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Gil López, Ildefonso-Manuel

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 19/11/2009

(Paniza Buscar voz..., 1912 - Zaragoza Buscar voz..., 28-IV-2003). Licenciado en Derecho por la Universidad de Madrid y Doctor en Letras, destacó muy tempranamente en los círculos madrileños de preguerra: en 1931 publicó Borradores, su primer libro de versos; más tarde fundó con Ricardo Gullón la revista Literatura (1934), y en su Pen Colección publicó su segunda entrega lírica, La voz cálida (1934), que le granjea un lugar de privilegio en los rumbos de la poesía «rehumanizada» de su época. «Hombre de la generación de 1936», como él mismo se definió en el simposio de Syracuse University en 1967, fue duramente afectado por la guerra civil Buscar voz...; perdió su puesto administrativo, estuvo encarcelado en el Seminario de Teruel y, de vuelta a Zaragoza, inició un duro exilio interior: fue profesor auxiliar en la Universidad, dio clases, publicó una Historia de la literatura universal como trabajo pro pane lucrando y una importante traducción en verso de Os Lusíadas de Camoens, etc. En 1962, invitado por su amigo Francisco Ayala, marchó a Estados Unidos y allí impartió clases de literatura española en la Universidad neoyorkina hasta su jubilación en 1982. A su regreso a España en 1983, fija su residencia en Zaragoza. Desde 1985 hasta 1993 dirigió la Institución «Fernando el Católico» Buscar voz..., de la que ha sido designado Consejero de honor. De su etapa al frente de la Institución destaca la celebración del congreso sobre el destierro aragonés, y la reivindicación de la figura de Benjamín Jarnés Buscar voz... con la celebración del centenario y la edición de los Cuadernos jarnesianos. Es miembro numerario de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y, como tal, correspondiente de la Real Academia Española. Premio Aragón de las letras de 1992, en 1982 le fue concedida la Medalla de Oro de Zaragoza, la Medalla de Santa Isabel de Portugal de la D.P.Z. en 1993, Aragonés de Honor en 1996 y Medalla de Honor de la I.F.C. en 2000.

La poesía de Ildefonso Manuel Gil corresponde a la salida neorromántica y personal que los poetas jóvenes dieron a la pugna «poesía pura - poesía comprometida» a mediados de los años 30, rasgo que en nuestro autor se matiza con una severa contención formal -a veces, casi neoclásica- y una acusada tendencia a engarzar en forma unitaria los poemas de un mismo libro. En sus Poemas del dolor antiguo (1945) y en Homenaje a Goya (1946, revisado luego como Luz sonreída, Goya, amarga luz, 1972) se aprecia un tono de queja cívica, propio del momento histórico, que entronca con la poesía social de postguerra, sin dejar de responder a un registro individual y confesional. Se acusa éste en El tiempo recobrado (1950), patética elegía de diseño unitario, muy autobiográfica; en la singular experiencia narrativa en verso -pero ya no vinculada a la experiencia propia- de El incurable (1957) en Los días del hombre (1968). Ese mismo tono está también presente en la Elegía total, de 1976, como el poema -tan hispánico- evocatorio de la amistad o la deuda sentimental anda en las páginas de De persona a persona. Los Poemas del tiempo y del poema (1973), fieles a la tónica señalada, pueden valer como una reflexión general sobre el sentido de toda una lírica en la que el arraigo aragonés ha tenido parte sustantiva: la antología Hombre en su tierra (1978) recoge abundantes muestras de esa dimensión de sus versos. En 1989 edita un nuevo poemario, Las Colinas (Colección Veruela de Poesía, n.º 1), estructurado en dos partes: «Variaciones» y «Colinas del ocaso y del silencio». En 1992 aparece en el volumen antológico Cancionero segundo del recuerdo y la tierra (IFC). Su última entrega, Por no decir adiós (Olifante/Ibercaja y D.G.A., 1999), prologada por José Carlos Mainer Buscar voz..., es una meditación sobre la vida y el mundo «desde la conciencia de la cercanía de la muerte», la expresión, sencilla y directa, se condensa en poemas breves en los que demuestra su extraordinario dominio de la versificación, tanto del verbo libre o blanco como de la estructura estrófica.

De 1945 es la redacción de su novela La moneda en el suelo (1951), historia de un violinista que pierde sus manos en un accidente y se encenaga en un proceso de autodestrucción que, como el mismo Gil reconoce, se relaciona con la de su generación en la guerra civil. Antes, en la línea de la novela deshumanizada, había escrito Gozo y muerte de Cordelia, que publicó fragmentariamente entre 1931 y 1934; nunca volvería, sin embargo, a ese tipo de relatos: el segundo de los suyos, Juan Pedro el dallador (1953) es la historia de una venganza y ambienta su primera parte en el arquetípico pueblo aragonés de Pinarillo; el tercero es una valiente crónica de la vida colectiva de Pueblonuevo (1960), uno de los núcleos rurales que surgió de las colonizaciones de postguerra. En su libro de cuentos, La muerte hizo su agosto (1978), alterna los de tema aragonés, simplemente ciudadano y aun norteamericano, en una unidad moral que preside el tema de la muerte, elegida o inoportuna, pero siempre familiar al ser humano. Su última novela es Concierto al atardecer (1992); testimonio de los horrores de la guerra civil, narra las experiencias de dos centenares de personas detenidas y aisladas del mundo exterior en los primeros días de la contienda. Obra de génesis dolorosa y difícil, tardó veinte años en concluirla.

A finales de los noventa, el volumen Hojas sueltas recoge trabajos sobre distintos temas, escogidos por el autor entre los publicados en prensa, libros colectivos, revistas o lecturas públicas, escritos entre 1935 y 1993.

En Un caballito de cartón. Memorias, 1915-25 (1996), rememora su niñez en Daroca; volumen al que sigue Vivos y muertos y otras apariciones (Memorias, 1924-2000) (2000), donde ofrece una selección de setenta años de vida y literatura.

Como miembro activo del grupo de estudiosos aragoneses que dieron vida al Archivo de Filología Aragonesa Buscar voz..., ha publicado importantes trabajos sobre Benjamín Jarnés y José Mor de Fuentes Buscar voz..., hoy recogidos -con algún otro- en Escritores aragoneses (ensayos y confidencias) (1979). Ha publicado también trabajos sobre G. A. Bécquer, Pérez Galdós, Unamuno, Machado, etc.; los que corresponden a Valle-Inclán, Azorín y Baroja figuran compilados en el libro de ese titulo (1975). Sus contribuciones al ya citado simposio de 1967 sobre la generación del 36 y al celebrado en la Universidad de Santander sobre Prosa novelesca actual (1968) tienen un subido valor como testimonios personales de sus actitudes vitales y literarias.

 

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Ildefonso-Manuel Gil Lópe...Ildefonso-Manuel Gil López

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