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Fuenterrabía, Sitios de

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 25/02/2011

(1521 y 1638) (Hist. Mod.) La participación del Estado aragonés en las campañas militares de la monarquía hispánica se manifiesta de manera muy singular en las dos ocasiones en las que la fortaleza guipuzcoana de Fuenterrabía, fronteriza con Francia, fue objeto de fuertes presiones del ejército francés. En ambas circunstancias, contingentes militares aragoneses acudieron en socorro de la fortaleza sitiada, si bien el destino de la misma fue completamente opuesto de una a otra.

Como consecuencia de la primera acción militar de Francisco I de Francia contra la diarquía española formada por los reyes Juana y Carlos Buscar voz..., que tras dominar Navarra avanzó sobre Logroño provocando la general ofensiva castellana de rechazo a los invasores, tuvo lugar un nuevo intento en otoño de 1521, iniciado con el asedio de la plaza de Fuenterrabía. Con tal ocasión, el virrey de Aragón, don Juan de Lanuza, puso en marcha el mecanismo adecuado para la defensa del reino Buscar voz..., reclamando de los brazos de las Cortes la contribución militar que el estado de guerra exigía. En carta fechada en Zaragoza el 3-IX-1521, decía así: «Sabed, que nos avemos apercebido de guerra, y escrivimos a todas las Vniversidades, y Estados del Reyno, luego se pongan en armas, y nos embíen la más, y mejor adereçada gente que pudieren». El aparato defensivo del reino, situado sobre la frontera de las Cinco Villas con Navarra y en las fortalezas pirenaicas, fue aceptado por los brazos de las Cortes, que dispusieron la necesaria y urgente leva de las gentes de sus dependencias. El propio conde de Ribagorza, Alonso de Gurrea y Aragón, nieto del primer duque de Villahermosa Buscar voz... salió con cincuenta lanzas a sus expensas para servir a los reyes en Vitoria con el objeto de acudir a defender la plaza de Fuenterrabía, a la que no se pudo socorrer a tiempo, siendo entregada por su alcaide, Diego de Vera, al ejército sitiador en octubre de 1521.

Ciento diecisiete años después, en la vertiente hispano-francesa de la guerra de los Treinta Años, los ejércitos del príncipe de Condé sitiaron Fuenterrabía, en junio de 1638. Felipe III Buscar voz... (IV de Castilla) y el conde-duque de Olivares cursaron urgentes peticiones de ayuda a todos sus Estados. La fallida «Coligación de las Armas», promovida por el propio Olivares y boicoteada por los Estados orientales de la monarquía hispánica, iba a hacerse realidad ocasionalmente, aun contando con la persistente excepción de Cataluña. La convocatoria de asistencia armada siguió los cauces previstos; pero en esta ocasión la situación del reino no le presentaba tan propicio a participar en la empresa de la monarquía. La primera solicitud de la monarquía, hecha por medio del virrey de Navarra y Aragón, marqués de los Vélez, provocó una reunión del capítulo y consejo de Zaragoza el 27 de junio, que inició las discusiones acerca del servicio pedido por el rey, quien hubo de enviar varias cartas más para convencer a los recalcitrantes aragoneses de lo importante que era poner en estado de defensa al reino y acudir a levantar el asedio de Fuenterrabía. Por fin, las Cortes Buscar voz... acordaron un servicio de mil hombres, siendo del cargo de la ciudad de Zaragoza Buscar voz... el levantar otros mil. Para ello anunció una serie de ventajas, como la concesión de cartillas de maestros a aquellos oficiales que se inscribieran en el ejército. La hueste zaragozana iba mandada por el jurado en cap, con titulación de coronel, don Bernardino Pérez de Bordalba. En esta ocasión la acción del ejército español fue positiva y consiguió levantar el sitio a la plaza fronteriza, celebrándose en toda España la victoria que las armas hispánicas obtuvieron el 7-IX-1638, provocando la retirada del ejército del príncipe de Condé y la armada del arzobispo de Burdeos. Posteriormente, Felipe III (IV de Castilla) premió a los aragoneses que habían participado en la campaña con diferentes mercedes, como la donación de cartillas, pensiones económicas y sustanciosas variaciones en la insaculación Buscar voz... de las personas, con destino posible para los cargos públicos, de acuerdo con el sistema propio aragonés.

• Bibliog.:
Sayas-Rabanera y Ortubia, Francisco de: Anales de Aragón; Zaragoza, 1666.
Armillas Vicente, José A.: «Levas zaragozanas para la Unión de Armas en 1638»; en Estudios/78, Zaragoza, 1979, pp. 169-188.

 

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