, tomado por el coronel Sebastián Fernández, quien a comienzos de abril de 1814 lo sitió, hasta capitular el 23. Allí terminó la guerra, pero sus consecuencias durarían, profundamente, muchos años más.

 

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