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Granada, Aragón en la guerra de

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 15/01/2008

(1481-1492). El 27-XII-1481 -según Palencia-, los moros granadinos se apoderaron por sorpresa de la fortaleza cristiana de Zahara. El hecho no era nuevo y la frontera lo registraba con frecuencia; acaso éste, por sus circunstancias y violencia, revistió un carácter singular, que movió a los nobles andaluces a tomar una audaz represalia: la ocupación de la fortaleza de Alhama, en el pleno corazón del emirato nazarí (28-II-1482). Esto provocó la inmediata movilización de las fuerzas de Muley-Hacén para intentar recobrar el lugar perdido, que tan gravemente afectaba su prestigio, harto menguado por aquel entonces. Simultáneamente, los reyes veían en los acontecimientos granadinos motivo de intervención decisiva para liquidar el resto del poder musulmán en la Península. Acontecimiento de primer orden que llenará todo el decenio de los 80 y que habrá de culminar en el conocido 2-I-1492, cuando la cruz de plata del cardenal Mendoza brille en lo alto de la torre de la Vela de la Alhambra como señal del definitivo triunfo de los Católicos.

Zurita Buscar voz..., con su sentido lleno de claridad y objetividad, no trata de engañar a sus lectores -como en cierto modo hace Vincencio Blasco de Lanuza Buscar voz...- sobre la intervención de los aragoneses en la guerra de Granada. A ello dedica un párrafo que bien merece reproducirse: «Bien veo que se representará a los más que leyeren estos Anales, cuán pocas prendas pusieron este reyno, y el principado de Cataluña, y los grandes de ellos, dejando aparte la de su príncipe, que fue la mayor, para alcanzar parte de la gloria y honra de las victorias que se hubieron en esta santa empresa contra los moros, que se fueron conquistando con las fuerzas y poder y grandeza y con el valor de los naturales dellos; y que se puede excusar de referir lo que está escrito por sus autores, a cuenta de los sucesos y cosas dignas de memoria que tocan a la Corona de Aragón. Más considerando que, así como cosa vana hacerse parte en las alabanzas de las hazañas ajenas, también no era cosa justa ni puesta en razón dejar de referir las cosas que pasaron en una guerra tan señalada contra los infieles siendo capitán general y verdadero caudillo della, lo que no nos puede negar el rey de Aragón...».

Corresponde a estas nobles palabras el historiador actual Ladero Quesada, cuando afirma: «Los reinos de la Corona de Aragón no intervinieron como tales en la guerra contra Granada. Observamos junto a don Fernando la presencia de algunos cortesanos que prestan útiles servicios, como el maestresala Pedro Vaca».

Junto al rey sirvieron huestes señoriales: el primero de ellos don Alonso de Aragón Buscar voz..., duque de Villahermosa, para quien la campaña nazarí fue la postrer de una vida entregada de lleno a las empresas militares, al servicio del rey Juan II Buscar voz..., su padre, o de su hermano Fernando II Buscar voz...; ya que, precisamente al regreso de la campaña, hubo de morir en Linares de Jaén, el 8-X-1485. Del veterano guerrero podemos pasar a la juvenil figura de Juan de Luna, contrafigura aragonesa de Martín Vázquez de Arce, el «doncel de Sigüenza», y que, como éste, encontraría su prematura y heroica muerte en el sitio de Baza en el año 1489; otros contingentes aragoneses que hubo en la guerra contra los nazaríes fueron el de Agustín Coco y el de Miguel de Molón.

La aportación económica aragonesa también es destacable, así como su aportación en avituallamientos y armamento, especialmente pólvora. El principal recurso financiero empleado se obtuvo a través de la bula de la cruzada: el 10 de agosto, por la bula de Orthodoxae fidei, se comenzó la predicación de la cruzada por tierras de Castilla; por breve de 30-I-1485, los efectos de la citada bula se extendieron a Aragón y lo recaudado fue, según el P. Azcona, más de 20 millones de maravedíes. Al recurso de la bula de cruzada Buscar voz..., se sumó en todos los reinos peninsulares dependientes de la autoridad de Isabel y Fernando la décima sobre las rentas eclesiásticas, a lo que hay que añadir el que algunos recursos votados en Cortes fueron empleados en la guerra de Granada, a pesar de que su finalidad era distinta; así sucede con el «derecho de sisa», destinado a la defensa interior de Aragón. Es difícil cuantificar la cantidad exacta de recursos financieros que el reino de Aragón empleó en la guerra que nos ocupamos, pero desde luego debió de ser una suma importante.

Hemos de suponer que Aragón siguiese con interés las distintas vicisitudes de la guerra granadina, aunque más como espectador que como actor, ya que la separación de reinos seguía siendo un hecho y el territorio nazarí entraba de lleno dentro de la influencia castellana. Sólo en cuanto significaba un triunfo cristiano daba interés y relieve a la guerra granadina, ya que para Aragón significaba un triunfo castellano, todavía no español. Lo cierto es que la noticia del final victorioso de la guerra produjo una gran alegría al reino. Blasco de Lanuza nos describe las ceremonias religiosas y civiles con que se celebró en Aragón la entrada de Fernando e Isabel en la ciudad de Granada. En documentos municipales puede seguirse la alegría de Zaragoza por la marcha de los acontecimientos granadinos, que movió a la reconstrucción de la puerta Cineja, hecho que debía de tener un cierto aspecto conmemorativo del hecho transcendente del fin de la Reconquista.

Pero acaso sea la inscripción del salón del trono de la Aljafería Buscar voz... la que de una forma más expresiva rubrica, con valor de último parte de guerra, el legítimo orgullo de la España cristiana ante el singular triunfo. Tanto que merece que lo reproduzcamos aquí: «Ferdinandus, Hispaniarum, Siciliae, Corsicae, Balearumque rex, principum optimus, prudens, strenuus, pius, constans, felix, et Helisabeth regina, religione et animi magnitudine supra mulierem insignis, coniuges auxiliante Christo victoriosissimi, post liberatam a maris Betycam, pulso veteri feroque hoste, hoc opus construendum curarunt, anno salutis MCCCCLXXXXII».

• Bibliog.: Blasco de Lanuza, Vincencio: Historias eclesiásticas y seculares de Aragón...; Çaragoça, 1622. Goñi Gaztambide, José: Historia de la bula de la cruzada en España; Vitoria, 1958. Ladero Quesada, Miguel Ángel: Castilla y la conquista del reino de Granada; Valladolid, 1967. Solano Costa, Fernando: «El héroe Juan de Luna»; Zaragoza, XXIII, 1966. Solano, Fernando y Armillas, José Antonio: Historia de Zaragoza; II, 1976. Zurita, Jerónimo: Anales de Aragón; libro XX, Zaragoza, 1610.

 

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