Estás en: Página de voz
  • Aumentar tamaño letra
  • Reducir tamaño letra
  • Imprimir página
  • Guardar voz
  • Añade a tu blog
  • Buscar noticias
  • Buscar en RedAragon

Gramática aragonesa

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 09/01/2009

Estudio descriptivo del sistema de la lengua aragonesa Buscar voz... desde un punto de vista sincrónico. Es muy reciente. Aunque algunos estudiosos han abordado desde comienzos del s. XX la descripción de variedades locales del aragonés (Filología aragonesa Buscar voz...), generalmente lo han hecho de un modo parcial, sin tratar de exponer todo el sistema, limitándose con frecuencia a aspectos fonéticos y léxicos, principalmente, siempre en relación con el castellano. Han sido, pues, contribuciones fundamentalmente dialectológicas. Por eso, pocas variedades locales del aragonés tienen, de forma completa, expuesta y publicada su gramática. Constituyen en conjunto una contribución importante a la gramática del cheso Buscar voz... los estudios de D. Miral Buscar voz..., R. Gastón Buscar voz..., A. Kuhn Buscar voz... y Lera-Lagraba; del belsetán Buscar voz..., los de Badía Buscar voz...; del chistabín Buscar voz..., los de B. Mott. Y, en menor medida, otros estudios sobre el aragonés de diversas zonas. Normalmente se entiende que la Gramática es la parte de la Lingüística que estudia, al menos primordialmente, la morfología y la sintaxis de una lengua, aspectos que han sido los más desatendidos en el aragonés. Directamente enfocados a ellos existen pocos estudios: El perfecto de los verbos en -ar en aragonés antiguo (1909), de T. Navarro Tomás; Sobre morfología dialectal aragonesa (1947), de A. Badía; Sintaxis dialectal del Alto Aragón (1960), de A. Khun; Morfología y sintaxis del aragonés de Panticosa (1975, tesis de licenciatura), de F. Nagore Buscar voz.... La que se puede considerar sin lugar a dudas la primera gramática de una variedad local de aragonés es Elementos de gramática benasquesa (1976), de Ángel Ballarín Buscar voz....

Evidentemente, todo idioma, lengua o habla tiene su gramática, aunque unas veces esté escrita y otras no. Es por tanto factible la publicación de gramáticas de variedades comarcales o hablas locales del aragonés, que serían en sí mismas sistemas, pero al mismo tiempo subsistemas, en todo o en gran parte englobables dentro del sistema general del aragonés. Por eso, la creciente difusión de un tipo de aragonés unificado Buscar voz..., o aragonés común Buscar voz..., tanto escrito (Literatura en aragonés unificado) como hablado, ha forzado a intentar concretar las bases teóricas, mediante la descripción de su sistema. Igualmente, el reciente impulso de la enseñanza de lenguas vernáculas Buscar voz... ha necesitado, en lo referente al aragonés, de unos textos de gramática.

Aunque haya todavía quien lo duda, no es difícil precisar qué fue antes, si la enseñanza del aragonés unificado o el uso, escrito y hablado, del mismo. Categóricamente se puede afirmar que su uso fue anterior a su estructuración gramatical y su enseñanza. Cuando se publicó un folleto a ciclostil, de F. Nagore, titulado Apuntes de gramática aragonesa (1973), que podía ser considerado como el primer intento a este respecto, se habían publicado ya varios libros en aragonés unificado (Literatura en aragonés unificado), artículos en Andalán Buscar voz... y otras revistas, e incluso se habían dado conferencias en aragonés común.

Claro que todo ello estaba limitado a círculos muy minoritarios. Y además, la gramática del aragonés entendido como un sistema -es decir, del llamado aragonés común o unificado- no estaba, y actualmente tampoco lo está, totalmente estructurada de una forma normativa. El proceso de codificación y unificación del aragonés es un proceso abierto, en absoluto concluido, que no concluirá, aun en los aspectos básicos, en varios años. Y su estructuración absolutamente perfecta tardará mucho más aún en llegar, quizás no se logre nunca una homogeneización total, porque aun dentro de un sistema bien constituido existen idiolectos, o sea, hablas individuales que concretan la práctica de la lengua, hablada o escrita, en términos personales.

Sin embargo, y aun dentro de sus limitaciones, se han producido algunas gramáticas, no normativas -aunque sí propugnado en los casos más claros unas ciertas indicaciones sobre formas prioritarias- sino más bien empíricas, con fines didácticos (enseñanza de lenguas vernáculas Buscar voz...). En función de ellas, principalmente de la Gramática de F. Nagore, es posible exponer el sistema del aragonés de una forma bastante coherente (haciendo constar, no obstante, en algunos casos, varias soluciones distintas empleadas).

La ortografía básica usual es la unificada, según los acuerdos de noviembre de 1974 (aragonés unificado).

Los artículos determinados que se emplean generalmente en el aragonés normalizado escrito son: o, a, os, as (el sistema más difundido en el aragonés coloquial). Sin embargo, se emplean algunas otras formas según el contexto: cuando la palabra anterior termina en vocal, y especialmente si es igual al artículo, se usan los sistemas lo, la, los, las o ro, ra, ros, ras; cuando la palabra a la que se antepone el artículo empieza por vocal igual a éste, se emplea (l´onso, no o onso). Los artículos indeterminados son: un, una, unos, unas. A veces se emplea uns para masc. pl. (variante que se da en chistabín y belsetán Buscar voz...). Preposición más artículo da lugar a contracciones: d´o (del), t´os (hacia los, a los), d´unas (de unas), n´a (en la), etc.

El género femenino se construye generalmente de igual forma que en castellano, pero se aplica también a adjetivos que en castellano sólo poseen una forma común a los dos géneros: griso / grisa (gris). Por lo demás, existen numerosos sustantivos con género no coincidente con el castellano: algunos terminados en -or (a onor, a olor...), muchos nombres de árboles (a olibera, a perera...), y otros varios, ya sea porque se trata de palabras de origen distinto: o clarión (la tiza), a gambada (el paseo)-, ya por otras causas: a bal (el valle), o siñal (la señal). Algunos ríos se consideran tambien femeninos: a Zinca, a Garona, a Uerba, a Isuela, etc.

El plural se forma sólo con -s tras consonante -mons (montes), arnals (colmenares)-, igual que tras vocal (güello / güellos), aunque si la consonante es r, ésta deja de pronunciarse (pastors se pronuncia pastós). Existen casos especiales: las palabras terminadas en -ero, en pl. transforman esta terminación en -ers (cordero, pl. cordérs, pronunciado cordés); las terminadas en -t, -d ó vocal acentuada, cambian la consonante en -z o añaden ésta a la vocal (mozé, mocet o moced, pl. mozéz).

Los demostrativos de 2.° término son los comunes y generales ixe, ixa, ixo, ixos, ixas (ese, -a, -o, -os, -as). Para los términos de cercanía y lejanía se aceptan formas hoy poco extendidas: iste, ista, isto y aquer, aquera, aquérs, aqueras, ixo (aquello; el sistema es usual en belsetán), aunque también se emplea aquel, aquella, aquellos / aquéls, aquellas, el más difundido en el ar. hablado.

Los posesivos presentan formas semejantes a las castellanas pero construcción diferente, añadiendo el artículo a la forma plena: a suya filla (su hija), os míos güellos (mis ojos), etc. En el ar. medieval existieron las formas (paralelas a las francesas) lur (su, de ellos), lurs (sus, de ellos), hoy apenas empleadas en la escritura.

Los numerales cardinales son casi todos semejantes a los castellanos, a excepción de güeito (ocho), nuéu (nueve), algunas decenas (cuaranta) y formas especiales como zincozientos (quinientos) o de millar más centena: onzezientos (mil cien). Los ordinales (e igualmente los números fraccionarios) se forman con la terminación -eno, -ena: seteno (séptimo), trenteno (trigésimo, treintavo), etc.

Los indefinidos más característicos son bel, bella, bels / bellos, bellas (algún, -a, -os, -as), que actúan como adjetivos, y que cuando pasan a ejercer función de pronombre toman las formas belún o beluno o belaún, beluna, etc. La mayoría de los indefinidos pueden emplearse como adjetivos y como pronombres: atro (otro), el compuesto ixotro, -s (ese otro esos otros), el compuesto belotro o belatro (algún otro), cualsiquier (cualquiera), dengún (ninguno, nadie), muito (mucho), tó, toda, tóz, todas (todo, toda, todos, todas), garra (ninguno, -a), no guaire, -s (no mucho, -a, -os, -as; también funciona como adv.), etc. Sólo se utilizan como pronombres: cualcosa (algo), cosa (nada), otri (otra persona) y su compuesto belotri (alguna otra persona)...

Los pronombres personales tienen, empleados como sujetos, formas muy parecidas a las castellanas: yo, tú, el (o er), ella (o era), nusatros (o nusotros), busatros (o busotros, gusotros), érs (o els, ellos), eras (ellas). Lo que sobresale es el hecho de que con preposición se utilicen las mismas formas (de yo, con tu...). Las formas átonas, como compl. directo: me, te, lo, mos (o nos), tos (o bos), los. Pero también puede emplearse el complemento pronominalo-adverbial ne-en- (lo, la, los, las): trobá-ne (encontrarlo). Como compl. indirecto las formas son iguales, excepto la 3.ª pers.: li, lis (aunque más extendidas están actualmente le, les). Cuando se juntan dos pronombres complementos, el orden que se sigue es, muy generalmente, el mismo del castellano. Pero la gramática aragonesa posee una solución más genuina, con el orden invertido (popular en los valles de Echo y Vió): lo me diés (me lo diste), lo nos meteba (nos lo ponía), etc. Sin embargo, la unión de dos pronombres complementos de 3.ª pers. (es decir, los correspondientes a la construcción castellana se lo, se la, se los, se las) se resuelve de forma muy diferente: le’n, o li´n; li-ne o le-ne como enclítico (se lo, se la, se los, se las -a él o ella-); les ne, o lis ne (se lo, se la, se los, se las -a ellos o ellas-). O sea, es invariable el complemento directo (ne), pero se distingue entre compl. indirecto sing. (le) o pl. (les): le´n doi (se lo doy -a él-), les ne digo (se lo digo -a ellos-), torna-li-ne (devuélveselo -a él-).

Los relativos más destacables son, además de que, qui (quien, quienes), cuáls, cualos, cualas, o que (el que).

El partitivo, que no existe en castellano, tiene en ar. un uso muy vivo. Se utiliza siempre tras partículas cuantitativas: tantos de lugars (tantos pueblos), muitas de mullers (muchas mujeres); a veces tras la prep. sin: sin d´aire (sin viento); y casi siempre acompañando al complemento ne (en): ya no ne b´ha de lupos (ya no hay lobos), yo n´e pasadas muitas de penas (yo he pasado muchas penas), cuántos de cans en tiens? (¿cuántos perros tienes?).

Los complementos pronominalo-adverbiales Buscar voz... se emplean en general en todas sus formas y significados, pero quizá las formas más frecuentes sean bi, i, b’ con sentido locativo -no i-torna (no vuelve allí)- o de existencia impersonal -bi-ha (hay), ne b´ha (hay de ello), y en, ne, como partitivo -tray-me-ne, n´on tiengo-, como compl. preposicional -no s´en troba (no se encuentra de ello)-, con verbos reflexivos de movimiento (m´en iba) y en combinación con el pronombre personal li / le.

Los adverbios se formaron en la Edad Media con la terminación -mientre -aplegadamientre (juntamente)- o -ment -dreiturerament (rectamente)-, y una evolución de esta última es la que se conserva hoy popularmente: (malamente, de mal modo), tasamén o tansamén (escasamente), etc. Siguiendo esta norma se forman otros muchos adverbios: zagueramén (últimamente), furamén (fieramente), etc. Los demás adv., de formas fijas, son también relativamente numerosos. Algunos son iguales o muy semejantes (bien, mal, ayer, allá, antis...) a los castellanos; otros difieren. A continuación se citan algunos de los más destacables. De lugar: alto (arriba), debán (delante), arrán (al mismo nivel), astí (ahí), dezaga (detrás), do, an (donde), dillá (más allá), luen (lejos), etc. Y los varios compuestos de la prep. enta o ta (entabán, entalto, entazaga, entallá, tabaxo, taquí, etc.). De tiempo: à bonico / amonico (despacio), allora / alabez (entonces), à ormino / asobén (con frecuencia), cuan (cuando), decamín (inmediatamente), dimpués (después), encara / encá (todavía), maitín (mañana), etc. De cantidad: antimás (además), bellacosa de, güena cosa de (mucho), beta, pon, mica, brenca (nada), cualcosa (algo), cuasi (casi), muito (mucho), no guaira (apenas), pro / prou (bastante), etc. De modo: à amagatóns (a escondidas), amoniquét, (despacito), apriseta (rápidamente), à retepelo (por la fuerza), asinas (así), de güen impláz (de buena gana, de buen grado), de raso (totalmente), millor (mejor), seguntes (según), etc. De duda: áraba (no lo creo, lo dudo). De negación: diversas partículas de refuerzo de la negación como mica, ni ripio, ni texillos, perreque, no pas, etc.

Las preposiciones más originales son: enta, cara, cata (hacia), dica (hasta), seguntes (según), ta (a, hacia; para), entre que (hasta que), chunto à (cabe), enta par de (en dirección de), etc. Antiguamente se usaron entro á (hasta), escuantra (contra), chus (bajo), etc.

La conjugación verbal tiene tres modelos regulares, según la terminación (-ar en la 1.ª, -er en la 2.ª, -ir en la 3.ª). No todos los verbos pertenecen a la misma conjugación que en castellano; así, hay algunos que en castellano son de la 2.ª y en ar. de la 3.ª: cusir (coser), texir (tejer), tusir (toser), cullir (coger), atribir (atrever), etc. También se encuentra algún caso al contrario: bater (batir, agitar). Los morfemas personales (es decir, las marcas características y específicas de cada persona) son los siguientes:

1.ª persona Ø

2.ª persona -s

3.ª persona Ø

1.ª persona pl. -mos

2.ª persona pl. -z

3.ª persona pl. -n

Estas marcas son iguales para todos los verbos, sean regulares (trobo, trobas, troba, trobamos, trobaz, troban) o irregulares (implo, imples, imple, emplimos, empliz, implen), pero hay alguna excepción: en el pretérito imperfecto, de indicativo y de subjuntivo, y en el condicional, la marca de la 1.ª persona es -nos (trobanos, tusibanos, cullisenos, ferbanos). Los morfemas temporales (es decir, las marcas que caracterizan a cada tiempo verbal) son los siguientes:

Indicativo: En los presentes regulares no hay diferencia esencial con las otras lenguas románicas de la Península. Imperfecto: frente al castellano y todas las demás lenguas románicas peninsulares, el morfema temporal es siempre -ba para las tres conjugaciones; es decir, con la vocal temática típica de cada conjugación: -aba, -eba, -iba (trobaba, meteba, culliba), conservándose así la marca específica de este tiempo en lat. Pretérito indefinido: 1.ª conjug.: -é, -és, -ó, -émos, -éz, -oron / -ón: trobés (encontraste); 2.ª y 3.ª conjug.: -ié, -iés, -ió / -ié, -iémos, -iéz, -ioron / -ieron / -ión: metiéz (pusisteis). Futuro: no hay diferencias con el castellano en el morfema temporal. Condicional: se emplean varios tipos; el más frecuente en el aragonés común es el más genuino (de uso actualmente, por lo que se conoce, sólo en el valle de Tena): -arba, -erba, -irba: adubirbanos (daríamos abasto), batérbaz (agitaríais), cantarban (cantarían).

subjuntivo: En los presentes regulares no hay diferencias con el castellano. Imperfecto: sólo se emplea, y de manera regular y sistemática: -ase, -ese, -ise: trobase (encontrara), feses (hicieras), cullísez (cogiérais). No se emplea en futuro de subj.

gerundio: -ando, -endo, -indo: plorando (llorando), fendo (haciendo), indo (yendo).

participio: 1.ª conjug.: -áu / -ato: trobáu / trobato (encontrado); 2.ª conjug.: -íu / -ito: trayíu / trayito. Existen algunos participios fuertes irregulares: feito (hecho), puesto (podido), dito (dicho), quiesto (querido), etc.

Hay en ar. numerosos verbos irregulares aunque con frecuencia las irregularidades sólo afectan a los presentes. De éstos, los más usados son: benir (presente ind.: biengo, biens, biene, benimos, beníz, bienen), tener (tiengo, tiens, tien, tenemos, tenéz, tienen), fer (foi, fas, fa, femos, féz, fan). Por alternancia de vocal radical (diptongada / sin diptongar), tienen también presente irregular: poder, morir, querer, cozer, torzer, soltar, etc. Por otras causas: beyer -beigo (veo)-, creyez, leyer, cayer, trayer, muyir -muigo (ordeño)-, fuyir, etc., y los incoativos terminados en -xer (parixer, crexer, naxer, conoxer). Por el contrario, algunos verbos con presentes irregulares en castellano, son absolutamente regulares en ar.: chugar, bulcar, zarrar, contar, probar, etc.

Los auxiliares son los que presentan más irregularidades: aber en los presentes (e, aiga), pretéritos imperfectos (eba, ese) y futuro (abré); ser en los presentes de ind. (soi, yes, ye, semos, sóz, son) y de subj. (siga, sigas...), pretérito imperfecto de ind. (yera, yeras...) y, por interferencia con el estar, en el pretérito indefinido (estié, estiés...) y pret. imperf. de subj. (estase, estases...). Entre los verbos impersonales destaca caler (ser necesario) -cal (es necesario)- y pleber -plebe (llueve).

Los tiempos compuestos se construyen generalmente con el verbo aber como auxiliar, en todos los verbos: ez trobato (habéis encontrado), s´en ha íu (se ha ido), ebas plorau (habías llorado). Sin embargo, en varias zonas se conjugan con el verbo ser los verbos intr. de movimiento, el propio verbo ser, los reflexivos y los reflexivos de movimiento. Este tipo de conjugación de los tiempos compuestos, con el verbo ser, se utiliza bastante, aunque no unánimemente, en el aragonés común. Ejemplos: intransitivo de movimiento: yes puyau (has subido); verbo ser: yéraz estadas (habíais sido -vosotras-); reflexivo: se son feitos (se han hecho -ellos-); reflexivo de movimiento: s´en yeran idas (se habían ido -ellas-). Estos últimos, incluso en los tiempos simples, exigen el empleo de ne / en (complementos pronominalo-adverbiales): í-se-ne (irse), s´en puyaban (se subían), m´en boi (me voy), etc.

La concordancia del sujeto con el participio se observa, como es lógico, en los verbos que se conjugan con el auxiliar ser, y de aquí surgen posibilidades de concreción que no existen en castellano: ye estáu / ye estada (ha sido él / ella), s´en ye ida / s´en ye íu (se ha ido ella / él). Pero también puede darse concordancia entre compl. directo y participio en los verbos transitivos (aunque es una construcción escasamente usada y limitada a pocas zonas, tiene cierto empleo en el ar. común): la m´ha furtada, yo n´e pasadas muitas de penas, no las eba crompadas.

La formación de palabras puede hacerse por habilitación de adjetivos (os chóbens), de participios (a plebida) o de verbos (o minchar, o conoxer) en sustantivos. Grandes posibilidades tiene también la composición: bateaguas (paraguas), pasacláu (barrena), quefer (quehacer; de aquí el adj. der. aqueferáu, «muy ocupado»), gullibaxo (cabizbajo), tierratremo (terremoto), contrafeito (contrahecho), contrimuestra (demostración, prueba), etc. Pero, sobre todo, por medio de la sufijación (sufijos Buscar voz...) y la prefijación (prefijos Buscar voz...). Todos estos procedimientos no hacen sino aumentar el número de voces que conforman el léxico patrimonial del aragonés.

• Bibliog.: Conte, A.; Cortés, Ch.; Martínez, A.; Nagore, F. y Vázquez, Ch.: El aragonés: identidad y problemática de una lengua; Zaragoza, Ed. Librería General, 1977 (2.ª ed., 1979). Nagore, F.: Gramática de la lengua aragonesa; Zaragoza, Ed. Librería General, 1977 (ediciones en 1978, 1979). Quintana, A.: L´aragonés común; comunicación al 14.° Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románicas, Palma de Mallorca, 1980. Bal, S.: Curso alazetal d´aragonés; Zaragoza, Ed. Librería General, 1980. Lera, Ch. y Lagraba, Ch.-Ch.: De la gramatica de lo cheso (fabla altoaragonesa); 1990.

 

Imágenes de la voz

<i>Curso alazetal d'arago...Curso alazetal d'aragonés

Categorías relacionadas

Categorías y Subcategorías a las que pertenece la voz:

 

© DiCom Medios SL. C/ Hernán Cortés 37, 50005 Zaragoza
Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza, en inscripción 1ª, Tomo 2563,
Seccion 8, Hoja Z-27296, Folio 130. CIF: B-50849983

Información Legal

NTT