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Gracián y Morales, Baltasar

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 02/12/2011

(Belmonte de Gracián Buscar voz..., Z., 1601 - Tarazona Buscar voz..., Z., 1658). Escritor aragonés, el más importante acaso del siglo XVII.

Cronología graciana:

1601: se conserva la partida de bautismo de Gracián en la parroquia de Belmonte del Río Perejil, en el territorio de los antiguos lusones Buscar voz.... A. Coster lee que fue bautizado en 8 de enero, pero Eliseo Serrano piensa que ha de leerse el 5. El apellido Gracián alternaba en Aragón con el de Galacián, que es el que aparece en el acta. En la Agudeza se mencionan los nombres de sus cinco hermanos. Su padre, Francisco, «dotor médico», era natural de Sariñena, H.; su madre Ángela nació en Calatayud, la Bilbilis Buscar voz... de M. Valerio Marcial Buscar voz.... Baltasar, de niño, residió también en Toledo, con Antonio Gracián, hermano de su padre, capellán de San Pedro de los Reyes.

1619: el 30 de mayo, previa la prueba de limpieza de linaje, ingresa en el noviciado de los jesuitas, en Tarragona.

1627: recibe el sacerdocio, después de sus estudios de Filosofía en Calatayud, y de Teología en Zaragoza.

1630: es profesor de letras humanas en Calatayud.

1631: enseña teología moral en Lérida.

1633: ocupa la cátedra de Filosofía en la Universidad de Gandía.

1635: hace allí su profesión religiosa solemne.

1636: es destinado a Huesca como predicador, confesor y escritor, y entabla su amistad con Vincencio Juan de Lastanosa Buscar voz..., su mecenas.

1639: es destinado a Zaragoza.

1640: acompaña como confesor a Pamplona al duque de Nocera, que había cesado como virrey de Aragón.

1641: se halla en Madrid, intercediendo por Nocera, enemistado con el conde-duque, por la guerra de Cataluña Buscar voz.... Predica con gran éxito en la villa y corte.

1642: en el segundo semestre llega a Tarragona como vicerrector.

1644: reside en Valencia como predicador y confesor, desde finales de año: en este tiempo debió de predicar el polémico sermón del Infierno, y se origina su prevención valenciana.

1645: se traslada de nuevo a Huesca, hacia la mitad del año.

1646: el 21 de noviembre toma parte en la batalla de Lérida, como capellán del ejército del marqués de Leganés, y recibe el nombre de «padre de la victoria».

1649: es destinado a Zaragoza, donde además de los cargos de predicador y confesor, ocupará el de profesor de Escritura en el colegio de la Inmaculada.

1652: en el mes de noviembre se halla en el colegio que su amigo, el obispo E. Esmir Buscar voz..., había fundado en Graus Buscar voz..., pero continúa con sus cargos y residencia zaragozanos.

1658: se le destina (¿sancionado?) a Graus; pero el 30 de abril se le encuentra ya en Tarazona, como consultor y prefecto espiritual; el 6 de diciembre muere, y es inhumado probablemente en la sepultura de los padres, en la iglesia del colegio.

Caracterología de Gracián: La documentación jesuítica de Roma, con referencias a Gracián, y publicada por M. Batllori, contiene precisiones muy matizadas sobre la caracterología de Gracián, quien gozó de una salud plena y robusta hasta 1633. Desde entonces, hasta 1655, se le considera siempre como de mediana salud. Y en los últimos catálogos hasta 1658, aparece como persona débil y enfermiza. De 1619 a 1639 es calificado siempre como de excelente ingenio y de juicio recto, apto para los ministerios apostólicos de la orden. Pero a partir de 1645, su prudencia comienza a tenerse por mediocre, y en concreto se le juzga poco apto para cargos de gobierno religioso. Sorprendentemente, en el año de su muerte se subraya que Gracián es apto para todos los ministerios jesuíticos. En el Libro de las pruebas de limpieza de linaje, la familia es juzgada toda «gente limpia y honrada, christianos viejos».

El temperamento de Gracián queda descrito como colérico-sanguíneo en 1623; se vuelve bilioso-melancólico en 1627; y de 1631 a 1639 se consigna la combinación caracterológica de bilioso-sanguíneo; en 1651, la de colérico-bilioso; la información de 1655 le atribuye una complexión colérico-melancólica, y la de 1658, simplemente, colérica.

En su vida jesuítica, todo se desliza con normalidad, hasta que en 1631 se advierte que su rendimiento ha satisfecho escasamente en la llamada «tercera probación», antes de la profesión solemne. A partir de 1637, las quejas de los superiores generales de Roma son una constante en su vida, en función de la elusión -casuísticamente justificada- de la estrecha censura de la orden para la publicación de sus obras: nunca cupo la intervención de la Inquisición. En 1638 se le considera «cruz de los superiores, y ocasión de disgustos y menos paz», «por haver estampado un libro (El Héroe) en nombre de un su hermano» (inexistente). Sus obras se califican de «poco graves y que desdicen mucho de nuestra profesión».

Sin embargo, Gracián parece tener la conciencia de víctima cuando escribe a Lastanosa: «Me impiden que escriba, y no me faltan envidiosos; pero yo todo lo llevo con paciencia». La realidad era que sólo El Comulgatorio, publicado con su propio nombre y todas las licencias, tenía que considerarse como el único libro no clandestino, jesuíticamente, de Gracián: los demás se editaron con el pseudónimo de Lorenzo Gracián. En el apogeo de su crisis y de las «crisis» de El Criticón, habla confidencialmente con Lastanosa de sus «padrastros» (los jesuitas), que, «como no entienden el asunto ni el intento, con solo el nombre de Criticón se quedan».

En 1658, por la publicación de las tres partes de El Criticón, recibe una reprensión pública, con ayuno a pan y agua, es destituido de su cátedra de Escritura y enviado a Graus. En abril de aquel año, escribe a Roma, muy sentido por las penitencias recibidas, y pide pasarse a otra religión monacal o mendicante. Pero en el mes de junio, se ha de considerar plenamente rehabilitado.

En sus obras hay una huella muy profunda de su sentido de la amistad (Lastanosa), animadversión (polémica con Salinas), de lo político (El Político) y de todo el espectro vivo de lo humano y lo divino. Se conserva en el Ayuntamiento de Calatayud un retrato suyo -procedente del antiguo colegio de los jesuitas- que lo presenta como persona de discreta estatura, enjuto de carnes, frente despejada, ojos grandes, y rostro de rasgos proporcionados y elegantes. La obra lleva un pie elogioso escrito por sus colegas jesuitas, en una antítesis total con la descripción que de Gracián hace el valenciano Lorenzo Matheu en su malévola Crítica de reflección.

La obra de Gracián: Los críticos no están de acuerdo en la identificación de «los doce gracianes» que menciona el prólogo del Oráculo; y es posible que no haya llegado hasta nosotros alguno de los manuscritos que Gracián terminara. Un dístico latino que cita el escritor en el discurso 60 de la Agudeza, como ejemplo de estilo lacónico, parece ser uno de los ejercicios escolares suyos.

Cronológicamente, publicó El Héroe (1637); El Político (1640), en cuyos prolegómenos alude a El Ministro Real, desconocido; El Arte de Ingenio (1641); El Discreto (1646), que hace referencia a otras dos obras ignoradas: El varón atento, y El Galante; de este mismo año es la Relación sobre el socorro de Lérida; el Oráculo (1647); la Agudeza (1648), reelaboración de El Arte de Ingenio; El Criticón, I, II, III (aparecido respectivamente en 1651, 1653 y 1657); El Comulgatorio (1655), que promete en el prólogo otro tratado sobre «la preciosa muerte del justo».

Se conservan 32 cartas completas de Gracián, que caracterizan sus relaciones sociales y culturales con Lastanosa, Uztarroz Buscar voz..., Salinas, Francisco de la Torre, y su contexto; lo mismo que con sus superiores y compañeros jesuitas. De él son el prólogo y la edición de la Predicación fructuosa del padre Pedro Jerónimo Continente, jesuita (1652); la aprobación del Entretenimiento de las musas, de Francisco de la Torre (1654); la de la Vida de la Infanta Santa Isabel, del marqués de Osera, Francisco Funes de Villalpando Buscar voz... (1655); y la de la Perla de proverbios morales, de Alonso de los Barros (1656).

La crítica no puede admitir como gracianas las Selvas del año, repetidamente impresas con las obras completas del escritor; pero hay que reconocer su intervención en la antología de José de Alfay Buscar voz..., Poesías varias de grandes ingenios españoles (1654). Una referencia de Nicolás Antonio, no recogida por ningún gracianista, da como de Gracián, El Forastero (Bruselas, 1633). Todas las obras de Gracián se hallan henchidas de una fuerte carga de autobiografismo.

El Héroe (Huesca, 1637, primera edición, doble; se traduce al francés en 1645, y al inglés en 1653): Está dividido en veinte «primores», que son los que exige la heroicidad. Gracián se propone «formar un varón gigante..., sacar un varón máximo..., bosquejarle universalmente prodigio». Quiere que en su libro se halle «una brújula de marear a la excelencia» y «una razón de Estado de cada uno». En relación con sus demás obras, El Héroe es una cabeza de serie, encierra en germen los esquemas ético y estético de las demás obras. El héroe genérico se ha de especificar en cada uno de los libros de Gracián, que constituyen un conjunto estructurado y armónico. Se han hecho unas treinta ediciones de El Héroe, que tiene traducción italiana, además de la francesa e inglesa.

El Político (Zaragoza, 1640): Comienza a concretar la abstracción de El Héroe. «Feliz y universal héroe» es el último apelativo que se da a Fernando el Católico Buscar voz... en El Político; y ya en el primor primero de El Héroe se le llama «el non plus ultra de los heroicos reyes de Aragón». El escritor plasma en El Político la nostalgia de una edad pretérita, contrapuesta a la triste realidad presente de Felipe IV Buscar voz... de España y sus validos. Las múltiples aportaciones históricas, nacionales y extranjeras, integran dentro del género literario de la obra -panegírico aretológico al estilo de Tácito- una síntesis filosófico política, y constituyen no tanto el cuerpo de la historia de Fernando «cuanto el alma de su política». El Político ha sido categorizado, fuera de España, como representativo de la idea española de la razón de Estado en la Edad Moderna. Hay traducciones de El Político al francés, italiano y alemán.

El Discreto (Huesca, 1646): Es una prueba clarificadora del valor autobiográfico de las obras de Gracián, progresivamente acentuado. Pueden anotarse las muchas coincidencias entre el escritor aragonés y San Ignacio de Loyola; el gran tratadista de las reglas de discreción de espíritus y de la buena elección obtiene un notable reflejo en El Discreto. El nombre de «realces» de El Discreto evoca el de «primores» en El Héroe, y los veinticinco pueden agruparse en cinco subgéneros literarios diversos: problemas, elogios, sátiras, razonamientos y ficciones. «La corona de la discreción» (realce 24) contiene una síntesis del libro, constituida por «la alteza de ánimo, la majestad de espíritu, la autoridad, la estimación, la reputación, la universalidad; la ostentación, la galantería, el despejo...».

El Discreto está traducido al francés, italiano, alemán (citado por Schopenhauer), ingles, holandés y polaco.

El Oráculo (Huesca, 1647): Aunque apareció como una colección de aforismos extractados de las obras de Gracián, por Vincencio Juan de Lastanosa, es indiscutiblemente un nuevo libro del jesuita. El problema quedó zanjado por M. Romera-Navarro. Sólo 72 de los 300 aforismos proceden claramente de las obras anteriormente impresas del autor. La sistematización podría estructurarse, con el criterio gracianista de Hellmut Jansen, en torno a la personalidad, la prudencia y la filosofía. También se ha de considerar iluminadora la interpretación conjunta de la ética graciana intuida por Francisco Maldonado en el aforismo 251 (el centro mismo) del Oráculo: «Hanse de procurar los medios humanos como si no hubiese divinos, y los divinos como si no hubiese humanos», tan lejos de Maquiavelo como del quietismo de Molinos. Gracián se sitúa en la línea de nuestros clásicos catecismos éticos. Es llamativa la abundancia de pensamientos versificados en un autor del que no se conoce un solo verso castellano.

Pasan de cien las ediciones del Oráculo en castellano, francés, alemán (de Schopenhauer), holandés, inglés, italiano, latín, polaco, húngaro (con una edición en verso) y rumano, que son el exponente de su influjo en el pensamiento ético de Europa y América.

La Agudeza y Arte de Ingenio (Madrid, 1642, y reelaboración: Huesca, 1648): Fuera de las obras completas, existe una docena de ediciones sueltas de la Agudeza. La primera traducción extranjera es norteamericana de Leland Hugh Chambers (Michigan, 1962). Al considerar el eclecticismo ético-estético de Gracián analizaremos más detenidamente la doctrina de la Agudeza.

El Criticón (I, Zaragoza, 1651; II, Huesca, 1653; III, Madrid, 1657): Para Batllori «es una obra de trascendencia, sólo comparable en España al Quijote». En el «viaje ageográfico de Andrenio y Critilo en perpetuo diálogo existencial, como lucha de lo espontáneo y de lo reflexivo, del hombre y de la persona, se confunden -casi se identifican- espacio y tiempo. Lo espacial se reduce a temporal, en una simbología que es maravilla y concepto a la vez: por eso El Criticón es una obra maestra tanto de la literatura española como de la literatura universal, sobreviviendo así en su vida póstuma aquella misma identificación ideal del tiempo y del espacio». El itinerario discurre desde «la hermosa naturaleza», por «la primorosa arte», hasta «la útil moralidad»; y comienza «en la primavera de la niñez y el estío de la juventud», para hacerse «juiciosa, cortesana filosofía en el otoño de la varonil edad», y desembocar indefectiblemente en «el invierno de la vejez». M. Romera Navarro ha sido el estudioso máximo de El Criticón, con su edición crítica, investigación de las fuentes y problemas, y su bibliografía completa.

El Comulgatorio (Zaragoza, 1655): El carácter de confesión y autodefensa del prólogo del Comulgatorio, tanto para sus contemporáneos como para la posteridad, debe apreciarse en todo lo que lo valoró el autor. Éste asegura que «entre los varios libros que se me ha prohijado, éste solo reconozco por mío, digo legítimo», jesuítica, personal, literaria y hermenéuticamente hablando. La división de cada una de las cincuenta meditaciones con simetría armónica sugiere la idea de los cuartetos musicales de la polifonía de su época. Y existe coincidencia verbal entre los títulos de las meditaciones y los de los autos de su coetáneo Calderón.

Son numerosas las ediciones castellanas del Comulgatorio, y se ha editado en latín, francés, italiano, inglés y alemán.

El eclecticismo ético-estético de Gracián: La persistencia siempre actualizada de Baltasar Gracián requiere la consideración de lo que constituye un verdadero neogracianismo tanto literario como extraliterario. Una perspectiva freudiana de la literatura subraya el carácter lúdico de la obra de Gracián, para velar/desvelar «el oscuro objeto del deseo», con una retórica «extendida a la diversión», sugeridora ya del Ulises de Joyce. Desde el punto de vista de la Fenomenología, el «ingenio» del jesuita sería una facultad cognoscitiva, «puente entre lo abstracto y lo concreto». Los módulos de la crítica sociológica cosifican la producción graciana como una obsesión por el poder y la fama. La visión más integradora del gracianismo es la de J. L. Alborg, con su perspectiva cervantina: Cervantes Buscar voz... es el pórtico del barroco y Gracián su epígono; aquél enlaza el Renacimiento con el Barroco, éste une eclécticamente el barroco con el neoclasicismo. Por ello es imprescindible calar hondo en la «realidad y el modo» y en «la substancia y la circunstancia» del gracianismo, según el aforismo 14 del Oráculo.

La misma Agudeza, en el plano de la realidad y de la substancia, sólo brota de la «providencia y delecto» de Gracián. Nunca será graciana una evaluación sistemático-escolar de la Agudeza, porque su autor es siempre algo más que un pedagogo ético o estético, y la Agudeza un elemento clave en el humanismo graciano, flechado hacia «el hombre universal». Lo que es la prudencia para la moral del Oráculo, es el «ingenio» para ser héroe, político o discreto. La plenitud conceptual y humana de la Agudeza explica la pluralidad de sus interpretaciones.

El agudo problema Cervantes/Gracián, o Gracián versus Cervantes, se ha de replantear con los mismos parámetros de la «realidad y el modo». En lo sucesivo el nombre del aragonés se ha de unir al de Cervantes, nunca mencionado en la producción graciana, pero tenazmente seguido, huyendo de la «fácil apariencia de la trama cervantina», como constata Batllori, según el cual Cervantes escribió una obra maestra para todos, y Gracián esquivó la popularidad, en un afán de racionalización y de discurso. Desde A. Coster, han sido L. Aranguren y Alborg los que más han iluminado este problema graciano. Es posible reconocer en El Héroe el antihéroe del Quijote, en El Discreto el antivulgo de Sancho, en la Agudeza la fuente anticervantina del «ingenio», en el Oráculo lo antiescuderil de la prudencia, en El Criticón el «modo» contra la «realidad» del caballero de la triste figura, y en El Político la encarnación suprema de todo lo que representa para Gracián su «genio» de Aragón, contrapuesto a lo que para Cervantes pueda representar Castilla.

El «modo» de la Agudeza no podía ser otro. La Agudeza, a pesar de su carácter trascendental, insiste en la agudeza conceptual y verbal, porque El Héroe, El Político y El Discreto son la agudeza de la acción -proxémica o kinésica, con la terminología actual- y el Oráculo trasciende la agudeza moral. Ni deja en el olvido a los ingenios como personas. L. H. Chambers -para quien la Agudeza está lejos de ser una retórica- ha contado unos 900 ejemplos literarios, y unos 200 «dichos agudos», en ella; lo que la convierte en una antología, como las mejores Florestas y Cancioneros, y en una historia y crítica literaria de carácter universal, con un criterio ecléctico, suprarretórico y metalingüístico. La Retórica no pasa de ser un «pre-texto» para la Agudeza, surgida para Gracián en el universo mundo estético.

Según Batllori, por «sus raíces jesuíticas, la estética barroca de Gracián, entronca con las corrientes europeas del último Renacimiento y del Barroco. Su raíz hispánica constituye, por el contrario, una nota diferencial». Pero esa «nota diferencial» ha de precisarse más y teñirse de la diversificación de la llamada «escuela aragonesa» del s. XVII: el «siglo de oro» de la cultura aragonesa, que va de Zurita a Gracián, posee manifestaciones y «fenotextos» específicos. Las obras de Del Arco podrían ser un prólogo al libro de esa gran cultura, que en lo literario ha estereotipado Alvar como el «equilibrio en el barroco». La Ratio Studiorum jesuítica, en el equilibrio barroco de la escuela aragonesa, hubiera dado a Gracián el sentido ecléctico tanto ético como estético, que explicaría, por ejemplo, el aprecio de los moralistas neoclásicos franceses hacia Gracián.

El aragonesismo del escritor ha sido estudiado por Del Arco, Aguiano, Goded, Mur, etc.

Filológicamente, son muchos los aragonesismos léxicos y sintácticos, sembrados en la lingüística graciana, con «la cordura que todo lo sazona».

Gracián, con propia terminología, es «ambidextro», «janual», y confiesa que «hablamos con dos lenguas a la par». Si la «oposición» estructuralista Clasicismo/Barroco no aparece siempre con los «rasgos pertinentes» diferenciados, Gracián puede ser paradigma de un eclecticismo ético y estético en una unidad superior integradora o neutralizadora -aún sin nombre-, lo mismo en el equilibrio barroco de la escuela aragonesa que en la línea cervantina de la síntesis entre barroco y neoclasicismo.

Bibliog.:
Correa Calderón, E.: Baltasar Gracián: Obras completas; Madrid, 1944.
Coster, A.: Baltasar Gracián (traducción de R. Del Arco); Zaragoza, 1947.
Del Hoyo, A.: Baltasar Gracián: Obras completas; Madrid, 1967.
Batllori, M., y Peralta, C.: Baltasar Gracián: Obras completas, I; Madrid, 1969.
Romera-Navarro, M.: El Criticón; 3 vols., Philadelphia-London, 1938-1940.
Alborg, J. L.: Historia de la Literatura Española; II, 2.ª ed., Madrid, 1977.
Egido, A.: La rosa del silencio. Estudios sobre Gracián. Madrid, Alianza, 1996.
Izuzquiza, I.: Baltasar Gracián. La iluminada brevedad. Zaragoza, C.A.I., 1998.

Voz Gracián, Baltasar, Centenario de Buscar voz....

 

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