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Alfonso I, apertura de la calle de

Contenido disponible: Texto GEA 2000

La apertura de la calle Alfonso I (1866-1867) fue una intervención de carácter urbanístico realizada a imagen de los trazados de vías y arterias que tuvieron lugar en las ciudades europeas en el siglo xix y cuyo máximo exponente fue el París reorganizado y transformado por Haussmann durante el Segundo Imperio (1852-1870).

La alineaciones y aperturas de calles, la mejora de los servicios urbanos y la parcelación de espacios vacíos caracterizó la reforma interior de las ciudades en el siglo xix. En ese contexto, la apertura de la calle Alfonso I fue la operación de reforma interior del casco urbano de la ciudad de Zaragoza más importante realizada durante el siglo xix.

La apertura de la calle respondió a una serie de motivaciones interrelacionadas entre sí; en primer lugar se concibió la intervención con un carácter higiénico, con la intención de descongestionar una zona de la ciudad; también el problema circulatorio, la adaptación a las nuevas necesidades de las comunicaciones, fue otra de las razones de la apertura; además, la conexión del Coso con la plaza del Pilar a través del trazado de una calle en línea recta, ofrecía una vista completa de la cúpula central de la Basílica; junto a estas motivaciones, se situó también la necesidad de la burguesía de autorrepresentarse en un marco digno para su residencia y el establecimiento del comercio, necesidad que corrió paralela a su ascenso hegemónico en la sociedad del siglo xix.

En 1858 se iniciaron los debates en el seno de la Corporación Municipal para llevar a cabo el ensanche y prolongación de la calle Alfonso I (antigua calle del Trenque, de la cual el arquitecto Miguel Jeliner, en 1855, había realizado un proyecto parcial de rectificación). La prolongación de la calle conduciría, atravesando las calles de Fuenclara, Montera (Candalija), Torrenueva, Contamina, Salud (Roda, Santa Isabel) Platería (Manifestación), Mayor, Concepción (Prudencio), Santa María la Mayor (Santiago) y Los Navarros, hasta la plaza del Pilar.

La elaboración del proyecto fue encargada al arquitecto José de Yarza Miñana (1801- 1868), que presentó al Ayuntamiento el plano del proyecto de la apertura en septiembre de 1860. Inmediatamente, los propietarios de inmuebles afectados presentaron alegaciones exigiendo al Ayuntamiento que realizase la apertura con arreglo a la Ley de Expropiación Forzosa por causa de utilidad pública, de 17 de julio de 1836, como así se hizo posteriormente.

En el mes de diciembre de 1859 el Ayuntamiento aprobó el proyecto, que fue modificado por el Gobernador de la provincia para dar a la calle una anchura de 12 m. Un año después, los mayores contribuyentes de la ciudad aprobaron un Presupuesto Municipal adicional al ordinario con la asignación de una partida económica que pudiera sufragar las obras de apertura de la calle. E1 12 de septiembre de 1861 el Ministerio de la Gobernación aprobó definitivamente el proyecto de la apertura de la calle, con 12 m. de anchura y dos rasantes desde el Coso hasta la plaza del Pilar; en diciembre de ese año se declaraba la obra de utilidad pública.

En 1865, siendo alcalde de la ciudad don Antonio Garro, se impulsó la realización del proyecto, encargándose a los arquitectos José de Yarza de Miñana y Mariano López la realización de las tasaciones de las expropiaciones necesarias para la apertura. Éstas ascendieron a 4.823.503 reales, afectarían a sesenta casas y a una superficie de 5.300 metros cuadrados. Entre los propietarios más afectados estaban representantes de la burguesía y nobleza zaragozana: Juan Bruil, Domingo Marraco, Joaquín Marín, Francisco Escudero, Luis Laviña, Francisco Fila, Marqués de Ayerbe, conde de Berbedel y marqués de Artasona, entre otros.

Las expropiaciones se llevaron a cabo durante el año 1866, bien mediante convenios con los propietarios o bien a través de expedientes de expropiación forzosa, e impulsadas por el nuevo alcalde don Antonio de Candalija. Finalmente, ascendieron a 5.300.000 reales, siendo el principal afectado Juan Bruil, que recibió en concepto de indemnización un 27 % del total de la cantidad que se pagó por las expropiaciones y un 32,5 % del total de la superficie expropiada.

El impulso definitivo y el inicio de las obras fueron coincidentes con un momento de crisis económica nacional que tuvo sus repercusiones en la ciudad de Zaragoza. El Ayuntamiento decidió iniciar las obras en el invierno de 1866, tratando de paliar con la apertura la grave crisis económica que afectaba, fundamentalmente por la falta de trabajo, a las clases jornaleras y artesanas de la ciudad. El derribo de las casas se realizó entre el mes de noviembre de 1866 y marzo de 1867. Con anterioridad inquilinos de algunas casas tuvieron que ser desalojados a la fuerza por brigadas de peones del Ayuntamiento.

Realizado el derribo, el arquitecto municipal Segundo Díaz (que había tomado posesión de la plaza en octubre de 1866), procedió al replanteo de la alineación y al establecimiento de la rasante. Ésta quedó fijada en una sola desde el Coso hasta la plaza del Pilar, lo cual provocó una fuerte oposición de propietarios de casas de la calle Alfonso I y adyacentes; la firmeza del alcalde don Antonio de Candalija hizo que los propietarios desistieran en su oposición.

Desde 1867, y durante la década de 1870, en su mayoría, se fueron construyendo las nuevas casas, a la vez que se hacían las obras de alcantarillado y pavimentación de la calle. Entre los arquitectos autores de proyectos destaca por el mayor número de viviendas realizadas Fernando de Yarza (1841-1908), autor de las casas numeradas con el 2, 7-9-11, 22-24, 28, 31 y 40 (esquina a plaza del Pilar) de la calle, también Juan Antonio Atienza, Antonio Miranda, Mariano Utrilla, Mariano Blasco y, entre otros, Félix Navarro (calle Alfonso I, núm. 43). Las nuevas construcciones tuvieron que atenerse a una normativa sobre huecos, alturas, decoración, etc. dictadas por el Ayuntamiento y que proporcionó a la nueva calle una arquitectura uniforme debido a la composición de los edificios que perduró durante décadas y que sólo quedo interrumpida por las construcciones realizadas en la década de 1960.

La apertura acarreó un cambio en la composición social del sector, las casas que se demolieron correspondían a viviendas ocupadas por numerosas familias, en unas condiciones sanitarias y de habitabilidad limitadas derivadas del hacinamiento existente, tras la apertura, en la nueva calle fijaron su residencia representantes de la alta y media burguesía de la ciudad, acompañados por una gran cantidad de establecimientos comerciales. La calle acaparó de inmediato el comercio de élite de la ciudad y quedó convertida en centro residencial, comercial y representativo de la burguesía zaragozana del siglo xix y buena parte del siglo xx.

 

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