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Alfalfa

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 03/12/2008

(f. Medicago sativa) Llamada en Aragón también alfalce, alfalz, alfalfez y algals. Excelente planta forrajera, perteneciente a la familia de las leguminosas, que se cultiva prácticamente en todas las zonas templadas del globo terrestre. Originaria, según muchos testimonios, del suroeste de Asia (hoy Irán y países circundantes), comenzó a extenderse, ya durante las épocas prehistóricas, hacia el este y hacia el oeste, llegando a España en el siglo I d.C. La trajo Junio Moderato Columela (primer agrónomo hispano, de Cádiz) desde la actual Italia, adonde la alfalfa había llegado desde Persia, a través de Grecia. Estas primeras introducciones dieron, con toda probabilidad, origen a la actual mielga Buscar voz..., tan conocida en toda la España árida caliza y sobre todo en Aragón. Las introducciones posteriores se deben a los árabes, quienes, desde Persia, a través del norte de África, llevaron en el siglo VIII d.C. la alfalfa (nombre árabe: «alfalsafit») primero hacia el sur de España y luego, enseguida, hacia el resto de sus asentamientos, entre ellos Aragón. Desde la península Ibérica, la alfalfa se extendió hacia Europa y hacia América del Sur, y luego, a través de estos continentes, hacia el resto de las zonas donde hoy se cultiva. Se puede afirmar, por lo tanto, según los datos expuestos, que la tradición de cultivo de alfalfa alcanza, en Aragón, por lo menos doce siglos. Y hay que añadir que, precisamente gracias a esta larga tradición y a las favorables condiciones de clima y de suelo, se ha originado en la cuenca media del Ebro un ecotipo propio, denominado Aragón, que encontró su perfecta adaptación no tan sólo en su lugar de origen, sino también en muchas otras zonas de la península ibérica. Tanto es así, que se puede afirmar que el 90% de la superficie que en España se dedica actualmente al cultivo de alfalfa (unas 320.000 Has.), se siembra con el ecotipo Aragón.

La alfalfa es una planta vivaz, de larga duración, de 80 cm. y de hasta un metro de altura; crece formando macollas o matas profusamente ramificadas que parten de una corona semileñosa formada por la dilatación de la raíz; éstas son pivotantes, profundas; los tallos, entre decumbentes y erectos, hojas compuestas, trifoliadas, alternas en su situación sobre el tallo flores pequeñas, típicas de las especies papilionáceas, de color entre azulado y violáceo, formando racimos sueltos; frutos en legumbres formando espirales de una o dos vueltas; semilla entre arriñonada y triangular con peso específico (peso de 1.000 gramos) de 2,0 a 2,5 gramos.

La alfalfa es muy productiva; en los regadíos de Aragón puede dar de cinco a seis cortes anuales y durante más de cuatro años, hasta 80.000 Kg./Ha., y aún más, de forraje verde por año, que puede henificarse, deshidratarse o ensilarse. El forraje producido es de excelente calidad. El heno de alfalfa recolectado y preparado en buenas condiciones climáticas contiene del orden del 18 al 20 % de proteínas de gran calidad, 40 % de extractos no nitrogenados, 2 al 2,2 % de grasas, 29 a 30 % de fibra y 8,5 a 9,5 % de cenizas, ricas, sobre todo, en calcio, fósforo, magnesio y potasio.

Es, además, una planta mejorante del suelo. Deja en el mismo del orden de 6.000 a 8.000 kg. de restos de raíces, que, descompuestos por los microorganismos, se convierten en humus, el cual ejerce una gran influencia sobre la estructura física del suelo, mejorándola. Deja asimismo una gran cantidad de nitrógeno, que fue captado de la atmósfera por las bacterias contenidas en las nudosidades fijadas en las raíces. De todo ello se benefician los cultivos que siguen a la alfalfa.

Es también una excelente planta melífera; sus flores son muy atractivas para las abejas porque, además de abundantes, continúan secretando néctar hasta que se marchitan.

En España se conocen cinco ecotipos de alfalfa, el ya mencionado ecotipo Aragón, el más extendido y el único cultivado en Aragón, el de Seo de Urgel, el Mediterráneo, el de Tierra de Campos y el de Ampurdán. Los tres primeros son típicos de los regadíos, y los dos últimos se cultivan básicamente en los secanos. En Aragón hay que destacar, además, las variedades o cultivares San Isidro (obtenido por la Delegación de Zaragoza del Instituto Nacional para la Producción de Semillas Selectas), AIMA 1, Aragón 44 y Ebro 7 (obtenidos por la Asociación de Investigación para la Mejora de Alfalfa, ubicada en Zaragoza) y Adamar (obtenido en la Estación Experimental de Aula Dei Buscar voz..., del CSIC). Son cultivares de regadío que dan resultados muy prometedores. Hay que destacar, por otro lado, los cultivares de secano Adyta y Adalfa, obtenidos en la Estación Experimental de Aula Dei.

La alfalfa se cultiva en todo tipo de terrenos, aunque los prefiere sueltos, frescos, profundos y bien drenados. En los terrenos que, en Aragón, se llaman sasos y sasillos produce forraje de mejor calidad (mejor relación hoja-tallo) que en los terrenos fuertes y duros.

En los regadíos aragoneses la alfalfa suele sembrarse en otoño junto con el cereal (trigo o cebada), o en primavera sobre el cereal ya nacido. Se utiliza, en ambos casos, del orden de 40 kg. de semilla por Ha. Cosechado el cereal, se riega el campo para que la alfalfa brote con vigor, y aún se dan durante este primer año dos a tres cortes de forrajes de buena calidad. También se siembra sobre huebra, en otoño o en primavera, aunque tal práctica no se halla muy extendida. Estos alfalfares duran, por término medio, de cuatro a cinco años, durante los cuales reciben frecuentes y abundantes riegos, también abundantes abonados y los correspondientes tratamientos contra la cuca (Colaspidema atrum) y contra el «gusanico verde» (Phytonomus variabilis).

Terminada la vida del alfalfar, se levanta el campo y se siembra cereal, generalmente trigo. Recogido éste, se aprovecha el brote para producir semilla; para ello se riega el rastrojo de cereal con gran abundancia; el brote de alfalfa suele ser muy abundante, y unos dos meses después (mes de agosto) se recoge la semilla, segando la planta a mano y dejándola secarse en el propio campo para trillarla luego con máquinas a propósito que trillan «por la paja».

El sistema de cultivo y producción descrito se refiere a las zonas más cálidas y más bajas de Aragón. En zonas menos favorecidas el número de cortes suele ser menor y varían algunas prácticas culturales (p. ej., se prescinde de la producción de semilla), aunque la duración de los alfalfares puede ser mayor.

En cuanto al secano, la siembra suele realizarse en otoño (aunque también hay datos que demuestran que puede realizarse, en algunos casos, en primavera) sobre huebra y suelo muy bien preparado y abonado, a razón de 20 kg. de semilla por Ha. Se eligen para ello variedades o ecotipos de secano. Durante el primer año estos alfalfares no producen prácticamente nada o muy poco, y luego, durante cinco a seis años, son capaces de dar, en uno a tres cortes anuales, del orden de 3.000 a 3.500 kg. por Ha. y año de heno de excelente calidad (10.000-12.000 kg. de forraje verde). Requieren un buen abonado invernal en cobertera (a ser posible abono complejo de bajo contenido en nitrógeno, por ejemplo 8-24-12, a razón de 300-400 kg. por Ha., según zona) y un eventual tratamiento contra la cuca y contra el gusano verde.

Las plagas principales que atacan los alfalfares de Aragón son, además de la cuca y el gusano verde, los pulgones (Aphis sp.) y el apion (Apion pisi) y algunas más de menor importancia. Se les puede combatir con productos comerciales, excluyendo el DDT (deja residuos tóxicos). Se recomiendan tales productos como metoxidor, thiodan, y otros similares.

De entre las enfermedades, la más importante es la «verula» (Pseudopeziza medicaginis) aunque también aparecen, con cierta frecuencia, la «marchitez bacteriana» (Corynebacterium insidiosum), que aparece, sobre todo, en los alfalfares viejos; la «roya» (Uromyces striatus); el «mildiu» (Peronospora trifoliorum); el «mal vinoso» (Rhizoctonia violacea), y aún otras de menor importancia, contra las que no existe realmente ningún método de lucha práctico y eficaz.

Merece una mención especial la «cuscuta», fanerógama parásita que ataca los alfalfares por rodales y se elimina cortando estos rodales, quemando todo el producto y tratando el lugar cortado con arsenito sódico al medio por ciento, dos veces, con un intervalo de dos a tres días. Para prevenir esta plaga se recomienda emplear semilla libre de granos de «cuscuta».

 

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