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Gitanos

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 26/08/2009

El origen de los gitanos es todavía incierto; algunos estudios fijan su procedencia en el noroeste de la India relacionándolos con la casta de los parias. Otras teorías y leyendas sobre su origen han dado lugar a los distintos nombres con que se les ha conocido a lo largo de su historia: bohemianos, egipcianos, etc. A Europa llegaron en diversas oleadas. A fines del siglo XIV entran en España por Cataluña. En Aragón la primera noticia que se tiene de ellos es de 1425, en que Alonso V Buscar voz... de Aragón otorga un salvoconducto al gitano D. Juan de Egipto Menor para viajar por este reino acompañado de sus gentes.

Historia; represión e «integración»: El enfrentamiento de los gitanos con el Estado y la dureza de las medidas tomadas contra ellos, que reflejan las pragmáticas, dan una idea de las dificultades que el pueblo gitano ha tenido que atravesar a lo largo de estos siglos.

La primera Pragmática contra los gitanos la dan los Reyes Católicos en 1499. Se les califica de «minoría inculta, sin calificar, dedicada al robo». La de Granada de ese mismo año ordena la expulsión del reino de todos los «egipcianos» que no tengan «oficios conocidos o señores a quienes sirvan, o les den lo que hubiere menester». Se les concede un plazo de sesenta días para salir del reino y a los que sean hallados se les castigará con cien azotes y destierro a perpetuidad; la segunda vez se les cortarán las orejas, permanecerán sesenta días encadenados y sufrirán destierro. Los apresados por tercera vez pasarán a ser esclavos por el resto de su vida. En Aragón, en 1510, hay un Fuero con estas mismas medidas de expulsión.

Así comienza la historia de la represión de los gitanos, que puede estudiarse en tres etapas: 1.° expulsión y destierro; 2.° extinción y aniquilación; 3.° asimilación, homologación.

Carlos I Buscar voz... insiste en la expulsión, idea que perdurará a lo largo del período de los Austrias. En el Libro IX de los Fueros del Reino de Aragón Buscar voz..., página 181, se lee: «Por Fuero están exiliados los Bohemianos, del presente Reyno de Aragón: y por negligencia de los Ordinarios el dicho Fuero no ha sido effectuado. Su Alteza de voluntad de la Corte statuece y ordena, que el dicho Fuero de exilio Bohemianorum se guarde y obserue: y que el Iusticia y Iuez ordinario, que no lo executare en su territorio requerido por qualquiere singular persona, pueda ser acusado como oficial delinquiente en su oficio». Felipe I Buscar voz... (II) en la Pragmática de 1575 les impide que comercien y asistan a las ferias.

En vista de la resistencia a ocuparse en oficios, en 1610 la Corona se decide a definir el tipo de oficio en el que quiere ocupar a los gitanos: la labranza. Felipe II Buscar voz...Felipe III Buscar voz... (IV) da un nuevo enfoque al problema, intentando eliminar diferencias y asimilarlos al resto de la población. Se les prohíbe vivir en comunidades, que formen «gitanerías». Esta idea de asimilación-homologación se mantiene a partir de este momento. En 1695, en el reinado de Carlos II Buscar voz... se hizo el primer censo de la población gitana. Felipe V Buscar voz... ordenó el segundo censo en 1717. Señaló en todo el país 41 villas como residencia obligatoria para los gitanos. Calatayud, Tarazona, Teruel, Daroca, Borja y Barbastro fueron las designadas en Aragón para este fin.

Fernando VI Buscar voz... es más drástico; según Domínguez Ortiz, fue el marqués de la Ensenada quien «planteó nada menos que la extinción total de la desventurada raza». La actuación de la corona fue cruel: según la ley de 30-VI-1749, todos los gitanos, hombres, mujeres y niños, fueron apresados y enviados a presidio, arsenales y minas. Campomanes dice que fueron detenidos más de nueve mil gitanos en todo el país. A las mujeres y niños pequeños de doce años se les confinó en Valencia, Zaragoza y Sevilla. En una segunda pragmática, Fernando VI evitó el desastre, y ordena a los justicias que les sean devueltos la libertad y bienes confiscados. Una vez en sus pueblos no podrían abandonarlos salvo con permiso de los justicias. Si en un tiempo de treinta días no habían regresado a sus pueblos, serían considerados como bandidos públicos, con pena de muerte.

Carlos III Buscar voz... da un nuevo enfoque al problema gitano, considerándolo como uno más dentro de su reinado. En esta época Campomanes, quien realizó un estudio sobre los gitanos, propone que sean mandados a las colonias Luisiana, Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Margarita, Bahía de San Julián e islas de Juan Fernández, pero que no entraran en el continente. Sus propuestas no tuvieron éxito. Aranda tampoco se mostraba favorable a los gitanos. No obstante, Carlos III, en la Pragmática de 1783, les da libertad para elegir sus oficios y trabajos, desapareciendo así la obligación que antes tenían de dedicarse únicamente a la labranza; desaparece también la limitación de residir en lugares y villas determinados; se les reconoce la igualdad de derecho con los payos; pero se sigue insistiendo en la persecución de la cultura gitana. Se hizo el tercer censo, que dio una población de diez mil adultos en todo el país.

Dos meses después de publicada, la Sala del Crimen de Aragón mandó un informe al rey mostrándose de acuerdo con la Pragmática, pero observa que les debe prohibir que digan la buenaventura, e insiste en la importancia de estimularles con premios para que se sientan más inclinados a incorporarse a la sociedad paya. Se sugiere que sean admitidos por los gremios y, en general, se da especial importancia a las medidas que se puedan servir para incorporar a los gitanos.

Desde mediados del siglo XIX hay un nuevo cambio en el tratamiento del problema gitano; se les considera subdesarrollados y necesitados de ayuda (trabajo, escuelas, viviendas). Es una nueva forma de asimilación. Aunque ya no se publiquen pragmáticas contra ellos ni sean objeto de una persecución específica, el problema gitano sigue existiendo, ya que el mundo gitano parece no haber evolucionado desde el siglo XVIII. La pérdida de los puestos intermedios que tenían en la sociedad durante ese siglo es debida a la industrialización, que elimina una serie de oficios y ocupaciones tradicionales, como son los esquiladores y chatarreros dieciochescos.

En 1942 se ordenaba a la Guardia Civil «vigilar escrupulosamente a los gitanos». Estas medidas han tenido especial repercusión en los pueblos.

Situación desde 1980: En 1980 se había conseguido la sedentarización, mayoritariamente en barriadas de chabolas aisladas. Menos de un 5 % de la población gitana era nómada. En la provincia de Huesca había unas doscientas familias, repartidas entre Huesca capital (donde se produce un descenso de población a finales de los años setenta), Monzón, Barbastro, Jaca. En la provincia de Teruel estaban en Teruel (34 familias aproximadamente), Monreal, Villafranca, Alfambra, Alcañiz, Calamocha. En Zaragoza capital había aproximadamente unas seiscientas familias; en la provincia, los principales núcleos de población gitana eran Tarazona, Calatayud, Daroca, Cariñena, Casetas y La Muela. En Zaragoza varía mucho el volumen de población gitana, debido a la facilidad con que cambian de residencia, bien por trabajo o medios de vida, bien por riñas: cuando éstas ocurren, marchan no sólo los participantes sino toda la familia. En 1999, el estudio realizado por Cáritas y el Ayuntamiento de Zaragoza, cifra la población gitana de esta ciudad en 1.099 familias, 4.902 personas. En 2000, el número sobrepasa los 5.000 (de un total de 8.500 en todo Aragón).

La población gitana es contraria a vivir en barrios aislados; no obstante, la falta de integración en la sociedad paya hace muy difícil a veces la convivencia. El problema de la vivienda presenta unas características distintas en cada una de las provincias aragonesas.

En Huesca ciudad vivían en general en el interior de la capital, en casas de construcción antigua intercaladas entre las de los payos. Había 10 chabolas. De 95 familias (400 gitanos), 38 familias necesitaban urgentemente vivienda; 44 familias vivían en casas que no reunían condiciones; 13 familias resolvían el problema mínimamente.

En Monzón, de 40 familias (170 gitanos), familias vivían en cuevas y pajares, y 33 en pisos en malas condiciones. En Jaca, de 50 familias (250 gitanos), 29 familias habitaban en casas prefabricadas y en el extrarradio, 10 familias en un edificio de 4 pisos y 11 familias en casas viejas. En Barbastro había 12 familias (70 gitanos) y en el resto de la provincia otras 3 (10 gitanos aproximadamente), en una situación parecida.

En Teruel capital el número de familias se situaba entre 27 a 34 familias. Cáritas construyó 13 viviendas y un local para convivencia, más tarde adaptado a vivienda. El barrio de Pomezía, en el que vivían 13 familias, es un ejemplo de obra construida con mentalidad segregacionista que no facilita la integración.

En Zaragoza capital había unas 600 familias gitanas. En un principio estaban ubicadas en el barrio del Boterón y en algunos campamentos trashumantes, no permanentes, donde se asentaban las que llevaban vida nómada. Desaparecido el barrio del Boterón por una reforma urbana al final de la guerra civil, la población gitana pasó a constituir varios núcleos de chabolas, desapareciendo los campamentos nómadas. En 1980 más de 300 familias vivían en chabolas (de las que se concentraban 132 en las graveras del barrio de La Paz); el resto, en solares, derribos, infra-viviendas y viviendas normales, repartidas por las zonas de Oliver, Castillo Palomar y La Bozada (73); entre la Magdalena, Arrabal, El Corralillo y Ranillas, 96; en San Pablo, 59, y entre la Jota, Bajo Aragón y Movera, 39.

En abril de 1980 se firma un convenio para la erradicación del chabolismo entre diversas instituciones y la Asociación de Gitanos La Paz. Fruto de este convenio es la construcción del poblado gitano «Quinta Julieta», verdadero gueto y fuente constante de conflictos; fue desmantelado a finales de los años 80. Sus habitantes, sobre los que no se efectuó un seguimiento, se desparramaron por diferentes puntos de la ciudad. A comienzos de los años 90 existían en la ciudad de Zaragoza 70 chabolas (localizadas en el Bajo Aragón, Mercazaragoza, el Gállego, etc.) y unas cuarenta familias en viviendas degradadas (como las 33 de la Camisera, en el barrio Oliver, o las 11 alojadas en el antiguo Colegio Calixto Ariño cuando las sacaron de la Bombarda o el Castillo Palomar a comienzos de los 80). Otras 14 familias vivían en 1993 en la zona de Cogullada, en barracones proporcionados por el Ayuntamiento siete años antes. A finales de los noventa los problemas de vivienda persistían en Jaca (donde 40 familias habitaban en el poblado San Jorge, construido por Cáritas en los años 60, en viviendas fuertemente deterioradas). En Tauste, Pedrola y Épila varias familias vivían en roulottes o cuevas. Las instituciones y entidades sociales, en colaboración con las asociaciones gitanas, intentan buscar soluciones que se alejen del paternalismo imperante durante mucho tiempo. Los gitanos a los que se les proporciona una vivienda deben pagar un alquiler módico (Las Fuentes), comprar la casa mediante créditos blandos (Jaca) o contribuir en la construcción y reparación de la misma (Oliver, Épila) para lo que reciben cursos de formación en albañilería o fontanería, que al mismo tiempo puede proporcionarles un medio de vida. Porque uno de los problemas que se encuentra en el realojo de los gitanos, además del rechazo de los vecinos o los conflictos de convivencia, es la falta de ingresos fijos de estas familias que les permitan pagar el alquiler, la luz o el agua. Según el citado estudio de 1999, el porcentaje de viviendas con carencias ha disminuido en la ciudad de Zaragoza hasta el 18 %.

En cuanto a la situación cultural, el mayor problema es el analfabetismo Buscar voz..., que a finales de los años 70 afectaba principalmente a la mujer, alcanzando a un 99 %. En 1985, el 25 % de la población gitana de entre 16 y 25 años, de la ciudad de Zaragoza, era analfabeta; en 2000 este porcentaje ha disminuido hasta el 6,8 %. El analfabetismo es un resultado de una deficiente escolarización. En los años noventa, teóricamente todos los niños gitanos están escolarizados. Sin embargo, la realidad es muy diferente y en 1993, la asistencia a clase en Aragón se cifraba en un 70 %. No suelen acabar la E.S.O., y las niñas acostumbran a abandonar la escuela en cuanto alcanzan la pubertad. Todavía son excepción los gitanos que llegan a cursar estudios universitarios. Las asociaciones gitanas están realizando verdaderos esfuerzos para elevar la cultura de sus miembros por medio de cursos de formación, ya que es la única vía posible para lograr una verdadera integración social. Bastantes mujeres han recibido cursos de «Destrezas sociales» o de formación profesional. La situación jurídica varía de unas ciudades a otras. En 1980, en Huesca, tenían la documentación civil en regla y lo mismo ocurría en Teruel; pero no así en Zaragoza, donde un 99 % de la población estaba sin inscribir en Registro Civil.

El gitano es un tratante por vocación, especialmente con el ganado; también han trabajado siempre muy bien el hierro y el estaño, así como en oficios manuales con mimbres o sargas de los ríos. Los cambios en la sociedad han hecho desaparecer estos oficios tradicionales, privando a los gitanos de su medio de vida. En los años setenta, se podían distinguir tres grupos desde punto de vista laboral. El primero, con trabajo fijo (construcción, anticuarios, fábricas, mecánica); el segundo con trabajos eventuales en el campo, carga y descarga en el mercado, etc.; y un tercero dedicado a la búsqueda de chatarra, trapos viejos, etc. También había bastantes familias dedicadas a la venta ambulante (50 familias en Zaragoza). En 1999, el desempleo afectaba a un 40 % de la población activa zaragozana, pero ha descendido el porcentaje de los que se dedican a la chatarra 8,24 % frente al 41,9 % de 1985). El informe de Cáritas y el Ayuntamiento, revela que, en Zaragoza, un 67 % de familias viven en situación de pobreza, que es pobreza extrema en el 31 % debido a la carencia de ingresos fijos y a lo que se suma la falta de previsión.

Los excepcionales casos de trabajo estable han hecho muy acuciante el problema de la sanidad. Hasta que la atención sanitaria se extendió a todos los ciudadanos, los gitanos eran acogidos por la beneficiencia municipal y Cáritas se encargó, durante algún tiempo, de costear la hospitalización.

En cuanto a su situación religiosa, está llena de contrastes. Son muy supersticiosos. Los gitanos bautizan generalmente a sus hijos, porque consideran que con este acto les dan acceso a un nivel social. Es una actitud heredada del Antiguo Régimen, en el que el bautismo equivalía a nuestra inscripción en el Registro Civil. En las últimas décadas son muchos los gitanos que han abrazado la fe evangelista. La beatificación del gitano barbastrense Ceferino González Malla Buscar voz..., fusilado durante la guerra civil ha sido interpretada como un intento de la iglesia católica de aproximarse a los gitanos. Tienen auténtico culto a los muertos: una maldición a uno de sus muertos es la peor ofensa.

La familia es el núcleo de su organización. Tiene especial respeto por las personas mayores. Cuando hay una riña, la venganza puede recaer en cualquier miembro de la familia. La situación de la mujer gitana, postergada, es la típica que la sociedad patriarcal asigna a las mujeres. Un 95 % de las parejas contraen matrimonio por el rito calé, no admiten el divorcio y son frecuentes los matrimonios entre los primos. Las asociaciones de gitanos han solicitado a las Cortes Aragonesas el reconocimiento del matrimonio gitano, lo que les obligaría a inscribirse en el Registro Civil.

La población gitana ha sido duramente castigada por la droga, produciendo en los jóvenes afectados un cambio de actitudes que despertó la alarma entre la población gitana aragonesa, llevando a los patriarcas a plantearse la toma de medidas contra los miembros de su comunidad dedicados al tráfico. Las asociaciones intentan formar a los jóvenes y organizar su ocio para intentar apartarles de la droga.

En 1980 funcionaban en Aragón tres asociaciones dedicadas a la promoción gitana: «Camelamos» en Huesca; «Mistos» en Jaca, y la Asociación de Promoción Gitana de la Paz, en Zaragoza; aparte, en Teruel funcionaba la Obra San José de Calasanz. Funcionaban sin subvenciones y el presidente era en todos los casos un payo. Posteriormente han ido surgiendo otras asociaciones como la de mujeres gitanas «Romicali», o las de Jóvenes Gitanos de Aragón y Jóvenes Raíces Gitanas. Las asociaciones aragonesas estaban agrupadas en la Federación de Asociaciones Gitanas de Aragón (F.A.G.A.), presidida en 2000 por Pilar Clavería Buscar voz..., «La Rona». Pero en el año 2000 el asociacionismo gitano atraviesa un momento de crisis. Desde las elecciones celebradas en la Asociación de Promoción Gitana de Zaragoza, en 1996, en que resultó elegido presidente Juan A. Hernández «Fortuna», han saltado a la prensa con frecuencia las diferencias entre éste y «La Rona». En octubre de 1999 varias asociaciones aragonesas, en desacuerdo con la gestión de Pilar Clavería abandonaron la F.A.G.A. y crearon la Coordinadora de Asociaciones Gitanas de Aragón, rompiendo la unidad existente hasta ese momento.

Bibliog.:
«Los gitanos en la Sociedad Española»; Documentación Social, revista de estudios sociales, Madrid, diciembre de 1980.
Sánchez, M.ª Elena: Los gitanos españoles; Madrid, 1977.
Domínguez Ortiz, Antonio: Sociedad y Estado en el siglo XVIII; Barcelona, 1977.
Mélanges de la Casa de Velázquez, tomo XIV, 1978.
Nieto, Antonio; Duart, José y Borja, César Miguel: Gitanos de Aragón; Zaragoza, 1979.
Las condiciones de vida de la población gitana de Zaragoza; Ayuntamiento de Zaragoza-Cáritas, 2000.

 

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