Estás en: Página de voz
  • Aumentar tamaño letra
  • Reducir tamaño letra
  • Imprimir página
  • Guardar voz
  • Añade a tu blog
  • Buscar noticias
  • Buscar en RedAragon

Alero

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 01/06/2009

Saliente volado del tejado sobre la fachada, para cuyo sostén pueden incluirse diversos elementos, como modillones o ménsulas. La razón constructiva del alero es, en principio, la adaptación de la vivienda al medio meteorológico, pues su función principal es la de lanzar fuera de la fachada el agua de las lluvias, manteniendo así al edificio libre de humedad. A esta función práctica se ha unido con frecuencia otra ornamental, de modo que se han decorado ricamente sus vigas o sostenes de madera, ladrillo, piedra o yeso.

Por lo general, se piensa que el origen de los aleros aragoneses se encuentra en el arte hispano-musulmán Buscar voz..., desde lo califal; de aquí pasaría al arte taifa: posiblemente los hubo en la Aljafería Buscar voz..., edificio que sirvió a su vez de inspiración al arte mudéjar Buscar voz.... Su arraigo y generalización en Aragón hizo que se mantuvieran, con la evolución de sus ornamentaciones, hasta los siglos XVII-XVIII.

El alero sirvió como remate tanto de edificaciones religiosas como civiles. En el primer caso sirvió para proteger las portadas de las iglesias. De esta manera los encontramos sobre el pórtico de la iglesia de San Pedro de los Francos, de Calatayud Buscar voz... (siglos XIV-XV), sobre apeos de los llamados «de quilla de proa» con cabezas humanas, en Santa María de Maluenda Buscar voz... (hacia la misma época), en el más tardío de Santa María de Calatayud (s. XVI), o los hubo en algunas iglesias zaragozanas, como la de San Miguel de los Navarros (siglo XVIII): este último es un alero-cornisa barroco, de estuco en forma de abanico o concha.

Sin embargo, su forma funcional-ornamental más habitual es la de remate en saliente del tejado de los palacios Buscar voz... o casonas aragonesas, adaptación en la que tuvo un desarrollo mayor que en cualquier otro lugar de España, hasta el punto de convertirse en una nota distintiva de nuestra arquitectura civil. Fue tal la proliferación de los aleros, especialmente a partir del siglo XVI, que, pese a la masiva destrucción y derribo de los palacios aragoneses, quedan todavía en la actualidad magníficas muestras de ellos.

Puede realizarse una clasificación de los aleros ateniéndose al punto de vista estructural es decir a la manera como se disponen sus elementos de sujeción (tableros, vigas o ménsulas) en la que es su forma más habitual: la de los aleros de madera. Sin embargo, para simplificar, los agruparemos de acuerdo con la evolución estilística (mudéjar, gótico, renacimiento, barroco) y con los materiales que pueden emplearse en su confección (madera, ladrillo, cañizos y yeso, o piedra).

En cuanto a los aleros en madera, los ejemplos más antiguos en Aragón proceden de Calatayud. El citado soportal de la iglesia de San Pedro de los Francos es una muestra de los realizados entre los siglos XIV-XV, como también lo es el de Santa María de Maluenda, ambos obra probable de artífices mudéjares.

Otros restos, cronológicamente más retrasados, de estructuras similares, son los que aparecen ya en el siglo XVI, como los de la casa consistorial de Borja Buscar voz..., de gran vuelo, a base de modillones superpuestos, tan próximos entre sí que no precisan de zapatas de apoyo. Sus cenetes están colocados íntegramente encima de la fachada, situándose diagonalmente en las esquinas, y presentan rollos y una calada talla. Por su parte, en Zaragoza, los aleros del desaparecido palacio de la Infanta y el de la restaurada casa de los Pardo (mediados s. XVI) presentan dobles ménsulas bajo zapatas transversales a los anteriores que sostienen, paralelo al edificio, un travesaño sobre el que apoyan los canetes, y encima de éstos descansa el tablero en saledizo del tejado. Todos estos elementos estructurales se ornamentan con motivos tallados gótico-mudéjares. El palacio de los Fuenclara, en Zaragoza, así como otros edificios de Huesca, Tamarite, Binéfar, Fraga, Calamocha, etc., guardan ejemplos similares.

Frente a la talla con calados, predominante en el grupo anterior, otra serie de aleros en madera muestran trabajos tallados con mayor relieve. Los hay con motivos figurados esculpidos, como el desmontado del palacio del conde de Argillo, en Calatayud (s. XVI): presenta cabezas femeninas, frailes, leones tenantes y animales fantásticos, entre temas más sencillos y típicamente renacentistas, de perlas, dentículos, etc.

De hacia mediados del siglo XVI y plenamente renacentistas ya en su temática son los conservados en el palacio de la Maestranza (obra de Juan de Fanegas), en la Lonja Buscar voz... de Zaragoza, y los poco posteriores de la casa consistorial de Valderrobres Buscar voz... (Teruel) o del palacio de los Argensola, en Barbastro (1611). Los hay también en la actual Audiencia de Zaragoza, palacios de Ejea de los Caballeros, Sariñena, Tamarite, Cariñena, Mainar, Teruel, etc. En casi todos éstos domina el tipo de alero sostenido por ménsulas terminadas en volutas, que, con mayor o menor simplicidad, se ornamentan con acantos, ovas, rosetas, tacos, guirnaldas, escudos, piñas y metopas, con otros motivos clásicos. Coinciden con el tipo de aleros volados usados desde el siglo XV en los palacios florentinos, paralelismo también constatado en la estructura arquitectónica de estos palacios aragoneses.

Este tipo de aleros esculpidos continuaron en el barroco, presentando formas cada vez más llenas, movidas, recargadas y claroscuristas. El mejor ejemplo de esta época es el del alero del palacio de los condes de Argillo, en Zaragoza, obra del escultor Pedro Salado y del maestro carpintero Miguel Satué (1659-63): en él, piñas, rosetas, volutas y follajes se multiplican, como en la mazonería de los retablos coetáneos, mostrando una de las más bellas tallas en madera de su época.

Paralelamente al alero más habitual, el de madera, se desarrolla en Aragón otro sistema para colocar el tejado en saledizo: es el que usa del ladrillo, y crea igualmente otro tipo de alero-cornisa. Se emplea para ellos el ladrillo a cara vista, a veces aplantillado, y con él se forman dibujos geométricos muy simples de molduras, tacos, esquinas, etc., combinados con dentículos a modo de canecillos, progresivamente más salientes hacia afuera. Su origen se encuentra también en el mudéjar aragonés y en el geometrismo de sus labores en ladrillo, tan frecuentes en torres, ábsides y exteriores mudéjares. Así se concluyeron numerosos edificios de los siglos XVI y XVII, como el torreón de la Zuda, de Zaragoza (fin del XVI), casas de Zuera, Ateca, Torrijo de la Cañada, Nuez, Sena, Villamayor o Belchite.

En el barroco se extendió asimismo el uso de otro tipo de alero, hecho con cañizos y yeso, con el que se formó el saliente volado del tejado, en forma de escocia o gola egipcia, corrida o abierta por vanos grandes o pequeños, o se hicieron tajones en cuyos espacios intermedios se situaron bóvedas de lunetos. A este grupo pertenece la conclusión de la Lonja de Alcañiz (s. XVIII) o el alero-cornisa de la misma época del monasterio de Casbas Buscar voz... (Huesca), y otros. Tipo que, como los anteriores, sería asimismo muy imitado en la arquitectura popular Buscar voz..., en versiones más o menos complejas.

Con yeso también se hicieron en el barroco los citados soportales o aleros salientes (chambranas en los documentos), que hay o hubo en muchas iglesias aragonesas (como el mencionado de San Miguel de los Navarros, en Zaragoza [s. XVIII], innecesariamente suprimido en su reciente restauración). En ellos predomina la forma tallada en concha o abanico, como protectora de la puerta de acceso al templo.

También en piedra pudieron labrarse aleros con motivos más complejos, esculpidos y figurados, como los que aparecen en el palacio de los condes de Morata, en Morata de Jalón Buscar voz... (Zaragoza): magnífica obra de comienzos del siglo XVIII, presenta el tejado muy volado, sostenido por modillones de atlantes, entre los óculos que iluminan el piso último, de desván; temas que constituyen una espléndida terminación para la fachada del palacio y una ornamentación colorista para el armónico conjunto de su plaza, formada por el palacio, en el centro, y las torres de la iglesia y del reloj, laterales.

• Bibliog.:
Soldevilla Faro, José: Arquitectura aragonesa. Aleros y miradores; Aragón, Sindicato de Iniciativa (1935), n.° 120, pp. 157-161; n.° 121, pp. 194-197, y n.° 122, pp. 236- 237.

 

Imágenes de la voz

Aleros...Aleros

Alero...Alero

Alero...Alero

Zaragoza. Alero de la des...Zaragoza. Alero de la desaparecida...

Alero...Alero

Categorías relacionadas

Categorías y Subcategorías a las que pertenece la voz:

 

© DiCom Medios SL. C/ Hernán Cortés 37, 50005 Zaragoza
Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza, en inscripción 1ª, Tomo 2563,
Seccion 8, Hoja Z-27296, Folio 130. CIF: B-50849983

Información Legal

NTT