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Guerra Contra la Convención (1793-1795)

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Hist. Contemp.) Más conocida con el nombre del Rosellón, por la incidencia práctica que allí tuvo. De los tres frentes: el vasco-navarro, el catalán y el aragonés, este último ha sido el menos estudiado.

Las campañas del frente de Aragón o más exactamente de los Pirineos Centrales, abarcaron fundamentalmente desde los valles de Aspe y Ossaú hasta el de Arán inclusive, ya que por diversas circunstancias, tanto francesas como españolas, los ejércitos llamados del centro actuaron aquí desde un principio, como en campo propio de sus operaciones. Las campañas en el frente de Aragón fueron sin embargo importantes, no tanto por su aspecto puramente militar cuanto por la participación del pueblo aragonés y su proyección histórica. De ahí que en un estudio del tema habría que dedicar una primera parte a la actividad revolucionaria, a través de los Pirineos aragoneses, con su propaganda y contrabando de libros e impresos, y el subsiguiente establecimiento del cordón sanitario fronterizo.

También habría que ocuparse del análisis y motivaciones de los planes de campaña -de uno y otro bando- que convirtieron al frente de Aragón en algo esencialmente defensivo. Y es aquí donde habría que situar la política pacifista del conde de Aranda Buscar voz..., tan controvertida y desfigurada respecto a esta guerra contra la Convención francesa.

Otro aspecto que tener presente es el del llamado movimiento patriótico, con su doble contribución en dinero y en voluntarios. Aquí destacaron la nobleza aragonesa (condes de Sástago Buscar voz..., Argillo, , Robres Buscar voz..., etc.), el clero (párrocos que ofrecieron sus personas, obispos, cabildos, priores y abades de monasterios -San Juan de la Peña, Santa María de Rueda, Veruela, Piedra, etc.- que proporcionaron dinero, víveres y alojamientos, y que reclutaron a sus expensas no pocos voluntarios), los ayuntamientos que crearon y sufragaron batallones de voluntarios, las agrupaciones gremiales y múltiples particulares que igualmente contribuyeron en su medida a la defensa de Aragón.

Desde un punto de vista estrictamente militar, el mayor peso recayó en Aragón en los llamados regimientos provinciales de voluntarios; pues, al declararse la guerra, frente a los 32.000 soldados del ejército regular de Cataluña, al mando del general Ricardos, y los 18.000 del vasco-navarro a cargo de Ventura Caro, tan sólo fueron destinados 5.000 al ejército de Aragón, al frente del príncipe de Castelfranco (Pablo Sangro y Merode, teniente general de los Reales Ejércitos de S.M. y coronel y director del Regimiento de Reales Guardias Walonas, al ser nombrado con motivo de la guerra contra la Francia revolucionaria comandante general del Ejército en el reino de Aragón). Sin embargo, al ejército de Aragón, el menos numeroso, se le asignó la función defensiva de los Pirineos Centrales, que exigía un mayor número por la dispersión obligada de puestos y picos pirenaicos, así como de pueblos que proteger. De ahí que surgieran los Voluntarios de Aragón, el batallón de Barbastro, y los voluntarios de Huesca; y que en Esterri, en Plan, Puértolas y Benasque -como en tantos otros pueblos-, aldeanos armados combatieran valientemente al lado de los soldados, cuando los había.

Fueron estos altoaragoneses los que cargaron a fin de cuentas con el peso y mantenimiento -también de víveres y demás bagajes- de la llamada por Delbrell segunda guerra de la Independencia española. Aparte de aragoneses ilustres como Felipe Perena Casayús, Pedro Villacampa Maza, Mariano Ricafort Palacín -entre otros-, hay que destacar la actuación de los párrocos del valle de Puértolas, que se distinguieron en 1793 en la defensa de la zona, así como en la del valle de Bielsa, Tres Sorores y valle de Añisclo. Los voluntarios de Aragón participaron también en el frente vasco-navarro, entre otras acciones, en la defensa de la villa de Zugarramurdi y de la plaza de Fuenterrabía (abril de 1793), así como en la conquista de Castillo Piñón desde Burguete, y en la defensa del valle del Roncal, adonde acudieron los de Echo y Ansó; en las acciones de Vera y Valcarlos, etc. Sin embargo, el principal campo de batalla tuvo lugar en el valle de Arán, donde a lo largo de tres años fueron ininterrumpidas las acciones íntimamente ligadas con las del valle de Esterri, Benasque, Bielsa y Plan-Gistaín.

En 1794 la ayuda de Aragón aumentó no sólo en el frente vasco-navarro sino en el catalán (frente de Talarn), a instancias del general Ricardos. En el Pirineo propiamente aragonés las principales acciones tuvieron lugar en Urdós, y en los valles de Canfranc, Bielsa, Gistáu, Benasque, Echo y Aragüés. Poco antes de terminar la guerra, en abril de 1795, los diversos puestos del Alto Aragón contaban con las siguientes tropas: Benasque, 511 hombres; Vilaller, 443; Plan, 252; Bielsa, 213; Torla, 59; Panticosa, 109; Sallent, 510; Canfranc, 485; Aragüés, 265; Echo, 708; Ansó, 250; Jaca, 1.655; Huesca, 1.489; Graus, 70. Total: 7.069 hombres. La guerra, sin pérdidas territoriales para Aragón, concluyó con la Paz de Basilea. ratificada por la Convención Nacional el 14 Thermidor (1-VIII-1795), y por el rey de España el 4 de agosto.

• Bibliog.: Ferrer Benimeli, José A.: El Conde de Aranda y el Frente Aragonés en la Guerra contra la Convención (1793-1795); Zaragoza, Facultad de Filosofía y Letras, 1965, 396 pp.

 

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