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Gremios

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 12/04/2011

Gremios medievales. Las cofradías Buscar voz... artesanales o gremios eran corporaciones constituidas por menestrales que en una localidad determinada se dedicaban al mismo oficio; su fin era la defensa de los intereses profesionales y el socorro mutuo. Rumeu de Armas define el gremio como «el oficio unido, reglamentado, organizado». El gremio regía con absoluta soberanía la industria o industrias que englobaba, con una cierta subordinación al municipio Buscar voz... (redacción de normas, confirmación de cargos gremiales) y a la realeza, cuya intervención quedaba limitada a la aprobación de las ordenanzas que, elaboradas por el propio gremio y el municipio, habían de regir la vida de la corporación. En Aragón no se utilizó el término gremio hasta bien entrado el siglo XVII. Con anterioridad los documentos nos hablan de oficios y sobre todo de cofradías Buscar voz... para aludir a estas asociaciones profesionales.

Aunque se pueden rastrear precedentes o formas análogas en los collegia de la antigua Roma, el fenómeno gremial nace en la Edad Media, al compás del despegue económico europeo del siglo XI. Los artesanos Buscar voz... medievales mostraron una marcada tendencia a agruparse tan pronto como las circunstancias socioeconómicas de su lugar de residencia permitieron el trabajo libre. Por otra parte, la agremiación está estrechamente ligada al municipio; son dos instituciones paralelas e íntimamente unidas, por cuanto el reconocimiento de la personalidad de éste proporciona las circunstancias fundamentales para el nacimiento del gremio: la existencia de artesanos libres y la posibilidad de asociación. La lectura de fueros aragoneses permite saber que una de las competencias del concejo Buscar voz... era la vigilancia de la industria, siendo precisa licencia concejil para establecer tienda en el término municipal, especialmente para las actividades relacionadas con los artículos de primera necesidad. Y este permiso entrañaba la prohibición de competencia para todos aquellos que no lo hubiesen obtenido. He aquí un esbozo del carácter cerrado y jerárquico característico de los gremios aragoneses del siglo XV.

El precedente inmediato de las cofradías gremiales fueron las cofradías religioso-benéficas que agrupaban a los trabajadores de ciertos oficios análogos desde fines del siglo XII. A juzgar por lo dispuesto en el Fuero de Teruel Buscar voz..., la cofradía artesanal compartía con la parroquia la tarea de proteger a los vecinos y rendir culto a Dios. Y dada la tendencia de los artesanos a que sus industrias se distribuyeran por barrios, radicando en cada calle las de la misma índole, a no dudar las parroquias y las cofradías benéfico-asistenciales fueron el origen y fundamento de las cofradías de socorros mutuos y de las cofradías-gremio bajomedievales. En cualquier caso, e independientemente de las muchas teorías formuladas sobre el origen de los gremios medievales, se puede afirmar que son producto espontáneo de las condiciones sociales, económicas y morales de la época en que nacieron; de ahí que las modalidades de su nacimiento, forma y desarrollo sean distintas según las regiones.

En Aragón encontramos asociaciones artesanas desde fines del siglo XII. Constituidas bajo la advocación de un santo patrón, eran cofradías religioso-benéficas, cuya finalidad principal radicaba en el auxilio mutuo en casos de enfermedad y muerte. En el siglo XIII estas asociaciones fueron evolucionando hacia la cofradía gremial, debido a la tendencia cada vez más acentuada de los municipios de regular la vida artesanal y mercantil. En Zaragoza sabemos de la existencia en esa centuria de cuatro cofradías: la del Espíritu Santo, que acogía a los labradores; la de Santa María de Predicadores, que reunía a los mercaderes; la de San Nicolás de Bari, que patrocinaba a los arraeces (navegantes fluviales Buscar voz... por el Ebro); y la de San Francisco, que agrupaba indiscriminadamente a los artesanos de los distintos oficios. Por esa época existía en Huesca la de San Lorenzo, que evolucionó más tarde hacia cofradía de hidalgos con exclusividad.

En este mismo siglo XIII las cofradías gremiales fueron prohibidas por los reyes de Aragón, primero por Jaime I Buscar voz... y después por Jaime II Buscar voz.... Las causas determinantes de esta medida fueron: el incumplimiento de las ordenanzas, la rivalidad entre oficios, el forzar a los trabajadores a entrar en la cofradía para poder ejercer su industria y sobre todo los monopolios. Alfonso IV Buscar voz... las restauró en 1329, concediendo nuevas ordinaciones a varias corporaciones anteriormente disueltas. A partir de ahí continuó la evolución de estas asociaciones, que a fines del siglo XIV y principios del XV constituyeron auténticos gremios, distinguiendo claramente en sus ordenanzas entre los fines espirituales preexistentes y los puramente profesionales, que ahora irán siendo objeto de minuciosa regulación y se superpondrán a los religioso-asistenciales. El examen para acceso a la maestría no aparece sino a fines del siglo XIV, generalizándose en el XV a todos los gremios.

Del siglo XIV datan la cofradía del Espíritu Santo de Calatayud Buscar voz... -de carácter general, fundada en 1311-, y las de notarios de Daroca Buscar voz..., Huesca Buscar voz... (1328) y Zaragoza Buscar voz...; esta última, bajo la advocación de San Luis y con sede en el convento de San Francisco, vio aprobadas sus ordenanzas en 1320. La de zapateros de Huesca Buscar voz..., bajo el patrocinio de Santa Ana, data de 1333, y se reunía en la iglesia de Santa María de Salas. En el mismo año se fundó la de San Francisco, que acogía a los zapateros y fabricantes de cueros de Villafranca Buscar voz... (Z.). Muy poco posterior es la de zapateros judíos Buscar voz... de Zaragoza.

En el siglo XV prácticamente en todas las villas y ciudades de Aragón los artesanos e industriales formaban cofradías-gremio, sometidos a meticulosas ordenanzas reguladoras del oficio, en las que destaca un marcado carácter profesional, independiente del religioso-benéfico Buscar voz... que aún subsiste. El municipio es el organismo que entiende en todo lo referente a la reglamentación del trabajo, aprobando incluso las ordenanzas, por delegación real, en algunas ocasiones.

El gobierno del gremio estaba a cargo de unas autoridades superiores, verdadero poder ejecutivo y representativo. El capítulo o junta general de los cofrades tenía poder deliberante y decisorio; se reunía al menos una vez al año, normalmente la víspera de la fiesta patronal. En esta reunión o capítulo anual eran elegidos los mayordomos, magistrados superiores de la corporación que ejercían la dirección y representación del gremio durante el año de su nombramiento. En cuanto al consejo, compuesto por un reducido número de socios, realizaba una labor asesora de los directores del gremio. Las múltiples funciones de la cofradía y las necesidades subsiguientes dieron origen a diversos funcionarios gremiales, que estaban subordinados a los mayordomos. Los veedores eran los encargados de efectuar la inspección que el gremio ejercía sobre la producción de los artesanos afiliados. Para llevar las cuentas existía un contador. Un escribano o notario se encargaba de levantar acta de las sesiones del capítulo y de redactar cuantos escritos fueran precisos para la buena marcha de la corporación. El luminero se encargaba de la lámpara que continuamente ardía en la sede de la cofradía, ante el altar del santo patrón, y para cuyo aceite se asignaba una parte de las multas.

En las ordenanzas de los gremios medievales aragoneses no aparece el grado intermedio de oficial; sólo se reglamentan los de maestro y aprendiz. El aprendizaje duraba varios años, fijados en cada caso por las ordenanzas y que oscilaban entre dos y siete según los oficios. En el contrato de aprendizaje o «firma de mozo», redactado por un notario, figuraban los derechos y deberes de maestro y aprendiz y las condiciones de la enseñanza. Para acceder a la maestría una vez finalizado el aprendizaje, se pedía al aspirante la ejecución de una pieza u «obra maestra», así como el pago de unas tasas. La dificultad del examen fue creciendo con el transcurso del tiempo, a la vez que se elevaban los derechos de examen, todo ello encaminado a dificultar la entrada en la maestría. Sin embargo se hacían excepciones con los hijos de maestro, cuyas tasas eran muy inferiores. De este modo, el gremio pasó a ser coto cerrado de unas cuantas familias en cada oficio.

Únicamente los maestros podían ostentar cargos gremiales y sólo a ellos estaba permitido abrir taller propio. Las botigas artesanales estaban compuestas por tienda y obrador; la parte que daba a la calle se utilizaba para la exposición y venta de objetos y, sin mediar separación alguna, en la parte interior se fabricaban los productos, pues se tenía la idea de que los obreros trabajaban mejor bajo la mirada de los transeúntes. Los aprendices vivían en la casa del maestro, en un ambiente de participación y fraternidad.

Los gremios llegaron a monopolizar la actividad industrial en las ciudades de Aragón, y el miedo a perder este monopolio les llevó a establecer severas normas sobre la producción: todos debían usar iguales materias primas, utilizar idénticos sistemas de fabricación e incluso terminar el mismo número de piezas por día, bastante reducido. Esta política conduciría a la larga a un estancamiento, al poner trabas a la iniciativa privada y al progreso.

• Bibliog.:
Ibarra y Rodríguez, E.: El origen de las universidades y el de los gremios; Madrid, 1920.
Rumeu de Armas, J.: Historia de la previsión social en España. Cofradías. Gremios. Hermandades. Montepíos; Madrid, 1944.
Arco, R. del: Antiguos gremios de Huesca; Zaragoza, 1911.
Falcón Pérez, M. I.: El artesanado medieval zaragozano; Zaragoza, 1980.
Vega y de Luque, C. L. de la: «Historia y evolución de los gremios de Teruel»; Teruel, 54, 1975, pp. 5-156.

Gremios en la Edad Moderna y Contemporánea. Las corporaciones de artesanos o gremios, puede considerarse que alcanzaron la última peculiaridad «moderna» con la introducción de uno de sus elementos fundamentales: el examen oficial. Este componente no apareció simultáneamente en todos los gremios, como tampoco su punto de partida cronológico había sido el mismo. En Aragón, hallamos que la práctica del examen comenzó a extenderse en el siglo XV aunque su generalización no llegó hasta la centuria siguiente, desapareciendo en el XIX, lo cual puede permitir una consideración unitaria del gremialismo «moderno» encuadrado entre tales hitos seculares, y con una periodización articulada en distintos tractos cronológicos que, con carácter de ensayo y, por tanto, con evidente provisionalidad, podrían ser los siguientes: 1, transición (ss. XV-XVI); 2, desarrollo (s. XVII); 3, estabilización y agonía (s. XVIII), y 4, extinción (s. XIX).

En todo momento, será necesario tener presente la ausencia de estudios de otros sectores históricos aragoneses, con lo cual la mayor parte del desarrollo de este trabajo es lineal obviando interpretaciones fáciles que, por supuesto, se encuentran en el acervo de hipótesis esperando una mayor y mejor información. Por otro lado, siempre tendremos el protagonismo zaragozano: en la capital del reino se dio el fenómeno corporativo intenso, atenuándose en otros lugares en relación directa con el número de población y las actividades industriales de la misma, amén de la coyuntura y de otros factores de orden psicológico y político.

1. Transición (ss. XV-XVI): En este dilatado espacio de tiempo no sólo comienza a institucionalizarse el examen, sino que también se introducen una serie de normas técnicas que hasta el momento obligaban por la costumbre, y que por su carácter profano y directamente relacionado con la coyuntura iban a reducir los aspectos benéfico-religiosos Buscar voz..., alejándose de la concepción cofradial de la etapa anterior. En efecto, aparecen minuciosamente reglamentados los exámenes, la producción y los aprendizajes; aunque ello no signifique el abandono de la vertiente espiritual, es evidente una disociación que daría lugar, más tarde, a la separación de ambas, aunque normalmente los gremios mantuvieron sus cofradías.

Desde principios del siglo XVI el fenómeno gremial fue en aumento, significativamente en la capital del reino y progresivamente en las demás ciudades y villas de realengo Buscar voz..., si bien el corporativismo intenso parece que sólo fue característica de la capital de Aragón, según se ha indicado.

Aunque la potestad reside en el soberano, son los municipios los que van a entender, cada vez más, en los asuntos de normativa gremial, aunque el recurso último será, todavía, el rey o su Audiencia Buscar voz... en Aragón, fuertemente arraigada en la centuria XVI. Un ejemplo de esta gradación se observa en 1522, momento en que los munícipes Buscar voz... zaragozanos se dirigieron al rey Carlos Buscar voz... para que las agremiaciones fueran suprimidas, ya que eran causa de grandes «inconvenientes», «porque como los confradres se ajuntan fazen sus ordinaciones y monipodios en que encareçen todas las cosas de sus ufficios en tal manera que los habitadores desta ciudat viven un tercio más charo que no solían vivir algunos anyos atrás». Siguiendo la tradición antigremial se acusaba a las corporaciones de la emigración, así como de alteración del orden público: «son en bullicios, y con mano armada se levantan a vezes unos contra otros, a vezes contra los que tienen el regimiento desta vuestra ciudat» (1522, 16-X).

El enfrentamiento entre el patriciado urbano y los sectores trabajadores era sin duda el factor fundamental que llevaría al intento de supresión de las corporaciones de estos últimos en las Cortes Buscar voz... de 1528. La petición de los munícipes zaragozanos fue de mandar que se renovaran «los privilegios de todas las coffradrias excepto en lo spiritual», como efectivamente se hizo mediante fuero Buscar voz..., que sería confirmado también en 1533. La realidad corporativista se impuso, sin embargo, y así como el inicio de centuria había contemplado que los sogueros y alpargateros vieran confirmadas sus ordinaciones en 1501, los zapateros y chapineros en 1503, y los tejedores de seda y algodón en 1513, también en 1532 los tuvieron los pelaires, los sastres en 1533, boneteros y carreteros en 1548, los zurradores en 1559 los cuchilleros en 1591, plateros en 1599 y tintoreros en 1595, 1596, 1597 y 1600, de nueva constitución parece que fueron los libreros (1537), colchoneros (1556), guarnicioneros (1556) y peleteros (1567).

En el campo jurídico, un estatuto municipal de 1575 daba carta legal a las corporaciones, haciéndose constar que para remediar las acusaciones que contra algunos oficios mecánicos se habían intentado en la corte del Justicia de Aragón a instancia de «cierto particular», por haberse reunido sin asistencia de oficial real -según prescribían los Fueros-, se había llegado a la conclusión de que las cofradías de los oficios mecánicos no sólo eran útiles en el servicio divino y cuestiones benéficas sino también para el rey y la «república», ya que por medio de las corporaciones estaban organizados los oficios, evitando la confusión y el descontrol. Ante la imposibilidad de control individual había triunfado el corporativismo; sin embargo la normativa sería elaborada o sancionada por los munícipes, y sus asambleas supervisadas por un representante de los jurados.

En 1575 se conocían como agremiados en Zaragoza los siguientes oficios: pelaires, colchoneros, libreros, sogueros, freneros, guarnicioneros, silleros, cinteros, espaderos, tundidores, cuchilleros, mesoneros, parcheros, zapateros, puñaleros, cordoneros, pellejeros, herreros, zurradores, blanqueros, sombrereros, guanteros, tireteros, carreteros, cocheros, maestros de casas, fusteros, cuberos, torneros, boneteros, tejedores de algodón, tejedores de lino, tejedores de lana, tejedores de seda, calceteros, sastres, cerrajeros, plateros, boticarios, especieros, guadamacileros, pintores, batifullas, agujeros, anzoleros, velluteros, hiladores de seda, albarderos, bordadores, corredores y tintureros.

2. Desarrollo (s. XVII): El control municipal de los gremios zaragozanos ya se hallaba institucionalizado al comenzar el siglo XVII; ahora bien, todavía no se había reglamentado la distribución por supervisores, extremo que tuvo lugar en 1601, cuando las corporaciones fueron asignadas a los dos andadores y cuatro ayudantes que tenían los jurados de la ciudad, constituyendo seis grupos: 1.°: zapateros y chapineros, cerrajeros, corredores de aceite, colchoneros, freneros, agujeros, puñaleros, libreros y herreros; 2.°: cereros y confiteros, tejedores de lino y lana, manteros, corredores de ropa, zurradores y tintureros; 3.°: pelaires, mesoneros, tejedores de algodón, veleros, plateros y blanqueros; 4.°: sastres, bordadores, sombrereros, torcedores de seda, esparteñeros y sogueros, y velluteros; 5.°: calceteros, guanteros, carreteros y cocheros, caldereros, cordoneros y parcheros; y 6.°: fusteros y obreros de villa, panaderos, silleros y guarnicioneros, pintores, guadamacileros, batifullas, tejedores de lino y lana, mancebos y albarderos.

La coyuntura adversa Buscar voz... favorecía la constitución de gremios en varios lugares de Aragón, pero de modo especial en Zaragoza, donde las características generales de la depresión -trabas al acceso, con el consiguiente anquilosamiento- se dieron pronto, si bien no con la uniformidad y rigidez tópicas.

Dentro del movimiento asociativo zaragozano se advierten en la centuria dos fenómenos: uno es el de concentración, de unión corporativa entre cofradías en el aspecto benéfico-social. Es el caso advertido en los gremios textiles (sedero principalmente); en ocasiones llegaron a admitir personas que no pertenecían al oficio, con el fin de hacerse con medios materiales, beneficiándose el nuevo cofrade con la posibilidad de vender los productos del gremio que le acogía.

Otro fenómeno es el de dispersión o geminación, siendo el caso conocido, desde el punto de vista corporativo, el de los incluidos en el subsector de la construcción, con división inicial y su atomización posterior: de la cofradía de obreros de villa, carpinteros, mazoneros, torneros y cuberos, surgieron otros tantos gremios, llegando el de carpinteros a producir los oficios de carpinteros en sentido estricto, ensambladores, escultores y entalladores. Se observa por tanto, una especialización, cuya existencia de facto probablemente era anterior, aspecto que también se dio en el otro grupo pero sin llegar a producirse una separación. Esta línea dispersora produciría la creación de las cofradías de tipo religioso-benéfico de los mancebos; pelaires, en 1602; agujeteros, guanteros y pergamineros, en 1610; sombrereros, en 1638; y de lino y lana, en 1653. Por otro lado estaría el de la formación de nuevos gremios, partiendo de un oficio sin reglamentación (doradores, por ejemplo). Buscaban una normativa para controlar la competencia y su arma sería el examen, medio común a todas las corporaciones. Teniendo en cuenta la pobreza de las fuentes, no podemos asegurar que el fenómeno se produjera en momentos determinados, sin embargo, se puede constatar la constitución de nueve gremios a comienzos de la centuria y finales (cesteros, 1683; naiperos, 1690).

En otro orden se podían considerar las situaciones «subgremiales». Unas veces se trataba de maestros «menores», los que no estaban examinados de todas las especialidades del oficio, otras de mancebos (oficiales) que, no teniendo la oportunidad de acceder a la maestría -por gastos de examen y la negación de éste, en algunos casos-, quedaban en una situación dependiente de un gremio (aladreros y peloteros).

En el aspecto de la representación de los gremios artesanos en los gobiernos municipales se advierte también diferencias entre la capital y el resto del reino, pero no esenciales sino de grado. En Zaragoza se les fue eliminando de los cargos principales, continuando con la política de 1561, siendo considerados en el mismo plano de mercaderes menores y labradores, impidiendo, ya en 1628, que accedieran quienes poseyeran menos de 300 libras en bienes.

La concurrencia de labradores, grupo numeroso, como correspondía a una sociedad esencialmente agrícola -incluso en la capital- limitó la de los artesanos en su existencia como consejeros «de cinco», siendo manifiesta la constante participación de aquéllos en el capítulo y consejo de la ciudad, mientras que éstos, salvo sastres y quizá plateros, apenas pudieron tener representación, y aun cuando a fines de siglo se redujo el número de labradores, no descendió su aportación en los nombramientos. Sobre esto, debemos agregar que el grupo más numeroso estaba constituido por consejeros procedentes de bolsa de jurado, todos «ciudadanos», y aunque pocas veces estaban los treinta, siempre tenían mayoría; por ello y recordando que las personas insaculadas para consejeros «de cinco» eran designadas por los «ciudadanos», resulta fácil llegar a la conclusión de la práctica inexistencia de una participación gremial en el gobierno de Zaragoza, de lo cual se lamentaban algunos «ilustrados» aragoneses como Dormer Buscar voz....

La política gremial, en su vertiente económica fue llevada principalmente por los «ciudadanos» que rechazaban o dificultaban al máximo el acceso de otros sectores a su grupo. Las medidas que tomaron frente a la problemática gremial tuvieron distinto carácter, llegando en diversos momentos a un enfrentamiento con la Diputación del Reino Buscar voz..., mantenedora de los acuerdos de Cortes. Teniendo presente el carácter provisional de los actuales estudios, se puede dar la siguiente cronología de los aspectos legales aragoneses proyectados en el gremialismo y algunas de sus repercusiones en la capital del reino:

a) 1600-1626: El municipio zaragozano promulgó el estatuto de 1603, sobre las calidades de los tejidos Buscar voz..., con el cual se intentaba sujetar las mercancías extranjeras a un estricto control. Por parte de los diputados del Reino y del administrador del General Buscar voz... se hizo elección de firma, consiguiendo que la sentencia fuera contraria a la ciudad. La Diputación alcanzaría la firma «máxima», en la que inhibió a todas las ciudades del reino de hacer ordinaciones en contra de la libre entrada de mercaderías, exceptuando los comestibles. En los años que podemos computar, los jurados apenas dieron cartillas de maestro a distintos oficiales examinados por ellos y en contra de las decisiones corporativas; sin embargo, los gremios presentaron cierta actividad.

b) 1626-1646: En 1626, escuchando a gremios y a algunos arbitristas Buscar voz... que consideraban la miseria y despoblación como efecto de la introducción de mercaderías extranjeras, las Cortes del Reino prohibieron la entrada de las mismas mediante fuero. En 1629, los municipios concedieron ocho permisos para ejercer distintos oficios; entre ellos, dos a mujeres para que utilizaran telares, y también a Juan Garriga, mercader, vecino de Alcober (Tarragona), «por toda su vida», para que pudiera introducir y fabricar en Zaragoza bayetas de Flandes y rajuelas, además de todo tipo de tejidos de lana, y para tener en casa aprendices y oficiales de la ciudad y del reino y advirtiendo, en la concesión, «sin que por los texedores de paños ni pelaires, ni por sus mayordomos ni vehedores se le pueda visitar ni impedir». En 1638 subieron las licencias concedidas por el municipio al número de 36: 17 de ellas por prestación militar (al oficial que servía en el ejército durante un tiempo determinado, se le concedía como recompensa el título de maestro en su profesión); y en 1644 fueron 13, cinco de ellas también por servicio de guerra; por parte de los gremios no se advierte en este período un descenso notable en sus exámenes.

c) 1646-1678: En 1646 había quedado sin vigencia el fuero prohibitivo de los tejidos extranjeros. Zaragoza intentó de nuevo impedir el libre comercio, consiguiendo otra inhibición por parte de la Diputación en 1651, que confirmaba otra de 1643. En 1675 Zaragoza elaboró un estatuto sobre tejidos extranjeros de lana y seda para evitar su importación, ya que los gremios de las artes habían presentado un memorial en el que exponían su calamitosa situación; pero otra vez volvió la Diputación a insistir en su postura. Entre disputas y distintos intentos de soluciones al deterioro económico del país, se llegó a 1677 con un auténtico enfrentamiento entre partidarios de una y otra tesis.

Ya, en 1672, la misma ciudad había acusado a los gremios de exigir tanto dinero a quienes se iban a examinar, que muchos oficiales, al no poder cubrir los gastos, se veían obligados «a irse a vivir a otras ciudades y universidades del Reino», atribuyéndoles con ello la despoblación. Por esa razón decidieron que toda persona deseosa de ejercer en cualquier profesión podría hacerlo, presentándose a los jurados, quienes designarían a personas idóneas para realizar los exámenes. En este año se registró una gran diferencia entre los examinados por los gremios -tres personas- mientras que por la intervención de los jurados lo fueron 59. En 1675 la intervención municipal fue muy importante: los jurados concedieron 168 licencias (139 por servicio militar), frente a cinco examinados por gremios. Esta actitud fue un revulsivo que unió a las corporaciones para presentar un memorial solicitando la anulación de todos los títulos de maestro. El municipio contestó indicando que solamente revocaría los concedidos a aprendices, dando como válidos los demás, así como la exención de derechos de exámenes.

d) 1678-1686: El año 1677 fue crítico para la existencia gremial. Los ataques a la institución y el tratamiento del problema en las Cortes produjeron la reacción de los gremios, cuyos mayordomos tuvieron una junta en el convento de la Victoria (Zaragoza) ya que, según indicaban los sogueros y alpargateros, «los señores jurados y los Señores de las Cortes an rebaxado los essámenes de los ofiçios... y que viendo el daño que se les sigue a los ofiçios an sido de pareçer que todos los ofiçios agan un cuerpo y que se den memoriales a los señores de las Cortes y dando a entender el daño que a los ofiçios se les sigue».

El resultado de la actividad parlamentaria, algo tumultuosa, se plasmó el año siguiente en una disposición foral de tipo proteccionista (Prohibición de entrar y vender texidos estrangeros y nuevo establecimiento del comercio), incluso con las corporaciones, aunque se reglamentaban las tasas de sus exámenes, poniendo de relieve la diferencia entre la capital y el resto del reino, además de marcar dos categorías: 1) las que podían cobrar 10 libras (200 sueldos) para la cofradía y 5 para los oficiales asistentes: plateros, sederos, veleros, velluteros, tafetaneros, carpinteros, ensambladores y escultores, albañiles, confiteros, cereros, pasamaneros, pelaires, sastres, zapateros de obra nueva o prima, tejedores de lino y lana, de Zaragoza; las de otros lugares, 6 libras y 3 para los presentes en exámenes; y 2) las que tenían derecho a percibir 5 libras y 2 libras 10 sueldos para los examinadores en Zaragoza; las de otros lugares del reino percibirían 4 libras y 2 respectivamente.

Además debían sujetarse a sus ordinaciones y se creaba un recurso ante los jurados y justicias de las universidades en caso de que alguien fuera rechazado por los gremios, facultándoles para con ayuda de peritos- admitir o rechazar a quien les demandara examen. A la mujer se le permitía realizar una serie de actividades textiles sin depender de ninguna corporación. Con el fin de estimular la producción se iba a permitir ejercer más de un oficio, siempre previo examen y pago de derechos, y a conceder patente por dos años a quien introdujera alguna novedad. Los pintores conseguían que su actividad fuera declarada como arte liberal y que sus profesores, teniendo la calidad exigida por fuero, pudieran entrar en las Cortes, mientras que los plateros zaragozanos que tuvieran calidad de caballeros hijosdalgo podrían gozar de todas prerrogativas de quienes asistían a las Cortes, pero sin poder concurrir a ellas ni conseguir su aspiración de ser insaculados en los cargos municipales de mayor jerarquía.

La efectividad de las normas dictadas en las Cortes se pone de manifiesto en distintos momentos de la vida gremial; así Marco Hernández, examinado por los sogueros y alpargateros de Zaragoza, había dado «de contado, para el cuerpo del oficio, çinquenta reales que es la tasa de las Cortes y fuero»; esto es, pagó cinco libras según prescribía el fuero establecido en las Cortes de 1677-1678, aunque desconocemos si se obligaba a entregar cantidades más substanciosas de modo fraudulento. Con los hijos de maestro parece que se mantuvo el criterio de pagar la mitad de la tasa anterior.

En 1680 era claro un descenso en los exámenes: seis, los gremios, y siete, los jurados. Una de las licencias otorgadas por el municipio fue concedida a Antonio Trioli, milanés para que pudiera trabajar «el solo o quien él quisiere, por durante dos años, los tejidos labrados en tela de terciopelo de punto de Venecia» y otros también de seda.

d) 1686-1707: Al seguirse en 1702 la misma línea foral de 1686 se ha preferido la reducción a un solo período.

Las directrices de 1686, principalmente ganadas por el levantamiento del prohibicionismo llevaban un signo antigremial, ampliando el paso iniciado en 1678, pues se suprimía la prueba de aprendizaje y oficialía para acceder al examen de maestría, además de reducción de gastos a los forasteros. La actitud municipal, siguiendo las directrices, concedió una licencia a Bartolomé Brusau para montar un taller y fabricar tejidos de lana con sus oficiales sin que pudieran intervenir los gremios afectados.

En 1695, y con la intención de sanear la producción artesanal, hubo un cambio de actitud que instauraba la rigidez gremial: se revocaban todos los títulos de maestro concedidos por los jurados anteriores. No existiendo una burguesía industrial fuerte, el recurso único para mantener una producción cada vez más deteriorada había sido el aplicado en el pasado: mantenimiento del «sistema» gremial.

3. Estabilización (s. XVIII): El conflicto bélico denominado guerra de Sucesión Buscar voz... dio a los gremios un cierto protagonismo local, como se observó en Zaragoza a causa de los tumultos del 26-V-1706 -entrada del archiduque Carlos en Madrid- y de la incursión en la ciudad de «gente», la noche del 27, que sacó de las cárceles del palacio arzobispal a un clérigo «que decía hallarse preso por imperial»; fue entonces cuando el municipio tomó la providencia de formar compañías a modo de «milicias» concejiles. El consistorio previno a los mayordomos de los gremios para que nombrasen sus capitanes y oficiales, se distribuyeran en compañías de cincuenta soldados y acudieran con armas a las Casas de la Ciudad para entregarles las que hicieran falta, así como «cuerda, pólvora y balas». El jurado en cap sería el coronel, y se emplearían en impedir los tumultos y alteraciones de la plebe, además de guardar y defender la ciudad y de mantener los privilegios Buscar voz... del reino. En ese mismo día 28 estuvieron formadas las compañías con más de 1.500 hombres, siendo incrementados al día siguiente con otros tantos entre los que se contaban también labradores: Zaragoza quedaba, por tanto, en manos de los partidarios del archiduque Buscar voz....

La precipitada actitud gremial debió de tenerse en cuenta en el momento de organizar los municipios aragoneses con la Nueva Planta Buscar voz... borbónica de modo definitivo (1711): se revisaron sus ordinaciones y se les retiró del gobierno municipal. El escaso desarrollo de la industria aragonesa en el siglo XVIII permitió que, pese a la fuerte corriente anticorporativista del momento alentada y dirigida desde la sede de la Corona, los gremios aragoneses no decayeran ostensiblemente.

En 1770 da comienzo uno de los más duros combates contra el gremialismo desde la administración central: se promulga un decreto real para suspender todas las hermandades, congregaciones y cofradías erigidas sin aprobación de magistrados reales. A partir de ese momento, en que se conocen la mayor parte de los gremios aragoneses (ver cuadro), se regularía el establecimiento y formación de corporaciones (18-IV-1770), se daría una cédula real sobre admisión de maestros extranjeros (30-IV-1772), y una segunda para que fueran recibidos en los gremios los oficiales y menestrales que pasaran de un pueblo a otro (1777). El encargo a las Sociedades Económicas de Amigos del País para que realizaran un plan gremial de revitalización (23-I-1779) también tuvo su reflejo en Aragón, donde la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País Buscar voz..., de Zaragoza, había iniciado una serie de trabajos preliminares con los gremios zaragozanos, quedando desde ese momento vinculada oficialmente a la realización de un plan gremial de Aragón; distintas circunstancias e intereses invalidaron un trabajo minucioso e interesante que la sociedad presentó en Madrid y que incluso tuvo aprobación real en 1782: la Real Audiencia, Ayuntamiento de Zaragoza y gremios opondrían una fuerte resistencia a la aplicación del plan, ya que su aceptación suponía un cambio esencial corporativo, cuya autonomía interna se modificaba (quedaban recluidos a lo espiritual y benéfico) y su dependencia pasaba a la Sociedad, siendo arrebatada al municipio. En 1784 el plan gremial quedaba en suspenso.

El paréntesis quedaba liquidado y en 1785 la Administración central concedía la libertad de ejercicio a los profesionales de artes plásticas (Jovellanos: Informe sobre el Libre ejercicio de las Artes), en 21-IX-1789 se declaraba libre la fabricación textil, y aproximadamente un año después (27-IX-1790) se daba orden de reformar las ordenanzas gremiales (1791, ley Chapellier y d’Allerde en Francia). Con el permiso de establecimiento concedido a artesanos extranjeros, sin examen, en 1793, y la derogación de la obligatoriedad del aprendizaje y la oficialía, el gremio quedaba en la pendiente de la extinción, aun cuando en Aragón algunas corporaciones todavía vieron sancionada su existencia (estereros-esportoneros de Zaragoza, en 1802).

4. Extinción (s. XIX): Se desconoce el detalle de las vicisitudes por las que atravesaron los gremios aragoneses durante la ocupación y administración napoleónica, si bien existen algunas noticias de los zaragozanos, que agrupaban en 1813 a alpargateros (en situación estable y con aumento de precios en sus artículos), albarderos y basteros (en decadencia por falta de «arriería»), arroberos, boteros, blanqueros (muy decaído porque los franceses se llevaban las pieles), buidadores, plateros (en situación precaria, puesto que se había prohibido la adquisición de plata «vieja» y no vendían), aguadores (disminuido a una tercera parte, según declaración propia), pergamineros (altamente deteriorado, ya que se había reducido a tres individuos, y éstos empezaban a dejar el oficio por falta de comercio de libros y el hacer los de «coro» que les había arruinado), guanteros, alquiladores (muy decaído por habérseles embargado; y se habían desprendido de coches y calesas, ya que no se hacían viajes, así como de las caballerías), alfareros (con un individuo ejerciente -el mayordomo-: los demás se dedicaban al acarreo de leña), vidrieros (en estado lastimoso, dado que en las vidrieras «se ponía papel», y en lo referente al estaño tenían la competencia de los fabricantes del Coso), carpinteros (inactivos por falta de obras), carreteros y maestros de coches, cerrajeros, caldereros (agobiados por la competencia de los franceses), cordoneros (gravemente afectados por «la falta de iglesias»), cuberos (también afectados por la falta de conventos y molinos de aceite, sin que sirviese la entrada de vino, ya que no se encubaba), canteros (con un individuo, que sólo trabajaba a jornal), cortadores (en auge: precio libre de la carne), cesteros (completamente arruinados), cedaceros (en la misma situación), colchoneros y estereros (decaído por la competencia de los pelaires, que «paraban» colchones sin pagar contribución), doradores y pintores (unidos por su estado precario), esquiladores (muy decaído), fabricantes de medias de seda (estable), guarnicioneros (decaídos, salvo tres franceses que sí tenían actividad), herreros de fuego (en decadencia), horneros (en auge), taconeros y hormeros (en completa ruina: todos sus miembros habían dejado el oficio y el mayordomo «estaba aprendiendo a moler chocolate» para después abandonar el oficio), libreros (decaído como gremio, pero se reconocía que José Sánchez «llevaba un comercio activo en los libros con Francia papel, tarxetas y otras, de manera que el solo tenía más tráfico que todos los individuos»), peluqueros (decaído «por haverse cortado las gentes el pelo y no usar pelucas»), pasamaneros, puñaleros (deteriorado por no tener venta las hoces ni las hojas de cuchillo, además de haberse encarecido el carbón), pelaires (en deterioro, dado que los paños y bayetas ya no tenían salida hacia Navarra y otros lugares, además de usarse en el momento el paño muy fino o el de Épila y Tarazona), sombrereros (estabilizado), sastres (quejosos de la competencia extragremial, especialmente de un mancebo -oficial- que tenía tienda en la calle de San Gil y estaba asociado con otros de su categoría, además de otro que en el Coso se dedicaba a la confección de vestuario militar, quien se permitía dar trabajo a algunos agremiados e incluso multarles con una peseta si no cumplían los plazos de entrega), tintureros de lana (afectados por la falta de actividad de los pelaires y faltarles las estameñas de Villarroya, que en ese momento venían ya teñidas), tintureros de seda (dedicados también a teñir lana), cereros y confiteros (que incluían a los botilleros -helados y café), tejedores de lino (decaído por falta de hilado, dedicándose gran parte de ellos a trabajar para la Junta de Caridad a mitad de precio), torneros, zapateros de obra segunda, torcedores de seda (reducidos a cuatro maestros y ocho mancebos, habían decidido desaparecer como corporación), zurradores, tundidores (también afectados por la crisis de los pelaires), zapateros de obra prima (decaído por la competencia de las botas fabricadas por extranjeros).

Por otro lado, las Cortes de Cádiz Buscar voz..., en decreto de 8-VI-1813, declaraban la libertad de industria, sin que fuera necesario para su ejercicio examen, título o incorporación en gremio alguno. Con la restauración de la monarquía hispana y el reaccionarismo, el anterior decreto fue anulado (real orden del 29-VI-1815) restableciéndose las ordenanzas gremiales.

En 1822 encontramos unos gremios al parecer restablecidos del período bélico, mencionándose cereros y carpinteros, libreros, armeros y cerrajeros, tintoreros de seda, tintoreros de lana, cortadores, alpargateros, carpinteros, sastres, caldereros, hojalateros (con vidrieros y estañeros), zapateros de obra prima, los de obra segunda, horneros, boteros, blanqueros, torneros, sombrereros, herreros de fuego, carreteros y maestros de coches, cuberos, buidadores, guanteros, puñaleros, guarnicioneros, albarderos y basteros, fabricantes de lana, tundidores, torcedores de seda, tejedores de lino, tafetaneros, pasamaneros, fabricantes de medias, estereros, peluqueros, esquiladores, cedaceros, cordoneros, cesteros.

Sin embargo, se iba imponiendo su disolución Buscar voz..., desapareciendo el de boteros (1833), cuberos (1834), cerrajeros y armeros (1835), caldereros (1836), albarderos y basteros (1836).

El decreto de 6-XII-1836, que restablecía la libertad de industria según el decreto citado de 1813, debió de ser la sanción legal a un hecho patente: los estereros desaparecieron como gremio en 1838, al igual que cordoneros y esquiladores, en 1839 los guanteros y tafetaneros, para 1840, buidadores, fabricantes de medias, libreros, torcedores de seda y tundidores. En 1841, solamente aparecen mencionados como gremios los de alpargateros, aguadores, vidrieros y hojalateros, cereros y confiteros (con el título de colegio), carpinteros, carreteros y maestros de coches, cesteros, cedaceros, herreros de fuego, puñaleros, tejedores de lino, torneros y tintoreros de seda, y desaparecen los de peluqueros y tintoreros de lana. La institución gremial había llegado a su fin; únicamente su vertiente asociativa quedaría a salvo, permaneciendo recogido el aspecto de socorro mutuo en 1839 (28 de febrero) y en la ley asociativa de 1887 (30 de junio).

• Bibliog.:
Arco, R. del: Antiguos gremios de Huesca; Zaragoza, 1911.
González Hernández, V.: «Cofradías y gremios zaragozanos en los siglos XVI y XVII. La cofradía de San Lucas de pintores»; Zaragoza, XXV, pp. 175-190.
Forniés Casals, J. F.: Gremios de Zaragoza durante el siglo XVIII (El plan gremial presentado por la Real Sociedad Aragonesa de los Amigos del País); Madrid, 1973.
Id.: La Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, en el período de la Ilustración (1776-1808): sus relaciones con el artesanado y la industria; Madrid, 1978.
Redondo Veintemillas, G.: «Un gremio zaragozano del siglo XVII: los maestros cesteros»; Estudios del Dpto. de Historia Moderna, Zaragoza, 1975, pp. 165-175.
Id.: «Cargos municipales y participación artesana en el concejo zaragozano (1584-1706)»; Estudios del Dpto. de Historia Moderna, Zaragoza, 1976, pp. 159-190.
Id.: El gremio de libreros de Zaragoza y sus antiguas ordinaciones (1573, 1600, 1679); Zaragoza, 1979.
Id.: «Las ordinaciones gremiales como fuentes para el conocimiento de las técnicas del trabajo artesanal: sogueros-alpargateros (1771) y estereros-esportoneros (1802) de Zaragoza»; II Jornadas sobre el estado actual de los Estudios sobre Aragón (Huesca, 1979), Zaragoza, 1980, pp. 695-700.
Sancho Seral, L.: «El gremio zaragozano del siglo XVI (Datos para la historia de la organización corporativa del trabajo en España)»; Universidad, Zaragoza, 1925.

Gremios de artesanos aragoneses en 1771

Albalate del Arzobispo Buscar voz...: colmeneros

Albarracín Buscar voz...: pelaires; albañiles, carpinteros y molineros; tejedores; sastres; zapateros

Alcañiz Buscar voz...: panaderos; colmeneros; fabricantes de alumbre; zapateros y guarnicioneros

Alloza Buscar voz...: colmeneros; mineros de alumbre y caparrós

Barbastro Buscar voz...: herreros; pelaires, tejedores de lana y tejedores de lino (desde 1412); pasamaneros; pelaires y tejedores (desde 1728); sogueros y alpargateros; carpinteros; tejedores gremio desde 1605); albañiles; zapateros; blanqueros

Benabarre Buscar voz...: cereros y zucreros

Biescas Buscar voz...: pelaires y tejedores

Boltaña Buscar voz...: pelaires y tejedores

Borja Buscar voz...: tejedores

Calatayud Buscar voz...: horneros y panaderos; tejedores de lienzos, herreros, albéitares, alpargateros, sogueros, cereros y zucreros

Calcena Buscar voz...: pelaires

Daroca Buscar voz...: cereros y confiteros

Épila Buscar voz...: pelaires y tejedores de lana

Fraga Buscar voz...: tejedores y espaderos; carpinteros y albañiles; y alpargateros

Graus Buscar voz...: alpargateros, pelaires

Huesca Buscar voz...: cordoneros, pelaires, tejedores, blanqueros y zurradores, cereros y confiteros, sogueros y alpargateros, caldereros, plateros, albañiles

Jaca Buscar voz...: pelaires

Lamata Buscar voz...: colmeneros

Lécera Buscar voz...: abejeros

Monzón Buscar voz...: cereros

Rubielos de Mora Buscar voz...: pelaires

Sos Buscar voz...: pelaires

Tarazona Buscar voz...: fabricantes de paños; sastres; tejedores de lienzos; zapateros de obra prima; sogueros y alpargateros; carpinteros, albañiles y cuberos

Tauste Buscar voz...: pelaires y tejedores

Teruel Buscar voz...: alfareros, carpinteros, albañiles, torneros, escultores, carreteros, curtidores

Uncastillo Buscar voz...: zapateros, tejedores de lienzos, pelaires

Villarroya de los Pinares Buscar voz...: tejedores, pelaires

Zaragoza Buscar voz...: alpargateros y sogueros, albañiles, horneros, herreros de fuego, batidores de oro, boteros, aguadores, buidadores, cuberos, colchoneros, alquiladores, tafetaneros (con veleros y velluteros), caldereros, carpinteros, carreteros y maestros de coches, guarnicioneros y silleros, esquiladores, puñaleros y agujeros, estereros, pasamaneros, pelaires, tejedores, sastres, torneros, zapateros de obra prima, zapateros de obra segunda, libreros, tintoreros de seda, cerrajeros, guanteros, blanqueros de pieles, torcedores de seda, manteros, alfareros, cereros, plateros, canteros, cesteros, tundidores, confiteros y botilleros, pasteleros, doradores, cedaceros, tejedores de medias, zurradores, sombrereros, cordoneros, peluqueros, vidrieros y estañeros, albarderos y basteros, tintoreros de lana, espaderos, manguiteros, hormeros y taconeros, aljeceros, peineros, pergamineros, cortantes, herradores y albéitares.

N.B.: No todas estas asociaciones tenían un carácter gremial estricto, y carecían, en ocasiones, de ordenanzas. A ello debe agregarse el carácter provisional de su censo y la consideración de artesanales.

 

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