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Folclore y costumbrismo en el cine

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 19/10/2009

El cine Buscar voz... prende pronto en Aragón. En septiembre de 1896, Eduardo Jimeno Correas Buscar voz... rueda la primera película española (Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza), convirtiendo al mismo tiempo en plató la plaza zaragozana. Ignacio Coyne Buscar voz... filma en 1906 una comparsa de gigantes Buscar voz... y cabezudos Buscar voz... que persiguen a chiquillos y mayores por la calle Alfonso. En los descansos, mientras el gaitero toca la dulzaina, inician una danza festiva. El cine costumbrista aparece en aquel momento, y este inicio, aunque casual, es muy significativo. El cine arraiga pronto entre los aragoneses y la nómina de hombres que se acercan con curiosidad a la cámara para captar costumbres, tipos y folclore aragonés es ya muy nutrida y diversa.

También es cierto que el cuento y el chascarrillo aragonés, dentro de una literatura autóctona, es poco más viejo que el cine. Los cuentos Buscar voz... aragoneses en el cine tienen su arranque en la serie iniciada en Barcelona por Ceret Buscar voz... en septiembre de 1915, titulada Cuentos Baturros Buscar voz... ilustrados en cine. Pero antes que Ceret, fue el aragonés Segundo de Chomón Buscar voz... quien se adelantó para rodar un tema aragonés de singular interés. La película de Chomón fue rodada en 1910, en Barcelona, y su título fue Lucha fratricida o Nobleza aragonesa. Era un drama sencillo, dentro de la tónica costumbrista en el cine español, realizado por el genial turolense. Se dividía en doce cuadros y los títulos eran los siguientes: 1) Abel y su rondalla dan una serenata a Pilar; 2) Una sala del Ayuntamiento; 3) En la plaza del pueblo; 4) En un campamento; 5) Blas en casa de su hermano; 6) El enemigo arría la bandera; 7) En casa del alcalde; 8) Un mendigo pide limosna en la ermita; 9) Pilar en casa de su abuela; 10) Abel en casa del secretario 11) Tragedia y perdón; 12) Abel y Pilar, felices. Muchos elementos muy claros de nuestro sentir y de las convicciones aragonesas están en este sencillo esquema que perfila el film de Chomón. El fervor hacia la Virgen, el deber cumplido, el patriotismo y el perdón, símbolos de nobleza aragonesa.

Primero se plasmó este sentir en narraciones costumbristas, en libritos de chascarrillos Buscar voz... baturros que llegaron a proliferar con insistencia inquietante. Y si algunas de las peculiaridades más caras al aragonés de la ribera, al baturro Buscar voz..., quedaron en las narraciones y cuentos escritos por hombres enamorados de su tierra, posiblemente prendieron mejor en el público aquellos que presentaban al baturro en dibujos y un pie literario nutriendo los libros de chascarrillos editados en Madrid y Barcelona, que se vendían a un real. Librillos de bolsillo, con portada en tricromía, cuyo contenido festivo era, en ocasiones, como un trueno brutal para los aragoneses.

Con aquellos cuentos se deterioraba la figura del aragonés. De su terquedad tenemos una muestra muy divulgada a través del cine: aquélla del baturro que monta su burro y lo hace caminar por la entrevía del ferrocarril, y que responde al pitido de la locomotora con un «Chufla, chufla, como no te apartes tú...». Y, claro, el tren se aparta al entrar la máquina en agujas, antes de alcanzar al jinete baturro, circunstancia que motiva una mueca de burla en el aragonés. Situación y chiste corresponden a un chascarrillo de Romualdo Nogués Buscar voz..., que Joaquín Dicenta Buscar voz..., hijo, incorporaría en Nobleza baturra, cuyo guión había escrito en el monasterio de Piedra Buscar voz... mientras pasaba sus vacaciones en el verano de 1924. Dirigiría esta película el propio Dicenta, hijo, al año siguiente, con la colaboración técnica de Juan Vilá Vilamala, que resultó ser uno de los negocios más saneados del cine mudo español. El guión, por otra parte, insistía en la calumnia, en forma de copla, que un enamorado despechado inventa para impedir que María del Pilar se case con otro que no sea él. Este esquema estaba ya en La Dolores Buscar voz..., de Felíu y Codina Buscar voz.... Pero Dicenta cargó la mano en demasía para acentuar nobleza y cazurrismo en una serie de escenas recargadas e inoportunas, con desmedido afán de mostrar la rudeza del aragonés enamorado. (Perico sueña que acaricia a Filo, su novia, pero en realidad está acariciando a su borrica. Entusiasmado en su fervor onírico, dice: «Qué aspra estás, Filo».)

Al ser llevado de nuevo al cine, en 1935, por Florián Rey Buscar voz..., con muy buen criterio haría una saneada poda de tanta «frondosidad costumbrista». Recogía, en cambio, diversos aspectos de la jota Buscar voz... (entre otros, la magallonera, que Imperio Argentina Buscar voz... cantaba trillando), así como la jota de ronda, y en la gran fiesta de jota aragonesa en casa de María del Pilar, donde se escuchaban diversas tonalidades y el famoso dúo «Va delante de su madre». No se detenía en esta secuencia, pues Florián Rey, con música de Rafael Martínez Buscar voz..., ofrecía una sentida canción popular inspirada en motivos almunienses, que Imperio Argentina interpretaba ante el espejo («Bien se ve que estás, mañica, / de un mañico enamorada») y que finalizaba en el Rosario de la Aurora, también de entraña almuniense. El popular actor Miguel Ligero vivía el personaje de Perico, un baturro pícaro como Pedro Saputo, pero más ingenuo y retozón. El concepto del honor, la sed de la tierra, el pastoreo y los pastos, además de lo racial, está presentado por Florián Rey con singular fuerza y plasticidad. Y la ronda: se rinde culto a la ronda, tanto en sus aspectos costumbristas, como en sus efectos, cuando la intriga se adueña de los cantantes.

La Dolores Buscar voz... es otro tema aragonés llevado al cine en diversas ocasiones. El origen de la copla de la Dolores y su fábula, que inspiró a Bretón y que convertiría en ópera el drama escrito por Felíu y Codina (estrenado en el Novedades de Barcelona, la noche del 10-XI-1892), parece perderse en la noche del tiempo. Para el bilbilitano Antonio Sánchez Portero, no cabe duda del origen popular de la leyenda: «Es tan conocida la Dolores y tan grande la curiosidad que despierta, que en cualquier lugar o ciudad, por apartado que se encuentre, incluso en el extranjero, es muy fácil que nos pregunten por la Dolores al enterarse que somos de Calatayud. ¿Qué hay de cierto sobre la Dolores? Pues bien, vamos a saberlo. La moza de la copla, la famosa Dolores, es posible que viviera entre nosotros, aunque no tenemos ningún dato para poder asegurar su existencia. Según la tradición, trabajaba como sirvienta en una posada. Era alegre, servicial, caritativa. Solía repartir las sobras de la comida a los pobres, entre los que se encontraba un viejo ciego que mendigaba limosnas cantando por las calles. El ciego, agradecido, quiso pagarle con la mejor moneda que tenía y le cantó la copla que se ha hecho tan famosa: ‘Si vas a Calatayud, / pregunta por la Dolores, / que es una chica muy guapa / y amiga de hacer favores’. Es rigurosamente cierto que esta copla se cantaba en Calatayud a finales del siglo pasado». Por su parte, Pedro Montón Puerto, en «El noventa y ocho en Calatayud» (Zaragoza, XIX, 1964), refleja el sentido popular de la copla e incluso la complacencia de su popularidad: «Aunque La Dolores haya llegado a ser una especie de leyenda negra de Calatayud, manejada por gentes de mala sombra, a los bilbilitanos contemporáneos del autor catalán no les disgustaba el éxito del drama que tomaba a la ciudad por escenario, ni tenía por qué disgustarles».

El primer film realizado sobre la obra de Felíu y Codina, de que tenemos noticias, es el de Fructuoso Gelabert. No parece aventurado suponer que sería una transcripción meramente ilustrativa de la obra teatral, con la concisión insuficiente del cine primitivo. Pero parece ser que Gelabert consiguió en aquel lejano film el primer alarde escenográfico del cine español, «construyendo al aire libre un decorado que reproducía con bastante fidelidad la plaza mayor de Calatayud Buscar voz..., con su círculo de carretas usual para las fiestas de toros y con los balcones engalanados.

Otra versión de La Dolores fue la realizada por Maximiliano Thous. Se inspiraba, mejor que en el drama teatral, en el novelón escrito también por Felíu y Codina, publicado en 1897. La película estaba bien realizada y tanto la ambientación como la interpretación de la actriz Ana Giner daban la dimensión dramático de la obra teatral. Para algunos comentaristas «resultó ser uno de los mayores aciertos del cine español, tanto artístico como comercial».

Pasando por alto La mesonera de Tormes versión libre de «La Dolores», nos situamos ante La Dolores, de Florián Rey. El guión, muy prolijo en detalles y costumbrismo, reivindica a la moza bilbilitana. La publicidad anunciaba este film como «la primera película española que ha costado millones» y como «formidable ataque del cine español, que marcha decidido a la conquista del mercado mundial». No sucedió así, claro está. En el film faltaban muchas cosas y entre las más valiosas la presencia de Imperio Argentina, colaboradora hasta entonces en las principales películas de Florián Rey. Destacamos en ésta tres importantes fallos: su falta de unidad, su ritmo desequilibrado y la ausencia de auténtico dramatismo, sacrificado en parte por una visión folclórica demasiado frondosa. Los tres defectos o insuficiencias pueden apoyarse en una adaptación demasiado libre. Pero se compensaba con el intercalado de preciosos momentos folclóricos, entre los que se incluía el dance del ángel y el demonio, que ilustraba el final dramático de la obra, con la muerte de Melchor y el triunfo del amor puro y sincero de Dolores.

Lo que fue de la Dolores es una versión de la comedia de José Manuel Acevedo (Zaragoza, 1880, se trasladó a Madrid en 1910, donde fallecería). Entre sus diversos dramas costumbristas ambientados en Aragón, destacan Fruto de la tierra (1914), Lo dice la copla (1932), y Lo que fue de la Dolores (1933), estrenada con éxito por Ana Adamuz y Alfonso Muñoz. En el film de Perojo se resaltaba el ambiente y se jalonaba el drama con diversas coplas de jota. Dolores, fatalista, sueña con el amor que no pudo ser y de nuevo los personajes se cruzan para vivir una nueva tragedia que les hiere y anula. Imperio Argentina era en Lo que fue de la Dolores, una mujer otoñal y nostálgica, cansada de su fama, sin ánimos para emprender una nueva lucha.

La hermosa leyenda de Los amantes de Teruel Buscar voz... ha tenido en el cine también su presencia y su acento. Primero en una película de Ricardo de Baños, Los amantes de Teruel (1912), y más tarde en un ballet filmado de Michael Powell, bailado por Antonio y Ludmilla Tcherina. También mostraba valiosas notas costumbristas Un drama en Aragón, película de Alberto Marro rodada en 1913 (y no en 1914, como tantas veces se ha dicho, equivocadamente).

Filmografía:
Nobleza baturra (1925); dir.: Joaquín Dicenta hijo y Juan Vilá Vilamala; interp.: Ino Alcubierre.
Nobleza baturra (1935); dir.: Florián Rey; interp.: Imperio Argentina y Miguel Ligero.
Nobleza baturra (1965); dir.: Juan de Orduña; interp.: Irán Eory y Vicente Parra.
La Dolores (1908); dir.: Fructuoso Gelabert.
La mesonera de Tormes (versión libre de La Dolores), dir.: Julio Roesset y José Buchs; interp.: Carmen Jiménez.
La Dolores (1923); dir.: Max Thous; interp.: Ana Giner, Leopoldo Pitarch.
La Dolores (1939); dir.: Florián Rey, interp.: Conchita Piquer, Manuel Luna.
Lo que fue de la Dolores (en Argentina: La copla de la Dolores, 1947); dir.: Benito Perojo, interp.: Imperio Argentina y Enrique A. Diosdado.
Alma baturra (1947); dir.: Antonio Sau Olite.
Alma aragonesa (1960); dir.: José Ochoa; interp.: Lilián de Celis.
La Dolorosa (1934); dir.: Jean Gremillon, con Rosita Díaz.
Gloria del Moncayo (Los de Aragón, 1940), dir.: Juan Parellada; interp.: Eulalia Zazo y Manuel de Diego.

Bibliog.:
Rotellar, Manuel: «Cuentos aragoneses en el cine»; Aragón 2000, n.° 2, 1976.
Sadoul, Georges: Diccionario de Cine (Cineastas); Madrid, 1977.
Sánchez Pérez, José Augusto: Mosaico baturro (Notas sobre literatura aragonesa); Madrid, 1953.
Tharrats, Joan-Gabriel: Un guión inédito de Chomón; Zaragoza, 1980.

 

Monográficos

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